Dar testimonio es importante pues hace
al acrecentamiento de la fe de quienes lo reciben.

 

 

 

 

   

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Testimonio del Regreso de la Muerte a la Vida
- Mi encuentro -
Un viaje en el Espíritu - Trasportación Espiritual - Dios nos Cuida - Dios nos Guía - Un pedido de Auxilio - Poseemos Poder

Testimonio del Regreso de la Muerte a la Vida

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Antes de cumplir mis dieciocho años me atropelló un auto 0Km marca Renault 18, a más de 80 Km. por hora y recuerdo que pegó sobre mi pierna derecha, apoyé mi mano derecha sobre el capot junto al vidrio del parabrisas y volé por el aire, luego de ello incomprensiblemente en ese momento para mi me encontraba caminando por una calle obscura en forma ascendente hacia el cielo donde había una tenue luz distante.

Lo extraño para mi era que después de haber sido atropellado siendo de día ¿cómo podía ser?,  estaba caminando en la oscuridad hacia la luz, pero más aun, el gran vigor físico que sentía, me sentía con un cuerpo nuevo, sin dolores, flamante, sano y fuerte, era como  un guerrero marchando, caminaba y miraba asombrado mis músculos, la fuerza que poseían.

Al avanzar se intensificaba la luz, al fin llegue y había allí la entrada a lo que creo que era una de las moradas que Jesús refirió, y ante ella dos hombres de apariencia septuagenaria charlando se sorprendieron con mi presencia mirándome, luego se miraron entre si como preguntándose que hacia yo ahí, a continuación desperté, volviendo en mi en una camilla mientras me subían a la ambulancia del hospital vecinal de Lanús, luego de haber estado clínicamente muerto, habiendo caído en estado inconsciente de cara sobre el asfalto después de volar mas de quince metros por el aire y arrastrando varios metros mi rostro. La calle estaba cubierta de mi sangre. Para todos sin duda estaba muerto.

Una enfermera que se encontraba de franco comprando unas toallas donde caí, vio el accidente, tomó mis signos vitales: pulso y respiración y al ser negativos se esforzaba inútilmente en resucitarme, mientras otra gente llamaba a la ambulancia que tardó 40 minutos en concurrir, un basketbolista estadounidense contratado por el C A Lanús sacaba al conductor del vehículo de los pelos por la ventanilla de su vehículo cuando intentaba huir desde varios metros más adelante donde recién pudo parar su auto con el cual me atropelló.

Hermanos queridos, Dios en esa oportunidad me devolvió a esta vida sano y resucitado, en una semana se me estaban terminando de curar mis heridas, de pelones de varios milímetros de profundidad en mi rostro, no tuve ninguna fractura y no tengo cicatriz alguna de ello.

Creo en una patria celestial, donde no hay aflicciones, donde todo es maravilloso, donde no existe el dolor, donde si hubiese sido por mi me hubiese quedado, pero solo Dios sabe de nuestra vida y sus misiones y objetivos que debemos llevar adelante para que más gente pueda creer en el Bello Evangelio del Agua y el Espíritu.

Mi encuentro

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Un Testimonio dicho en verso:

En una ocasión me acosté en mi cama solo
es difícil de explicar, sentía como si esa noche
fuera a morir, y como si no quisiera 
contaminar a mi familia con mi sufrir

Esa noche muy pensativo, 
me sentía trabajado,
como si me envolviera el mal 
con sus brazos desalmados,

Y boca arriba me dormí
con los brazos a los lados,
y comencé a soñar un sueño 
tenebroso y medio largo.

Caminaba por una vereda y de repente se abrió un portón,
yo, miré al interior y sabía pero no como
que alguien poseía la intención de mostrarme, en aquella ocasión,
lo que frente a mi se exhibía tras ese abierto gran portón:

Era alguien de mi familia que hacía tratos por mi vida,
y allí estaba reunida con un brujo homosexual,
al que Cacique le llamaban en la secta de Umbanda.
pensé enseguida que esa no era la realidad,

que el mal aprovechando que nos encontrábamos enojados,
pretendía acrecentar el odio para más separarnos,
mostrándome sus irrealidades en el presente acto,
que yo desconfié que fueran ciertas, negando.

Volví de nuevo a la esquina de donde había venido 
observando que frente a allí se agrupaba un gran gentío,
personas varias, de conocidas caras 
pero las cuales aun no recordaba,

eran todas parecidas a seres que conocí alguna vez.
Mientras las miraba descubrí que me hacían señas
para que a ellos me acercara y no hice caso,
y en un acto persuasivo levante mi mano como saludando,

y ante su insistencia les grité: ¡Ahora vengo, espérenme!,
desde la vereda de enfrente de la esquina de donde ellos se encontraban.
¿Quienes eran ellos?, parecían ser muertos, que conocí alguna vez vivos,
que me llamaban con mucho interés para decirme algo importante.

