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La aplicación del criterio del autoritarismo remanente a la evaluación de un modelo de sociedad.- Todo lo que he expuesto hasta aquí cobra sentido al tratar de aplicar este criterio en la evaluación de un modelo de sociedad, ya sea de las que existen o han existido hasta la fecha, o bién, de un modelo propuesto como conveniente. Es decir, lo que creo postulan las llamadas «ideologías políticas». O, mejor aun, lo que me parece conveniente que postulen, lo que deberían postular. Me parece pertinente comenzar por un ejemplo, lógicamente simplificado para abreviarlo, de evaluación de modelos de sociedades existentes, reducidos a sus postulados más básicos. Intentaré esbozar esta primera tarea, en carácter de borrador preliminar, usando lo ya expuesto respecto de los modelos generalizados de Capitalismos y Socialismos de la primera parte de este trabajo. De este primer ejercicio se podrá saltar posteriormente a la elaboración o "fabricación" de uno o más modelos que cumplan con requisitos deseables y previamente especificados. Por ejemplo, una tarea de enorme interés puede ser la de diseñar un modelo de sociedad que satisfaga de modo óptimo las Necesidades del cuadro de Necesidades y Satisfactores de Max-Neef. Pero pienso que una tarea de tal envergadura excede con creces los alcances de este trabajo, y que requiere de la colaboración de un grupo numeroso de especialistas de varias especialidades, en un trabajo de largo aliento y multi-interdisciplinario, que sin duda requerirá de la aplicación cuidadosa y metódica de la cooperación entre iguales. Me limitaré, entonces, a lo que está a mi alcance. -Un ejemplo de evaluación de modelos de sociedad con el criterio del autoritarismo remanente. Antes de comenzar, deseo recalcar una vez más y dejar en claro que estas pinceladas sólo tienen la intención de mostrar que es posible efectuar análisis de modelos económico-políticos considerando el punto de vista ético-moral y el criterio del autoritarismo remanente, y que estos estudios pueden dar lugar a nuevas visiones y soluciones, que considero importantes, para evaluar las diferentes alternativas políticas existentes o por elaborar. No intento, porque no lo creo posible, hacer aquí un examen completo, riguroso y acabado de estos vitales temas, dado el reducido número de líneas que siguen, y mi deseo es, solamente, mostrar la posibilidad, abrir el apetito. -Los modelos o ideologías capitalistas. Creo que los modelos político-económicos capitalistas muestran un considerable grado de autonomía ético-moral en las áreas llamadas "de derechos civiles", es decir en la participación activa, aunque sea indirecta, de los ciudadanos en la elección de las autoridades y de los legisladores, y, por esa vía, en la elección de modelos económicos y sociales, y en la creación y modificación de las leyes. Al menos, esa es la teoría [1]. La práctica me ha mostrado que la capacidad económica o de otros tipos de algunos grupos, utilizada para hacer propaganda que deforme sutil y mañosamente "la realidad" en su beneficio puede reducir grandemente la autonomía de los votantes y la pretendida igualdad de opción. Pero cabe confiar en que el truco sea advertido, lo que también he visto ocurrir. En general, creo que puede afirmarse que la principal y más importante muestra de autonomía generalizada en esta área es la libertad de opinar sobre las autoridades civiles -aunque sea relativa-, de la que gozan una buena parte de los ciudadanos. Sin que se deba desconocer que los ciudadanos con poder económico o que han llegado a ser famosos -por cualquier razón- ven incrementada su capacidad de opinar y, lo que al fin importa, de ser escuchados. En este aspecto, junto con apreciar la autonomía que implica la libertad existente, preferiría una mayor dosis de igualdad en el uso de esta libertad. Igual que en el caso anterior. El aspecto económico de este tipo de modelos presenta, a mi parecer, falencias importantes en lo que a autonomía ético-moral se refiere. Estoy dando por aceptado que en la base de los capitalismos