El rodar y el rodar por la
calzada
de coches que circulan tan veloces
atruena mis oídos con feroces
murmullos que me hieren. ¡Qué pesada
y torpe sinfonía inacabada!
Prefiero soportar miles de voces,
estruendos, sollozar, llantos atroces,
que el sonido que suena y suena a nada.
¡Vaya sitio patético y más feo!
Y dicen que es lugar céntrico y fino...
¡Ay, calma de las calles que pateo
los días de diario en mi camino!
Aquello es Paraíso y es recreo
en mi vagar alegre y matutino. |