| |
Podré yo ser, sin duda, un
calavera,
un truhán seductor aventurero,
mas no vendo mi honor por vil dinero
ni me compra la fama una cartera.
Mi honra, muy por cima de cualquiera
idea de mujer, es lo primero.
Es cierto, soy pendón. Mas caballero;
y el oro para nada esto lo altera.
Si te ofrece riqueza es que te aprecia,
aprovecha de forma inteligente
aquello que te brinda; no seas necia,
que lo mismo al momento se arrepiente.
Y olvida a aquel poeta que te quiso,
lo nuestro no supuso un compromiso. |
|