está la noción de «lucro personal», derivado de la naturaleza apropiadora de los seres humanos, tal como ya he expuesto, y las consecuencias correspondientes, vale decir, que cada cual debe competir, económicamente, contra todos los demás, con los medios de que disponga, teniendo como meta el beneficio personal. Lo que también supone que esta competencia individual generará bienes y servicios suficientes como para satisfacer a todos los integrantes de la sociedad, con diferencias debidas solamente a las diferencias de capacidad de cada cual, y que las personas con dificultades que no dependen de su voluntad con respecto al resto serán protegidas debidamente por la organización general. El beneficio personal se extendería al grupo familiar y a las relaciones directas de los "actores económicos" por ser ésta la actitud natural y deseada del actor social, aparte de ser la debida o prescrita, implícitamente. La extensión de los beneficios al resto de la sociedad se realizaría de modo indirecto, a través del consumo del grupo familiar y de la actividad económica del actor económico con sus contrapartes en relaciones económicas directas. Pero la práctica me dice que, para esta vaga y limitada obligación ético-moral de cooperar con los demás -incluso la restringida a su propio núcleo familiar- es voluntad del actor económico que está triunfando en la competencia, ya que cada actor decide si lo hace o no, y en qué medida, y que la omisión no es considerada falta grave, y que, en un contexto habitual de riguroso resguardo de la propiedad y de la libertad de competencia, apenas se penalizan los casos más extremos, y con muchas dificultades. Este beneficio o lucro personal, que se conoce también como ganancia lícita ¿contempla o fomenta la cooperación entre iguales?: para mí que no, o que no necesariamente. Coopero con los demás sólo si lo deseo -y lo desearé, según el modelo, sólo si me conviene, si satisface de algún modo mi egoismo básico- y no hay prescripción ni siquiera implícita de que debería hacerlo, sólo cuenta mi propio interés. En lo que a igualdad económica se refiere, incluso desde un punto de vista solamente teórico, los demás serán iguales a mí sólo esporádica y puntualmente y, habitualmente serán económicamente más o menos poderosos que yo, dependiendo de su situación económica relativa del momento, o de ventajas de otros tipos de las que dispongan, y de las necesidades de ellos que yo puedo satisfacer -con o sin exclusividad-, o al revés. ¿Hasta cuánto, en % o en valor absoluto, es moralmente lícito ganar en una transacción o negocio?: me parece que no existen límites ni acuerdos claros al respecto, ni teóricos ni prácticos, y que sólo opera la ley de la oferta y la demanda, tan famosa, basada en las condiciones de desigualdad de los participantes y de posibles competencias, muchas veces hipotéticas. El resultado que deduzco como probable de la aplicación de este modelo teórico concuerda con el que observo, en grandes líneas en la realidad socio-económica actual: en las sociedades capitalistas impera una especie de "selección natural" -no muy natural ni muy lógica- según la cual prosperan más los que tienen más medios económicos en desmedro de los que tienen menos, modelo que inevitablemente conduce al aumento sostenido de las diferencias, con crecimiento casi geométrico. Lo que vale tanto para la competencia entre individuos como para empresas, corporaciones de empresas, países y grupos de países, todos los cuales velan primero por sus propios intereses. La moderación aparece cuando se trata de que las contrapartes no encuentren alternativas mejores que la que se está ofreciendo -por la competencia de terceros-, o simplemente, si uno sabe que las otras alternativas no existen, de dejar que la contraparte sobreviva lo suficiente como para poder hacer otros "buenos negocios" con ella. En sencillo, el pez grande se come al más chico. Para colmo, los peces gordos disponen de ventajas comparativas para ponerse de acuerdo para engullir primero a los chicos que muestran intenciones de organizarse con otros chicos para