Me levanté, de un salto, de la cama;
brotó la luz; busqué con gran deseo
un trozo de papel y, ve, brotaron,
sangrando, de mi mente algunos versos.

El parto fue brutal, terrible, extraño,
mas, tras de darles vida, mi maltrecho
cerebro quedó en calma y, ya cansado,
en busca de la paz regresé al lecho.

Mañana, cuando leas mis gemidos,
los dos de mis locuras nos reiremos...  
Pero ahora, ahora que estoy solo,
ya ves, estoy llorando mientras leo.

 

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