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Robert de Niro, ¿hablabas de ti mismo?
Por mera civilidad, una cosa es tener diferencias políticas con alguien y otra es querer desfigurarle el rostro por ello. Con sus declaraciones, el legendario actor reitera el espíritu totalitario de Hollywood y cómo el criticón también está cometiendo muchos de esos pecados
NOVIEMBRE, 2016. Caray, desde que
interpretó a Jake la Motta en Toro Salvaje no veíamos tan
sulfurado a Robert de Niro. Y esta vez ocurrió en la realidad. El
legendario actor perdió toda diplomacia o lenguaje digamos, moderado, al
referirse a
Donald Trump en un spot donde De
Niro dice, literalmente, lo siguiente en torno al (todavía) candidato
presidencial republicano:
"Es abiertamente estúpido. Es un imbécil, es un perro, es un cerdo. Es
un estafador, un artista de mentira, un perro que no sabe de lo que
habla, que no hace sus deberes, que no se preocupa, que cree estar
jugando con la sociedad, que no paga sus impuestos. Es un idiota", y
remata, "quiero golpearle la cara".
Qué le habrá hecho Trump a De Niro, lo ignoramos. Pero ni siquiera
Hillary, quien junto con su esposo Bill
fueron amigos del multimillonario durante muchos años (la pareja asistió
a su boda con Melania) se ha referido así a Trump; antes bien, Hillary
ha preferido llamar "deplorables" a los simpatizantes de Trump que a
Trump mismo.
Evidentemente De Niro no es el único que piensa así de Donald Trump, y
solo basta una breve encuesta en las calles de México para darse cuenta
de ello. Lo que aquí cuestionamos son el modo en que se hacen y, veremos
más adelante, cómo al final parece que el legendario actor estuviera
dirigiéndose a sí mismo. A muchos, Donald Trump nos cae como ladrillo en
la punta del dedo gordo del pie, pero llamarle "perro" y asegurar que
queremos golpearle la cara suena a exceso; con no votar por él y evitar
que llegue a la Casa Blanca sería más que bastante para mostrar el
repudio.
Este odio va más allá que una diferencia meramente política y, como
buen, progre, De Niro acude a la adjetivación desmedida en vez de
emplear argumentos que cimienten lo que dice. ¿Por qué Trump es un
imbécil? ¿Por qué un perro? ¿Por qué un estafador? ¿Tiene De Niro las
pruebas? Porque un imbécil difícilmente lograría acumular una fortuna
gigantesca en bienes y raíces no una sino dos veces. ¿En qué momento el
actor aportó evidencias contundentes de que Trump haya cometido actos de
estafa? Digo, si éstas existen, habrían sido oro molido para la causa
demócrata, incluso más que los videos machistas revelados por el
Washington Post.
¿Y por qué quiere Robert de Niro golpear la cara de Donald Trump? Yo
detesto a Michael Moore, a Luis Miguel, a Laureano Brizuela, a
Al Gore y a
Michael Bublé, pero si me los
encontrara en persona, saludarlos con respeto sería un mínimo acto de
educación y civilidad. Sin caer en cuenta, el talentoso actor está dando
claras muestras de su espíritu antidemocrático, de creer que quienes
piensan distinto son lacras sobre las que hay que vomitar los peores
adjetivos y a quienes hay que impedir que hablen, que opinen, porque no
se está de acuerdo con lo que dicen.
En otra parte del spot De Niro acusa a Trump de ser alguien "que
no paga sus impuestos". Es cierto, pues el multimillonario aprovechó
ciertas rendijas fiscales para pagar menos y los cuales son
absolutamente legales. Empresas como Google, Facebook y Microsoft
regularmente hacen lo mismo, pero como éstas están claramente alineadas
con el Partido Demócrata, ahí ni quién diga nada.
Y como buen progre, De Niro lanza una acusación de la que él
también es parte. Así como
Nicolás Maduro dijo que el jefe de
gobierno español Santiago Rajoy "está mandando a su país al carajo" (¿y
Maduro no?), el actor también tiene cuentas pendientes con el fisco
norteamericano. De acuerdo al New York Times, el Servicio de
Ingresos Tributarios (IRS) le está reclamando a De Niro 6.4 millones de
dólares por renta no declarada; de acuerdo a la nota, el requerimiento
fue fechado el 3 de febrero de este año y corresponde a deudas
acumuladas durante el ejercicio fiscal del 2013.
Quizá los inspectores del ISR quieran ahora ir a casa de Robert de Niro
para darle de golpes en la cara. Porque no pagar impuestos también es
una manera de cometer estafa.
Cuando alguien acusa es porque se supone que está limpio. No parece ser
el caso con Robert de Niro. De acuerdo a una biografía reciente y que
hasta el momento no ha sido desmentida, quien realmente se llama Robert
Anthony de Niro Jr. es adicto al sexo y la cocaína, es prepotente con
las mujeres, e igualmente es un empresario que busca el lucro y quien,
sostiene la biografía, dado que es dueño de una cadena de restaurantes,
confisca las propinas de sus empleados. También se le relaciona por
tener dudosas relaciones con la prostitución. Por supuesto, para el
también ganador del Óscar, tampoco ha habido nada de objetable en Bill
Clinton, ni en la misoginia que corre por la sangre del ex mandatario
norteamericano.
Asimismo, en el set De Niro es conocido por su carácter altanero y
despótico así como sus encontronazos con el director Martin Scorcese
durante la filmación de Cabo de Miedo, y con Ray Roach, quien lo
dirigió en El Padre de la Novia, según la biografía.
Tenemos que reiterarlo: aquí no estamos defendiendo ni justificando a
Donald Trump. Simplemente queremos exponer la doble moral de los
progres de Hollywood donde critican, con adjetivos incluso vulgares,
lo que ellos también hacen. Sin dejar de reconocer el enorme talento de
Robert De Niro, lo cierto es que él carece de calidad moral para lanzar
sus epítetos.
En una de sus películas, la divertida Analyze Me --la primera, la
segunda es muy chafa-- De Niro encarna a un mafioso que acude con un
terapeuta (el inigualable Billy Crystal) para que le controle sus
constantes accesos de furia. Sería bueno que Robert de Niro repitiera
ese rol, ahora en la vida real.