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Volver al comienzo de Capítulo V Capítulo V (continuación) 10.-Las sanciones y su contexto. Entiendo por sanciones a las acciones, físicas y/o psicológicas, que se aplican o que corresponde aplicar a las personas que infringen las reglas o normas establecidas y/o aceptadas, tanto social como individualmente. Por lo tanto, las sanciones constituyen la materialización o aplicación a la práctica de lo que conocemos por «justicia», en un ámbito general amplio, no restringido sólo a las leyes establecidas del dominio judicial, y que las incluye. De mi lectura de "El criterio moral en el niño" de Piaget deduje una sistematización de los conceptos de justicia y sanciones que este libro muestra, el que está contenido en mi ensayo "¿Podremos civilizarnos más rápido?" {12}, editado privadamente en 1989. Pienso que ese análisis es demasiado extenso y detallado como para incluirlo completo en este trabajo, por lo que he preferido elaborar unos cuadros que resumen ese análisis. Son los que presento a continuación [34]. Cuadros de resumen de las clases de justicia, las sanciones y de los sistemas judiciales o legales. Cuadro 1. CLASES DE JUSTICIA JUSTICIA DISTRIBUTIVA: indica la manera aprobada de distribuír o repartir. Cabe distinguir la «distribución exacta», de exactitud aritmética, de la «distribución equitativa», más elaborada, que considera las circunstancias que pueden alterar la exactitud aritmética para hacerla más justa. JUSTICIA RETRIBUTIVA: indica la manera aprobada de tratar a los infractores de las normas o pautas ético-morales. JUSTICIA INMANENTE: variante de la anterior, que supone que las cosas -o poderes superiores externos- castigarán las faltas, y hasta las intenciones de faltar, de modo `automágico´. Implica la aceptación de los conceptos de culpa y de la necesidad de la expiación. Es siempre heterónoma. Ambos tipos de justicia, distributiva o retributiva, pueden ser aplicadas de manera autónoma o heterónoma, según sea la clase de sanción utilizada y, principalmente, la forma en que sea aplicada, y además, la forma en que sea recibida o asimilada por la persona sancionada. Las clases de sanciones son las que explico, muy resumidamente, en el cuadro siguiente. Las expiatorias o autoritarias son características del modo de heteronomía ético-moral o autoritarismo y del modo de ética primitiva. Las de reciprocidad o democráticas lo son del modo de autonomía ético-moral, democrático o de cooperación entre iguales. Cuadro 2. CLASES DE SANCIONES
A continuación expongo una enumeración ejemplar de algunas de las sanciones de cada tipo o clase. Por razones de espacio están muy resumidas, indicándose sólo sus características más destacadas. En las sanciones expiatorias he intentado ordenarlas por lo que me parece su grado decreciente de primitivismo, o, lo que me parece equivalente, de heteronomía decreciente.
A continuación haré una enumeración ejemplar de algunas de las sanciones de reciprocidad o de autonomía ético-moral. Son tan poco frecuentes en nuestras sociedades actuales que nos parece, al terminar el cuadro anterior, que hemos agotado las posibilidades, que ya no quedan más sanciones. Lo que, en cierto sentido, es cierto: hemos terminado con las sanciones si se las considera como sinónimo de castigo. Pero, como veremos, también cabe la posibilidad de considerar las sanciones como consecuencias de la infracción de las normas y/o del comportamiento erróneo, casi necesariamente desagradables para el infractor, pero que pueden -y conviene- tomarlas como errores y oportunidades para progresar moralmente: también se puede aplicar aquí uno de los principios más fructíferos de las ciencias, aprender de los errores y de las equivocaciones [35]. El orden en que las muestro no indica, como en el caso anterior, primitivismo relativo: todas son igualmente evolucionadas. Las separo porque creo que son apropiadas para distintos casos y circunstancias, unas para niños otras para adultos.
Si evaluamos los sistemas de justicia establecidos en una sociedad, por la vía de una constitución y de sus sistemas judiciales, por el tipo de sanciones que utilizan de preferencia, creo que es razonable establecer las distinciones que contiene el cuadro siguiente.
Al terminar estos cuadros, creo conveniente aventurar unas breves reflexiones que, aunque se salen del objeto de la exposición, están, a mi parecer, plenamente justificadas. Luego de considerar lo que se resume en estos cuadros, me parece que no cabe más que concluir que los actuales sistemas judiciales contienen mucho más heteronomía que autonomía. No sólo se trata del tipo de sanción que usan de preferencia -sin duda priman las expiatorias con algunos vestigios de las de reciprocidad- porque su utilización preferente muestra concepciones de fondo de extrema heteronomía. Por lo que me parece que no resulta razonable aceptar la permanencia de nuestros sistemas de "justicia" sin hacer nada. Creo indispensable repensarlos y modificarlos en todo aquello que corresponde ser cambiado, lo que, después de lo visto, me parece evidente e indiscutible. No creo que sea lícito hablar de sociedades democráticas si en ellas impera -como un emperador- la heteronomía que desgraciadamente impregna casi por completo a todo este campo de la actividad social, el que, a su vez, se interconecta con casi todas las actividades de una sociedad moderna. La tarea es enorme, sin duda, razón más que suficiente como para empezar de inmediato [36]. 11.-Determinación del modo ético-moral predominante por la expresión de los aspectos constitutivos. Las personas vivimos permanentemente eventos sociales, en los que interactuamos con otras personas, reales o ficticias. Cada uno de estos eventos sociales es generalmente complejo, compuesto de varias situaciones o sucesos, cada uno de los cuales es entendido y vivido por cada uno de los participantes según sus propias construcciones paradigmáticas pertinentes y en rutinas, conscientes y/o no conscientes, según su propia forma habitual o familiar de vivirlos. Por lo tanto, cada evento puede ser vivido de modo que cada participante puede estar empleando más de un modo ético-moral, uno específico para cada una de las rutinas no conscientes y conscientes simultáneas con las que vive el evento, y además, cambiando de uno a otro modo en el transcurso del evento. Sin embargo, es posible, y conveniente, distinguir el «modo ético-moral predominante», como el que marca o define el evento en su conjunto [37]. Se puede distinguir el modo ético-moral predominante usado por una o varias personas, en una situación dada, por el análisis de los aspectos constitutivos de los modos ético-morales expresados por las personas en su interrelación. Este mismo análisis permite determinar el modo ético-moral predominante empleado en eventos sociales actuales, pasados o planeados para el futuro, tanto realmente ocurridos como hipotéticos. Los dos ejemplos del punto siguiente servirán también -aparte de su objetivo específico- para mostrar una de las maneras posibles de detección del modo ético moral. 