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La mañana está alegre y
soleada;
la gente, paseando, para y mira.
- ¿Le vendo a usted la suerte en una tira? -.
Se ríen, pero nadie compra nada.
El bolsillo está seco y la soldada,
por mucho que se alarga y que se estira,
es corta al parecer. La suerte vira
y llega la viciosa empecinada.
No comerá, mas juega. ¿Qué le
importa?
Ella dice que está bastante gruesa,
que prefiere jugar y quedar corta
al poner alimentos en la mesa.
Ludópata así quisiera muchos,
pero el barrio está lleno de flacuchos. |
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