Como al mar el río se dirige
nos conduce la vida hacia la muerte;
roguemos que el Destino nos dé suerte,
que a la postre es el dueño que nos rige.
En amo y soberano es quien se erige
en firme conductor, auriga fuerte
que todos los obstáculos advierte
y senda estrecha o amplia nos elige.
No podemos luchar contra su sino,
pues tiene ya en sus libros bien trazado
por donde marchará nuestro camino
e impide que vayamos a otro lado.
A veces nos libera, pero opino
que sólo es por jugar; que es alocado.
Y así pasa la vida de las gentes,
estando del mañana muy pendientes
cuando todo está escrito y es inútil
luchar contra el timón. Es cosa fútil. |