| |
Pensarás que mi amor fue una
mentira,
un capricho, un impulso del deseo;
y yo te juraría que no creo,
que no miente jamás el que delira.
No me juzgues, te ruego, pues, con ira,
creyendo que fue sólo un devaneo;
porque entonces podrías hacer reo
a aquél que por tus besos aún suspira.
Sincero bien te fui, no dije engaños.
Mis cartas coloqué sobre la mesa.
No acostumbro, jugando, a hacer apaños
que la sangre en mis venas corre espesa.
Y es sangre celebérrima en la Historia,
pues supo con su afán hallar la Gloria. |
|