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Con la cartera al hombro muy
ceñida,
la máquina en la mano bien sujeta,
el alma de ilusiones va repleta
del vendedor que marcha por la vida.
Su mente a dar el premio decidida,
ofrece al comprador la papeleta.
Hay quien un brusco ¡vete!, va y le espeta,
mas muchos sí le brindan su acogida.
Ofrece su cupón con esperanza,
queriendo regalar muchos millones,
llenar de bienestar los corazones,
cubriéndolos de risas y bonanza.
Y versos, mientras vende, al mundo lanza,
donde expone sus sueños e ilusiones. |
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