12.-La influencia del modo ético-moral en la aplicación del mismo valor ético-moral. Daré a continuación dos ejemplos, simplificados para que no sean tan largos, en los que creo queda de manifiesto que los modos con que se aplican los valores tienen una influencia mucho mayor que el valor ético-moral mismo en la «calidad social o socializadora» de la relación, por lo que se puede afirmar que es el modo ético-moral el que, básicamente, determina la calidad de la convivencia social. De paso, estos ejemplos también sirven para mostrar una de las maneras posibles de analizar un suceso social a fin de detectar el modo ético-moral empleado por las personas que intervienen en el sistema de sus interacciones, buscando en las actuaciones de cada una de ellas los aspectos constitutivos de los modos ético-morales. Mi experiencia me dice que, en la vida real, no se dan habitualmente casos tan cargados hacia uno u otro modo como los que muestro aquí, sino que mezclas que van cambiando en el transcurso de la interacción de un modo a otro. Estos ejemplos valen en tanto casos demostrativos. Sin embargo y por desgracia, la realidad suele producir situaciones mucho más fuertes y violentas que las ejemplificadas. 12.1.-La mentira de un niño.- En este ejemplo la historia básica es la de un niño que ha mentido a sus padres, los que se han dado cuenta de esta infracción. El valor involucrado es «no mentir», equivalente a «decir la verdad». Nótese que, en ambas versiones, se trata del mismo valor ético-moral, y que lo único que cambia es el modo en que es aplicado por los padres y aceptado por el niño. Versión autoritaria de la historia.
Por tratarse de un ejemplo, me parece suficiente con estas pocas consideraciones. Pienso que no he exagerado lo que he visto en la vida real. Más aun, he sido testigo de situaciones mucho peores, de violencia inaudita, hasta con golpes. Cabe destacar que esta historia también puede seguir siendo autoritaria aun cuando no griten ni sea escandalosa: también lo será si las intenciones de los padres siguen siendo las de hacer que el niño sufra para que pague sus faltas y se mantengan las otras condiciones del modo ético-moral: es lo que se puede llamar autoritarismo hipócrita, de muy buenos modales y hasta de gran cariño aparente, pero de idéntico modo ético-moral [38]. He optado por la versión con gritos, aunque sin golpes, porque creo que es la más frecuente, pero el lector puede releer la historia cambiando mentalmente modales -más suaves o más violentos, y verá que también corresponde a sucesos reales, también autoritarios. Pero estoy seguro que existe otra manera de enfrentar la misma situación, porque también he visto en la práctica la versión democrática de la misma historia, para el mismo valor ético-moral: «no mentir». Veámosla. Versión democrática de la historia de la mentira del niño.
Aunque es posible obtener muchas otras conclusiones de este ejemplo, tal vez demasiado puro como para que se de con frecuencia, pienso que muestra claramente la gran diferencia que el modo ético-moral tiene sobre la aplicación del mismo valor ético-moral. En el modo autoritario se termina con el niño inseguro, resentido, humillado, dolido, y, para peor, tal vez con la intención de "mejorar" su habilidad de mentir, con la tendencia a la rebeldía autoritaria. Los lazos familiares quedan debilitados y el niño con menos autoestima que antes y probables sentimientos de culpa. La repetición de estos sucesos pueden llevarlo a "asumir su maldad", a aceptar que no tiene remedio. En el modo de autonomía o democrático el niño comprende en qué ha roto o puesto en peligro el lazo social, entiende el sentido de la regla y para qué le sirve a él y a otras personas, aprende a razonar y a valorar su propia capacidad incipiente de razonar, se siente querido, comprendido y apoyado por sus padres, por lo que su error -no su culpa- le ha servido para aprender y ejercitar su capacidad de adaptación al medio social. Por si surgiera la duda de que el valor «no mentir» es de algún modo privilegiado para favorecer el uso del modo de la autonomía, o que los modos ético-morales son útiles "sólo para tratar con niños", el próximo ejemplo puede eliminar esas sospechas. 12.2.-La pérdida de una pieza cara por falla de un operador.- La historia básica es la de un operador de máquina de una industria que, en el trabajado de una pieza de gran valor, se excedió en cortar material, por lo que dicho material ha quedado inservible para esos efectos y, además, se ha perdido el maquinado previo y el tiempo empleado en él. Por último, el atraso que significará rehacer el trabajo, si se suma a una demora considerable en dar el aviso de la falla y en recomenzar, ya no permite cumplir con el plazo de entrega, por lo que habrá que pagar una fuerte multa. Si se toman medidas a tiempo, sin demoras, cabe la posibilidad de cumplir con el plazo de entrega. En esta historia ya no están involucrados valores ético-morales generales, como en el caso anterior, sino que una regla, no escrita pero plenamente vigente en las fábricas, de lo que es correcto y conveniente hacer cuando un operador de máquina comete algún error que afecte a la producción. Esta "norma de conducta" tiene distintas versiones según sea el modo ético-moral imperante en la empresa, e implica diferentes "papeles" a jugar por las distintas personas participantes [39]. Veamos entonces, dos versiones de esta historia, ambas inventadas de punta a cabo, pero que, con variaciones más de forma que de fondo, ocurren con frecuencia en las empresas chilenas. Versión autoritaria de la historia de la falla del operador.
