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Lo extrañaremos, Eduardo "El Polivoz" Manzano
Ahora sí que parece chiste, pero hubo un momento en que México contaba con decenas de comediantes de primer nivel reconocidos mundialmente. Nos acaba de abandonar uno de los últimos sobrevivientes, le mitad de esa dupla conocida como Los Polivoces. Siempre recordaremos a Eduardo Manzano
DICIEMBRE, 2025. Quizá fue una reacción
ante tantos años de tragedia consecuencia de una intermitente
guerra civil, conocida como revolución mexicana, que se prolongó
por casi 20 años hasta que Plutarco Elías Calles logró que los
grupos en disputa acordaran la manera sui generis,
mexicanísima, de repartirse el botín político. El asunto es que
al poco tiempo, los años 30, surgió una constelación de cómicos
ingeniosos, la mayoría surgidos de la clase baja y media baja
que lograron aligerar la existencia para millones de mexicanos
hartos de sufrir.
Ese maratón de cómicos fue realmente sensacional e irrepetible:
Mario Moreno Cantinflas,
"Panzón" Panseco, Manolín , Joaquín Pardavé... luego vendría
otra generación donde el humorismo contrastaba con el cine de
charros, violento y falso aunque con intérpretes y cantantes,
eso que ni qué, igualmente talentosísimos, desde Tito Guízar
hasta Jorge Negrete y Pedro Infante.
A los pocos años, la fama de estos genios de la comicidad se
extendió hasta la Patagonia donde igualmente se rieron de las
ocurrencias y los bailes del pachuco Tin Tán, quien pasó a
convertirse él mismo en icono cultural, o el gran Clavillazo y
sus trajes cortados por el peor sastre. Y cuando se pensaba que
la cosecha de cómicos mexicanos ya había dado lo mejor llegaron
Viruta y Capulina, Luis Manuel Pelayo y las sexycomedias de
Mauricio Garcés a quienes más adelante acompañarían tres cómicos
genuinamente revolucionarios que definieron la comicidad de los
años setenta:
Roberto Gómez Bolaños, Chespirito
y la dupla de Enrique Cuenca y Eduardo Manzano.
Bolaños había sido guionista de Viruta y Capulina mientras Los
Polivoces se adherían al libreto surgido de la imaginación de
Mauricio Kleiff quien los sacó de las desgastadas rutinas frente
a públicos adormilados y supo sacar todo su potencial a ese par
nacido en los barrios más curtidos de la capital mexicana. Fue
también con Kleiff cuando la mancuerna conocida ya como Los
Polivoces, saltó del cine a la televisión con un programa
transmitido por Telesistema Mexicano. Tanto Cuenca como Manzano
creaban a sus personajes mientras Kleiff daba forma a sus
ingeniosos diálogos.
Todos esos cómicos tenían una particularidad: no eran groseros
ni se faltaban el respeto entre sí. Ciertamente eso no había
sido la norma pues Cantinflas recordó que cuando empezó su
carrera en la famosas "carpas", se le recibía con escupitajos,
mentadas y botellazos hasta que con su talento logró asilenciar
a quienes le odiaban. Quizá por ello Cantinflas sostenía la idea
que el cómico debería expresar cierta responsabilidad social, y
ello lo mostró (de manera desafortunada por lo demás) cuando
aburrió a su público pontificando durante casi 8 minutos al
final de El Patrullero 777 (1976), copiando burdamente a
El Gran Dictador de Chaplin.
Cuando Telesistema Mexicano se fusiona con
Televisión Independiente de México y surge Televisa, Los
Polivoces se van a la estratósfera de la pupolaridad. La
Ensalada de Locos de Manuel Valdés, Lechuga y Suárez termina
su ciclo y deja el camino preparado para la dupla
Cuenca-Manzano. Su programa se llama Los Polivoces pero
ellos no son protagonistas directos sino sus personajes, hoy
recordados y admiradísimos por las carcajadas que nos
provocaron: Agallón Mafafas, Los Hermanos Lelos, Mostachón y
Wash and Wear, Don Teofilito y el Andobas. ¿Y qué tal sus
imitaciones de Jacobo Zabludovsky, Pelé, Mohammed Ali, el Púas
Olivares, Cincomentiras con Agustín Varios Topes --imitación de
unas cápsulas de Agustín Barrios Gómez, amigo personal de Emilio
Azcárraga, el mandamás de Televisa-- Demis Roussos, el Maistro y
el Saltamontes o Chano y Chon? Simplemente geniales... han
pasado cinco décadas de aquellos brillantes sketches y
aun hoy nadie se les acerca.
