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No tengo ya derecho a
reprocharte
después de lo que anoche te hube escrito;
ni creo que pudieras perdonarme,
mas algo en colofón te solicito.
Y es tu perdón sincero, vida mía,
algo que, sin dudar, no me merezco;
no lo van a lograr mil poesías
aunque con todo amor te las ofrezco.
Anoche escribió el hombre, no el poeta;
hoy escriben los dos y es cosa extraña.
No se suelen unir en esa mezcla
que anula mi sentir y que lo empaña.
Pero así son las cosas y la vida:
El que ayer se burló, hoy ya, maltrecho,
tu piedad anhelante te suplica.
Aún siendo un vil ladrón tengo el derecho. |
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