[Ensayos Ético-Morales]  

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Capítulo V (continuación)

10.-Las sanciones y su contexto.

Entiendo por sanciones a las acciones, físicas y/o psicológicas, que se aplican o que corresponde aplicar a las personas que infringen las reglas o normas establecidas y/o aceptadas, tanto social como individualmente.

Por lo tanto, las sanciones constituyen la materialización o aplicación a la práctica de lo que conocemos por «justicia», en un ámbito general amplio, no restringido sólo a las leyes establecidas del dominio judicial, y que las incluye.

De mi lectura de "El criterio moral en el niño" de Piaget deduje una sistematización de los conceptos de justicia y sanciones que este libro muestra, el que está contenido en mi ensayo "¿Podremos civilizarnos más rápido?" {12}, editado privadamente en 1989. Pienso que ese análisis es demasiado extenso y detallado como para incluirlo completo en este trabajo, por lo que he preferido elaborar unos cuadros que resumen ese análisis. Son los que presento a continuación [34].

Cuadros de resumen de las clases de justicia, las sanciones y de los sistemas judiciales o legales.


Cuadro 1. CLASES DE JUSTICIA


JUSTICIA DISTRIBUTIVA: indica la manera aprobada de distribuír o repartir. Cabe distinguir la «distribución exacta», de exactitud aritmética, de la «distribución equitativa», más elaborada, que considera las circunstancias que pueden alterar la exactitud aritmética para hacerla más justa.


JUSTICIA RETRIBUTIVA: indica la manera aprobada de tratar a los infractores de las normas o pautas ético-morales.


JUSTICIA INMANENTE: variante de la anterior, que supone que las cosas -o poderes superiores externos- castigarán las faltas, y hasta las intenciones de faltar, de modo `automágico´. Implica la aceptación de los conceptos de culpa y de la necesidad de la expiación. Es siempre heterónoma.


Ambos tipos de justicia, distributiva o retributiva, pueden ser aplicadas de manera autónoma o heterónoma, según sea la clase de sanción utilizada y, principalmente, la forma en que sea aplicada, y además, la forma en que sea recibida o asimilada por la persona sancionada.

Las clases de sanciones son las que explico, muy resumidamente, en el cuadro siguiente. Las expiatorias o autoritarias son características del modo de heteronomía ético-moral o autoritarismo y del modo de ética primitiva. Las de reciprocidad o democráticas lo son del modo de autonomía ético-moral, democrático o de cooperación entre iguales.


Cuadro 2.  CLASES DE SANCIONES

Expiatorias o autoritarias De reciprocidad o democráticas
Constituyen Castigos "dolorosos"para"lavar" las ofensas.

Consecuencias naturales o lógicas derivadas del acto sancionado.

Orientación 

Su objetivo declarado es evitar la reincidencia por medio de atemorizar a posibles reincidentes. Su objetivo psicológico real  es "pagar" o "lavar" las culpas mediante sufrimiento físico y/o psicológico, producto de castigos o penitencias. Su objetivo declarado es idéntico y coincidente con el objetivo psicológico: ambos son evitar la reincidencia, usando la comprensión del sentido de la norma por parte del in fractor, y, además disminuír el daño causado en todo lo que sea posible.

Suponen

 Maldad del culpable, mancillamiento de la conciencia individual y social, ofensa a la autoridad en nombre de quien  se dictó la norma.   Falta de comprensión del  objetivo social de la norma, ruptura del lazo o contrato social con los iguales del sujeto.

Conceptos asociados

Culpabilidad del causante, necesidad de reparación, ofensa de la autoridad externa. Entrenamiento moral incompleto o inadecuado del infractor, contrato social entre iguales por consenso.

Papel del que aplica la sanción

Es el ejecutor de un deber superior, redime al culpable en nombre de la autoridad externa superior. Es un instructor del que no sabe decidir adecuadamente, busca la comprensión de los criterios de acción convenientes para la sociedad.

Efecto de su aplicación reiterada en el sujeto

Aceptación de su maldad intrínseca, búsqueda de reconocimientos negativos. Comprensión de haber roto el contrato social, y en qué consiste dicha ruptura.
Aceptación de la marginación -ayudada por la rabia sentida- y deseo de reincidir para "castigar" al grupo social que lo margina, descalificación de los "buenos",que son "malos" y/o "tontos". Comienzo de la escalada simétrica de rebeldía, a ver quién es más malo. Comprensión del sentido de las normas. Aceptación de la capacidad propia de actuar conforme a dichas normas y de obtener así reconocimientos positivos. El haber comprendido es ya estimulante y mejora la autoestima. Aumenta la sensación  de pertenencia al grupo social.

Efecto social

División del grupo social en "malos" y "buenos", formación de sub-grupos de pseudo-iguales marginados, aumento de la "delincuencia" y de actitudes antisociales y de rebeldía "sin causa". Recuperación de las personas que, puntualmente, han transgredido las normas, aumento de la cohesión del grupo social,disminución de la delincuencia y de las actitudes antisociales.

Aplicadas por

Justicia heterónoma, o autoritaria. Los actuales sistemas judiciales de casi todo el mundo.  Justicia autónoma, o democrática. Existen sólo vestigios en algunas sociedades actuales.

A continuación expongo una enumeración ejemplar de algunas de las sanciones de cada tipo o clase. Por razones de espacio están muy resumidas, indicándose sólo sus características más destacadas.

En las sanciones expiatorias he intentado ordenarlas por lo que me parece su grado decreciente de primitivismo, o, lo que me parece equivalente, de heteronomía decreciente.

