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INTERNACIONAL/

¿Por qué hay países que rechazaron la democracia? (sí, ahí está ya saben cuál)

Estos tres países tuvieron en la década de los 90 la oportunidad de dejar atrás su pasado totalitario pero la dejaron pasar y están en vías de volver a su pasado, incluida la capital de un país que humilló al oso comunista. Y en el listado aparece un país con un político que, se nos advertía desde el 2006, que era un peligro... y no hicimos caso

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OCTUBRE, 2026. Están por cumplirse cuatro décadas que cayó el Muro de Berlín, pero la ciudad que atestiguó ese gigantesco acontecimiento no parece tener tiempo para la nostalgia y los homenajes: las elecciones parlamentarias estatales acaban de ser ganadas por la ultraizquierdista Elif Eralp, quien obtuvo el 26 por ciento de los votos para el partido Die Welt (La Izquierda) y a quien los analistas han comparado con el alcalde de Nueva York Zohran Mandami, no solo por su juventud (nació en 1981) sino porque igualmente es hija de inmigrantes, éstos de Turquía.

No solo eso: esos mismos analistas perfilan a Eralp como "más radical" que Mamdani en sus propuestas, entre ellas expropiar a las grandes empresas y aplicar a fondo la "justicia social", nombre que en este siglo XXI se le suele dar al socialismo.

Lo paradójico del asunto es que este enorme espaldarazo lo recibe la ultraizquierda en la misma capital donde el comunismo había recibido una de sus derrotas más humillantes. ¿Cómo pudo darse esto? ¿Cómo fue que los berlineses decidieran apoyar a la misma ideología política que mantuvo dividida a la ciudad por cuatro décadas? ¿Por qué se trae de vuelta al socialismo que tanto daño ha causado al espíritu de la legendaria urbe?

En primer término y según determinó hace años el ensayista Jonah Goldberg, ex director de la revista National Review, "los berlineses odiaban el Muro de Berlín pero miles de habitantes del lado occidental no detestaban precisamente a los comunistas que lo erigieron. Es paradójico: muchos habitantes de Berlín no defendían pero "entendían" la postura de Alemania "Democrática'". Dicho de otro modo, detesto tus métodos pero entiendo porqué lo haces.

Otro factor de peso, como se dio en Nueva York, es el peso de los inmigrantes recién llegados a Berlín. Se estima que un 32 por ciento de sus habitantes nacieron fuera de Alemania aunque la marca más alta la ostenta Frankfurt, donde los inmigrantes constituyen cerca del 43 por ciento.

El hecho de que Frankfurt sea la ciudad más izquierdista de Alemania lleva a pensar que estos inmigrantes, la mayoría de ellos provenientes de Medio Oriente y de Turquía, son partidarios de que el Estado meta más las manos en la economía y en la sociedad; no parece importarles mucho la pérdida de libertades que esa injerencia suele traer consigo (y mucho menos parecen comprender cómo lo que exigen es lo que orilló a sus padres, y a ellos mismos, a abandonar sus países de origen).

 Del mismo modo la democracia no parece haber caído muy bien entre millones de habitantes de lo que fue Alemania del Este. Una encuesta realizada por la revista Stern arrojó que el 25 por ciento de los encuestados añoraba la utopía comunista: "Tenías un trabajo asegurado, y si te gustaba la rutina te la pasabas bien, y mientras tu hicieras lo que ellos te decían, no se metían contigo. No fue hasta que nos dimos cuenta que existía algo más que nuestro entorno cuando comenzamos a estresarnos", refirió un sexagenario.

Decía Ronald Reagan que la democracia es como las llave de tu casa, sueles perderla sin que te des cuenta. Tras la oleada democrática que cubrió al mundo una vez caído el Muro de Berlín, ha habido países a los cuales no parece haberles gustado el cambio y han regresado al campo del totalitarismo.

Ha habido casos como el de Argentina que tras la dictadura y varios gobernantes electos democráticamente, la desilusión llegó al saberse que todos ellos eran tan ineptos como corruptos y se eligió al nefasto matrimonio Kirchner. Por el momento Argentina parece haber roto el círculo con Javier Milei pero la amenaza sigue ahí. Si el proyecto de Milei termina por descarrilarse, el peronismo-kirchnerismo regresará al poder para quedarse ahí muchas décadas.