También entre adultos la relación autoritaria termina con la situación mucho peor que cuando se detecta, resentimiento de las personas involucradas, sin soluciones claras y con pérdidas materiales y psicológicas de las partes. Otra vez, esta historia puede darse con idénticos contenidos psicológicos pero sin insultos ni gritos, con el autoritarismo de guante blanco, o con modales todavía peores que los mostrados: es un buen ejercicio para el lector repasar la historia cambiando los modales. Afortunadamente, también entre adultos y en empresas fabriles se da la versión de la autonomía. Versión democrática de la historia de la falla del operador.
Nuevamente, me parece clarísimo que la versión de la cooperación entre iguales diferenciados da como resultado una convivencia mucho más gratificante y productiva para todos -de mucho mayor "calidad social"- que la versión de relaciones autoritarias [40]. Pienso que estos ejemplos demuestran que los problemas de convivencia del mundo actual no derivan de "la pérdida de los valores" de "la falta de firmeza en la aplicación de los valores" -lo que quiere decir que faltan sanciones más duras, es decir, más autoritarias-, opiniones generalizadas en todo el mundo, que veo más fuertes en las personas de los sectores más conservadores. Creo que los que más influyen son los modos ético-morales, y no los valores ético-morales, tal como muestran muy claramente, a mi entender, los dos ejemplos dobles recién expuestos [41]. Me parece que esta focalización en los valores ético-morales y la nostalgia por las duras sanciones de los "buenos viejos tiempos", reflejados por estas opiniones o creencias, se mantienen todavía, a pesar de que los valores autoritarios y la represión autoritaria han demostrado largamente no producir los efectos que de ellos se esperan, a causa de la manifiesta dificultad existente en la actualidad para encontrar otras soluciones, diferentes de las autoritarias, que sean eficientes para resolver los problemas de relación social. Para encontrar esas otras soluciones -que también se dan en la práctica cotidiana actual- es indispensable que podamos diferenciar lo que es autoritario de lo que es de autonomía. Las construcciones paradigmáticas expuestas constituyen, a mi juicio, herramientas privilegiadas para estos efectos, sistemáticas, claramente organizadas, y de características científicas, tanto por sus fundamentos como por su tratamiento. Creo que es totalmente factible, a partir de estas construcciones paradigmáticas, desarrollar tecnologías sencillas y al alcance de la mayoría de la población que posibilite su uso masivo, única alternativa para inducir cambios duraderos y permanentes en las sociedades, dadas las características de co-construcción social de las rutinas no conscientes y conscientes de relación social. Me atrevería a afirmar que, salvo algunas objeciones de carácter mas bien formal, el libro "Raising good children" ("Criando buenos niños") de Thomas Lickona {20} constituye una muestra clara de tecnología existente para esta etapa de la vida humana, de tan grande significación para las sociedades [42]. Creo que los ejemplos expuestos, por otra parte, también demuestran las grandes ventajas de distinguir claramente los modos ético-morales y sus aspectos constitutivos, ya que así es posible elegir con razones de respaldo entre los modos existentes los más convenientes, y en caso necesario, deducir y descubrir nuevas maneras y métodos, todo para mejorar con certeza la relación social, por estar fundamentados en conocimientos científicos que permiten tomar en cuenta las características propias y permanentes de las personas, tanto las positivas como las negativas, y considerar el proceso natural que hace posible el paso desde el autoritarismo inicial inevitable a la moral de autonomía, de modo de poder fomentarlo y facilitarlo. 13.- Los estados emocionales de agresión. Como se desprende de los ejemplos recién vistos, uno de los componentes principales -aunque no indispensables- de las vivencias autoritarias es la presencia de estados emocionales turbulentos, y en especial, los que denominé de agresión. Considero que son de enorme influencia en el desarrollo de la función ético-moral, ya que aparecen ligados muy frecuentemente a la heteronomía o autoritarismo, etapa siempre presente en el comienzo de la vida humana, y también a la ética primitiva, modo que puede surgir desde la pubertad en adelante, el que incluso se fomenta en algunas instituciones oficiales y generalizadas de las sociedades actuales -como las fuerzas armadas y de orden- razón por la que me parece importante poder distinguirlos y caracterizarlos claramente. He identificado los estados emocionales turbulentos como los que, por definición, inducen alteraciones graves del vivir, incluso en niveles biológicos, y que además interfieren y/o disminuyen la capacidad de razonamiento. Estos estados emocionales son, entre otros semejantes, la rabia, el odio, la furia, el enojo, etc. y, siempre que sean de intensidad alta, también el miedo, el susto, la indignación, la sensación de peligro físico o psicológico grave, etc., los que me parece están en la base de los anteriores. Creo que los estados emocionales turbulentos alteran negativamente la capacidad de razonar de manera directa, y también indirecta, porque además dificultan el percibir, el actuar, el surgimiento de motivaciones y voliciones, así como el libre curso de los mismos estados emocionales. También inducen el uso de construcciones paradigmáticas primitivas e ineficientes, y además inducen el volver a rutinas no conscientes ya superadas, inadecuadas, dificultando el paso a rutinas conscientes. Creo que hay estados emocionales tranquilos, como la depresión y la tristeza, que también disminuyen la capacidad de razonar, pero que no tienen una relación tan directa con el autoritarismo, por lo que no los analizaré ahora. En resumen, los estados emocionales turbulentos, salvo excepciones en la actualidad, disminuyen la capacidad humana de adaptación al medio circundante. En especial, me refiero a los estados emocionales turbulentos que se derivan de la agresión: de sentirnos agredidos y/o en peligro, o en la necesidad de agredir, como defensa o como, simplemente, actitud adecuada. Estos estados emocionales de agresión son uno de los diferentes tipos de estados emocionales turbulentos. Las únicas ocasiones, excepcionales en la actualidad, en que estos estados emocionales de agresión mejoran la capacidad de adaptación son, a mi juicio, aquellas en que se nos gatillan frente a peligros de origen que podemos llamar «animal», amenazas a nuestra integridad de parte de animales o de seres humanos en