¡Maldita la cerradura!
¡Maldita sea su estampa!
No hay mal que cien años dura
y siempre que llueve escampa.
Pero es que ya es la tercera
vez que se estanca. ¡La madre
que la parió! No hay manera
así de que nada cuadre.
Veinte clientes se han ido
en busca de quien les venda.
¿Qué quién es el que ha perdido?
¿Pues quien va a ser? Este menda.
Y encima me llama tonto
el mecánico embustero;
como me venga a mí el pronto
le hago un nudo marinero.
Pues si no cumple su oficio
con prontitud y eficacia,
él tiene su beneficio,
mas a mí me hace la gracia,
que hora que no estoy presente
es dinero que no gano.
Como mucho me caliente
tengo ligera la mano.
Mas habré de ser paciente
porque si no, no descarto
que, si me pongo caliente,
me pueda dar un infarto.
Y no merece la pena
el fallecer de un disgusto.
Prefiero que una morena
llegue a matarme de gusto. |