Viviendo estos momentos de
esperanza
que se alberga en el alma y satisfecha
el ansia de pasión, va bien derecha
mi inquietud a pesarse en la balanza.
¿Qué tiene más valor, prisa o
templanza?
¿Qué puede la avaricia insatisfecha
de lograr mi labor, que hasta la fecha
jamás pude acabar? ¿Que mi semblanza
no llegue a dar la imagen de mi mente?
¿Que aquél que me leyera piense, acaso,
que no fui bien juzgado, que la gente
me condenó sin motivo al vil fracaso?
Deniego tal sandez. La culpa es mía,
así que he de vencer esta porfía
con la ayuda de un Dios al que bendigo
y el trabajo sin paga de un amigo. |