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Califorwell lo hace de nuevo: bye bye César Chávez
Alguna vez venerado por la izquierda que le puso su nombre a calles, universidades y hasta le dio un día festivo en algunos estados, el fallecido líder fue desmitificado por los mismos pecadillos que en Hollywood parecen ser cosa común. Y es que hay algo mas: de seguir vivo hoy, muy probablemente César Chávez sería un simpatizante de ICE. Veamos por que
MARZO, 2026. Hijo de
inmigrantes mexicanos que huyeron a Estados Unidos durante la
revolución , César Chávez presenció de primera mano los abusos que
sufrían los trabajadores que llegaban en busca de una vida mejor.
Ante las injusticias que indudablemente se cometieron contra esos
trabajadores agrícolas, Chávez fundó el Sindicato de Granjeros
Unidos (UFW por sus siglas en inglés) el cual tuvo su punto más
álgido en la década de los sesenta.
La lucha no fue fácil: acosos, secuestros, intentos de asesinato y
amenazas fueron las constantes pero al final se consiguió el
objetivo: esos trabajadores recibieron sus derechos, con todos los
beneficios y prerrogativas aunque el poder acumulado por el
sindicato fue tal que muy pronto comenzaron a darse los abusos y las
prácticas oscuras.
Chávez nunca ocultó su izquierdismo: se manifestó simpatizante de la
revolución cubana, la misma que mantenía iguales o peores
condiciones que él había denunciado tanto en California como en
Texas, y también fue parte del giro que se daría en ese estado a
favor de la causa demócrata durante los años 70. Hasta hace unos
días, se consideraba a César Chávez un líder honesto, comprometido e
íntegro.
Entonces The New York Times publicó una investigación acerca
de César Chávez y la burbuja se rompió: ahora es un malo malote, un
villano, un acosador y un monstruo que incluso abusó de menores de
edad.
De acuerdo al articulo, "Chávez abusó de menores, incluso de 12
años" y utilizó a decenas de voluntarias para obtener gratificación
física", eso en palabras de Dolores Huerta, una nonagenaria que en
su momento fue la aliada más cercana de Chávez dentro del
movimiento.
En el mismo artículo, Huerta refiere: "Durante los últimos 60 años
mantuve el secreto porque creo que si se supiera la verdad, el
movimiento habría resultado perjudicado (...) los objetivos del
movimiento han sido mi trabajo a lo largo de mi vida".
Hasta hace días, el líder agrícola, fallecido en 1993, había sido
parte destacada de iconografía de la izquierda norteamericana: el ex
presidente Clinton le entregó de manera póstuma la Medalla por la
Libertad. Barack Obama designó monumento nacional el sitio donde
yacen sus restos y Joe Biden colocó un busto suyo en la Casa Blanca.
Asimismo, "más de 500 escuelas y
librerías llevan su nombre, decenas de estatuas fueron colocadas en
los campus colegiales, su rostro fue parte de un timbre postal,
Hollywood le dedicó una biografía,
Stevie Wonder le compuso una
canción, hay premios en su honor, se han hecho doodles
(homenajes que coloca Google en su página de búsqueda) y su
cumpleaños es día festivo en California y Texas", refirió un texto
de The New York Post, eso sin olvidar que Chávez fue
postulado al Nóbel de la Paz en por lo menos ocho ocasiones y que un
centenar de calles y avenidas en Texas y en California llevan su
nombre.
Desde la publicación del artículo, prácticamente todos los murales
en su honor en California han sido tapados, sus estatuas fueron
removidas y los nombres de las calles pronto serán reemplazados. Si
los datos resultan ciertos en el sentido de que César Chávez era un
monstruo, la izquierda norteamericana se habrá metido en uno de los
momentos más vergonzosos en toda su historia. ¿Pero el asunto irá
más allá que el borrar murales, quitar estatuas y hundir el nombre
de César Chávez en la ignominia? Probablemente no.
Huerta dijo al periódico que en los
años 60, Chávez abusó de ella en dos ocasiones y la embarazó por lo
que entregó a los bebés en adopción. ¿Pero por qué guardarse durante
décadas un acto tan atroz y tan vil? Más aún, si la mujer estuvo
casada con el hermano de César Chávez y engendraron cuatro hijos,
cómo es que jamás se atrevió a denunciar a su propio cuñado o, peor
aún, por qué escondió el asunto a su mismo esposo o, de estar
enterado, por qué nunca actuaron en consecuencia?
Otra mujer, de nombre Ana Murguía, recuerda cómo a los 15 años
acompañó al líder a su oficina, la recostó sobre un tapete, le quitó
la ropa interior y abusó de ella: "No digas a nadie de esto, se
pondrían celosos", le advirtió. Los encuentros sexuales se
repetirían a lo largo de décadas.
Hasta donde sabemos, en los años 60 el abuso sexual ya estaba
tipificado como delito y ameritaba pena corporal. ¿Por qué la mujer
decidió ocultarlo, acaso su dignidad fue menos importante de lo que
ella llama "el movimiento", es decir, el poder? De hecho, las
acusaciones contra Chávez no son nada nuevas: Mike McDaniel,
colaborador de theamericanthinker.com, apunta que por lo menos desde
los 70 ya existían acusaciones contra el líder pero éstas fueron
desdeñadas y echadas abajo por jueces corruptos, o bien a la prensa
no interesaron gran cosa.