actitud de agresión física, puesto que las reacciones orgánicas que se nos producen son adecuadas para resolver esas situaciones: defensa agresiva, huída, amenaza, desmayo, etc.. Por lo demás, casi todas las especies de animales superiores comparten con la especie humana estas mismas reacciones. Pienso que este tipo de situaciones fue el que dió origen a este tipo de respuesta, durante la evolución primaria y hasta la reciente de la especie humana. Reciente, claro está, a escala evolutiva, ya que duró muchos miles de años. Pero que con la creciente socialización de la vida humana, explosiva en los últimos siglos, estas reacciones han dejado largamente de ser adecuadas. En los contextos sociales actuales no es eficiente «asustar» a una congestión de tránsito, no resulta positivo «salir arrancando» de un problema familiar del modo en que lo era frente a un oso furioso, ni es adecuado «agredir» al cajero automático o al teléfono con el que tenemos una dificultad, como lo fue cuando enfrentábamos animales agresivos. Creo que la rabia, el susto, el enojo y otros estados emocionales de agresión constituyen reacciones de adaptación relictuales, socialmente adquiridas como otras reacciones actuales, que fueron adecuadas. Y que seguimos usando, pero fuera del contexto original, lo que las hace más que ineficientes, además contraproducentes. Como especie, también hemos desarrollado otras reacciones, socialmente adquiridas por cada individuo, que sí son adecuadas para adaptarnos a este entorno tan distinto que como especie nos hemos fabricado. Como personas, no siempre logramos evitar el engancharnos en rutinas no conscientes que nos conducen a estados emocionales de agresión. Después de los hechos, y hasta durante, sabemos que no nos sirven para salir de dificultades. Igual enganchamos, no siempre, pero sí demasiadas veces. Sin duda, resulta paradojal que mantengamos, sin aparente disminución, formas de reacción que sabemos inútiles. Pienso que la persistencia de los estados emocionales de agresión en las sociedades modernas se debe, básicamente, a dos condiciones. Por un lado, a la potencialidad de su gatillamiento, y por otro a la amplia aceptación tácita de algunas construcciones paradigmáticas. La potencialidad de su gatillamiento, es decir, la existencia de las condiciones psico-biológicas de las personas para que se produzcan tales reacciones, se prueba, obviamente, por el hecho mismo de que se sigan produciendo. El aumento de la socialización, por ser todavía demasiado reciente -a escala evolutiva- ha modificado muy poco estas características ya establecidas de los seres humanos. Las construcciones paradigmáticas de uso público que ayudan a la persistencia de estos estados emocionales de agresión, bastante complejas, requieren de análisis de considerable longitud, por lo que no caben en este trabajo [43]. Me limito a afirmar que de su estudio más detallado se puede concluir que esta persistencia, a mi juicio, no se justifica de ninguna manera. 14.-La imposibilidad teórico-práctica de lograr el paso del auto ritarismo a la autonomía por medios autoritarios. Por las características propias de los procesos de interiorización e internalización, así como de los mismos modos ético-morales, se deduce la imposibilidad, tanto teórica como práctica de lograr aumentos de autonomía por medio de métodos o procedimientos que sean heterónomos. En efecto, tal como indica y demuestra Piaget repetidamente, la presión psicológica y hasta física que implica la utilización de la heteronomía impiden la tranquilidad para razonar y construir por si mismo indispensable de la autonomía, proceso necesariamente voluntario y conscientemente intencional. Como la heteronomía implica tanto la presión de la autoridad superior externa como la disposición sumisa del sujeto -que puede ser, paradojalmente, impuesta y simultáneamente aceptada voluntariamente, o simplemente asumida por el sujeto-, ambas condiciones hacen que el uso de la heteronomía excluya la factibilidad de logros de autonomía. Simplemente no se puede lograr autonomía por medio de la heteronomía, por tratarse de procesos que, por sus respectivas esencias, se excluyen uno al otro [44]. Es la misma exclusión lógica que hace imposible que A, siendo mayor que B, sea simultáneamente menor que B: es mayor o es menor que B, no puede ser ambas cosas al mismo tiempo. Por lo tanto, el mito de los tiranos buenos, que preparan a sus súbditos para la democracia obligándolos a ser democráticos, es decir, por medios autoritarios, es tan absurdo como la paradoja clásica «te ordeno que seas espontáneo». El único modo de lograr la autonomía es el ejercicio libre, voluntario y espontáneo de la misma autonomía, y lo más que se puede hacer para facilitar este ejercicio es otorgar las condiciones de libertad indispensable y enseñar con el ejemplo de respetar -con el respeto de la autonomía ya definido- a los demás. Si he hablado de muestras claras de mezclas de autonomía y heteronomía, estas mezclas son usos mezclados en el curso del tiempo y no simultáneos, de ambos modos. Es decir, se mantiene una interacción que es de heteronomía, luego otra(s) de autonomía, seguida(s) de otra(s) de heteronomía, y así sucesivamente. En ningún caso pueden ser interacciones que contengan simultáneamente autonomía y heteronomía. 15.- Grado de coherencia entre ética y moral en los diferentes modos. Piaget verificó empíricamente que la coherencia entre el juicio ético y la práctica moral es mayor cuando se emplea el modo ético-moral democrático que cuando se usa el modo autoritario. En este último modo, las personas, a pesar de recordar y conocer perfectamente las reglas o normas -en la teoría o en lo ético-, en la práctica -en lo moral- las cumplen sólo eventualmente, sin poder explicar claramente porqué actúan así [45]. Creo que esto sigue siendo observable en la vida cotidiana actual. A falta de evidencia empírica referida a la ética primitiva, mi observación de la vida cotidiana me dice, intuitivamente, que la coherencia entre práctica y teoría es menor en la ética primitiva que en el modo autoritario. Si mi intuición no me engaña, la escala de coherencia entre teoría y práctica de los distintos modos, en grados crecientes, sería: 1.- La anomía. 2.- La ética primitiva. 3.- La heteronomía o modo ético-moral autoritario. 4.- La autonomía ético-moral o modo ético-moral democrático. Cabe destacar que esta escala es la misma que la del nivel de eficiencia adaptativa (del punto 17 que sigue). 16.-La actividad ético-moral como forma de adaptación. La actividad ético-moral, en todos sus modos posibles, al igual que las demás funciones psicológicas, constituye un proceso y un esfuerzo permanentes de adaptación del sujeto a la vida social, y conlleva sus aspectos simultáneos y complementarios de asimilación y acomodación, en el sentido de Piaget. 