Al cruzar por la mitad de la cuadra, apareció otro más de ellos,
era el padre de un amigo, que ya había fallecido hacía tres años y medio,
quien me dijo: “- Hola Danielito, como anda tu viejo..”
y esto fue para darme confianza, pero yo desconfié sin remedio,

pues su cara se veía como la de un muñeco de cera
rejuvenecido, brillosa en gran manera y suave como la seda,
le contesté: “-¡Usted no es Rodríguez!, ¿Porqué se hace pasar por él?”
el contestó:”-¡Si pibe!, ¿no te acordás de mí?”

Pero yo sabía que no era el señor Rodríguez aquel
había leído que los demonios se visten hasta de ángeles de luz,
¿Por qué no se iban a disfrazar de alguien que yo conocía?,
si su intención era contar con mi voluntad para obtener quizás el alma mía,

Me insistió:”- ¡Vení aquí a la esquina, que deseamos decirte algo!”,
yo para conformarlo, hice como que había creído en él,
y le respondí que iría luego , que enseguida iba a volver 
Y él se reunió con aquellos que me habían llamado antes.

Pero en el sueño, yo sabía que más que una pesadilla 
era una vivencia en la que me encontraba espiritualmente atado
de la que huir hubiese querido, pero el mal pertinaz,
en su propósito desalmado me acercó a otro conocido más allegado.

y como me había dado cuenta que eran demonios
imitadores de gente conocida, muerta
mientras caminaba me salió al encuentro una cuñada
que en la vida material estaba viva,

Con ella  estábamos disgustados
y me solicitaba perdón en forma desmedida,
pues me había hecho muchas maldades,
 y su rostro no era más que otra imitación parecida,

invitándome también que fuera a aquella esquina,
que debían decirme algo trascendental,
la perdone y le dije: “-¡Que Dios cuñada te bendiga!”,
observando que al hacerlo dio un gran salto hacia atrás

Observé el terror en su rostro y la conformé
diciéndole que iría después
al ver que mi bendición fue como una puñalada
constaté que de un demonio se trataba

Entonces doble en la esquina, buscando tomar distancia
de las entidades que se me acercaban
aquellas personas que parecían conocidas,
en realidad eran malos espíritus que me engañaban, y me acechaban

Colocándome en la ochava, clamé a Jesús a  vos viva,
-¡Señor Jesús, sacame de esta pesadilla!”
 - “estos son espíritus que seguramente mi mal desean,
y además deben buscar mi vida.”

Así que desperté, en la cama donde dormía
en otro sueño pero acostado boca abajo,
 y con la cabeza para el lado de los pies de la cama,
y sentía en mi lumbar un peso y en mi cuello unas cosquillas,

giré observando hacia atrás y no pudiendo creerlo
saltaron de mis ojos lágrimas de quebrantamiento,
al ver sobre mi, sentado al Señor Jesús, al Gran Maestro,
que con sus manos gloriosas poseía algo que destellaba entre sus dedos

Era un objeto que jamás vi hasta ese momento,
como una rueda de carreta, del tamaño de una medalla de oro refulgente,
que destellaba rayos dorados e incandescentes
con sus manos lo rozaba por mi cuello.

fue una sorpresa y una emoción tan descontrolada
al ver su hermosura ocupada en mi persona,
¡había prestado oído a mi clamor desesperado!,
en aquella pesadilla en que me encontraba acollarado

El Señor Jesús me había librado
rescatándome del mal y del gran terror que me había dado,
además de flaco parecía que en cualquier momento moriría
y tan chupado estaba mi rostro, que parecía un muerto en vida.

Y luego de todo esto, me restablecí enteramente,
pues me salvo Jesús con su diestra refulgente.
día tras día se restableció mi cuerpo de su mortuoria delgadez
empecé a sentirme progresivamente mejor después de aquella vez

Ante la inmensa sorpresa  comencé a dar gracias,
decía: “-¡gracias Señor!”, y lloraba,
y fue así que de repente quebrantado en gran manera
y con mis ojos envueltos en lágrimas,

la sorpresa me invadió aun más, en ese momento desperté y sentía aún
ese peso en mi lumbar donde se encontraba sentado en el sueño el Señor Jesús,
en un segundo pensé: -¡Será algún almohadón que está sobre mí!”,
al encontrarme al revés de cómo me había acostado a dormir,

giré pronto mi cabeza todavía con lágrimas cayendo,
y allí estaba, ¡Oh sorpresa!, a quien mucho le había pedido verlo,
era Jesús, el Señor, nuestro hermano, aquel al que crucificaron
quien se bautizó haciéndose cargo del pecado humano

Y que luego pagó por los mismos en la cruz del calvario
para que se cumplieran las viejas escrituras,
para el perdón de los pecados de todo aquel que se sienta justificado,
por Cristo que ya saldó toda la deuda del pecado

 Su imagen de hombre misericordioso, dulce, amigable y santo,
hizo que se prolongue mi quebranto en alegría, en ahogos y en lágrimas,
¿quién era yo para que él bajara de los cielos,
especialmente a librarme de mis males y desconsuelos?

 su cuerpo, radiante, con una sonrisa hermosa, duró algunos segundos
y de a poco fue desapareciendo, esfumándose ante mis ojos su presencia,
pero llenó todo mi corazón de una gran energía plena
reforzándome y dándome valor para continuar mi existencia.

