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través del espacio y del Océano, tu voz cruza, ligera, las distancias. Llega pronto, alma mía, hasta mi lado, que yo sabré calmarte la nostalgia. Ven a mi lado, ¡corre, vuela! Que me consumo en ansias de tenerte. ¡Qué largos son los días de la espera y qué cortas las noches de quererte! Tú y yo caminaremos juntos en la vida o el Destino separará nuestros senderos... Pero, siempre, y créelo, vida mía, guardaré el aroma de tus besos. De esos besos que ansío y que, muy pronto, yo sé que tu cariño sabrá darme. De esos besos que, ahora, en la distancia añoro, como ciertos, en mi carne. No seas ilusión. Sé cosa cierta. Arrúllate en mis brazos amorosos Y, juntos, andaremos por la senda del amor y la dicha y de los gozos. No tardes en venir que se hace eterna la espera del que ama en lejanía. Ven a mi lado, raudo, mujer tierna, que cuento ya impaciente día a día. Y, después..., tú te irás... No sé si, acaso, a mis brazos retornes nuevamente. Pero nunca, jamás, en el ocaso de mi vida, mi amor, he de perderte. Porque, siempre, el recuerdo de tu anhelo vivirá en el fondo de mi alma. ¡Ya pueden separarnos mil abismos, que en alas del amor no habrá distancia! |