17.-Niveles de eficiencia adaptativa relativos entre los modos ético-morales. El modo ético-moral de la autonomía es el modo más complejo, más elaborado y más eficiente de adaptación a la vida social (por sus características de reversibilidad). Desde este modo ético-moral es posible "entender" los otros modos -no ocurre otro tanto a la inversa-, lo que refuerza la idea de que el modo de la autonomía ético-moral es de un nivel superior al de los otros modos -la heteronomía y la ética primitiva-. La heteronomía aparece como de mayor nivel que la ética primitiva, por cuanto, si bien acepta y emplea permanentemente la violencia psicológica, acepta y emplea sólo ocasionalmente la violencia física -el daño o agresión físicos- como elementos válidos de relación social, utilizados habitualmente por el último modo ético-moral. La anomía, o carencia de reglas o normas, resulta ser, obviamente, la de menor nivel. Por lo dicho, los niveles relativos de eficiencia adaptativa entre los modos ético-morales, en orden creciente es: 1.- La anomía. 2.- La ética primitiva. 3.- La heteronomía o modo ético-moral autoritario. 4.- La autonomía ético-moral o modo ético-moral democrático. Cabe destacar que este orden coincide, por razones obvias, con la escala de coherencia entre ética -la teoría- y moral -la práctica-, del punto 15 anterior, y también coincide con el orden de aparición de cada modo en la evolución ético-moral personal -para cada ámbito de actividad-, con la excepción de la ética primitiva. Pienso que esta excepción puede deberse a que la faceta de sumisión extrema al grupo de pertenencia, una de las características distintivas de la ética primitiva, sólo se hace posible en la medida en que mejoran las capacidades psico-sociales tales como las de diferenciarse a sí mismo de los demás, reconocer que los demás tienen vivencias semejantes a las propias, ponerse en el lugar del otro, deseos intensos de ser aceptado por el, o de pertenecer al, grupo, las cuales van apareciendo cada vez más tardíamente, acercándose ya al período de la pubertad, que es cuando surge con más fuerza la ética primitiva completa. 18.-Calidad social de los modos ético-morales. Si consideramos que la función psicológica ético-moral es la función psicológica socializadora por excelencia -se define como la función psicológica que permite resolver los conflictos de intereses en la relación del sujeto con los demás, consigo mismo y con el medio ambiente- y que tanto la eficiencia adaptativa como la coherencia entre ética y moral de un modo son factores que facilitan la convivencia, podemos concluir que la escala de la calidad socializadora o simplemente calidad social de los modos ético-morales, en grados crecientes, es idéntica a las dos anteriores: 1.- La anomía. 2.- La ética primitiva. 3.- La heteronomía o modo ético-moral autoritario. 4.- La autonomía ético-moral o modo ético-moral democrático. 19.- El autoritarismo remanente. Me parece claramente deducible de las investigaciones de Piaget, que todos las niñas y niños, necesariamente, parten por la aceptación de normas de modo heterónomo, en razón de sus limitaciones en todas sus capacidades y de la enorme diferencia entre ellos y sus padres (o sus figuras parentales), lo que constituye un significativo y difícil logro con respecto a la anomía previa. Y que sólo después de haber logrado desarrollarse, psicológica, biológica y socialmente, e independizarse, relativamente, de ellos, podrán conseguir utilizar la internalización o forma autónoma de aprendizaje y aplicación de las normas. Es decir, todos hemos sido primero heterónomos y hemos ido desprendiéndonos de la heteronomía, en la medida en que el medio social nos lo hizo posible. Las otras condiciones para este desarrollo moral son la evolución en otras áreas vitales tales como el desarrollo emocional, del yo, de la capacidad cognitiva, etc., también dependientes en gran medida del apoyo del medio social. Esto constituye la evolución o desarrollo ético-moral destacado en el punto 6.- y siguientes. Por otra parte, como la evolución ético-moral se realiza separadamente para cada uno de los diferentes ámbitos de actividad en que participa la persona, y como es posible encontrar en las sociedades actuales muchos y variados aspectos de la vida social que muestran altos niveles de autoritarismo y de ética primitiva, estos últimos inducen grados de autoritarismo y de ética primitiva personales semejantes a los de los diferentes ámbitos de actividad en que la persona vive, residuales en las sociedades y también en el individuo (ver punto 7.-). De aquí deriva el que denomino autoritarismo remanente, aquel del que no hemos podido desprendernos, en nuestros intentos de avanzar hacia la autonomía ético-moral. 20.- Resultados de la aplicación en la práctica de cada modo ético-moral, en grupos sociales. La aplicación práctica en un grupo social, en un ámbito de actividad dado, de la ética democrática -la moral democrática- conduce a una convivencia de tipo democrático, en que la relación predominante es la de cooperación entre iguales diferenciados [46]. La forma de regulación social predominante es la de autocontrol consciente y voluntario, por convencimiento propio. Similar aplicación a la práctica de los otros modos ético-morales conduce a una convivencia de características autoritarias, dictatoriales o de anarquía y/o de colapso social, en la que predomina la relación de dominación-sumisión y de dominio al arbitrio del más fuerte. La forma de regulación social predominante es la de control externo, obligado y forzado, de tipo policíaco. En la convivencia democrática aparece la sinergia, potenciándose los aportes individuales. Es decir, el esfuerzo conjunto del sujeto con los demás proporciona mayores frutos que lo que podrían obtener los sujetos por separado. La convivencia autoritaria o de ética primitiva se asemeja a los juegos de suma igual a cero: la suma de lo que obtienen los que ganan tiene que ser perdido por otros. Suele ocurrir que la eficiencia es todavía menor, ya que la suma de lo ganado tiende a ser menor que la suma de lo perdido. 21.-El respeto autónomo como criterio universal de evaluación é tico-moral. Creo que la definición dada del respeto base de la ética democrática -el respeto autónomo, punto 4.2.