(Aunque está expresado en forma de versos, este  relato es el testimonio de mi encuentro personal con el Señor. Lo he realizado así en honra a la hermosura de  su ser, quien como el mejor maestro nos mostró su sabiduría mediante metáforas y versos, escritas a lo largo de los textos bíblicos).

Un viaje en el Espíritu

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Un sueño para pensar profundamente

Un día, preocupado por mis hijitos, los cuales estaban con su madre, mi ex-esposa, a unos 30 Kilómetros de distancia en la Localidad de Presidente Perón (ex - Guernica) - Provincia de Buenos Aires, me acosté y comencé a soñar con que estaba sobre la cama tal cual se encontraba la habitación en ese momento, con la luz apagada.

Creo que fue instantáneo, es decir ni bien me dormí, era como un sueño en el que todo era muy real y me encontraba en el mismo lugar donde estaba mi cuerpo dormido, dialogando con mi esposa, a quien le expresaba mi preocupación por ellos.

Estaba preocupado por no repetir la experiencia relatada en "Una Transportación Espiritual", pero no los veía hacia como un mes por razones económicas y debido a una disminución física, de la cual el Señor me sanó. Así es que le dije -voy a verlos, los extraño mucho, pensé, como no tengo otro medio iré caminando hasta allá.

Salí, comencé a hacerlo y de repente comenzó a soplar un viento huracanado, muy potente, que me levantó en vilo a unos 3 metros del piso y me llevaba volando de pié por el aire.

Comencé a atajarme pues pasaba entre las copas de los árboles, golpeando por entre sus follajes. De repente, en ese sueño real como si lo estuviera viviendo, sentí que me desestabilizaba a causa del viento, es decir mi cuerpo se inclinaba como para ir cabeza abajo cuando de repente, sentí una fuerte mano que me tomaba de mi pierna izquierda luchando por conservarme en forma vertical, cabeza arriba, luego otra sobre la pierna derecha, exactamente en los muslos, por debajo de las nalgas.

No se porque, no lo vi pero estoy seguro de que se trataba de un ángel que me sostenía en tal vuelo y me "timoneaba" emparejando mi vuelo.

Luego, como el viento era tan fuerte, sentí otras dos manos que me sujetaron los hombros, estaba seguro que se trataba de otro ángel a pesar de no haberlos visto.

Luchaba con el viento y sentía que ellos también lo hacían. En el fragor de la lucha contra semejante presión de aire.

Recuerdo haberme inclinado y rozado con mi cabeza sobre el hombro y el ala del que me sostenía por los hombros.

Luego de repente comencé a bajar y el viento se iba calmando, estaba en un bosque con parque de pastizales bien recortados y frente a mi una iglesia de la época, calculo, de la edad media, entonces entre en su interior y allí me encontré con mi esposa Ana (mi actual esposa).

Era una habitación angosta y larga, unos 3 metros por 5, sobre la pared misma de la puerta de entrada existía un mostrador o mesada tipo como existían en esos bancos antiguos para que los clientes llenen los cheques. Sobre ella se encontraban apoyados de codos varios hombres de aquella época escuchando la prédica.

Quien daba la predica estaba en el extremo opuesto de la mesada, vestía con una especie de sotana sin mangas, negra o azul  , una camisa blanca de mangas ranglan y con puño, una especie de efod, largo, igual que la especie de sotana: hasta creo que las rodillas y recuerdo que tenía sandalias con tiras de cuero cruzadas hasta arriba de las pantorrillas (parecía haberse escapado de una película de la Roma antigua).

Lo poco que puedo recordar es que era como un sermón referido al diezmo, y hablaba de que no había que librar el mismo a la confianza sin control, sino que había que velar y supervisar porque sea usado realmente para la obra del señor, que no se debía oprimir al creyente por causa del mismo sino que se debía esperar fuera entregado, dicho diezmo, de corazón. Recuerdo haber escuchado con atención, y haber pensado en el sueño en contárselo a mi Pastor, y luego al terminar esa predica desperté.

Transportación Espiritual

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Hacía varios meses que no veía a mis pequeños Luciano y Mariana. Su madre, de la que estoy ya divorciado, no me dejaba verlos, y cuando accedía me impedía el contacto físico.

Un día me recosté en mi cama y comencé a pensar en ellos. Los extrañaba tanto, que comencé a recordar la entrada de la casa, la manija de la puerta, imaginé que la abría, que entraba y que comenzaba a subir las escaleras que yo mismo hice, hasta su cuarto.

Imaginando ayudado por mis recuerdos veía el ambiente de su habitación, sus camas y sus lindas caritas, facción por facción.

Temía ser visto, pues en determinado momento sentí que todo ya dejaba la imaginación para ser real.

Pensé dudando si me había trasportado en forma espiritual hasta ellos.

De repente ellos despertaron sorprendidos me vieron, también mi ex-esposa, ella se asustó, ellos gozaron mi presencia tan anhelada. Esa sorpresa me volvió en mi repentinamente. Entonces ellos sintieron temor al verme esfumarme.

En esa ocasión creo que me trasporté, no se ni entiendo como, creo que fue el gran anhelo por verlos y extrañarlos tanto y no poder hacerlo por estar con limitaciones físicas, y económicas a la par del impedimento que me hacía ella.