Cuadro 3 ENUMERACION DE ALGUNAS DE LAS SANCIONES EXPIATORIAS
Sacrificios rituales La víctima expiatoria -mejor si es inocente- "redime" de  sus culpas y de su maldad a todo el grupo social.Está basada en la noción -muy primitiva- de la transmisibilidad de las culpas y de la responsabilidad. Variantes: mutilaciones, sacrificios simbólicos y/o con sufrimiento psico lógico, incluso voluntarias, como mutilaciones y/o sacrificios y/o sufrimientos autoinfligidos.
Torturas  Uso del maltrato físico y/o psicológico con diversas "justificaciones", con o sin juicio previo. Acompañadas de sadismo y mesianismo.
Castigos corporales Producción intencional de sufrimiento físico y psicológi co del culpable, que "borra" la culpa. Generalmente acompañada de sadismo y cólera -santa indignación-. Proporciona al culpable motivos para entrar en la escalada de quién gana a ser más bruto y producir mayores daños.
Venganzas "Justicia" por mano propia, implica la ruptura voluntaria del contrato social, por lo que se oculta. Recurso privado o institucionalizado (como el Comando de Vengadores de Mártires, COVEMA, en Chile). Variantes: los antiguos linchamientos y las modernas acciones punitivas de "tiempos de paz" aplicadas por las naciones "civilizadas" actuales. También las represalias económicas utilizadas por las "grandes" potencias.
Vendettas Variante de las venganzas, que involucra a grupos de personas, el ofendido y el ofensor. Implica la aceptación de la transmisibilidad de las culpas, de las ofensas y dela responsabilidad.
Castigos moralmente dolorosos El mismo principio de los castigos corporales, pero evitando el daño o dolor físico. Utilizan la humillación, la degradación y la descalificación del culpable. Se usan, como un mal sucedáneo, cuando la presión social impide la aplicación de los castigos corporales.
Torturas psicológicas Variante de las sanciones anteriores y de las otras torturas, usadas como sucedáneo impuesto por la presión social.
Multas Consisten en el pago -textual- de las culpas. Están cuidadosamente reglamentadas para proporcionarlas a la gravedad de los "hechos" resultantes, y no consideran para nada las intenciones de los causantes. Son intrínsecamente injustas -castigan más a los más pobres- y se "justifican" destinando lo recaudado a fines de bien social o a beneficio fiscal.
Penas de cárcel Su razón declarada es proteger al resto de la sociedad,  separando de ella a los delincuentes peligrosos. Su aplicación real significa graves humillaciones, degradaciones y maltratos de los que las sufren, tanto físicos como psicológicos, además de evidente abuso de poder. Esto se ve agravado por la existencia de un "código interno" en las cárceles, de un primitivismo difícil de creer, tolerado y hasta fomentado por los guardianes, los que aducen que les sirve para "mantener el orden". Estas penas son la base principal de los sistemas judiciales de casi todas las sociedades del mundo, incluso de las que se autoconsideran como "las más civilizadas".
Castigos simples o censuras expiatorias Son formas de censura verbales y posturales -como amonestaciones, retos y recriminaciones- pero efectuados con el ánimo de castigar y hacer pagar la falta cometida. Las  que parecen sanciones de reciprocidad, pero que son aplicadas con esta misma connotación, entran de lleno en este grupo.

A continuación haré una enumeración ejemplar de algunas de las sanciones de reciprocidad o de autonomía ético-moral. Son tan poco frecuentes en nuestras sociedades actuales que nos parece, al terminar el cuadro anterior, que hemos agotado las posibilidades, que ya no quedan más sanciones. Lo que, en cierto sentido, es cierto: hemos terminado con las sanciones si se las considera como sinónimo de castigo. Pero, como veremos, también cabe la posibilidad de considerar las sanciones como consecuencias de la infracción de las normas y/o del comportamiento erróneo, casi necesariamente desagradables para el infractor, pero que pueden -y conviene- tomarlas como errores y oportunidades para progresar moralmente: también se puede aplicar aquí uno de los principios más fructíferos de las ciencias, aprender de los errores y de las equivocaciones [35].

El orden en que las muestro no indica, como en el caso anterior, primitivismo relativo: todas son igualmente evolucionadas. Las separo porque creo que son apropiadas para distintos casos y circunstancias, unas para niños otras para adultos.

Cuadro 4 ENUMERACION DE LAS SANCIONES DE RECIPROCIDAD
Condición básica Deben ser aplicadas sin cólera o ánimo (efecto real) de castigar, humillar o hacer pagar la falta al causante. Es vital aquilatar las intenciones que motivaron el hecho juzgado. Son apropiadas, cada una, para diferentes casos específicos. Se "deducen", por razonamiento, nuevas sanciones de reciprocidad para casos no mencionados.
Soportar los efectos del acto reprobado Consiste en que, temporalmente, el causante soporte los efectos naturales de su acción, la que le perjudica. Sir ve para que el infractor comprenda la razón por la que dicho acto se considera indebido, y por la que no debe repetirse.
Exclusión temporal Es mostrar el sentido de la regla mediante la experiencia  de la separación del grupo social. Necesariamente temporal, limitada al mínimo indispensable para lograr la comprensión del sentido u objetivo social de la norma
Privación temporal Consiste en privar al causante del uso de los elementos que ha dañado o de los que ha abusado. Necesariamente temporal, con período mínimo indispensable para que entienda por qué no debe abusar o dañar.
Reciprocidad simple   Consiste en hacerlo experimentar lo mismo que él hizo a  otro, para que sienta lo que el otro sintió. Se trata de que aprenda a ponerse en el lugar de los otros. Es apta sólo para personas muy "concretas".
Sanción restitutiva  Consiste en hacerlo devolver lo robado, reemplazar lo da ñado, y, en general, reparar lo que ha ocasionado. Lo ideal es que el sancionado, ayudado por otros, decida por sí mismo la forma de restitución, ojalá de manera volun taria. En muchas ocasiones, si no es factible reparar los daños producidos, se recurre a compensaciones.
Sanción moral o simple censura Es la explicitación inequívoca de la ruptura del contrato  social por la comisión del acto reprobado, para que el infractor comprenda las razones que avalan la regla, por qué no es conveniente hacer lo que él hizo, para que tome conciencia de haber actuado inadecuadamente y comprenda cuál es la forma conveniente de decidir y actuar en el caso en cuestión. Es la sanción de reciprocidad por excelencia.

