¡Qué
extraña sensación al leer, de nuevo,
mis viejos versos,
mi ser ha atenazado con cruel garra!
¿Adónde marcharían esos años
que hoy pesan en el alma?
Gotas de sangre joven me asemejan
las letras apagadas,
raídas, torpes por el paso del tiempo
y, sin embargo, ¡tan claras!
Hoy en día, la idea más firme,
la vida en su cenit,
la madurez cercana,
la batalla vencida
y la conciencia ancha,
mis versos no son ripios...
pero suenan a nada.
¡Maravilloso tiempo ya perdido!
¡Qué estúpidas promesas y esperanzas!
Ayer fue ayer...
¿Cuándo será mañana?
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