¡Quitaros de mi vida, misteriosos..!

  ¡Quitaros de mi vida, misteriosos
susurros de las sombras que me envuelven!
¡Dejad que al fin descanse venturoso
del pérfido huracán que nunca duerme!

¡Haced que mi alma goce de la dicha
o, al menos, que en la calma se sosiegue!
Cansado tengo el cuerpo y las desdichas
hirieron mi cerebro igual que siempre.

De ardides estoy harto. Y de traiciones,
de mentiras, de urdir constantemente
historias y engañar; que no razone
si no es para fingir todas las veces.

El sueño me rodea. Fatigado
quisiera dormitar aunque sea un breve
instante en mi vivir; pero, malvados,
los recuerdos de ayer no lo consienten.

 

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