Si evaluamos los sistemas de justicia establecidos en una sociedad, por la vía de una constitución y de sus sistemas judiciales, por el tipo de sanciones que utilizan de preferencia, creo que es razonable establecer las distinciones que contiene el cuadro siguiente.

Cuadro 5 TIPOS DE SISTEMAS JUDICIALES (Extremos ideales)

SIST. HETERONOMO O AUTORITARIO SIST. AUTONOMO O DEMOCRATICO
Aplica sólo sanciones expiatorias y se elabora en base a los conceptos morales que las soportan, es decir, prejuicios, supersticiones morales y dogmas. Aplica sólo sanciones de reciprocidad, y se elabora fundándose en los conceptos morales que les sirven de base, es decir, juicios, valores y principios ético-morales de autonomía.

Al terminar estos cuadros, creo conveniente aventurar unas breves reflexiones que, aunque se salen del objeto de la exposición, están, a mi parecer, plenamente justificadas.

Luego de considerar lo que se resume en estos cuadros, me parece que no cabe más que concluir que los actuales sistemas judiciales contienen mucho más heteronomía que autonomía. No sólo se trata del tipo de sanción que usan de preferencia -sin duda priman las expiatorias con algunos vestigios de las de reciprocidad- porque su utilización preferente muestra concepciones de fondo de extrema heteronomía.

Por lo que me parece que no resulta razonable aceptar la permanencia de nuestros sistemas de "justicia" sin hacer nada. Creo indispensable repensarlos y modificarlos en todo aquello que corresponde ser cambiado, lo que, después de lo visto, me parece evidente e indiscutible. No creo que sea lícito hablar de sociedades democráticas si en ellas impera -como un emperador- la heteronomía que desgraciadamente impregna casi por completo a todo este campo de la actividad social, el que, a su vez, se interconecta con casi todas las actividades de una sociedad moderna. La tarea es enorme, sin duda, razón más que suficiente como para empezar de inmediato [36].

11.-Determinación del modo ético-moral predominante por la expresión de los aspectos constitutivos.

Las personas vivimos permanentemente eventos sociales, en los que interactuamos con otras personas, reales o ficticias. Cada uno de estos eventos sociales es generalmente complejo, compuesto de varias situaciones o sucesos, cada uno de los cuales es entendido y vivido por cada uno de los participantes según sus propias construcciones paradigmáticas pertinentes y en rutinas, conscientes y/o no conscientes, según su propia forma habitual o familiar de vivirlos. Por lo tanto, cada evento puede ser vivido de modo que cada participante puede estar empleando más de un modo ético-moral, uno específico para cada una de las rutinas no conscientes y conscientes simultáneas con las que vive el evento, y además, cambiando de uno a otro modo en el transcurso del evento. Sin embargo, es posible, y conveniente, distinguir el «modo ético-moral predominante», como el que marca o define el evento en su conjunto [37].

Se puede distinguir el modo ético-moral predominante usado por una o varias personas, en una situación dada, por el análisis de los aspectos constitutivos de los modos ético-morales expresados por las personas en su interrelación.

Este mismo análisis permite determinar el modo ético-moral predominante empleado en eventos sociales actuales, pasados o planeados para el futuro, tanto realmente ocurridos como hipotéticos.

Los dos ejemplos del punto siguiente servirán también -aparte de su objetivo específico- para mostrar una de las maneras posibles de detección del modo ético moral.

12.-La influencia del modo ético-moral en la aplicación del mismo valor ético-moral.

Daré a continuación dos ejemplos, simplificados para que no sean tan largos, en los que creo queda de manifiesto que los modos con que se aplican los valores tienen una influencia mucho mayor que el valor ético-moral mismo en la «calidad social o socializadora» de la relación, por lo que se puede afirmar que es el modo ético-moral el que, básicamente, determina la calidad de la convivencia social.

De paso, estos ejemplos también sirven para mostrar una de las maneras posibles de analizar un suceso social a fin de detectar el modo ético-moral empleado por las personas que intervienen en el sistema de sus interacciones, buscando en las actuaciones de cada una de ellas los aspectos constitutivos de los modos ético-morales.

Mi experiencia me dice que, en la vida real, no se dan habitualmente casos tan cargados hacia uno u otro modo como los que muestro aquí, sino que mezclas que van cambiando en el transcurso de la interacción de un modo a otro. Estos ejemplos valen en tanto casos demostrativos. Sin embargo y por desgracia, la realidad suele producir situaciones mucho más fuertes y violentas que las ejemplificadas.

12.1.-La mentira de un niño.-

En este ejemplo la historia básica es la de un niño que ha mentido a sus padres, los que se han dado cuenta de esta infracción. El valor involucrado es «no mentir», equivalente a «decir la verdad». Nótese que, en ambas versiones, se trata del mismo valor ético-moral, y que lo único que cambia es el modo en que es aplicado por los padres y aceptado por el niño.

Versión autoritaria de la historia.