- puede ser utilizado también como criterio universal y permanente de evaluación ético-moral, el que permitiría la flexibilidad suficiente para absorber las diferencias entre las distintas culturas y de sus diferentes costumbres para expresar el respeto por sí mismo simultáneo con respeto por los demás -cada serie de costumbres constituirían una especie de idioma ético-moral especial- en diferentes culturas. Por supuesto, reformulado adecuadamente para estos efectos. Esta proposición no está orientada a lograr una ética regida por cánoneso o códigos fijos y eternos, por muy científicamente que se determinen, que es lo que se podría deducir de las proposiciones de Bunge (Anexo "Una ética científica", en {9}). La virtud del respeto en que se funda la autonomía ético-moral como criterio permanente es que permite ser aplicado en cualquier contexto cultural sin perder el contenido de cooperación entre iguales, que me parece la esencia del progreso hasta ahora alcanzado, lo más característico de lo humano (creo que es la base del desarrollo de los lenguajes, de la industria, de la ciencia, de la familia, y de las sociedades en lo que tienen de cooperación entre iguales diferenciados). 22.- El sistema conceptual del autoritarismo remanente aplicado al análisis psico-social. Creo que la aplicación de las categorías y distinciones que constituyen este sistema conceptual al análisis de los fenómenos psicológicos y/o sociales, adicionalmente a las actuales categorías de análisis de los sistemas conceptuales propios de cada dominio, es válida y enteramente factible y que, además, enriquece significativamente el análisis de todos los fenómenos sociales y psicológicos, históricos y actuales, permitiendo obtener explicaciones adicionales que, por lo que he visto hasta ahora, me parecen satisfactorias y sistemáticamente coherentes, y que, sin su ayuda, no las veo posibles. Espero que este trabajo me permita mostrar algunos ejemplos convincentes. Por último, creo que, una vez adquirida la capacidad de hacer las correspondientes distinciones entre lo que fue heteronomía y lo que fue autonomía de nuestro operar reciente, tendremos la opción de elegir, para nuestro operar de hoy y de mañana, entre una y otra alternativa. Y de analizar después si nuestra elección fue todo lo autónoma que deseábamos que fuera. 23.-El grado de civilización como proporcional o equivalente al grado de disminución del autoritarismo remanente. Creo importante partir aclarando qué es lo que entiendo por «civilización», y por «grado de civilización», aunque sea brevemente. El diccionario me da dos acepciones principales de «civilización»: -conjunto de costumbres, tradiciones, ideas, principios, ciencias y artes que constituyen y caracterizan el estado social de un pueblo o conjunto de pueblos. Es la acepción sustantivo y que engloba a la cultura, el grado de desarrollo de las relaciones sociales y el dominio de las ciencias y tecnologías. -acción y efecto de civilizar o civilizarse; civilizar es sacar a los pueblos o a las personas del estado salvaje, instruir, educar. La raíz latina es «civis», y quiere decir «ciudadano». Es la acepción verbo, de "adquirir civilización (sustantivo)" y también engloba los tres aspectos anteriores, el cultural, el de relación social y el científico tecnológico. Como los tres aspectos están constituidos por conjuntos de construcciones paradigmáticas, en cuya adquisición las personas utilizan necesariamente los mismos procesos de aprendizaje mencionados, y como la elaboración de construcciones paradigmáticas por medio de la autonomía implica mejor capacidad de adaptación, mejor calidad social de las relaciones, mayor coherencia entre las construcciones paradigmáticas y su aplicación en la práctica, cabe concluir que el grado de civilización de una persona o grupo de personas está en directa relación con el -o es directamente proporcional al- grado en que dicha(s) persona(s) ha(n) disminuido su autoritarismo remanente. En vista de lo anterior, asumo que «grado de civilización», de una persona o de un grupo social, indica un estado intermedio entre el salvajismo o barbarie totales, o estado de anomía, como extremo inferior y el de plena civilización, o estado de autonomía total y absoluta como extremo máximo superior, ambos extremos sólo teóricos e ideales, ambos inexistentes en la realidad actual, ya sea en personas -salvo tal vez los recién nacidos, que están en la anomía- como en grupos sociales. Debido al autoritarismo con que inicia su vida toda persona, el extremo superior es un límite ideal al que tienden las sociedades humanas, hasta ahora de autonomía creciente al considerar períodos suficientemente largos, y que probablemente no alcanzaremos nunca en la práctica, puesto que siempre tendremos una meta que estará más allá de lo que consigamos lograr. En un proceso enteramente semejante al que ha experimentado el «estado de los conocimientos científicos» y de su relación con la ignorancia inicial de las personas que se integran a la sociedad. Es lo que se conoce como «acercamiento asintótico al límite». Entre el extremo inferior de anomía y el superior de plena autonomía se encuentra el de heteronomía, estado intermedio que podemos considerar como de «socialización forzada», psicológica y/o físicamente, que se expresa en los modos ético-morales que he llamado autoritarismo y ética primitiva. Estos dos modos ético-morales se viven actualmente en mezclas -en el sentido ya indicado- con el modo de la autonomía, dando lugar a una especie de "promedio" de un «grado de civilización», asignable a las personas o grupos de personas que los experimentan y mantienen, en una co-construcción social continua y permanente. Por último, creo que el estado actual de las tecnologías de investigación social, en conjunto con el uso de este sistema conceptual y de otros sistemas conceptuales tambien existentes, hacen enteramente factible la elaboración de dos importantes herramientas para la investigación y desarrollo psico-social: -una escala de Grado de Civilización, con extremos y grados relativos a fijar arbitraria pero consensualmente, -los instrumentos para medir el Grado de Civilización relativa, en base a la escala anterior, que ha alcanzado una persona o un grupo de personas. Sólo faltan los medios para realizar este trabajo. Si consideramos que toda tecnología requiere de unidades de medida y de medios de medir para obtener con algún grado de certeza resultados deseados y deseables, estas herramientas pueden ser la base de tecnologías que permitan lograr un proceso de civilización de mayor velocidad que el ritmo natural que es posible observar en la evolución no perturbada de las sociedades [47]. La difusión masiva de estos instrumentos de desarrollo social pueden asegurar, por medio del control mutuo y del autocontrol, que no sean utilizados para obtener resultados no deseados o no deseables para el conjunto de las personas [48].