tratar de disminuir las brechas crecientes o las posibilidades de desaparecer. Es la situación que Bateson denomina «complementaria cismogénica» [2]: productora de cisma -separación- en base a la mantención de condiciones de desigualdad, poderosos contra débiles, que actuan contínuamente en sus respectivos papeles. Aunque intento poner la mejor voluntad, no me queda más remedio que concluir que este esquema, tanto en la teoría como en la práctica, es lo opuesto al de cooperación entre iguales, y muy semejante, prácticamente igual, al de la relación autoritaria de dominación-sumisión, aplicada al dominio económico. Voluntaria o no, esta relación conduce a los mismos resultados. Estoy por completo de acuerdo con Bateson cuando pronostica que esta situación es de inestabilidad creciente, de término impredecible, ya sea por cansancio, agotamiento o rebeldía violenta de una de las partes -no es difícil adivinar de cual-, y de un final explosivo altamente probable. Los sustentadores de los modelos capitalistas -muchas veces coinciden con los que ocupan posiciones de privilegio- han encontrado variadas formas para mantener una prolongada "estabilidad", no excenta de problemas, ya que las economías, tanto las nacionales como las de bloques o sistemas de países, sufren de graves y recursivas crisis que han llegado a formar parte constituyente del modelo. En efecto, las crisis se consideran fenómenos de reequilibración masivos, que restituyen los macroequilibrios, y que son, por lo tanto inevitables e inherentes al sistema. Al interior de las economías nacionales, los diferentes sectores -y dentro de éstos las empresas y las personas- también se ven sacudidos periódicamente por crisis, quiebras, despidos masivos y otros accidentes que afectan gravemente la estabilidad de las personas que los componen. Me parece que una de las maneras más importantes de conseguir la estabilidad y la mantención del sistema, en lo que al futuro de las personas en cuanto individuos se refiere, es que las personas crean en la posibilidad de que cualquiera puede llegar a la cima, si se esfuerza lo suficiente, y si cuenta con un poco de suerte, y que mantengan esta creencia aunque sólo sea como ilusión. Entonces podrá aprovecharse de los otros tanto como pueda, tal vez como lo hicieron antes con él: en Chile, muy criollamente, se le llama «dar vuelta la tortilla». También se le conoce como la «libertad para progresar», «libertad de competencia», «libertad de trabajo», y otros nombres que hacen uso eficiente de la buena imagen de la palabra libertad y de la importancia de los derechos de las personas, entre los cuales está el de gozar del fruto de su trabajo, sin duda de gran relevancia. Curiosamente, este derecho se reservaría o tendría mayor importancia para algunos tipos de trabajo -los de tipo empresarial- en perjuicio del mismo derecho para otros tipos de trabajo -los de empleados-. Otro elemento para mantener el sistema es la creencia de que los cambios del sistema generarán el caos, consecuencias terribles pero no especificadas, que sustentan un permanente y generalizado temor al cambio de sistema político-económico. Por último, y relacionado con el elemento anterior, se postula y cree que no existen otras alternativas viables, que el sistema es el único posible, y en el peor de los casos, es el menos malo de todos. En este camino van algunas versiones de las teorías del «fin de la historia», que tienden a consolidar la situación actual, con muy ligeras modificaciones, como la definitiva. Creo que este conjunto de modelos -los capitalismos- está desconociendo, y por lo tanto, desaprovechando, la capacidad de los seres humanos de cooperar unos con otros sin necesidad de coacción, por comprensión de la necesidad y ventaja de cooperar de igual a igual, y muchas veces sólo por el placer de actuar coordinada y conjuntamente con otros, que se da con gran frecuencia en las sociedades que los usan, y que son cruciales para la mantención y supervivencia de los sistemas societales capitalistas. Estas capacidades y tendencias a la cooperación son tan naturales