Es curioso cómo este tipo de denuncias surgen muchos años después de cometidas cuando a) en responsable ya no se encuentra en este mundo, b) el delito ya ha proscrito o c) se emplean como venganza cuando la memoria de alguien ya resulta inconveniente.
¿Alguien ha olvidado, por ejemplo, las acusaciones contra Bill Cosby, a quien se denunció a las pocas semanas que dijera que a la población negra se le ha imbuido un discurso para que se asuma como víctima? ¿O qué tal las denuncias contra Ron Jeremy de andar pinchando nalgas, tan inauditas como responsabilizar a un dentista por andar sacando muelas? ¿O qué tal las acusaciones contra Julio Iglesias, esfumadas cuando el cantante contrató al mejor abogado de España?
¿Por qué las denuncias nunca se realizan en su momento cuando la evidencia aún está visible y no, como en el caso de César Chávez, cuando el presunto autor lleva más de tres décadas bajo tierra?
Y si bien todos son acosadores, unos acosadores son más responsables que otros. Varias mujeres acusaron al ex senador Edward Kennedy de "comportamientos indebidos", e incluso un libro especuló sobre la posibilidad de que Mary Jo Kopechne, su secretaria que murió ahogada cuando el vehículo donde ella y el legislador cayó en un río, fue echada a su suerte pues estaba a punto de testificar en contra del más joven de los Kennedy.
Sin embargo el tipejo sigue recibiendo homenajes por parte de la izquierda y sus restos yacen en el cementerio de Arlington donde se supone morar para siempre quienes fueron las personalidades más altas de la política norteamericana.
En el caso de César Chávez, pareciera haber un motivo ulterior para desacralizarlo. Así como se trató de un líder que luchó por los derechos de los inmigrantes agrícolas, su defensa se dio a favor de los inmigrantes legales. Chávez se oponía rotundamente a las amnistías concedidas a los trabajadores indocumentados a los que consideraba una competencia desleal contra los trabajadores legales.
César Chávez fue aun más allá: con el fin de evitar la contratación de trabajadores ilegales, formó milicias a lo largo de la frontera con órdenes de disparar, algo que la izquierda que tanto veneró al caído líder achaca como "acto deleznable" promovido por las políticas de Donald Trump. Asimismo, Chávez exigió al Servicio de Inmigración. el antecesor de ICE, a realizar constantes redadas para detectar a trabajadores indocumentados e igualmente promovió ante el entonces senador Jerry Brown una ley que sancionaba fuertemente a quienes contrataran a trabajadores no solo sin papeles sino que tampoco pertenecieran a su sindicato.
Las prácticas de Chávez para detener a los trabajadores ilegales sonrojaría a los agentes de ICE en la actualidad y sin embargo hasta hace unos días la izquierda lo consideraba un santo patrón, un enviado de la divinidad al cual incluso sus admiradores tocaban la espalda en espera de un milagro; su exagerada veneración no descarta que muchas mujeres se le hayan ofrecido, como suele suceder con este tipo de personajes que alcanzan estatus de gurú. Solo bastó que un medio como The New York Times denunciara al dirigente devenido en santón para que, de la manera más orwelliana posible, su memoria fuera borrada de paredes, murales, nombres de calles y sus estatuas fueran removidas y posiblemente fundidas.
¿Pero no será que ese
periódico haya decidido desmitificar a Chávez porque éste fue un
abierto opositor a la inmigración ilegal y por tanto su memoria
resulta un estorbo para la agenda que se busca implantar en los
Estados Unidos donde los inmigrantes son todos personas bien
intencionadas que "huyen de la opresión creada en los países pobres
explotados por el capitalismo", según dijo el padre Solalinde? (Nos
preguntamos porqué esos
inmigrantes deciden huir del capitalismo yéndose a un país más
capitalista aún, y no se van a Cuba o a Venezuela).
Por eso urgía desacralizar a César Chávez, no tanto porque hubiera
sido un acosador, ese más bien parece ser un pretexto. Las
acusaciones contra
Harvey
Weinstein, si bien lo enviaron a prisión, no han
llegado al punto de borrar su memoria en Hollywood al punto que los
estudios Miramax, aunque ya no están en operación, siguen
produciendo regalías e incluso la página especializada en cine
IMBD.com, sigue ubicando a Harvey Weinstein como "uno de los
productores más grandes de la historia detrás de cintas emblemáticas
como Pulp Fiction y Chocolat".
Sería el colmo que el nombre de César Chávez sea sustituido por el de Dolores Huerta, como han propuesto varios activistas: la mujer calló esas atrocidades por seis décadas y no se necesita ser abogado para estar al tanto de que si alguien que conoce un delito cometido por alguien más y no lo denuncia pasa a ser cómplice.
Insistimos: un motivo de peso para que
no se le denunciara fue el poder, del mismo modo que Hillary Clinton
ha aguantado las trapacerías y la incesante puesta de cuernos de su
maridito, de otro modo ya lo habría mandado al infierno. Y en tal
sentido, nada mejor que asumirse como víctima de César Chávez,
alguien que ya no tiene oportunidad de dar su versión, y de no
haberlo denunciado como un monstruo mientras estaba vivo.
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