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Tan rota el alma
un día me dejaste,
con el último beso
de aquella tarde,
que ya no acierto a verme
ni en el espejo,
porque pienso en tus ojos
y me hundo en ellos.
Tu mirada brillante me deslumbraba
y una gran alegría llenó mi alma.
Pero fue sueño loco
de un sólo instante.
Todo vana ilusión...
Castillos en el aire.
Por eso ya mis ojos
no me reflejan.
Tan sólo ven los tuyos
entre tinieblas.
Habrá de haber un día,
acaso cerca,
que el alma se espabile
y, entonces, vea.
Mas, ¿cuándo será eso?
Yo hoy estoy ciego
y no tengo esperanzas
de ver de nuevo.
No tengo lazarillo
que el paso guíe.
Hoy me siento muy solo.
¡Solo y muy triste!
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