Rosal que desde Levante
inspiras mis poesías,
permíteme que te ensalce
y sueñe que ya eres mía.
Que si has logrado al poeta
enamorar con tus ojos,
no mudes pronto de idea
y no le causes enojo.
¿Tendrás espinas? ¡Quién sabe!
Pero no me importa en ellas
dejarme a trozos mi carne
siendo la rosa tan bella.
Que sufrir por quien bien amas
no es sufrir crueles tormentos;
es sólo alcanzar la calma,
es sólo un dulce lamento.
Así que quiero que sepas
que desde hoy pongo asedio
a ese rosal. ¡Dulce guerra..!
Usaré todos mis medios. |