Kleiff también procuró meter crítica social en los guiones de
Los Polivoces aunque de manera mucho más sutil. El Mostachón
caracterizado por Enrique Cuenca es una denuncia del jefe
abusón, inescrupuloso y negrero, un jefe del que ríes por lo que
dice pero no por lo que representa. Igual sucedió con el general
Agallón Mafafas, otro que abusa de su poder.
El Agallón Mafafas, hilarante remedo de Pedro
Armendáriz cuando caracterizó a Pancho Villa, es una nulidad de
persona que se toma muy en serio eso de que reportará al
Pentágono las acciones de Juanito Garrison... valga decir que,
en principio, estos personajes iban a ser miembros del ejército
pero pasaron a ser boy scouts, advertido Kleiff por la
televisora de que la Secretaría de Defensa pudiera enviarles una
nota de protesta.
En 1975 el dúo se separa entre recriminaciones aparentemente por
haber alterado el acuerdo en el modo en que repartirían sus
ganancias; dado que ambos tenían la opción de realizar sus
propios programas, Televisa los mantiene al aire; la palabra
Polivoz se la acreditan ambos aunque Manzano opta por llamarse
Eduardo II.
Los personajes de éste último tienen cierta trascendencia y son graciosos, entre ellos El Chachalaco, una mezcla de Cantinflas con Clavillazo, el bizco Don Terramicino o El Ceguetas... como se ve, y dado que esos personajes fueron basados en defectos físicos, es que ya casi nadie los recuerda ante la falta de promoción; fueron "cancelados" aunque a muchos de nosotros nos llevan a la sonrisa que provoca al darse un chapuzón en la nostalgia.
Cuenca fue más exitoso que Manzano con sus
personajes de Henruchito, El Fasolasi, obvia burla de Pavarotti,
o el presuntuoso Mesié... pero eso no debería de extrañar pues
el Polivoz Cuenca se ganó a su causa al libretista Kleiff.
Cuenca duró más tiempo al aire pero terminó enemistado con
Televisa porque aparentemente actuó en otro lado pese a tener
contrato de exclusividad. Regresó a la televisora años después
pero ya no pudo resucitar su fama hasta que falleció en el 2000
a los 59 años.
La siguiente camada de comediantes era buena, pero más grosera y
agresiva, desde Natera hasta Polo Polo, o los comediantes
insípidos de Televisa que llevarían a un periodo de
descomposición que comenzó a darse con el supuesto comediante
Jorge Ortiz de Pinedo y su Doctor Cándido Pérez. Sin embargo
Manzano siguió participando hasta hace poco en la comedia Una
Familia de Diez como el abuelo Arnoldo. Era un retiro
semifingido para un gran comediante al punto que una sola de sus
frases bastaba para exponer la baja calidad de los "comediantes"
que lo acompañaban. Habían pasado muchas décadas pero el talento
de Manzano continuaba ahí aunque las cosas nunca fueron iguales
tras la partida de su ex compañero Cuenca.
No todo fueron risas y ocurrencias en la vida del Polivoz
Manzano. Se sabe que su vida personal estuvo lejos de ser
perfecta, incluido su matrimonio, así como las acusaciones de
que le "jugó chueco" a su ex colega Cuenca y que incluso lo
traicionó antes de disolver la sociedad entre ambos (el dúo
regresó temporalmente en los 80 pero se separaron de nuevo al
poco tiempo). Igualmente, el comediante sufrió un asalto en la
ciudad de México que lo dejó malherido al punto de requerir
intervención quirúrgica.
Manzano también participó en el doblaje de
películas, grabó discos y será recordado por Hijazo de mi
Vidaza, una película polivocesca divertidísima y disponible
sin costo en YouTube.
Eduardo Manzano era el último sobreviviente de esos grandes
comediantes de una camada que referimos al inicio de este texto.
Quizá en otra dimensión, el recién llegado Manzano no tardará en
reactivar sus magníficas ocurrencias con su compañero Enrique
Cuenca, y al lado de ellos, el igualmente genial Mauricio Kleiff,
fallecido en el 2010.
Qué tristeza la partida de Eduardo Manzano: con él se han ido
los gigantes de la comicidad mexicana --solo nos queda un
nonagenario Sergio Corona-- y no quedamos con un inmenso mar de
mediocridad donde un chascarrillo es decir "chico maravilla" y
recibir como revirada un "prestas".
Descanse en paz, Eduardo Manzano. Era de las pocas conexiones
que nos quedaban con esa etapa maravillosa de lo que alguna vez
fue la comedia mexicana.
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