Evidentemente, a los rusos no gustó la democracia

Empecemos por Rusia, el primer país comunista de la historia y el primero del bloque comunista en desaparecer. Pero desde entonces, hace más de tres décadas, Rusia únicamente ha tenido tres gobernantes, Boris Yeltsin, Dimitry Mevdeved y Vladimir Putin, sin olvidar que Mevdeved era prácticamente un títere putinista.

La corrupción de Yetisin, durante décadas un agachado funcionario comunista y aficionado a la bebida desde la adolescencia, desencantó a millones de rusos que exigían "mano dura" mientras que con Medvedev se multiplicaron los multimillonarios surgidos gracias a sus pingües negocios con el Estado, situación de la que millones de rusos se sentían ajenos a ese falso boom económico consecuencia del mercantilismo y la colusión Estado-empresarios, fenómeno que suele confundirse con el libre mercado.

Finalmente, en el 2012 Vladimir Putin llegó al poder mediante unas elecciones tan amañadas que parecieran estar inspiradas en las prácticas priístas, y desde entonces en señor no se ha movido de El Kremlin. No deja de tener su toque irónico que Putin haya sido él mismo un agente de la KGB.

Ciertamente Putin no ha traído de regreso al comunismo pero sí ha establecido que su desaparición fue "un error histórico"; la propiedad privada continúa vigente y tanto los malls de lujo como las franquicias occidentales se han esparcido por todo el país. Pero Putin tiene totalmente amordazada a la prensa y en la radio y la TV no existe un solo programa de crítica a un régimen férreo pero igual de corrupto que el de Boris Yeltsin.

Sin embargo, Rusia es hoy un país semisocialista con el 70 por ciento de su infraestructura en manos del Estado. Y todo particular que quiera emprender negocios en Rusia debe contar con las simpatías de Putin y mostrarle lealtad. Dicho de otro modo, el autócrata trata de replicar el modelo chino pero no le ha funcionado del todo, quizá porque el ruso promedio es mucho más pasivo, se siente muy apegado a su tierra y es poco dado a emigrar cuando las cosas en su país van mal.

Con todo, se rumora que, a punto de cumplir 74 años, Vladimir Putin padece serios problemas de salud, entre ellos incontinencia que lo obliga a usar pañal por lo que prácticamente ha suspendido sus viajes al exterior.

En cierto modo, desde el infierno su antecesor Stalin debe estar sonriendo: Rusia sigue siendo un Estado totalitario, tal y como él lo soñó.

Nicaragua, malo por conocido que bueno por conocer

Tras un breve paréntesis democrático, la dinastía Somoza, surgida de una familia de terratenientes de origen español, manejó a Nicaragua a su antojo hasta que en 1978 los sandinistas obligaron a renunciar a Anastasio Somoza. A cambio, el Departamento de Estado prometió a Somoza un exilio en la Florida pero a medio vuelo le advirtieron que tendría que aterrizar en otro lado. Luego de unas semanas de andar como paria Somoza fue recibido por el gobierno de Stroessner en Paraguay donde al poco tiempo fue desintegrado dentro de un automóvil a causa de un atentado.

Durante la década de lo 80, Daniel Ortega y los sandinistas se echaron a cuestas lo que llamaron "amorosa reconstrucción" del país luego de una devastadora guerra civil y que incluyó recibir jugosos subsidios de la URSS, aplastar toda oposición, acallar la libertad de prensa y desatar una inflación que, por supuesto, Danny Ortega atribuyó al "acecho" del presidente Reagan. Presionado por la opinión pública que le exigió realizar elecciones abiertas a otros candidatos que no fueran sandinistas. Ortega se mostraba tan seguro de su triunfo que invitó a una (entusiasmada) prensa internacional, incluida la revista mexicana Proceso, vocera incondicional de los sandinistas).

 Las elecciones de 1990 las ganó Violeta Varagas de Chamorro, la viuda de Pedro Joaquín Chamorro, el asesinado director del diario La Prensa, una mujer que caminaba apoyada en un bastón y a quien le habían cerrado todos los medios de comunicación --excepto La Prensa-- para promover su campaña. Sin embargo, la señora Chamorro se mostró demasiado débil ante sus enemigos políticos y muy pronto fue rebasada desde su mismo gobierno. Le siguieron Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños, ambos tan timoratos como corruptos.