como el egoísmo en que se basa el lucro, y sus resultados suelen ser más gratificantes para las personas que las emplean y más eficientes para las sociedades que la competencia basada en el lucro. Entre los ejemplos más destacados de cooperación entre iguales voluntaria -de ninguna manera únicos- se puede citar a las actividades científicas y universitarias, tanto en sus aspectos de investigación como de difusión de sus hallazgos y también de sus fracasos, a las actividades de beneficencia, en Chile muy numerosas y de amplio abanico de dominios -como los bomberos, la Teletón y gran cantidad de instituciones oficiales y de hecho, como la institución social del mingaco en el sur de Chile-, las actividades de servicios públicos -educación, salud, etc.- cuyos funcionarios perciben tradicionalmente remuneraciones que están muy lejos de alcanzar la importancia de sus frutos. El comercio, la banca, la industria y toda actividad social masiva, no podrían operar si no fuera por la decisión repetida, masiva y voluntaria de los participantes de no defraudar a sus contrapartes. Sin perjuicio de si las infracciones sean consideradas o no delitos, sean o no penalizados. Las sociedades no podrían operar si estos delitos o infracciones no fueran la excepción en vez de lo normal. Salvo el caso de sociedades en riesgo de colapso social, los documentos que no se pagan son una fracción mínima del total, los productos que se entregan corresponden, en general, a los que se han ofrecido y vendido, los precios y condiciones de venta, también en general y dentro de rangos bastante estrechos, son los pactados de antemano. La gran mayoría de estos «cumplimientos» sistemáticos se deben a la aceptación voluntaria de las reglas del juego, a pesar de la ocasional comprensión de que tales reglas perjudican al acatante o de que son, a sus ojos, injustas y/o inadecuadas. Es una ínfima minoría la que decide aprovecharse de la obvia consecuencia de extrapolar el principio básico del sistema llevándolo al extremo: que la máxima utilidad o lucro es la que se obtiene cuando se estafa a la contraparte. Creo que las sociedades que han experimentado colapsos sociales han llegado a ese límite porque ha faltado la buena voluntad masiva de cumplir las reglas de sana convivencia, y no ha habido poder penalizador capaz de evitar sus efectos catastróficos. En resumen, me parece que las ideologías capitalistas muestran buena autonomía ético-moral en el área de los derechos civiles en teoría, y sólo relativamente buena en la práctica, pero destaca un notable autoritarismo ético-moral en sus aspectos económicos, tanto en los teóricos como en la práctica. Los modelos o ideologías socialistas. Antes de examinar las ideologías y las sociedades socialistas, por tener plena conciencia de haber recibido demasiada información intencionalmente distorsionada, tanto desde los sectores que las apoyan como desde los que las atacan, siento que estoy, como muchos otros, en muy precarias condiciones como para comparar a las sociedades socialistas que existieron hasta hace muy poco, y algunas de las pocas relictuales, con lo que entiendo contienen las ideologías socialistas -como teorías puras-. Por lo tanto, salvo algunas consideraciones, puntuales pero muy importantes, analizaré más que nada las ideologías, separando las áreas de la misma manera que usé con las ideologías capitalistas, lo que creo que facilitará, además, comparar un tipo de ideologías con respecto al otro. Entiendo que las ideologías socialistas postulan la igualdad de todas las personas en cuanto personas, cualquiera que sean sus ideas y sus condiciones individuales, y su derecho a expresar libremente sus opiniones, ideas y creencias. Pienso que, como declaración general, es idéntica a la de los capitalismos. Por lo tanto, de acuerdo con ellas, en los socialismos debe existir siempre la posibilidad de que cada persona pueda pronunciarse sobre la actuación de las autoridades, tanto por la vía de expresar sus opiniones libremente, como por medio de las votaciones y el derecho a ser elegido, sin más condiciones que la de