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Sin pensar Don Quijote en la
coyunda,
se halló con Maritornes en el lecho;
la angustia le inundó y sintió en el pecho
una furia terrible y tremebunda.
- Apártate de mí, ramera inmunda,
que mi anhelo se va a más alto techo.
No quiero del prostíbulo el desecho,
búscate otro cliente y que te cunda.-
A las voces, llegó presto el ventero,
los arrieros y, en fin, la demás gente.
Y tomaron por loco al caballero;
lo cual no es nada raro, pues demente
se hallaba su magín del todo entero.
Pero un loco, a la postre, consecuente.
¿Pues cómo a Dulcinea honrar podría
gozando los favores de una arpía? |
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