Después de eso tuve miedo de repetir esa experiencia, no quise volver a atemorizarlos. Nunca había sido mi intención hacerlo.

Creo que Dios nos da dones especiales, solo que son habilitados gradualmente a medida que sabemos como manejarlos sin perjudicar a otros.

Dios nos Cuida

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Nada pasa inadvertido para Dios, él está en todo detalle, él es perfecto y muchos se preguntan: ¿Porqué si Dios es perfecto hizo al hombre imperfecto? luego terminan diciendo... Dios entonces no es perfecto pues lo perfecto hace cosas perfectas. ¡ No es así !

Dios es espíritu, y él como tal es perfecto. Nos hizo a nosotros perfectos en cuanto a nuestros espíritus, pero en la carne dice la palabra de Dios que existe la siguiente regla: "Todo tiene su tiempo bajo el sol", es decir una evolución natural determinada. Solo Dios sabe porque lo hizo así, porque limitó al hombre a esta vida material tan limitada y dolorosa. Pero nos manda que a pesar de tener aflicción nos mantengamos como si no la tuviéramos, con fe y esperanza. Que no estemos preocupados por que comeremos mañana pues Dios conoce toda necesidad y ya proveerá el alimento o los medios para éste, para el día de mañana.

En el transcurso de esta vida llena de limitaciones, quizás sea el objetivo de Dios que nuestros espíritus hechos perfectos, se perfeccionen aún más en las experiencias que nos da a vivir.

Mientras tanto muchos dones espirituales que poseemos están como desenchufados y en algún preciso momento él los conecta.

Testimonio:

Un día, concurrí a un tribunal de la ciudad de La Plata con mi esposa, dejamos el auto a varias cuadras, y mientras esperábamos que nos atiendan recordé que había dejado una documentación dentro del automóvil, justo en momentos en que estaban por llamarme a la audiencia.

Entonces ella salió apurada a buscar dichos papeles, quedando yo en el interior del tribunal a la espera. Yo me quedé preocupado pues ella no ve bien, tiene miopía y no poseía consigo los anteojos. Me quedé pensando en ella y mentalmente como siguiendo sus pasos, sí, como imaginando acompañarla.

De repente escuché una fuerte frenada de un auto y ví como un taxi la había envestido, todo esto en fracción de segundos, exclamé ¡No, Dios no!, la gente a mi alrededor me miró, y ahí comprendí que solo yo había escuchado la terrible frenada de aquel auto.

Salí corriendo hacia la esquina, sentía que la gente, al salir de tribunal corriendo, me miraba como a un loco, llegue hasta la esquina, y a pesar de no ver ningún tumulto rodeando el caído cuerpo de mi esposa atropellada, supe que ahí había sido, y que no había pasado pues Dios lo había impedido, pero pude si observar en ese sitio dos largas huellas negras de frenada sobre el pavimento.

Me quedé esperando que regrese, entonces volvió y le pregunté ¿Estás bien?, ella me respondió, -No sabés lo que me pasó. Contesté si creo que algo sé, pero contame. Ella todavía aterrada comenzó a relatarme lo sucedido:

Iba a cruzar la avenida, esperé que el semáforo cortara el tránsito vehicular, y comencé a cruzar, de repente escuché a un auto que arrancaba a grandísima velocidad, giré mi cabeza y era un taxi, la trompa del auto estaba frente a mi, no había tiempo de saltar por la gran velocidad que traía, me ví a mi misma envestida y tirada frente al auto ensangrentada y muerta, y de repente, en esa fracción de tiempo, sentí como si dos manos me tomaran por los hombros y me tiraran hacia atrás, y entonces de aquel taxi escuché una gran frenada y el auto que me envestiría con el medio de su paragolpes delantero, estaba parado al lado mío, y solo había enganchado con su espejo retrovisor el cinto de mi cartera.

El taxista estaba pálido y no entendía nada, quedó mudo y absorto, no comprendía como fue que no me atropelló. desenganché mi cartera y termine de cruzar, una muchacha que estaba arriba del cordón de la vereda me sujetó por los brazos, como si no pudiese creer que yo sea real. Me dijo: ¿seguro que estás bien?, ¿seguro que no te golpeó?, vi que te atropellaba y no entiendo como no te golpeo. Toda la gente miraba sin poder creerlo.

Mi esposa es como que renació y renovó su fe en Dios aquel día.

Otra vez concurrí a predicarle y a hacerle entrega de un libro de New Life Misión a una hermana en Cristo que le habían extraído un pecho y que poseía metástasis de cáncer, y mi esposa, decidió quedarse sobre el auto, pese a que le dije infinidad de veces que no lo haga, pues era objeto vulnerable de cualquier ladrón de autos, que a pesar que Dios nos cuida, no había que tentar a los mal vivientes, y además siempre le digo que me acompañe a las predicas y que ore a Dios en silencio mientras predico.