Descripción de los sucesos  Análisis de los contenidos psicológicos y comentarios
Reacciones de los padres:  
-¡Eres un mentiroso! (con enojo, gritando), nos has engañado. La comisión de una falta la tratan y asimilan a una característica negativa y permanente del niño. La falta es contra los padres. Los padres se autoconsideran la autoridad superior externa del niño, que debe ser obedecida sin chistar. La falta «ofende» a los padres y hace malo al niño.
-¡Tantas veces que te hemos dicho que no debes mentirnos!.¡¿Cuándo vas a aprender?! Le dicen que no debe mentir porque es una orden repeti da por ellos. La validez de la regla radica en que ellos lo  dicen. No hay razones, sólo una orden. Le muestran dudas de su capacidad de hacer lo que es correcto, y molestia por no haber aprendido todavía.
 sin postre y sin televisión! (es lo que más le gusta al niño) -¡Por mentiroso, estás castigado, Le aplican castigos que le duelan, para que pague su  culpa: eligen lo que más le guste, para que le duela más, y se lo prohiben (uso de sanciones expiatorias). Insisten en que es mentiroso (lo incitan y fuerzan a sentirse culpable y  malo). Las sanciones se aplican sin determinar la duración del castigo, la que queda al arbitrio de los padres. Esta indefinición hace más doloroso el castigo.
-¡Pobre de tí si te volvemos a pillar mintiéndonos!.¡Te va a pesar! Es amenazado con castigos mayores en caso de que sea  sorprendido mintiendo de nuevo: aparece la duda de si es más grave que sea sorprendido que el hecho mismo de mentir. Hay dos reglas implícitas: «no mentir» y «que no te pillen», en que la segunda implica que puedes mentir si no te pillan. No dicen cuál será el castigo en caso de reincidencia, sólo que será peor y más doloroso, porque la intención es asustarlo lo más que se pueda. Uso de sanciones expiatorias, uso ambiguo de las reglas, al arbitrio de los que las dictan (ellos mienten), uso de reglas incoherentes entre sí («no mentir» y «puedes mentir si no te pillan»).
-¡Nadie quiere a un niño mentiroso! Si sigues mintiendo, no te vamos a querer más. Le aplican "chantaje afectivo", disminuyendo su autoes tima, porque, como es mentiroso, no es digno de ser querido.  La amenaza de no quererlo se hace más grave porque el niño sabe que le cuesta mucho no mentir, es casi seguro que volverá mentir y entonces no será querido. Es otra forma de castigo o sanción expiatoria, psicológicamente dolorosa.
Reacciones explícitas,habladas, del niño:  
-Es que yo no quise decir eso que me entendieron...(trata de inventar una excusa, sin más resultado que la violenta respuesta de "¡No sigas mintiéndonos!.. ¡No contestes a tus padres!)  En realidad, el niño -como cualquier adulto- no tiene ninguna "buena razón" para haber mentido. Todas sus posibles razones -salvo excepciones poco frecuentes- son "malas" e inconfesables: mintió para evitar ser castigado, para conse guir algo, o por otras semejantes. La simple fabulación in fantil tampoco le sirve de excusa, puesto que "tiene la orden" de no mentir. Las duras respuestas de sus padres le refuerzan la metaregla «los que deciden y dictan las reglas son los padres», «los niños buenos no piensan (no usan el análisis crítico propio) sinó que obedecen». 
De aquí en adelante el niño permanece en silencio, soportando sumisamente los retos (el enojo) de sus padres y sus humillaciones.  Ir a cumplir luego con su castigo será para él un alivio, muy esperado pero no siempre concedido pronto por sus padres: se lo darán cuando el enojo ceda, o bien, cuando crean que el niño ha sufrido lo suficiente.
Las reacciones siguientes son sólo pensadas y sentidas por él de manera difusa y sin llegar a explicitarlas, en rutinas no conscientes.
-Soy un mentiroso, no lo puedo negar, aunque no me guste. Un niño pequeño, todavía muy egocéntrico y autoritario, cree lo que los padres dicen, sin criticar ni dudar. Entonces acepta ser mentiroso y también acepta y cree merecer las consecuencias que le han dicho. Su autoestima disminuye, así como su confianza en mejorar en el futuro: puede llegar hasta el punto de asumirse como «mentiroso», y seguir mintiendo intencionalmente.
-Además, soy un "mal mentiroso", porque además me pillan. Mis padres también mienten, pero a ellos no los pillan.  No sólo se considera malo por ser mentiroso, también con mala suerte, por haber sido pillado, acaso por mala suerte -busca una ex plicación mágica-. El niño sabe que sus padres también mien ten -los ha sorprendido- pero los efectos de sus mentiras son "buenos" o eficientes: es porque ellos sí saben cómo mentir. Supone que se debe a que los engañados creyeron la mentira, no pillaron a sus padres. Aumenta la diferencia que él percibe entre él mismo y sus padres.
-Tengo que aprender a "mentir bien", para que no me pillen. Por su interés en ser aceptado y querido por sus padres y ante la certeza de que volverá a mentir -no lo puede evitar- se fija una meta: aprender a mentir sin que lo pillen. Por lo tanto, no influye para que mienta menos. Sin ningún método claro -no consigue entender porqué funcionan las mentiras de sus padres y no las suyas- seguirá mintiendo para "aprender", tratando de correr los riesgos más pequeños que le sea posible.

Por tratarse de un ejemplo, me parece suficiente con estas pocas consideraciones. Pienso que no he exagerado lo que he visto en la vida real. Más aun, he sido testigo de situaciones mucho peores, de violencia inaudita, hasta con golpes.

Cabe destacar que esta historia también puede seguir siendo autoritaria aun cuando no griten ni sea escandalosa: también lo será si las intenciones de los padres siguen siendo las de hacer que el niño sufra para que pague sus faltas y se mantengan las otras condiciones del modo ético-moral: es lo que se puede llamar autoritarismo hipócrita, de muy buenos modales y hasta de gran cariño aparente, pero de idéntico modo ético-moral [38]. He optado por la versión con gritos, aunque sin golpes, porque creo que es la más frecuente, pero el lector puede releer la historia cambiando mentalmente modales -más suaves o más violentos, y verá que también corresponde a sucesos reales, también autoritarios.

Pero estoy seguro que existe otra manera de enfrentar la misma situación, porque también he visto en la práctica la versión democrática de la misma historia, para el mismo valor ético-moral: «no mentir». Veámosla.

Versión democrática de la historia de la mentira del niño.

Descripción de los sucesos Análisis de los contenidos psicológicos y comentarios

La interacción se da ahora como una conversación entre el niño y los padres, a la cual es convocado el niño a raiz de la certeza de que ha mentido y que no ha hecho la aclaración que correspondía. El clima es de cierta incómoda solemnidad por parte de todos. Es una   conversación entre los padres y el niño.

-Uno de los padres:(Con curiosidad, sorpresa y preocupación, pero sin enojo ni rabia) Sabemos que eso que nos dijiste no era cierto, que mentiste. ¿Qué te pasó?. ¿Porqué pensaste que tenías que mentir?. Por favor explícanos.

