| |
Pensé que a mi vivir llegó
el momento
de no hallar el amor cual lo hallé antaño.
Temí que transcurriera año tras año
sumido en el sopor y aburrimiento.
Que siendo ya mayor, sólo el lamento
de dolores pasados y del daño
que me hicieran entonces, del engaño,
me hiciesen recordar el sufrimiento.
Pero, mira por donde, tú has venido
y contigo llegó la primavera;
en medio del verano me has traído
una brisa simpática y ligera.
¿Querrá el Hado, por fin, no serme ingrato,
convirtiendo en eterno este buen rato?
Y, puestos a pedir, le pido al Cielo
que seas para siempre mi consuelo. |
|