Ella, quedó sobre el auto, y como esa vez no le dije nada, pensó: - ¡Va!, tendría que haber bajado con él, Señor intercedé con tu Espíritu para dar entendimiento de esa prédica..., pero de repente, tres muchachos que venían caminando por la calle, que fumaban marihuana, se introdujeron en el auto, con una rapidez asombrosa, pusieron un arma sobre su cien y le exigían la llave del auto y se preparaban a llevarse al auto y a ella de rehén. Ella uso su astucia femenina y les dijo: -Chicos, no hagan esto, no me maten, no ensucien sus vidas matándome, llévense todo pero... la interrumpieron -Dame las llaves, dijo: -Juro que no las tengo, por favor. Uno de ellos hacía continuamente ademanes de dispararle sobre su rostro con el arma. Otra vez mi esposa les suplico humildemente que recapaciten y los bendijo en el nombre de Dios, entonces fue que gritaron vámonos, pero el del arma, que estaba sentado en asiento trasero no se bajaba y la seguía apuntando, entonces ella, con toda la feminidad y la dulzura inmerecida por el delincuente le volvió a decir andá, no me hagas nada y que el Señor te bendiga. Entonces el salió corriendo del auto, ella todavía muy asustada esperó a que doblen en la esquina y salió del auto a darme la novedad, yo estaba en el jardín de la misma casa y pese a mis 20 años de militar y que estoy en todo detalle, no había percibido nada. Solo había tenido una ligera intranquilidad pero no hice caso pues quería completar la predicación del evangelio. No importa le dije, yo no pude pero el Señor te cuidó, lo importante es que no te hicieron nada.

Luego al querer salir descubrí que habían robado la llave de cambio de gas a neutro y a nafta, es decir lo habían inutilizado para que no lo pueda arrancar, pedí a los humildes hermanos un pedacito de cable y realicé un puente. Cerré el auto y fui en busca de los mal vivientes con el objeto de que me devuelvan lo sustraído, pero en la villa nadie quiere hablar por miedo a la revancha, entonces dejé de comprometer gente inocente y arranque mi auto y me fui.

¿Quién dijo que el Señor no nos cuida?, el a pesar de nuestros fallas irremediables de nuestra consistencia carnal, él se apiada de nuestras vidas y nos cuida, sus ángeles manda que acampen en pos de ti, como decía el salmista. Mi señora salió ilesa de esa situación y eso es lo que vale, ahora sabe que debe acompañarme y que no debe quedarse nunca sobre el auto estacionado.

Dios nos Guía

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En una ocasión, en que mis padres sin motivo estaban enojados (y para que se cumpla la Palabra de Dios cuando refiere que aunque nuestros padres sin causa nos abandonen el Señor estará con nosotros, para que se cumpla del todo además...), mi suegro quien me alojaba en un departamento del fondo de su casa, también se enojó sin causa, es decir con mi esposa y yo no tenía nada, fue que su jovencita mujer rencillosa buscó la forma de presionar a mi suegro con subterfugios para que nos pida que dejemos el departamento, justo cuando me encontraba pagando dos préstamos, y ganaba muy poco dinero, $ 150 (pesos), que no me alcanzaban para solventar ningún alquiler.

Entonces le dije a mi esposa, que no teníamos otra oportunidad que, al menos por un tiempo, salir en busca de una casa abandonada.

Entonces oramos a Dios, y luego salimos a caminar, a cinco o seis cuadras, frente a una plaza, encontramos una casa abandonada, seguimos caminando, pero le dije a Ana, siento que Dios me muestra esta casa, luego vimos más casas más adelante, pero volvimos a la de aquélla esquina en el pasaje San Carlos.

Como no quería entrar como un delincuente a la casa, llamé en la casa de al lado y hablé con la vecina, le expliqué la situación económica que estaba atravesando y la situación familiar, ella me contó que la dueña de la propiedad no venía desde hacía más de quince años ahí. Me dijo que abra la casa y viva allí, pues le impresioné bien y no deseaba que venga a vivir gente indecente, ya habían echado  varios vecinos a varios intrusos que habían intentado entrar.

Le contesté que no me agradaba entrar así, que lo consideraba incorrecto, y le pregunté si ella poseía la dirección o el teléfono de la dueña, me respondió que la señora de enfrente. Otra vez me presenté y luego de dialogar me indicó la dirección de los consuegros de aquélla mujer.

Al concurrir allí hablamos con el consuegro y el hombre nos dijo: Miren, ustedes son buenas personas, vayan y tomen posesión de la vivienda que no pasa nada, esa vieja loca de mi consuegra no viene nunca, pero si viene y lo toma a mal yo hablaré con ella. No me pareció bien, le pedí el teléfono de la señora, "dio algunas vueltas" pero al fin me lo dio,  y como llamamos pero nadie contestaba, averiguamos la dirección y concurrimos, encontrándonos que la señora propietaria de la vivienda, según nos indicó una vecina, había viajado a Mar del Plata, a la casa de una hija. La esperamos, concurriendo todos los días, durante una semana, pero, ni bien llegó salió de viaje a casa de otra hija en Córdoba. La vecina le había avisado que la buscábamos, pero claro, no nos conocía y a pesar de haberle dejado el número de nuestro teléfono celular, no nos llamó.

