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La Academia Nóbel es un chiste... ya lo habíamos advertido

Increíble el ridículo de los Premios Nóbel que otorgan la presea a una mujer valiente, sí, pero cuyo activismo tiene como centro de operaciones el tik-tok en vez de entregárselo a alguien que ya sufrió dos atentados y que logró un acuerdo de paz en Medio Oriente que sus enemigos políticos decían (¡y de hecho siguen diciendo!) que es demagogia pura. Pero hay que ver el lado amable al asunto: por lo menos no se lo dieron a Greta Thunberg... por ahora

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OCTUBRE, 2025. Ya lo habíamos advertido, estimados lectores: si en este mundo solo quedaran dos candidatos para obtener el Premio Nóbel de la Paz, por un lado un ermitaño que se la ha pasado los últimos 40 años viviendo en una choza al lado de un lago, y por el otro a Donald Trump, se habría otorgado la presea al ermitaño "por su dedicada labor a favor y protección de la ecología".

Apenas unos días antes de la firma de los acuerdos de paz entre Israel y Hamás y con la firma garante de por lo menos cinco países del área, el copetudo mandatario desactivó una bomba de tiempo en Medio Oriente que, insistía la prensa liberal norteamericana, amenazaría con hacer detonar un conflicto mundial si Trump se ofrecía de intermediario.

Trump consiguió lo que hasta hace unos días se pensaba imposible, al punto que el pasado fin de semana se realizó una megamanifestación en Nueva York en apoyo a Hamas donde la consigna "muerte a Trump" se escuchó como mantra; es decir, aniquilen y borren del mapa a la única esperanza que quedaba a Medio Oriente para poner fin a una guerra no declarada que pone fin a dos años de gasto económico, desgaste emocional y en vidas humanas para ambas partes.

Este acuerdo es insólito, y en él cuenta muchísimo la aportación de Marco Rubio, secretario de Estado, cuyo avión despegó hacia Israel cuando aún no concluía la toma de posesión del copetudo magnate el pasado enero. Fue Rubio quien realizó las negociaciones para bajarle las ínfulas al primer ministro Netanhayu, y hacerle ver su suerte a Hamas si mantenía su actitud intransigente. Esa es la labor que debe realizar un secretario de Estado, y no pasársela diciendo pendejada tras pendejada y echándose discursos woke como lo hizo Anthony Blinken, el secretario de Estado de Joe Biden.

Este acuerdo obliga también a Irán a sentarse a la mesa y formaliza un cese al fuego con Israel. Recordemos cómo a principios de año una lluvia de misiles y proyectiles iraníes cayó sobre Tel Aviv hasta que Trump ordenó destruir una planta nuclear ubicada a 400 kilómetros de la capital Teherán como advertencia de que ya se estaban pasando de la raya. Hasta el momento, la advertencia ha funcionado: el presidente norteamericano enfatizó que "en lo mínimo me interesaba" deponer al gobierno iraní, dando a entender que la labor de echar fuera a sus gobernantes corresponde a los mismos iraníes mediante el poder de su voto. (Irán posee un sistema electoral muy parecido al del IFE en sus inicios, y les ha funcionado mejor de lo esperado).

Como se ve, Trump ha desactivado dos conflictos que se antojaban mundiales en apenas un año ¡pero eso no fue suficiente para la Academia Nobel que acaba de anunciar que la presea por la paz le será entregada a la activista venezolana Corina Machado!

Lo dicho: si a los miembros de la Academia Nobel se les diera escoger un platillo enviado por Trump o consumir un frasco de raticida, todos ellos optarían por morir envenenados.

El efecto de estos acuerdos ha sido tal que hasta los mismos demócratas reconocieron que Donald Trump merecía el Nóbel de laPaz, incluida Hillary Clinton, su enemiga a muerte: para Barack Obama "la tenacidad del presidente Trump fue clave e incuestionable para conseguir este acuerdo", mientras que para el senador demócrata John Fetterman, una de las pocas voces mesuradas que quedan dentro de ese partido, "si (Trump) recibe el Nóbel de la Paz, yo seré de los primeros en felicitarlo". Inclusive algunos analistas liberales reconocieron este increíble logro: "Repruebo muchos aspectos y políticas de Trump, pero este acuerdo merece ser celebrado", dijo Joe Scarborough de la cadena MSBNC.

Hasta Vladimir Putin declaró que "nadie merecía más el Nóbel que Donald Trump... el reconocimiento se lo dieron a alguien que no ha hecho absolutamente nada para merecerlo", aunque hay que resaltar aquí, por supuesto, los intereses que Rusia mantiene en Venezuela.

Sin embargo, para la Academia Nóbel, fue más merecedora del Premio alguien implicada en un conflicto esencialmente regional y donde solo es cuestión de tiempo para que el tambaleante dictador Nicolás Másburro caiga, víctima de su incompetencia y estupidez. Ciertamente la ganadora de este año, Corina Machado, es la menos culpable de la decisión del Comité Nóbel y es seguro que recibió la noticia con gigantesca sorpresa la noticia, tan seguro como que ella misma pensaba que el Nóbel de la Paz ya estaba asegurado para Trump.

