| |
Volviendo a la labor que día
a día
me presta el bienestar y el alimento
palpitó el corazón todo contento
escuchando tus risas, vida mía.
Yo sé que allá, en tu pecho, algo
latía;
un profundo y ardiente sentimiento
que te da nueva vida e infunde aliento
a tus ansias de dicha y de alegría.
En el lecho te hallabas, me dijiste;
y pregunté, curioso, qué tapaba
ése tu cuerpo bello. Con voz triste,
te quejaste que sólo en eso pensaba.
Y mi voz, socarrona, puso en duda
si estabas en pijama o si desnuda... |
|