El consuegro de la dueña nos llamó y nos insistió que entremos en la propiedad, dijo: -Esta noche, para no hacer mucha bandera, yo igual le avisaré a los vecinos que los autoricé yo, salten la pared y ingresen por la puerta del fondo, no tiene más que una cerradura antigua de una paleta, y yo le soldé a la eléctrica unas varillas, llévense una barreta y háganlas saltar.

Muy a pesar nuestro, esa noche la mujer de mi suegro estaba histérica, insoportable, buscaba más problemas y ello nos empujó a hacerle caso a este señor. Llevamos la barreta, algunas llaves antiguas de una paleta y saltamos la pared, hicimos saltar las varillas atravesadas soldadas al marco de la puerta en forma de reja, abrimos la cerradura y cuando comenzábamos a empujar la puerta, detrás de la cual se encontraban varios muebles, comenzamos a ver luces como de linterna. Mi señora se asustó y me dijo susurrando: -Parece que el vecino de al lado cree que son dos ladrones que se metieron y no sabe que somos nosotros, ¿Y si nos dispara?, le contesté: - No Ana, mirá bien, las luces si fueran de linterna no flotarían en el aire, sino que se vería el halo y daría contra las paredes, aparte..¿Cuántas linternas se precisan para realizar todas estas luces que giran en diferentes sentidos?. Ambos sentimos miedo. Mi señora me dijo: - Entremos, si ya está abierto, le contesté: Ana ¿No te das cuenta? Dios no desea que entremos así, como si fuéramos delincuentes, vámonos, volvamos cuando hallemos a la dueña, no se porque pero siento que así como Dios me indicó esta vivienda para vivir no desea que lo hagamos así por eso nos envía esta señal.

Al volver de viaje la propietaria, a las doce de la noche dos días más tarde, llamamos a su puerta, desesperados pues debíamos mudarnos para evitar un mal mayor, pues la mujer de mi suegro había golpeado a mi esposa aplicándole una patada en la cabeza luego de tirarla al suelo de un empujón. La señora, nos atendió confiada, pues Dios le dio claridad mental para comprender nuestra situación. Nos hizo pasar y charlamos. Le dije: -Señora, necesito que me deje vivir allí, no tenemos donde ir, su casa está muy estropeada, no la pierda, si usted nos da esta oportunidad que hoy le pido, yo no tengo dinero para pagarle, pero si usted me ayuda comprando materiales, yo se la voy a arreglar y cuando la deje usted la podrá poner en alquiler. La señora acepto (claro la casa ella la daba por perdida hasta ese momento).

Al otro día la señora nos acompañó diciendo: -Los voy a acompañar así les hago entrega yo de mi casa y para que nadie diga tonterías de que se metieron. Diremos que ustedes me alquilan.

Ella tomó en sus manos un montón de llaves de doble paleta que tenía en un cajón y me dijo: - No recuerdo cual es la llave, más de quince años hace que no vivo, tendremos que probar todas estas llaves. Le contesté: - No hace falta, esta es la llave (le dije con fe), tomé una de las llaves al azar y la inserté en la puerta y esa abrió. La señora sorprendida exclamó: - ¡Era la voluntad de Dios que ustedes vivan aquí!, ¡Es increíble, la primera que agarró abrió la puerta, esa era!.

Vivimos allí dos años, le hice muchas reparaciones a la casa, la mujer jamás me dio ningún material para hacerlo, luego cobré un dinero de un juicio que gané y construí mi actual vivienda.

El señor conoce nuestras necesidades, está en todo detalle y en cada una de nuestras necesidades, se goza y presta mayor oído a quien clama a él en oración. Atiende con mayor fluidez a quienes creemos en el Verdadero Evangelio del Agua y el Espíritu, pues nos considera sus hijitos, habiendo sido liberados por Cristo de nuestros pecados, a pesar de nuestras maldades cotidianas, nuestros pecados vienen a ser para él blancos como el algodón, tan blancos como la nieve.

Un pedido de Auxilio

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Verónica, era la hija de mi ex-esposa, a quien crié desde los cinco años de edad. A los dieciséis, se llevaba muy mal con su madre, yo, también polemizaba con su madre pues quería que estudie, pero las malas compañías, especialmente una señora de unos 35 años, que se hacía la nena, la usaba de sirvienta en los quehaceres domésticos a cambio de darle algunos pesitos o solamente  comprarle cigarrillos, la aconsejaba contra su madre, y su madre tratando de ir al juego de la adolescente, había permitido que cambie su estudio con tal de que le ayude en la casa, otorgándole luego permisos de salidas descontroladas para su edad, y a lo cual me oponía totalmente.

Un día, se fue de casa, primero se fue con una tía muy malvada que también a la par de esa vecina "amiga" la había incitado en contra de su madre.

La tía tenía una hija con Síndrome de Retard, le daba muchísimo trabajo cuidarla, teniendo en cuenta que la criatura se la pasaba a los golpes y apretones descontrolados e irracionales.

La tía quería usarla de niñera de su hija y a la vez deseaba hacerle una maldad a su hermanastra, mi ex-esposa, vaya a saber porque razón.

A los dos meses de ello, la tía la echó a la casa de esa vecina "amiga" de Verónica. La madre disgustada, cedió la tenencia a esta vecina. Todo esto relatado se desarrollaba en Guernica, actual Presidente Perón - Buenos Aires.