Sin embargo, Machado llevaba más de un año fuera de las farolas públicas, pero no precisamente escondida, ya que tiene amplia presencia en las redes sociales, en especial TikTok mientras Trump, quien sufrió un atentado del que se salvó milagrosamente, ha expuesto no solo su vida en cada aparición pública sino la vida del mismo secretario Marco Rubio, quien en negociaciones secretas viajó a Palestina donde fácilmente se le pudo retener para chantajear a Washington.

Sin embargo, para la Academia Nóbel nada de eso ha sido suficiente, como tampoco bastaron las imágenes de personas celebrando en las calles de Tel Aviv y de Palestina ante lo que se avizora será el fin del conflicto, un factor lógico y totalmente humano: ¿quién carajos está contento de estar en guerra constante con su vecino, con los nervios alterados las 24 horas, temeroso de morir de un bombazo, harto de los eternos apagones y la escasez de comida? Tanto israelíes como palestinos celebraron el logro de Trump simplemente porque ellos, como la mayoría de nosotros, queremos vivir en paz con nuestros semejantes aunque nuestras creencias religiosas sean diferentes.

En comparación, ¿qué ha hecho Machado, aparte de convertirse en estandarte antichavista-madurista? Este mismo año alrededor de 350 personas pasaron a ser presos políticos en Cuba, pero eso no parece ser tan relevante para la Academia como una mujer, valiente sin duda, pero con muchos menos méritos que Trump como para haberle otorgado el Nóbel de la Paz 2025.

Tiene razón el analista argentino-canadiense Pablo Muñoz Iturrieta cuando afirma que la Academia "confunde la paz con la democracia, no son lo mismo. Corina Machado no está promoviendo la paz en Venezuela sino la reinstauración de la democracia que fue pisoteada cuando Maduro disolvió el Parlamento. En cambio, los esfuerzos de Trump van encaminados al restablecimiento de la paz en una zona altamente explosiva y donde las negociaciones se realizan como delicada operación quirúrgica". Muñoz Iturrieta concluye en que "la Academia nunca le iba a entregar el Nóbel de la Paz a Donald Trump, no está entre sus prioridades".

¿Y cómo fue que Trump tuvo éxito en una región del mundo donde Biden no hizo nada, excepto el ridículo? Para Muñoz Iturrieta, "Trump tiene presencia, no es percibido como un debilucho y sobre todo, es temido y respetado por sus enemigos, factor clave para entablar toda negociación diplomática. En cambio, era imposible tomar en serio a Joe Biden".

Un Nóbel de la Paz convertido en payasada

La pregunta era inevitable formular hasta por la prensa izquierdista reunida en Oslo la mañana del 9 de octubre, a poco de darse a conocer a Corina Machado como ganadora del Nóbel de la Paz: ¿por qué no se lo otorgaron al presidente Trump?

El titular del Comité, un tal Jørgen Watne Frydnes, respondió que "la decisión final se tomó desde el pasado lunes" y que "recibimos miles de postulantes a lo largo de cada año, pero la convocatoria para revisar postulantes se cierra en enero de ese año".

Pero qué extraño: el Nóbel de la Paz 2016 le fue otorgado al ex presidente colombiano Juan Manuel Santos a los cinco días de haberse firmado el acuerdo de paz con las FARC. A Barack Obama se lo entregaron a 10 meses de iniciada su presidencia sin haber hecho nada memorable para merecerlo.

Y como para curarse en salud --valiéndose del lugar común-- Corina Machado dedicó su Premio al presidente Trump "de quien esperamos nos siga apoyando para reestablecer la democracia e Venezuela" ¡Hasta la misma ganadora de un Premio que la Academia Nóbel considera tiene el máximo mérito en todo el planeta para recibirlo, confía en que Trump participe en el proceso conciliador!

Pero al final, quizá haya sido mejor que no le hayan entregado la Presea al presidente Trump. Jamás la dieron un Óscar como mejor director a Orson Welles y a Stanley Kubrick, los Rolling Stones recibieron su primer Grammy hasta 1995, 33 años después de su primer disco --8 años antes se les había entregado otro "honorario"-- Jorge Luis Borges, uno de los mejores escritores del siglo XX ni siquiera fue postulado al Nóbel de Literatura y Pete Rose jamás ingresó al Salón de la Fama del rock and Roll pese a haber batido la marca de hits de Ty Cobb, esto por una falta mucho menor que la de Dwight Gooden (abuso de esteroides) quien ingresó al recinto en el 2010.

Las calles de las principales ciudades del mundo estarían hoy al tope de manifestantes incendiando comercios si Donald Trump hubiera ganado el Nóbel de la Paz 2025, y a las afueras del Comité la izquierda habría colocado barricadas para evitar que el copetudo mandatario entrara a recibir su reconocimiento el próximo diciembre. Irónicamente, el que no haya ganado el Nóbel enfatiza la idea de que ese Premio ya es obsoleto debido a su burda politización, muy alejado de las nobles intenciones de Alfred Nóbel, quien lo estableció. Trump no necesita de esa presea en absoluto.

"Los mejores reconocimientos no se dan, se perciben", dijo en su momento el mismo Wells cuando le preguntaron sobre el desdén de los Óscares hacia su persona. Cierto entonces como cuando se estrenó su obra maestra, El Ciudadano Kane, en 1940.

Por lo menos no le entregaron el Nóbel de la Paz a Greta Thunberg, pero créanlo, amigos lectores: la Academia ya la tiene considerada.
 

 

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