 

Plantean el problema clara y directamente, sin dudas. Y lo plantean como «el hecho de quemintió una vez» (y no que el niño sea mentiro so). Suponen que el niño piensa y que tuvo razones que puede explicar, razones que pueden ser tan buenas como para ser aceptadas por ellos.
-El niño: No, es que Uds. me entendieron mal... (Avergonzado, trata de inventar una historia verosímil que disfrace su mentira). Trata de "escabullir el bulto", aduciendo un mal entendido
-Uno de los padres: (Con mucha calma, muy serio y tranquilo) No trates de arreglarlo así. Sabemos lo que dijiste y sabemos que mentiste. Este es un problema de nosotros tres, de tí y de nosotros, y necesitamos que se arregle. Para eso tenemos que decir la verdad y ver qué pasó. Entonces podremos arreglarlo. Si uno miente, a veces tiene razones para mentir. Algunas son buenas y otras no. Explícanos bien que razones tuviste tú. Con firmeza pero sin alterarse le evitan que se enrede con otras mentiras. El problema es más acotado aun: está claro que mintió una vez, no que sea mentiroso. Además, ahora el problema es asumido por todo el grupo y desean analizarlo juntos para resolverlo (no para avergonzarlo o para que sufra y se humille). Plantean un método para resolverlo juntos (cooperación entre iguales) que consiste en «decir la verdad y analizar los hechos y las intenciones». Aceptan que toda la gente miente a veces (el niño no es un caso excepcional ni es malo), y que si era o no co rrecto mentir depende de las circunstancias, las razones y las intenciones. Al insistir en que muestre sus razones están fomentando su razonar explícito -para él mismo y para los demás-, va lorándolo.

-El niño: Yo pensé que ustedes se iban a enojar conmigo.Por eso dije eso, mejor. Pero después les iba a decir la verdad.

Olvidadas su reserva y su temor, expone su razón principal: ocultar una acción que efectuó  sabiendo que no era correcta. Pero también agrega una disculpa poco creíble, que podría ser rebatida o puesta en duda con mucha facilidad. 

-Uno de los padres: Mira hijo, parece que tenías razón, que nos habríamos enojado un poco, y que te habríamos llamado la atención. Pero creo que ésa no es una buena razón para mentir. El que mientas me parece peor que aceptar que hiciste algo que no debías haber hecho, y también las consecuencias de haber hecho lo que no debías.

Aceptan la validez, aunque parcial, de su razonamiento. Al mismo tiempo, le están dando un nuevo criterio, «evitar una llamada de atención  no es motivo suficiente para mentir», junto con recomendar que debe aceptar las consecuencias de haber actuado en contra de las reglas establecidas.
-El niño:(muy agitado) Es que yo no quería que supieran lo que hice...Y además yo les iba a decir la verdad después... El niño se altera, saliéndose un poco del clima de razonamiento tranquilo. Insiste en su disculpa poco creíble, inventada a última hora.
-Uno de los padres:(Con calma y cariño, tranquilizándolo) Cálmate hijo, si no es tan terrible si lo conversamos y lo arreglamos. Conversándolo lo vamos a arreglar. (Ambos padres suponen que la última disculpa pudo ser inventada a última hora, por lo que no la toman en cuenta). Lo que ya hiciste es otro problema y lo vamos a conversar después, y también lo vamos a arreglar. Ahora estamos conversando de no decir la verdad.  Le devuelven la tranquilidad por medio de afecto junto con razonamientos, asegurándole que se va a solucionar conversando, que razonando se  arreglan los problemas. No toman en cuenta su "disculpa" y le aseguran que su mala actuación no es el punto que les interesa, centrando claramente la atención en la veracidad. Otra indicación de mé todo: analizar una sola cosa a la vez, especial mente indicada para niños que no pueden considerar todavía varios asuntos de manera simultánea. Ellos se están poniendo en el nivel de capacidad de razonamiento del niño, sin exigirle que pien se como adulto. Asumen el punto de vista de la parte más débil, sin imposiciones ni mandatos.

-El otro padre: Mira hijo, deja que te explique otra vez:(antes ya habían tenido conversaciones parecidas sobre la mentira)para que tengamos una vida rica y tranquila, resolviendo los problemas que se nos vayan dando, es muy importante que nos tengamos confianza, que sepamos que nos decimos la verdad y que confiemos unos en otros. Si no nos creemos  entre nosotros la vida se nos hará muy desagradable: ¿cómo vamos a saber cuándo creer y cuándo no?.

No tienen inconveniente en repetir una vez  más, sin alterarse, conversaciones anteriores, dándole al niño muchas oportunidades de razonar de diferentes maneras sobre un mismo tema. Le aportan muy buenos motivos para ser veraces -to dos, no sólo el niño- basándose en razonamien tos: lo importante de la confianza mutua en la convivencia armónica. Lo hacen con argumentos simples, al alcance del niño. En caso de faltar la confianza, nadie puede saber a qué atenerse, los mayores igual que el niño: el niño es tratado como un igual en cuanto persona, considerando sus limitaciones como na turales y temporales.

-El otro padre: Imagínate lo que pasaría si yo te mintiera unas veces y otras te dijera la verdad. ¿Cómo podrías saber tú cuándo te miento y cuándo no?. Eso, ¿te gustaría?. (Lo esperan un poco para que el niño lo piense y reaccione, sin apurarlo) 

De manera sencilla y simple, le alientan a ponerse en el lugar de las otras personas, a i maginarse lo que le pasaría a él si..., si a él le gustaría que.... Lo están acompañando en una forma de razonar que a él, sin ayuda, le cuesta hacer.

-El niño: Yo no podría saber. Y no me gustaría que ustedes me mintieran.