Un día, viviendo en la Capital Federal, hacía casi dos años que no la veíamos a Verónica, estábamos en el living con gente de visita. Yo empecé a sentirme extraño, no era como un sencillo malestar, era una sensación muy extraña, pedí permiso a las vivitas, me levanté y me fui a mi cuarto y me acosté boca arriba.

De repente, comencé a sentirme inexplicablemente como si fuese una mujer, me sentía en un cuerpo femenino. Luego empecé a sentir que poseía el rostro de la niña, y todo el cuerpo de ella era el mío mismo.

No entendía nada, estaba perplejo, comencé a sentir calor, muchísimo calor, volaba de fiebre y de repente tuve la percepción, no la vi, pero la presentí, de que ella estaba internada en un hospital y volaba de fiebre.

Inmediatamente se me fue toda sensación extraña, incluida la fiebre. Me sentí normal de nuevo. Me levanté, me dirigí a mi ex-esposa y le dije: - andá a ver a tu hija. Me contestó: - Vos estás loco, que se te dio esa idea ahora. Yo insistí y le relaté lo que me había sucedido. Ella fue escéptica, no queriendo ir buscarla. Igual así, la invité a ir al mercado, y cuando subió al auto salí volando para Guernica. Ella se oponía, decía vos estas loco.

Al llegar a la casa de esta vecina, "amiga de Verónica", bajó y le preguntó por su hija, diciéndole la vecina que estaba internada con un muy fuerte cuadro febril en el hospital de Guernica.

Creo que Dios, algunas veces actúa como una de esas telefonistas que salen en las películas antiguas conectando las líneas telefónicas, en este caso habilitando otros sentidos o dones especiales sobrenaturales.

Poseemos Poder

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El ilimitado poder de la palabra que nos otorgó Dios, especialmente a los que hemos creído en su hermoso Evangelio y por lo tanto los que por Dios somos considerados sus hijos y dignos de recibir el Espíritu Santo, porque Dios cumple su promesa de blanquear el caudal de pecados de nuestras vidas con una sola condición: LA FE.

Fe en que Jesús se hizo cargo de todo el caudal de tus pecados en su bautismo por Juan (igual que en el sistema de sacrificio) y los portó sobre sí pagando por ellos con su misma sangre en la cruz del calvario (porque de acuerdo a la vieja doctrina de sacrificio: sin sangre no era posible la remisión, es decir, el perdón de pecados o faltas).

Testimonio:

Vivo en un Chalet que construí sobre la casa de mis padres, que cuenta con dos plantas, es decir primer y segundo piso. En el segundo piso están las habitaciones, la mía da a la calle y frente a mi casa, en la esquina, había abierto un maxikiosko, completísimo, que en realidad el objetivo principal de este era la venta de drogas.

Justo en la puerta de allí se agrupaban gran cantidad de muchachos que consumían la droga que este "maxikiosko" expendía. Estos chicos algunos del barrio y otros de zonas aledañas, también de una villa miseria, no solo todos los días se agrupaban allí desde las 13 o 14 horas hasta las 5 ó 6 de la madrugada, sino que, como estaban drogados, vociferaban, se golpeaban, y además, estupidizados por los efectos de la droga y llevados por la dependencia, procedían a robar en el mismo sector donde paraban.

En una oportunidad, cuando construía, uno llamado Dovio, habiéndose enterado de las herramientas que existían en la construcción, habiendo asustado a un peón para que le contase, concurrió a robar. Yo estaba seguro en el Señor. Mi padre lo sorprendió bajando un compresor por la rondana, le disparó a no pegar, él se asustó y saltando entre los techos de las casas, llegó a la de la esquina y se tiró a la vereda, rompiéndose una pierna al caer.

Yo realicé la denuncia a la policía, entregando la bicicleta de éste que había dejado en el frente de mi casa, entregué con la denuncia, los datos personales del delincuente, nombre, apellido, dirección exacta, llevé al peón para que reconozca la bicicleta dentro de la comisaría, etc, etc, pero la policía de la Comisaría de Barceló en Lanús se excusó diciendo que se había mudado de allí y luego en que había pasado a archivo la causa, cuando jamás se había mudado.

Además volvieron a entrar otros delincuentes vecinos de la otra cuadra de casa, los que primero vinieron a ofrecerse como trabajadores albañiles, miraron que podían robar y cuando volvieron a robar, también mi padre los frustró.

Luego de esto, habiéndome mudado ya allí, dos delincuentes drogados, menores de edad, rompieron de un piedrazo el vidrio de la ventanilla de mi auto y robaron mi campera de cuero, avisándome un vecino, los busqué, y se la saqué haciéndolos asustar cuando subí con mi auto sobre la vereda de repente y bajé a los gritos ordenándoles que me devuelvan la campera. Con los nervios me olvidé de hacerles pagar el vidrio que salía más caro que la misma.

