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No sé si pensarás, cuando
en su pecho
te ovilles, en la noche que en el mío
lo hiciste tan tranquila; y desconfío,
pues tengo el corazón roto y maltrecho.
No pienses que me guían ni el despecho,
los celos ni la rabia; mas, con brío,
quisiera bien batirme en desafío
con ése que me roba mi derecho.
Pues lo tengo, sin duda. Me lo diste,
que a mi encuentro llegaste de repente.
Quizás es que quisieras verme triste,
gozando en apartarme de tu mente.
Si hay justicia en el Cielo, si es que existe,
me ponga a mi rival, le ruego, enfrente. |
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