¿Sugerencias, críticas, comentarios, preguntas?. Envíalas al autor, pinchando aquí. Volver al comienzo de cont. Capítulo V
Notas, continuación Capítulo V [34] Véase Chacón, P. "¿Podremos civilizarnos...?" {12} págs. 76 a 90. Volver al texto [35] En la caracterización de estas sanciones por reciprocidad, así como en encontrar ejemplos, me ha sido de gran utilidad el libro de Lickona, "Raising good children", {20}. Volver al texto [36] Obviamente, los sistemas judiciales corresponden, en líneas gruesas, al contexto general de todo el sistema societal, por lo que se requiere cambios en todo el sistema societal si se desea modificar el sistema judicial, razón por la que la tarea propuesta es de enormes proporciones. Otro factor que complica todavía más esta propuesta es el proceso de transición desde los actuales sistemas judiciales a cualquier otro sistema nuevo. Véase en Chacón, P. "¿Podremos civilizarnos...?" {12} págs. 208 a 219, un análisis un poco más extenso sobre los sistemas judiciales actuales. Volver al texto [37] De acuerdo con estas consideraciones, que me parecen difíciles de cuestionar, resulta altamente inadecuado e inexacto catalogar a una persona de ser autoritaria -o de no serlo- [salvo cuando se trata de niños muy pequeños): esto implicaría que esa persona actúa siempre de modo autoritario, lo que ya no es posible en las sociedades actuales. A dichas consideraciones debemos agregar, necesariamente, el desarrollo diferenciado por ámbito de actividad. Lo que me parece más correcto es evaluar si una persona está actuando autoritariamente en una inter-relación específica, y, por último, si esa persona actúa autoritariamente de manera preferencial en un determinado ámbito de actividad. Lo mismo para el caso de personas que actúan preferentemente con autonomía. Creo que toda comparación o evaluación se refiere a cómo las personas están siendo o están actuando, pero en ningún caso a que sean, de modo permanente y absoluto, de un tipo o de otro. Esta "variabilidad" de las personas, que pasan de actuar de modo autoritario en un ámbito de actividad al actuar de modo democrático en otro ámbito es, a mi juicio, una de las características de los modos ético-morales que más han dificultado la investigación de la evolución ético-moral, puesto que las construcciones paradigmáticas de uso público suponen que las personas son buenas o son malas, y que también son o no son autoritarias, todo como un bloque. Nos cuesta aceptar que un torturador -o un tirano-, muy autoritario y hasta de ética primitiva cuando actúa como tal, puede ser un padre o un abuelo cariñoso y delicado al cambiarse a estos nuevos ámbitos de actividad. Me parece que hemos tenido en Chile ejemplos como los citados, en abundancia, que incluso han sido mostrados por largos años en la televisión. Volver [38] Puede verse una versión del autoritarismo hipócrita de los tiranos "buenos" o "de guante blanco", en el ámbito de las empresas, en Chacón, P. "¿Podremos civilizarnos...?" {12} págs. 233 a 235. Volver [39] En Chacón, P. "¿Podremos civilizarnos...?" {12} págs. 227 a 241, se puede ver un extenso y detallado análisis de las manifestaciones de los modos ético-morales en organizaciones y empresas, y de sus consecuencias habituales. Volver [40] Insisto en que la práctica cotidiana actual no presenta casos tan "puros" como los de estos ejemplos: siempre se dan mezclas de un extremo y del otro, sin perjuicio de que aparezcan esporádicamente situaciones reales que van mucho más allá de lo que he mostrado, las que, afortunadamente, son excepciones bastante escasas. Creo que ésta es la razón por la que los ejemplos pueden parecer muy "poco reales", casi caricaturezcos. A lo cual se suma, sin duda, mi reducida capacidad para "escribir teatro" con naturalidad. Volver [41] Pienso que estos ejemplos también constituyen otra prueba de que los estadios y todo el esquema del desarrollo del Dr. Kohlberg no corresponden al núcleo o meollo del desarrollo ético-moral, tal como ocurre en la realidad social. Si aceptamos la definición de «moral» ya dada, es decir, que moral es la práctica de la capacidad humana de conocer y posibilitar la recta conducta, y la que permite resolver los conflictos de intereses en las interrelaciones con otras personas, con el medio ambiente y con nosotros mismos, entonces podemos aceptar que «desarrollo moral» será el proceso de evolución de la moral de las personas de modo tal que las conductas sean cada vez más rectas y los conflictos de intereses sean resueltos de modos cada vez más satisfactorios para las partes involucradas. Es decir, la evolución ético-moral implica, para que sea evolución, un mejoramiento de la calidad social de los modos de relacionarse. Otros cambios, que eventualmente pueden ayudar a, y hasta ser necesarios para, esa evolución -tales como mejoras del lenguaje, de la maduración y crecimiento biológicos y de la capacidad cognitiva- pueden ser evoluciones en sus respectivos dominios, pero no constituyen evolución ético-moral si no conducen, necesariamente, al mejoramiento aludido -el que significa avance desde una forma de relación de calidad socializadora ya conseguida a otra mejor-. Creo que el modelo de Kohlberg no es un modelo de la evolución ético-moral dado que: -los estadios de Kohlberg están basados en la evolución de las concepciones del sujeto que evoluciona acerca de las realidades sociales y de su posición en estos contextos. -de esa evolución deriva otra que resulta en cambios en el modo de entender los principios ético-morales asociados. -de esa misma evolución deriva otra que produce cambios entre diferentes tipos de razones que lo motivan a acatar y aceptar las reglas o normas ético-morales y sus construcciones paradigmáticas de lo que es éticamente malo o bueno, es decir, sus principios ético-morales. -en todas las etapas del esquema de Kohlberg se puede razonar, aprender, aceptar y aplicar los valores ético-morales indistintamente por interiorización o por internalización, es decir, con heteronomía o con plena autonomía -salvo las dos primeras, que sólo posibilitan la heteronomía, debida al egocentrismo asociado a las edades correspondientes-, tal como lo demuestra la evidencia empírica aportada por Piaget. -y porque, finalmente, la calidad socializadora de la función ético-moral está determinada por el modo ético-moral derivado del esquema de Piaget y no por los principios ético-morales o los tipos de razones que los respalden (en sus características de tipo cognitivo), tal como lo demuestran los ejemplos recién expuestos. En efecto, si consideramos que los ejemplos demuestran que todo valor ético-moral puede ser aplicado con autonomía o con heteronomía, entonces cada estadio de Kohlberg, a partir del tercero, puede dar lugar al uso de los tres modos ético-morales propios de personas que han dejado de ser niños -mayores de 13 años-. Es decir, es perfectamente posible -y la realidad actual lo demuestra- que personas que estén en el último y más evolucionado estadio de Kohlberg -estadio 6, Orientación de Principios Universales-, utilicen los principios ético-morales con autoritarismo o ética primitiva, y sus acciones ético-morales resulten así de muy baja calidad social. Creo que es el caso de los «genios perversos», que desgraciadamente abundan en nuestro mundo actual, y que, defendiendo altísimos valores ético-morales -como los ecológicos o la defensa de los más pobres- emprenden o participan en actividades que pueden llegar a ser hasta francamente terroristas: en ellas operan, por supuesto, con ética primitiva. Es casi un lugar común que prácticamente todas las organizaciones ecologistas, de indudables buenas intenciones, propongan soluciones basadas en las más drásticas sanciones, típicas de un autoritarismo muy fuerte, y que en algunas ocasiones, por suerte muy contadas, emprendan campañas de violencia tal que pueden ser calificadas derechamente de terroristas. Al mismo tiempo, es también posible que personas que se encuentran en el tercer estadio de Kohlberg -Orientación de Relaciones Interpersonales de Mutualidad- actuen con un alto grado de autonomía ético-moral al aplicar sus concepciones y principios ético-morales. Este es el caso de una parte importante de los niños entrevistados por Piaget cuando se relacionan en sus juegos, y el de numerosas personas de las llamadas "simples", con escasa formación académica formal y con poco dominio de los lenguajes complejos y rebuscados, pero que demuestran alto grado de sensatez y sabiduría en sus relaciones interpersonales o con el medio ambiente. No me parece razonable que el esquema de Kohlberg y sus estadios, que dan lugar a tamañas indefiniciones, paradojas y ambivalencias, todas típicamente ético-morales, sea considerado y aceptado como de evolución ético-moral. Si bien dicho esquema refleja una evolución, ésta no es ético-moral. Volver [42] Ver, en la nota 27 de este Capítulo, mis comentarios sobre esta obra. En Chacón, P. "¿Podremos civilizarnos...?" {12} págs. 138 a 162, hay un extenso comentario de dicha obra y un resumen de los estadios de Kohlberg pero en su versión Lickona -significativamente distinta a la original- y un resumen de los importantes aportes de Lickona, tanto conceptuales como prácticos. Volver [43] Un análisis más completo se puede encontrar en P. Chacón, en el Anexo A, "Paradigma Psicológico" de la Tesis de Grado para optar a la Maestría en Ciencias Sociales, Arcis, Santiago, 1993. [Manuscrito no publicado aun][Nota 2001: se publicó, efectivamente, en 1998. {36}]. Volver [44] Esta conclusión está basada en numerosas consideraciones que Piaget hace en su libro "El criterio moral..." {26}, pero en especial en sus diversas "conclusiones", en las págs. 70 a 90, 146 a 165, 262 a 272. Estas están recogidas en Chacón, P. "¿Podremos civilizarnos..." {12}, págs. 113 y 252 a 253. Volver [45] Piaget estudia la relación entre práctica y conciencia de las reglas sólo en sus investigaciones sobre los juegos, de las bolitas o canicas y el de las escondidas. Sus otras investigaciones sólo tratan del juicio moral. Sin embargo, sus conclusiones resultan clarísimas: la coherencia entre práctica -moral- y conciencia de las reglas -ética- aumenta sólo en la medida en que, alejándose del egocentrismo inicial, aumenta la autonomía. Véase Piaget, J. "El criterio moral..." {26} págs. 18 a 90. Los hallazgos y las conclusiones de Piaget sobre este asunto están recogidas y analizadas en Chacón, P. "¿Podremos civilizarnos..." {12}, págs. 44 a 49, 110 y 111, y 249 a 250. Volver [46] Esta denominación, modo «de la cooperación entre iguales diferenciados», es una leve variación de aquella que Piaget asignaba al adulto civilizado: "...el adulto civilizado contemporáneo presenta este carácter esencial de una cooperación entre personalidades diferenciadas que se consideran iguales entre sí." [Piaget, J. "El criterio moral..." {26} pág. 72. El subrayado es mío]. Volver [47] Este punto es un microresumen de la proposición central de mi ensayo ya citado "¿Podremos civilizarnos..." {12}. La conclusión a la que llego en él es que la respuesta a su título es positiva, al menos teóricamente, es decir, contamos con las herramientas teóricas necesarias. Podemos civilizarnos más rápido, es cuestión sólo de contar con los medios. Volver [48] Un lector del ensayo "¿Podremos civilizarnos..." {12}, destacado profesional del área psicológica, calificó sus proposiciones como "un intento de controlar psicológica y éticamente a la población", por lo que sus aplicaciones a la práctica tendrían efectos de "sojuzgamiento semejantes a los del nacismo". Desgraciadamente, este lector no ha tenido tiempo de explicarme cómo interpretó qué parte de lo leido como para llegar a semejante conclusión, a pesar de haberle insistido durante varios meses en la conveniencia de conversar el punto. Este párrafo intenta asegurar que dichos efectos serían imposibles, dada la naturaleza de estas proposiciones, casi idénticas a las del ensayo, a menos que exista un terrible malentendido. Volver | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||