Otro día, cuando dormía, vinieron dos delincuentes y intentaban robar el equipo de gas de mi auto, en la vereda, les grité: -¿Porque hacen esto pibes? Si yo fuera otro tipo de hombre, con esto (les enseñé mi arma) hubiera tenido la oportunidad de matarlos justo cuando los sorprendo con las manos en la maza. Salieron corriendo gritándome todo tipo de insultos, doblaron en la esquina amenazando tomar revancha, entonces disparé sobre el pasto de una vereda de enfrente. Al rato regresaron y con un martillo de goma reventaron la ventanilla de la puerta de mi auto (otra vez).

Otro día los muchachos que venían molestando desde la vereda de enfrente, con bronca, pues luego de pedirles varias veces que se vayan y explicarles que molestaban y no dejaban dormir a nadie, llamé en muchísimas oportunidades a la policía, la que no venía pero se comunicaba por radio con el servicio civil de vigilancia (que son una empresa formada por policías) les ordenaban que adviertan a los pibes que ya venía el patrullero entonces luego de insultos al vecindario, se iban, luego llegaba un patrullero cuando ya no había más molestias, quedando los vecinos y yo como locos que protestaban y denunciaban incoherencias.

Estos policías de civil tenían amistad con estos muchachos drogadictos, y le contaban quien llamaba a la policía. Así es que a mi vecino de enfrente le llenaron el frente de grafitis, a otro le robaron reiteradas veces y a mi un día vinieron con un auto con una potencia musical enorme y escuchando cumbia desde las doce y media hasta las cinco de la mañana, gritaban muy drogados y mirando para la ventana de mi habitación: -y esto le molesta, llame a la policía a ver si vienen.

Yo tomé mi auto y fui a buscar a la policía de la Comisaría Barceló, pero al ver que no concurría llamé por teléfono, al ver que no venía llamé a la Unidad Regional de Lanús, y al Comando Central de Policía Federal, pero nada.

Había llamado a denuncias anónimas de toxicomanía varias veces informando lo del maxikiosko, no sabía ya que hacer.

Esa noche mientras estaba atento esperando a la policía, puse mi grabador para registrar la in conducta de los mal vivientes.

Al día siguiente, al bajar me encuentro que habían roto la cerradura del baúl de mi auto y habían robado la rueda de auxilio, el críquet hidráulico carrito, herramientas y un canasto de mimbre.

Concurrí a la comisaría, realizando la denuncia, pues la noche anterior solo les había pedido que concurran al lugar, pero jamás concurrieron.

Al regresar a casa, mi mujer recordó lo del grabador y en la cinta figuraba las voces de quienes me robaron y los nombres. Enseguida averigüe sus domicilios y confiando aún en la justicia, fui a la comisaría Barceló realizando una ampliación, hablando con el Comisario, pidiéndole que por favor haga algo, informándole mi extrañeza de la seguridad de los delincuentes de la inconcurrencia policial.

Siguieron molestándome, a mi y a otros vecinos, hasta que un día Dios me tocó y pudo cambiar el sentimiento de rencor que tenía hacia los muchachos drogadictos por lástima.

Venía orando sin cesar todas las noches pero el señor, parece ser que pretendía que cambie mi forma de orar.

Llorando, quebrantado pregunté a Dios: -Señor, ¿No me escuchas? ¿Porqué? No ves que te estoy pidiendo por la liberación de estos drogadictos y porque cierre este kiosco que vende basura. ¿Cómo te lo debo pedir? ¿De que forma?

El Señor enseguida, en medio de mi ahogado quebranto me respondió:

Si tuvierais fe como un grano de mostaza, mandarás al árbol: Arráncate, y plántate en el mar; y te obedecerá."

Me quebranté aún más, pero como la vos de Dios estaba solo en mis pensamientos dudé si solo no fue que recordé esas palabras que mas o menos así figuran en la Biblia y Dios volvió a hablarme:

Si tuviereis fe como un grano de mostaza, mandarás a ese monte: muévete de aquí para allá, y lo hará.

Entonces ahí recordé mis veinte años en que presté servicios en el ejército y dije al Señor: ¿Se trata de mandar Señor? En tu santo nombre lo haré, y comencé a orar diciendo a los gritos:

- ¡Señor Jesús, en tu Santo nombre, mando y decreto que ese kiosco que está vendiendo droga a los adolescentes sea cerrado mañana mismo y se vaya del barrio, ordeno la liberación de la droga para los chicos que allí paran!

Al día siguiente el kiosco fue cerrado y vendido a un hombre que lo abrió solo un día pero también cerró y hasta hoy permanece cerrado ese local de comercio, que paralelamente pertenece a una mai de umbanda.

¿Que decir? Poder de Dios, fuego consumidor...

... El tal Dovio, lamentablemente, vino un muchacho amigo que lo conocía y me dijo: ¿Sabés Daniel que falleció tu enemigo? le dije: -¿Quien? Me respondió: -Dovio, quien te robó o intentó robarte. Tuvo un derrame cerebral o algo así por el consumo de estupefacientes.

Me quedé mal pues no lo deseaba, e inmediatamente recordé los salmos de David, pues mi amigo despertó mi atención al decir "tu enemigo", cuando David clamaba justicia de Dios por sobre sus enemigos.

Sentí temor de Dios.

De él es la vida, la muerte, la vida eterna y la muerte eterna, amén.

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