llenar requisitos mínimos y razonables para ser ciudadano. Y que este derecho de las personas debe ser respetado en todos los niveles de la sociedad. También entiendo que, por el postulado básico de libertad individual, las personas tienen el derecho de asociarse, en la forma que deseen, para hacer valer derechos y aspiraciones comunes, sin más restricciones que la de actuar públicamente -que no sean secretas-. Creo que esto vale para asociaciones políticas, sindicales, deportivas, gremiales, religiosas y de todos los tipos. En estos aspectos, los postulados socialistas me parecen muy semejantes, sinó iguales, a los de los capitalismos del mismo dominio. Como es de conocimiento público, varios años antes del colapso de la Unión Soviética y de su bloque político-económico, surgieron desde el interior de las propias sociedades socialistas, fuertes y masivas críticas con respecto al cumplimiento y respeto de estos derechos. Estas críticas vinieron a confirmar las denuncias que se hacían, por largo tiempo, desde el exterior: en nombre de los motivos más altruístas se estaban cometiendo las más graves violaciones de los derechos de las personas. Yo agregaría que además se cometía otro grave error, característico de la heteronomía ético-moral: en aras de la pureza de la doctrina, se estaban vulnerando varios aspectos cruciales de la doctrina. Las críticas internas de las sociedades socialistas reales se tradujeron en proposiciones de cambio organizadas tales como la glasnost y la perestroika, postuladas y defendidas por M. Gorbachov como cabeza visible de un grupo crecientemente poderoso en la URSS. Entiendo que una de las pricipales afirmaciones consistía en el convencimiento de sus propulsores de que la aplicación defectuosa anterior de una buena teoría político-económica no descalifica dicha teoría, y que proponían abrir espacios para que, en debates completamente libres, se pudieran detectar y analizar las fallas, errores y equivocaciones sistemáticas u ocasionales del sistema, paso obligado para poder corregirlas. Todo esto, sin abandonar el modelo socialista. El curso de los acontecimientos llevó a estas sociedades reales a destinos que supongo no eran los que esperaban los propulsores de la glasnost y la perestroika. Y que todavía sorprenden a todo el mundo. Los análisis de estos procesos está todavía haciéndose y creo que en ellos pueden tener un importante rol explicatorio los conceptos del sistema nocional que he propuesto. Por ejemplo, creo que una de las causas más importantes de las fallas de la aplicación de los modelos socialistas en las sociedades reales es que fueron impuestos de modo claramente autoritario, muchas veces mediante flagrante ética primitiva. Incluso los intentos de remediar los males del autoritarismo imperante por los partidarios de Gorbachov también fueron impulsados de modo autoritario. ¿Cabía otra manera de lograr los objetivos propuestos, en ambos casos? Es una interesantísima materia para analizar, pero que, lamentablemente, es demasiado compleja y extensa como para ser efectuada por una sola persona, y en ningún caso cabe en un trabajo como éste. El área económica de los modelos de sociedad socialistas, parte crucial de todas los modelos político-económicos o ideologías, que postula la igualdad de acceso a los bienes y servicios para toda la población, en especial aquellos más básicos, como la alimentación, la salud, la vivienda y la educación, dan cuenta de una aplicación fundamental del principio de cooperación entre iguales, propio de la democracia. La propiedad común de los medios de producción -no necesariamente estatal- y su dedicación a servir a toda la comunidad, y no al lucro personal de individuos -o sociedades de individuos propietarios- en competencia, me parece expresión evidente de autonomía ético-moral generalizada, digna de ser rescatada, conservada y perfeccionada por todos los medios posibles, siempre que estas medidas no nieguen en la práctica a la autonomía ético-moral y la cooperación entre iguales en otras áreas. En resumen, creo que las ideologías socialistas contienen