 

El niño ha pensado por sí mismo y lo hace explícito: no cabe duda de que ha entendido, y entonces participa junto a sus padres haciendo su aporte, diciendo lo que sentiría.
-Uno de los padres: A nosotros tampoco nos gusta. Lo importante es que lo entiendas así, y que, antes de mentir, te acuerdes que no nos conviene mentirnos, que es más rico confiar en los demás y que los demás confíen en uno. Le confirman que ellos sienten igual que él, y que sus deseos eran que él entendiera las razones que avalan la regla flexible de «no men tir», y que luego, por haber comprendido y acep tado por su propio razonar activo, también se acuerde más adelante. Además ahora lo generalizan a toda la gente, no sólo al grupo familiar.
-El otro padre: Cuando una persona miente varias veces, es casi seguro que los demás se van a dar cuenta alguna vez. Entonces, no le van a creer. Porque no se le puede creer a las personas que mienten varias veces, ¿no te parece?.  La generalización a todas las personas con tinúa, haciendo ver los riesgos de mentir varias veces, para hacer clara la diferencia con el ni ño que ha mentido una sola vez en un tiempo lar go. La razón explícita de la regla «no mentir» es evitar su consecuencia lógica: que la gente no le crea. Le piden su opinión, tanto para ha cerlo participar como para saber si ha entendido por sí mismo.
-El niño: Cierto, no se les puede creer. Pero ¿qué puedo hacer si se me sale una mentirita de repente?. El niño expresa su opinión coincidente con la de sus padres, confirmando, por el tono, que ha repetido el razonamiento. Expresa su temor de volver a mentir -en esta tendencia no es diferente al niño de la otra versión-, pero ahora pide una solución para esta eventualidad casi segura: ¿que es lo que conviene hacer?.
-Uno de los padres: Eso mismo le pasa a muchos niños, y también a la gente grande. (Medita un momento). En ese caso, lo mejor es que al momento mismo de decirla, te acuerdes y digas que te equivocaste, que se te salió, y que digas la verdad lo más pronto posible. Ojalá de inmediato.  Vuelven a decirle que él no es un caso es pecial ni malo. Le proponen una solución posi ble, incluso con la alternativa de que no diga la verdad de inmediato, pero que es mejor así. Probablemente es el modo en que ellos mismos re suelven un caso semejante.
-El niño: ¿Aunque se enojen conmigo?. El niño anticipa un posible resultado negativo de desdecirse, y luego decir la verdad. Confirma así que entiende claramente.
-Uno de los padres: Nosotros nos podemos enojar un poco por lo que digas, pero preferimos que digas la verdad. Si dices la verdad nos vamos a enojar mucho menos por lo que digas. A los demás les va a pasar lo mismo que a nosotros. A toda la gente le gusta que le digan la verdad.  Le confirman que su estimación era correc ta, que su reacción puede traer un poco de eno jo, pero que esa alternativa es mejor que men tir, que incluso aminora el enojo. De su propia visión recalcan la generalización al resto de la gente.

Aunque es posible obtener muchas otras conclusiones de este ejemplo, tal vez demasiado puro como para que se de con frecuencia, pienso que muestra claramente la gran diferencia que el modo ético-moral tiene sobre la aplicación del mismo valor ético-moral.

En el modo autoritario se termina con el niño inseguro, resentido, humillado, dolido, y, para peor, tal vez con la intención de "mejorar" su habilidad de mentir, con la tendencia a la rebeldía autoritaria. Los lazos familiares quedan debilitados y el niño con menos autoestima que antes y probables sentimientos de culpa. La repetición de estos sucesos pueden llevarlo a "asumir su maldad", a aceptar que no tiene remedio.

En el modo de autonomía o democrático el niño comprende en qué ha roto o puesto en peligro el lazo social, entiende el sentido de la regla y para qué le sirve a él y a otras personas, aprende a razonar y a valorar su propia capacidad incipiente de razonar, se siente querido, comprendido y apoyado por sus padres, por lo que su error -no su culpa- le ha servido para aprender y ejercitar su capacidad de adaptación al medio social.

Por si surgiera la duda de que el valor «no mentir» es de algún modo privilegiado para favorecer el uso del modo de la autonomía, o que los modos ético-morales son útiles "sólo para tratar con niños", el próximo ejemplo puede eliminar esas sospechas.

12.2.-La pérdida de una pieza cara por falla de un operador.-

La historia básica es la de un operador de máquina de una industria que, en el trabajado de una pieza de gran valor, se excedió en cortar material, por lo que dicho material ha quedado inservible para esos efectos y, además, se ha perdido el maquinado previo y el tiempo empleado en él. Por último, el atraso que significará rehacer el trabajo, si se suma a una demora considerable en dar el aviso de la falla y en recomenzar, ya no permite cumplir con el plazo de entrega, por lo que habrá que pagar una fuerte multa. Si se toman medidas a tiempo, sin demoras, cabe la posibilidad de cumplir con el plazo de entrega.

En esta historia ya no están involucrados valores ético-morales generales, como en el caso anterior, sino que una regla, no escrita pero plenamente vigente en las fábricas, de lo que es correcto y conveniente hacer cuando un operador de máquina comete algún error que afecte a la producción. Esta "norma de conducta" tiene distintas versiones según sea el modo ético-moral imperante en la empresa, e implica diferentes "papeles" a jugar por las distintas personas participantes [39].

Veamos entonces, dos versiones de esta historia, ambas inventadas de punta a cabo, pero que, con variaciones más de forma que de fondo, ocurren con frecuencia en las empresas chilenas.

Versión autoritaria de la historia de la falla del operador.

