Vendiendo voy ilusiones,
soy el Señor de los Sueños;
de mis manos los millones
van en busca de sus dueños.
De mi cara la sonrisa
no la borra ni la muerte;
algo en el fondo me avisa
que pronto daré la suerte.
Y si no doy el dinero
al menos doy la alegría
cuando les digo, sincero:
- Que pase usted buen día.-
El quince se lo he endosado
a una bella señorita:
- Se lo tenía guardado
porque es "la niña bonita",
como usted, paloma hermosa.
Con él le doy la Fortuna...-.
Se ha reído muy dichosa,
con un guiño, la muy tuna.
Lo bueno de tal invento,
habrán de tenerlo en cuenta,
es que he dicho el mismo cuento
en un rato a unas cuarenta.
Así que son cuatro tiras...
Mucha mujer engañada....
Son demasiadas mentiras
para una sola jornada.
Pero, en verdad, no les miento,
no pertenezco a ese gremio,
pues tengo el presentimiento
de que voy a dar el premio.
Y si acaso no lo diera,
porque tal no es mi destino,
que sueñen con la Quimera.
Soñar es algo divino
y que cuesta muy barato:
Solamente algo que sobre.
¿Quién no cambia ese buen rato
por unos trozos de cobre? |