y sustentan principios ético-morales de gran autonomía, tanto en el área de los derechos civiles como en aquella de la economía. Lo que hayan hecho con estos principios los constructores de los socialismos reales es materia de otros análisis, puesto que pareciera ser que, por llevarlos a la práctica en las bajísimas condiciones socio-económicas y el altísimo grado de autoritarismo remanente imperantes en esos paises desde el mismo comienzo, terminaron por desvirtuar sus postulados más básicos. Todo esto, reconociendo que lograron avances muy importantes y significativos si se compara el punto de partida con el de término. Algunas características comunes. Me parece que ambos tipos de ideologías tienen algunas características que les son comunes, algunas positivas, como las ya mencionadas, y otras que, desgraciadamente, implican el uso sistemático de la heteronomía. Entre las características comunes negativas me refiero especialmente al ámbito de la justicia, en el que ambos tipos de ideologías utilizan las sanciones expiatorias y el fuerte autoritarismo que las sustenta. Pero creo que no es el único ámbito en que se parecen mucho: me temo que el de sus fuerzas armadas, el de sus relaciones internacionales -las históricas y las actuales-, y varios más, dan cuenta de lo arraigado que está el autoritarismo y la ética primitiva en nuestras sociedades actuales, sean socialistas o capitalistas. Un análisis más meticuloso y exhaustivo de los múltiples aspectos que conforman una ideología política puede dar lugar a muchos otros parecidos, y me temo que en la mayoría de ellos encontraremos expresiones muy fuertes de autoritarismo. La situación me parece mucho más grave cuando pasamos al campo de la práctica en las sociedades concretas. Es por esta razón que me atrevo a afirmar que el nivel de civilización de nuestra humanidad actual es muy reducido, mucho más cercano al autoritarismo que a la democracia. Me permito sugerir que el lector analice, del mismo modo -buscando la autonomía o heteronomía ético-morales contenidos- ámbitos como los deportes, las familias, los colegios, las universidades y la enseñanza en general, las religiones, las relaciones de pareja, las relaciones sexuales, la comunicación de masas, las entretenciones, las canciones populares, y todos aquellos ámbitos que se les ocurran: es triste tener que reconocer que lo más frecuente es el autoritarismo. Si analizan las campañas ecológicas, de intenciones prístinamente autónomas -cuidar el medio ambiente para las generaciones futuras-, la mayoría de ellas exige que se apliquen las más drásticas sanciones a los que no cuiden el ambiente. Es decir, se pide -de modo autoritario- que se actúe de manera muy autoritaria para evitar el autoritarismo en un aspecto dado. La herencia de autoritarismo remanente es tan fuerte que, simplemente, no nos percatamos de estarlo usando. Hacia una solución razonada y razonable. Puede ser que la causa última de estos lamentables parecidos entre todas las ideologías -el autoritarismo remanente- sea el desconocimiento, hasta ahora, de sistemas conceptuales claros y sistemáticos, y los consecuentes métodos de análisis, que permitieran primero detectar y luego eliminar el autoritarismo, pero además, sin tener que recurrir al autoritarismo, Creo que la gran mayoría de los intentos sistemáticos e intencionales de mejorar las relaciones sociales, lo que entiendo como equivalente a disminuir el autoritarismo remanente que existe en esas relaciones, ha caido en la aplicación de métodos autoritarios, a pesar de que dichos métodos han demostrado hasta la saciedad que no son efectivos. Tal como afirmaba Piaget, no es posible producir la autonomía por medio de la heteronomía, por la definición misma de ambas formas de razonar, sentir y vivir la función ético-moral, y todos los fracasos de la historia, de tantos tiranos bien intencionados -desde simples padres hasta emperadores-, lo demuestran fehacientemente. Pienso que las investigaciones de Piaget nos han abierto la puerta de todo un futuro diferente, de una revolución psico-sociológica de efectos