En el 2002 Ortega fundó el ridículo Partido Rosa donde el lema de campaña era el amor. La estrategia no le funcionó pero en el 2007 Ortega finalmente regresó al poder y desde entonces no lo ha soltado. Aplastó a la prensa opositora, restringió el uso de Internet y hoy maneja a Nicaragua como un feudo propio, igual o peor que con los Somoza. También creó la figura de "copresidente" con su mujer Rosario Murillo.

Pese a que sobre Ortega pesan fuertes acusaciones de abuso contra su hijastra y de haber anunciado recientemente que las elecciones en Nicaragua "serán abolidas", la ONU y la OEA siguen considerando a Nicaragua miembro activo mientras los otrora lamebotas del sandinismo, llámense el cantante James Taylor, The New York Times, el lingüista Noam Chomsky y la actriz Jane Fonda, siguen muy calladitos ante los atropellos de Ortega, al igual que El Vaticano: Ortega expulsó del país a sus antiguos aliados, los sacerdotes promotores de la Teología de la Liberación que se atrevieron a criticarlo, e incluso hay algunos de ellos que han sido torturados sin que a los Papas Francisco y León XVI les indigne gran cosa el asunto.

A los nicas tanpoco parece haberles caído muy bien la democracia. Las elecciones del 2012 que trajeron de vuelta a Ortega fueron limpias, por lo que ya todos sabían por quién estaban votando.

Y ahora...

En México también hemos rechazado la democracia. Tras siete décadas de totalitarismo priísta, la creación del IFE como órgano independiente permitió que la oposición fuera ganando alcaldías, gubernaturas y legisladores hasta que en 1996 se logró lo impensable, ganar la mayoría en la Cámara de Diputados. El avance democrático parecía concretarse en el 2000 cuando el PAN conquistó la Presidencia y Vicente Fox se convirtió en el primer presidente surgido de una elección realmente democrática en prácticamente toda la historia de México.

Desafortunadamente Fox mostró debilidad ante sus enemigos políticos cuando pidió "perdón" ante sus enemigos políticos por los insultos proferidos en campaña. La oposición aceptó sus disculpas y a cambio se dedicó a bloquear todas las iniciativas foxistas, entre ellas una reforma fiscal que, de haberse aprobado, habría fortalecido a la economía mexicana y por tanto nos habría evitado la llegada de López Obrador a la Presidencia.

Durante la campaña presidencial del 2006 se nos advirtió que López Obrador "era un peligro para México"; ya desde entonces el analista Jorge Castañeda señaló que entre las tentaciones del tabasqueño se encontraba quitarle facultades al IFE como organismo ciudadano y someter al Poder Judicial mediante "un proceso de elección engañoso donde se colocaría a incondicionales suyos". Esto lo advirtió Castañeda hace dos décadas, y el que éste haya sido secretario de Relaciones Exteriores de Vicente Fox no quita ningún mérito a sus aseveraciones, máxime porque han resultado ciertas.

Felipe Calderón tuvo un buen desempeño económico pero su error de cálculo al enfrentar al crimen organizado le restó mucha credibilidad. Con Peña Nieto se mantuvo la estabilidad económica pero el país resucitó la ominosa "Rectoría Económica del Estado" y la estructura gubermanental volvió a crecer como no se veía desde los años 80.

En ambas elecciones López Obrador quedó en segundo lugar con un ajustado margen. Finalmente se le hizo al tabasqueño en el 2018 con lo cual inmiciró lo que nos tememos será una larga estancia en la Presidencia de más gobiernos izquierdistas que tanto daño provocaron a México durante los años 70 y 80.

Los mexicanos tampoco aprendimos de nuestro asomo a la democracia, pero para el año próximo se nos ofrece una oportundiad para arrebatar a Morena la mayoría legislativa con lo que se detendrían ens exo muchas intenciones para suprimir aún más las libertades individuales y de expresión en el país.

Si Morena retiene la mayoría quedará claro que, como los berlineses, los rusos y los nicaragüenses, los mexicanos preferimos continuar jodidos: mejor una zona de confort que echar a una gavilla que quiere adueñarse del país las próximas décadas.

 

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