Descripción de los sucesos  Análisis de los contenidos psicológicos y comentarios
-El patrón: ¡Maestro!. ¿Qué pasa que todavía no termina esa pieza?. Ya estamos a punto de atrasarnos. Por sus modos, este patrón es temido por sus trabajadores, por lo que el maestro ha ocultado su equivocación sin alterna tiva de solución posible, postergando su enfrentamiento con el patrón, y también la solución efectiva del problema.
-El maestro: (Como si tuviera dudas) Sabe jefe, parece que tenemos un problema con esta pieza. Parece que vamos a tener que hacerla de nuevo. Trata de plantear el problema como si fuera "de todos",  sabiendo que el patrón se lo va a cargar a él. Sigue haciendo como si fuera sólo una posibilidad, aun cuando sabe que es una  triste realidad.
-El patrón: (Con sorpresa y empezando a enojarse) ¿Cómo dice? ¡Usted está loco! Eso no puede pasar. Tiene que terminarla de inmediato. Vislumbra el desastre, pero se niega a aceptarlo, y trata de forzar al maestro a hacer lo imposible. Todavía está tratan do de Ud. al maestro y no está usando insultos.
-El maestro: (Con un hilo de voz, encogido) Ya nos pasó, jefe. Se me pasó la mano con el corte y quedó más chica que la medida del plano... Sin otra alternativa, confiesa la verdad: la pieza es i rrecuperable y el trabajado anterior se perdió. Intenta expli car lo que ha ocurrido. Su actitud sumisa es un modo de aplacar la esperada furia del patrón.
-El patrón: (Interrumpiéndolo, furioso) ¡Cómo dices, inútil!.¡Echaste a perder esa pieza! (Lo insulta repetidamente).¡Qué tipo más bruto!...  Ante la certeza del desastre, la furia del patrón se desa ta, comienza a insultarlo, a humillarlo, usando todo su reper torio de ofensas y sin ningún respeto, sin escuchar lo que el otro diga: se está "descargando" y desquitando con el otro.
-El maestro: (Humildemente, mirando al suelo) No sé cómo me pudo pasar... Parece que me equivoqué en la última medida y le dí más corte que el necesario... Trata de explicar su error, siempre aplacando al patrón  con su actitud humilde. No se le ocurre aducir su "derecho" a equivocarse. Acepta ser interrumpido por los insultos del pa trón como una manera de "pagar" o "lavar" su culpa. 
-El patrón: (Gritando y gesticulando, interrumpiendo las explicaciones del maestro, casi sin escucharlo) ¡Y con lo atrasados que estamos! ¡Esto me lo vas a pagar muy caro!. ¡La multa la vas a pagar de tu sueldo, por estúpido! Sigue descargándose y "refregándole" su desidia. La falla o error -da lo mismo- ha sido contra el patrón, se la tiene que pagar a él. Los gastos y costas también se los carga al que se equivocó, aunque no sea legal hacerlo. 
-El maestro: (Muy humilde) Bueno jefe, descuéntemela no más. Y mande buscar el material lo más luego que pueda para empezar de nuevo. Sigue con la humildad para aplacar la furia del patrón, no encuentra otra salida. Pide material para recomenzar pronto -lo único razonable y eficiente-. 
-El patrón: ¡Cómo te atreves a decirme lo que tengo que hacer! ¡Yo sabré cuándo mando a buscar el material! Como la multa la vas a pagar tú, ya no me importa que nos atrasemos  más. Y el material también lo vas a pagar tú. Y vas a trabajar sin pago, porque ya te tengo pagado el  trabajo. Malinterpreta la solicitud del maestro -como si le estu viera dando órdenes, privilegio sólo suyo-. Amenaza con aumen tar intencionalmente la multa para que el maestro pague más ca ro su error. Decide y anuncia que, sin apelación, todos los costos y gastos los pagará el maestro. En su enojo, no toma en cuenta que está perjudicando al cliente -inocente de todo- si demora más de lo indispensable la única solución posible: co menzar de nuevo. No está orientado a resolver el problema, sinó que a castigar al maestro.
-El maestro: (Con resignación) Bueno jefe, como Ud. diga se hará. Se resigna a su mala suerte, acepta que el patrón no está dispuesto a resolver nada mientras no se le pase el enojo.
-El patrón: (Amenazante) Y estás advertido: ésta es la última oportunidad que te doy, porque a la próxima falla te mandas cambiar y hasta te demando por daños. ¡Hasta eres capaz de haberlo hecho a propósito!(Se retira rezongando) Agrega otras amenazas: despido, demanda. Él es el que o torga las oportunidades y el que decide todo. Se permite dudar de la buena fe del maestro, suponiendo posible que "se equivo que" intencionalmente, y además de expresarlo abiertamente. Se  retira siempre farfullando en contra del maestro, hasta agotar su resentimiento. 

El maestro: (Para sí mismo) Ahora mismo empiezo a buscar otro trabajo... (Muy amargado).

En la imposibilidad de enfrentarse de igual a igual con el  patrón, se propone buscar otro trabajo. Queda muy resentido. 

También entre adultos la relación autoritaria termina con la situación mucho peor que cuando se detecta, resentimiento de las personas involucradas, sin soluciones claras y con pérdidas materiales y psicológicas de las partes.

Otra vez, esta historia puede darse con idénticos contenidos psicológicos pero sin insultos ni gritos, con el autoritarismo de guante blanco, o con modales todavía peores que los mostrados: es un buen ejercicio para el lector repasar la historia cambiando los modales.

Afortunadamente, también entre adultos y en empresas fabriles se da la versión de la autonomía.

Versión democrática de la historia de la falla del operador.

Descripción de los sucesos Análisis de los contenidos psicológicos y comentarios

-El maestro: (Verifica su error varias veces, hasta que se convence. Muy preocupado) ¡Qué barbaridad! ¡Cómo me pude equivocar tanto! ¡Eché a perder la pieza!. Tengo que avisar de inmediato. ¡Jefe, venga un momento por favor!

Aunque tan preocupado como el maestro del caso autorita rio, la preocupación de este maestro le conduce sin vacilacio nes ni temores a comunicarse de inmediato con el patrón y avi sarle del grave errorcometido. Está centrado en buscar una so lución al problema y no en ocultar lo que le ha ocurrido a él. Esta orientación es parte, generalmente, de los hábitos ético- morales de la empresa, co-construídos por todos los que allí trabajan, incluido el patrón.
-El patrón:(Con tranquilidad). Dígame, maestro, qué pasa. Al ver que el maestro está preocupado, lo atiende de inme diato. Su orientación también es la de buscar soluciones.
-El maestro: (Muy intranquilo). Cometí un grave error, jefe. Acabo de echar a perder esta pieza, le hice más corte que el requerido y quedó más chica que lo que pide el plano. (Muy nervioso) No me explico en qué me equivoqué... Pero la pieza está fuera de medida.

