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HISTORIA DEL CAOS
Juvencio Alberto Betancourt Mar.
En el siglo XIX, pese a la confianza en que la
Física estaba por concluirse, se reconocía que existían problemas no
resueltos. Dos de ellos, aparentemente muy simples. Las leyes de Newton
permitían calcular simplemente la trayectoria de dos cuerpos que
colisionaran entre ellos. No así para el caso de tres cuerpos. Si tres bolas
de billar chocan al mismo tiempo... ¡se pierde la certidumbre!
Un problema semejante existía para los cielos: era fácil determinar
trayectorias de dos cuerpos en el espacio, bajo el efecto único de la
atracción gravitacional, como la Tierra y el Sol solos: sólo podrían ser
elipse (como en este caso), parábolas o hipérbolas (como la de algunos
cometas que se acercan al Sol y después se alejan para jamás regresar). Pero
en el caso de tres cuerpos, como la Tierra, el Sol y la Luna, no existía una
solución exacta. Y el problema es que no existen sólo dos cuerpos en los
cielos, sino una gran multitud, por lo que los cálculos con las ecuaciones
de Newton son sólo aproximaciones, en realidad.
Un sistema de dos cuerpos en el espacio es estable, es decir, si las
trayectorias son elipses, permanecerán así por siempre, por ejemplo, la
Tierra siempre girando alrededor del Sol en una órbita elíptica. Pero,
¿realmente es así?, el Sol y la Tierra no están solos, el sistema solar está
constituido por muchos cuerpos: ¿no será en realidad un sistema inestable a
largo plazo y los planetas acabarán separándose eventualmente del Sol? Para
conocer la respuesta, debía resolverse, antes que nada, el problema de los
tres cuerpos.
En 1887, el rey Óscar II de Suecia convocó un concurso para matemáticos. El
problema a resolver era: ¿es estable el Sistema Solar?
Un francés, Henri Poincaré, uno de los que aceptaron el reto, atacó el
problema desde la raíz más simple, desde los tres cuerpos, pero con algunas
restricciones (por ejemplo, uno de los cuerpos se suponía de masa
prácticamente nula, por lo que no ejercía efecto gravitacional sobre los
otros dos), el llamado modelo reducido de Hill
Poincaré ganó el premio, pero no por haber resuelto el problema, sino por
haber demostrado que no se podía resolver por los métodos usualmente
empleado entonces. Más aún, encontró algo que lo horrorizó: la existencia de
los enredos homoclínicos (que se explicarán más adelante en el curso
Explorando la Teoría del Caos). Dichos enredos implicaban que problemas tan
simples como el del modelo reducido de Hill podrían generar comportamientos
tan complicados que implicaban la imposibilidad de hacer predicciones.
Poincaré acababa de ver la Sombra del Caos.
Poincaré, a partir de esto, siguió estudiando y fundó la topología, que es
la teoría matemática de la continuidad, base importante de la Teoría del
Caos. E introdujo algunas de las técnicas matemáticas empleadas en la Teoría
del Caos, como el llamado mapa de Poincaré.
En 1903 escribió: “una pequeña causa que ni siquiera alcanzamos a percibir
determina un efecto considerable que sí vemos claramente, y entonces decimos
que el efecto es debido al azar. Si conocemos exactamente las leyes de la
naturaleza y la situación del universo en el momento inicial, podríamos
predecir exactamente la situación del mismo universo en cualquier momento
posterior. Pero aun si fuera el caso que las leyes de la naturaleza no nos
guardasen ningún secreto, todavía nosotros conoceríamos la situación inicial
sólo aproximadamente. Si esto nos permitiera predecir la situación posterior
con la misma aproximación, que es todo lo que necesitamos, podríamos afirmar
que el fenómeno ha sido predicho, que es gobernado leyes conocidas. Pero
esto no es siempre así; puede pasar que pequeñas diferencias en las
condiciones iniciales produzcan grandes diferencias en el fenómeno final. Un
pequeño error al principio produce un error enorme al final. La predicción
se vuelve imposible, y tenemos un fenómeno fortuito”… Otra vez la
inestabilidad de la que hablaba Maxwell.
Estamos ante las primeras luces de la era de la Teoría del Caos.
BIBLIOGRAFÍA
1.Cvitanović, P. et al. Classical and Quantum Chaos. Ver 7.1.1
www.nbi.dk/ChaosBook/. 2000
2.Crutchfield, J. P.; Farmer, J. D.; Packard, N. H.; Shaw, R.. Chaos,
Sci. Am. 255 [6] 46-57, 1986
3.Ott, E. Chaos in Dynamical Systems. Cambridge University Press. New
York, 1993
4.Stewart, I. ¿Juega Dios a los dados? La nueva matemática del Caos.
Grijalbo Mondadori. Barcelona, 1991
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