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A Quevedo le llevo retratado,
con sus gafas, en todos los cupones.
Ofreciendo, camino, los millones;
con tan buen escritor, asegurado.
Quevedo de estos tiempos me han llamado,
mas mis ojos no miran tan saltones.
Mala uva, ironía y mojicones
tampoco doy igual. Más educado
aunque lo mismo de punto filipino.
Mujer que encuentro hermosa, llamo: - ¡Guapa,
si quiere, por usted hago yo el pino! -.
Sonríe muy coqueta y se me escapa,
mas raudo y pertinaz yo la persigo.
- Mujer, no te me vayas, ven conmigo... -.
No crean, que a menudo alguna mema
se ha dejado enrollar por mi poema... |
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