tan vastos y tan trascendentes que ni siquiera somos capaces de imaginar sus posibles alcances futuros. Por ejemplo, creo que es posible elaborar o diseñar ideologías político-económicas que estén exentas de autoritarismo, en un grado que no fue posible conseguir antes de contar con las herramientas que hemos visto. No importa si se parte de una ideología del tipo socialista o del tipo capitalista, creo que la eliminación del autoritarismo de cualquiera de ellas llevará a resultados muy parecidos, pero ahora por contener dosis elevadas de autonomía ético-moral, de cooperación entre iguales y de respeto genuino de todos por todos, y por sí mismos. Si se trata de preferencias, me parece más razonable intentar primero usando el tipo que, en teoría, tiene menos autoritarismo, de acuerdo con lo que he dicho ya, partiendo con una depuración de una ideología socialista, lo que puede ahorrar trabajo. Pero no creo conveniente desechar las virtudes que puedan contener las ideologías capitalistas, pienso que vale la pena analizarlas sin prejuicios y con la mayor ecuanimidad de que seamos capaces. Y en el caso de partir desde algún capitalismo, hacer otro tanto con las virtudes de los socialismos. Sin embargo, estoy consciente de que éstas son mis ideas, hasta este momento discutidas y contrastadas con las opiniones de muy pocas personas, además de manera asistemática, y que puedo estar cometiendo graves equivocaciones en muchas de las cosas que he planteado. Por eso es que considero de gran importancia ampliar el debate al mayor número de personas posible, a fin de complementar lo expuesto con otros sistemas conceptuales y depurar el resultado de los numerosos errores que seguramente contiene, precisamente por la falta de difusión, discusión y contrastación con otros enfoques, y con la acción práctica cotidiana. Creo en la trascendencia de los posibles frutos de estas discusiones, más seguras mientras más amplias y más interdisciplinarias, que pueden ayudarnos a lograr más pronto y finalmente sociedades más humanas, más civilizadas. ¿Sugerencias, críticas, comentarios, preguntas?. Envíalas al autor, pinchando aquí. Las agregaré para enriquecer este ensayo, previa evaluación de su seriedad Volver al inicio del Capítulo VI Seguir al Epílogo
Notas al Capítulo VI La aplicación del criterio del autoritarismo remanente a la evaluación de un modelo de sociedad. [1]
Según C.B. Macpherson, en "La democracia liberal..." {22},
los liberalismos democráticos pluripartidistas actuales deben su sobrevivencia
a que, por sus características, permiten que se mantengan las desigualdades
a pesar de que aquellos que se encuentran en condiciones peores que el promedio
-el grupo desfavorecido- conformen una clara mayoría frente a los que gozan de
condiciones mejores que dicho promedio -el sector favorecido-. Este
es el sistema político que Macpherson denomina como Modelo Nº3.
"Democracia como equilibrio", y está descrito en {22},
págs. 95 a 111. Los
favorecidos, obviamente, desean mantener el sistema, en el que gozan, además,
de diferentes herramientas para mantener el control, y hasta están dispuestos a
ir haciendo concesiones, siempre que no sean demasiado fuertes ni demasiado
frecuentes, con tal de mantener la estabilidad o gobernabilidad del sistema. Los
desfavorecidos tienen y mantienen la esperanza de ir modificando las relaciones
para reducir las diferencias lo más rápido que les sea posible, confiando en
que esta forma de democracia favorecerá a las mayorías, es decir a ellos, que
tendrán más fuerza que los otros, por ser mayoría. Pero
el sistema de partidos no "responde" ante esas mayorías, sinó que se
autogenera. Como sus cúpulas desean mantenerse en sus posiciones,
necesariamente contraen también compromisos con quienes detentan las posiciones
de poder, es decir, con las minorías, los favorecidos. Los favorecidos, además,
reservan para sus componentes las posiciones partidarias y de gobierno, lo que
les permite ejercer influencias desproporcionadas a su número -todo lo
contrario de lo que se espera de un sistema que se autodenomine democrático-.
