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HISTORIA DEL CAOS
Juvencio Alberto Betancourt Mar.
Durante el siglo XIX, las matemáticas se
enfocaron, en cuanto a las ecuaciones diferenciales que modelan los procesos
naturales, a estudiar los llamados sistemas lineales, aquellos que tenían
soluciones periódicas (el movimiento de un péndulo) o asintóticas (como el
movimiento de una canica cuando se deja caer en un cuenco, finalmente se
detiene en el fondo del mismo, no importando donde comenzó su movimiento.
El estudio de los sistemas lineales fue exitoso, se encontraron muchas
formas de entenderlos, resolverlos aunque fuera aproximadamente; por su
linealidad eran característicamente predictibles.
Tal vez debido a la educación recibida en las escuelas o el entrenamiento en
los laboratorios, pocos científicos se preocupaban de los sistemas no
lineales, que son la inmensa mayoría. Los procesos naturales eran
simplificados para ajustarlos a sistemas lineales y poder así ser
estudiados; pero con frecuencia se encontraban con aberraciones debido a
esas simplificaciones: “agua seca”, péndulos sin fricción imposibles, etc..
Tal vez algo importante se perdía en la simplificación...
Pero los sistemas no lineales eran duros de atacar, para la mayoría no
existían soluciones analíticas al estilo de los sistemas lineales, sólo se
podía tener soluciones aproximadas.
En general, las soluciones aproximadas son en forma de series (difícil y no
aplicable en general) o de soluciones numéricas (aplicable en general). El
problema con las soluciones aproximadas es que se necesitan muchas
operaciones matemáticas repetitivas para encontrar una solución. Hacer un
cálculo del clima, por ejemplo, podría tardar meses, cuando el resultado ya
no tuviera mucha utilidad práctica.
La llegada de las computadoras electrónicas vino a cambiar este panorama.
Edward N. Lorenz, en 1961, en el Instituto Tecnológico de Massachussets, ya
usaba una computadora para simular el clima. Aquélla era la época de las
computadoras de válvulas de vacío, de gran tamaño y muy lentas en
comparación con las computadoras de escritorio actuales. Él usaba una Royal
McBee.
Lorenz modeló el clima de un mundo ideal, sin nubes, el terreno suave como
un cristal, sin montañas, nunca llegaba la noche, sin lluvia y sin cambio de
estaciones. Era necesario estas simplificaciones para tener un modelo
matemático lo bastante sencillo para poder manejarse. De hecho, el modelo
constaba de 12 ecuaciones.
Lorenz introducía las condiciones iniciales en la computadora y ésta hacía
el cálculo numérico, arrojando resultados del clima a través del tiempo. Los
datos que imprimía eran presiones, direcciones y velocidades del viento.
Trataba de encontrar alguna periodicidad en los cambios.
Las corridas tomaban mucho tiempo, por lo que, en una ocasión, para no tener
que comenzar desde el principio, de un listado ya impreso tomó los valores
de la mitad de la corrida y los introdujo como valores iniciales en la
computadora. Y se fue a tomar un café. Cuando regresó, encontró que la lista
impresa anteriormente ya no coincidía con lo que estaba arrojando la
computadora.
Después de una revisión exhaustiva de la máquina hasta que encontró la
respuesta: la computadora manejaba interna-mente seis decimales para sus
cálculos, pero imprimía solamente tres. Lorenz había tomado estos números
con tres decimales para alimentar la computadora. Las diferencias de
diezmilésimos que existían entre las cifras se fueron incrementado
rápidamente: se había topado con la esencia del Caos.
Lorenz fue capaz de reducir el sistema de doce ecuaciones a uno de tres que
presentaba esa misma característica: las pequeñas diferencias en las
condiciones iniciales se propagaban exponencialmente. Y la solución no era
periódica.
La propagación exponencial, llamada ahora sensibilidad a las condiciones
iniciales, es conocida comúnmente, gracias a Lorenz, como efecto mariposa
(de aquí el logotipo de esta revista). Este nombre lo recibió de una
conferencia que dio Lorenz en Washington en 1972:
“Predictibilidad: ¿El aleteo de una mariposa en Brasil provoca un tornado en
Texas?”
Esto se refiere a la sensibilidad a las condiciones iniciales del clima: una
causa que parece insignificante (el aleteo de la mariposa) se propaga
exponencialmente hasta producir un efecto considerable.
Si el clima realmente se comporta de esa manera, ¿cómo es posible
predecirlo, ya que no podría medirse las condiciones iniciales con
exactitud, sin dejar descuidado ni el vuelo de la mariposa?
Esa conferencia fue en 1972, pero regresemos a los sesentas: en 1963 Lorenz
publicó un artículo que estudiaba sus descubrimientos con las tres
ecuaciones diferenciales que presentaban el efecto mariposa “Deterministic
Nonperiodic Flow”. Lo publicó en una revista de meteorología. Y sus
resultados permanecieron casi completamente ignorados por años.
En la gráfica se muestra el llamado atractor de Lorenz, que se obtiene con
las tres ecuaciones ya mencionadas.

BIBLIOGRAFÍA
1.Glieck, J. Chaos. Making a new science. Penguin Books. New York,
1987
2.Lorenz, E. N. The Essence of Chaos. University of Washington.
Seattle. 1993
3.Ott, E. Chaos in Dynamical Systems. Cambridge University Press. New
York, 1993
4.Stewart, I. ¿Juega Dios a los dados? La nueva matemática del Caos.
Grijalbo Mondadori. Barcelona, 1991
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