Han pasado los días y los meses.
Hoy cumplen veintidós de aquel encuentro.
Quiere borrarla la mente de mi alma
y el corazón se empeña en su recuerdo.

Yo creo que ya es una idea fija,
algo grabado a fondo en mi cerebro.
Ya no siento el amor que un día la tuve
y en qué será de ella ya ni pienso.

Pero el día que a no tardar ya mucho,
porque los dos iremos siendo viejos,
nos encontremos en el Lugar Radiante,
espero su versión de aquel suceso.

Porque fue de la noche a la mañana,
porque, ardiente, dejóme sobre el lecho
una nota de amor y al otro día
hizo gala feroz de su desprecio.

Mas yo sé que hay un Dios que a todos juzga,
y sabe que mi amor sí fue sincero.
Ella juzgó, creyendo las mentiras,
y Dios ha de juzgar sus sentimientos.

Tan sólo ruego que Él le sea más leve,
que no sea con ella tan severo
como fue ella conmigo en su ignorancia
o en su traición o en el postrer: -¡Te quiero!

Han pasado los días y los meses.
Hoy cumplen veintidós de aquel encuentro.
Ella ya de seguro ni se acuerda
pero yo, ¡a mi pesar!, aún sí me acuerdo...

 

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