La principal fuente de poder está en la capacidad de determinar, a través de
los partidos políticos, cuáles son los candidatos entre los que se puede votar
y en qué consisten los programas que postulan dichos candidatos. Es decir, los
favorecidos determinan qué "mercadería política" proponen los
"oferentes políticos" al "mercado de los votantes" para
obtener sus preferencias. Una vez designado "libremente" el oferente o
candidato con más votos, hará lo que más pueda -generalmente bastante poco-
de lo que ofreció, enmarcado y limitado por el propio sistema. Con
semejante sistema, los favorecidos por él pueden ceder sus privilegios al ritmo
que ellos desean, cediendo sólo cuando temen la pérdida de la gobernabilidad.
En el intertanto, los favorecidos hacen los mayores esfuerzos por mantener
vigentes algunas ideas que los ayudan a conservar el sistema lo más
estacionario posible. Entre estas ideas de uso público destacan las siguientes: a.-
Que este sistema, no siendo muy bueno que digamos, es el menos malo posible,
ya que las alternativas se reducen solamente a distintas formas de dictaduras.
Cuando los acontecimientos aceleran demasiado la disminución de las
diferencias, los sectores favorecidos no dudan en promover y fomentar el
advenimiento de dictaduras, aduciendo la quiebra de la legalidad democrática, y
diversas razones semejantes, junto con la ejecución de maniobras tales como la
generación de falta artificial de productos por acaparamiento. Estas
dictaduras, una vez "producidas" les sirven para "recuperar la
normalidad" -es decir, parte de sus privilegios perdidos- y,
principalmente, para reforzar la idea: su sistema o dictadura. b.-
Que este sistema proporciona realmente la posibilidad de expresión de
las necesidades de la mayoría -basta con que se pueda votar, con eso ya se le
puede definir como democrático-. Macpherson
consigue, satisfactoriamente a mi juicio, demostrar que estos y otros postulados
del liberalismo democrático pluripartidista resultan, en la práctica, falsos
y/o engañosos. En especial, el auto-asignarse un objetivo de otro modelo, el
que Macpherson llama Modelo Nº2, "Democracia como desarrollo", que
consiste en perseguir y obtener el desarrollo óptimo de las potencialidades de
cada persona, aunque sólo sea parcial y lentamente. Macpherson concluye que el
Modelo Nº3, actualmente vigente, sólo consigue mantener la gobernabilidad y
evitar las dictaduras abiertas, sin duda peores que este modelo, que en la práctica
constituye una dictadura encubierta, mantenida con el chantaje: si no se acepta
ésta se provocará una dictadura abierta. Macpherson
propone, finalmente, un sistema al que denomina "Democracia
Participativa", en dos Modelos, 4a y 4b, los que parecen ser más
congruentes con el objetivo de conseguir un mejor desarrollo de las
potencialidades de las personas, ya que, al menos en su descripción teórica,
muestran numerosas disposiciones que me parecen de clara autonomía.
Lamentablemente, me parece que sus proposiciones no consiguen conformar
soluciones claras, en parte por la existencia de un círculo vicioso que
Macpherson se encarga de descubrir, pero también porque sus modelos se
mantienen en niveles demasiado teóricos, a mi parecer. Incluso
en estos niveles, las interesantísimas consideraciones de Macpherson adolecen,
a mi juicio, de otorgar excesiva importancia al sistema, sin tomar en cuenta que
el modo -el modo ético-moral- con que un sistema cualquiera se lleva a la práctica
puede y suele influír mucho más decisivamente que las características del
sistema. Una clara muestra es que su Modelo Nº 4a es casi idéntico al
Centralismo Democrático que imperó en los países socialistas. ¿Porqué en
esos países ese sistema no significó aumentos crecientes de la participación
democrática?. Las razones aducidas por Macpherson no terminan de convencerme, y
me inclino a pensar que el excesivo autoritarismo remanente imperante en los países
socialistas -tanto de los dirigentes como de las masas- fue el que produjo, y
sigue produciendo, los resultados que ahora conocemos. Con
todo, creo que Macpherson muestra en este libro toda una extensa gama de temas
de estudio y de formas de análisis que pueden conducir a resultados de la mayor
importancia. Volver |