No tiene problemas ni temores para plantear clara y dere chamente que se equivocó y que el daño es grave. A pesar de su preocupación, siente que su deber y compromiso personal es in formar sin tapujos lo que ha ocurrido, incluso aceptando la cuota de responsabilidad que le pueda caber en los hechos. 

 

-El patrón: (Con calma y afable) Cálmese maestro, todo tiene arreglo, todas las personas pueden equivocarse. Veamos, ¿cuánto más chica está la pieza?. Mida de nuevo, por favor. 

A pesar de darse clara cuenta de la gravedad de la falla, sabe que es conveniente que el maestro esté tranquilo para que su colaboración-indispensable- sea eficiente al máximo. Por eso, su primer objetivo es tranquilizarlo, y luego, asegurarse que lo que el maestro afirma es tan grave como lo que dijo.

-El maestro: (Más tranquilo. Toma de nuevo la medida y da la cifra). Sin duda excede la tolerancia permitida.

Ya más tranquilo, su objetividad le permite afirmar con certeza que el error es tal que la pieza ya no sirve para los fines iniciales. Habitualmente, en estos casos, se toman varias veces las medidas y se revisan los planos. La tranquilidad es, entonces, indispensable.

-El patrón: Veamos qué soluciones tenemos: 1.-Rellenar la pieza con soldadura y retornear. Por el tipo de material, quedaría muy duro porque... (saca conclusiones técnicas que descartan la solución).

Con toda tranquilidad, comienza el análisis sistemático de diferentes posibilidades de solucionar el problema, dando un  ejemplo de orientación a la búsqueda de soluciones y no de cul pables. Con esto fomenta en el maestro su tendencia natural a cooperar en el mismo sentido, con toda su potencialidad. 

-Juntos, patrón y maestro: Analizan, en un clima de tranquilo análisis técnico, varias alternativas de solución, y concluyen que la mejor de todas (equivalente a "la menos mala dadas las circunstancias") es comenzar de nuevo.

Ahora se da una situación que casi no es posible en el ca so de relaciones autoritarias: la cooperación mano a mano del patrón con el maestro con el único objeto de resolver el pro blema. Lo más probable es que soliciten opiniones de otros operadores y técnicos antes de tomar una decisión final: todo lo que se opine será tomado en cuenta y evaluado objetivamente.

-El patrón: Por suerte, como Ud. avisó pronto, todavía podemos terminar a tiempo, si nos apuramos y trabajamos algo de sobretiempo. Si no alcanzáramos, todavía podemos explicarle al cliente que tuvimos este percance involuntario. Creo que no tendremos que sufrir la multa. Voy a pedir el nuevo material al tiro.

Las conclusiones del patrón no contienen amenazas ni in sultos. Sólo trata de organizar de modo óptimo, dadas las circunstancias, las próximas actividades a realizar. Reconoce como un mérito -muy real- que el maestro haya avisado en el momento mismo en que se dió cuenta de su error: no confunde un error involuntario con una falta, culpa u ofensa en su contra. Su po sición es claramente optimista y realista, concitando la cola boración voluntaria de su personal y hasta de sus clientes, si  lo considera necesario.

-El maestro: Yo voy a preparar la máquina y a pensar en qué podemos usar el material que nos va a quedar. Desde hoy me quedo a sobretiempo, jefe.

La disposición del maestro es la óptima: se siente respal dado y motivado para disminuir los daños al máximo, poniendo todo lo que pueda de su parte, y además, su buena disposición hace aflorar sus capacidades máximas.

-El patrón:

Tómelo con calma, maestro. Todo el mundo se equivoca alguna vez, tal como me he equivocado yo antes, y hasta los buenos maestros como Ud.

El patrón, lejos de aprovecharse del buen ánimo del maes tro, pone las cosas en su justo lugar, dando cabida a los erro res que todo el mundo puede cometer, sin que signifiquen malas intenciones. Reconoce objetivamente la calidad del maestro, la que se mantiene aun cuando haya cometido un error.

-El maestro:

Trataré de recordar cómo fue que ocurrió esta falla, para que no me vuelva a pasar. (Su disposición   es de la mayor cooperación posible, de tranquilidad y de agradecimiento por la comprensión obtenida)

El maestro intenta reconstruir los sucesos para usar el error, aprovechando la experiencia negativa para tomar medidas que permitan evitar la repetición de la misma. Así su experien cia le puede ser útil a otros en el futuro. Es la utilización del método científico en el aspecto en que éste sirve para aprender de los errores.

-El patrón:

Buena idea. Aproveche también de revisar la máquina, puede que tenga algo malo. (Se va tranquilo, con la sensación de poder contar con el maestro y su mejor disposición). 

El patrón aprueba -y por lo mismo reconoce- la iniciativa del maestro, con lo que la fomenta. Al mismo tiempo, sugiere otra posible causa de la falla, para que sea verificada. Con esto disminuyen las posibilidades de repetición. Su ánimo final es de tranquilidad y de optimismo. Otro problema ha sido re suelto por la colaboración del conjunto.

 

Nuevamente, me parece clarísimo que la versión de la cooperación entre iguales diferenciados da como resultado una convivencia mucho más gratificante y productiva para todos -de mucho mayor "calidad social"- que la versión de relaciones autoritarias [40].

Pienso que estos ejemplos demuestran que los problemas de convivencia del mundo actual no derivan de "la pérdida de los valores" de "la falta de firmeza en la aplicación de los valores" -lo que quiere decir que faltan sanciones más duras, es decir, más autoritarias-, opiniones generalizadas en todo el mundo, que veo más fuertes en las personas de los sectores más conservadores. Creo que los que más influyen son los modos ético-morales, y no los valores ético-morales, tal como muestran muy claramente, a mi entender, los dos ejemplos dobles recién expuestos [41].

Me parece que esta focalización en los valores ético-morales y la nostalgia por las duras sanciones de los "buenos viejos tiempos", reflejados por estas opiniones o creencias, se mantienen todavía, a pesar de que los valores autoritarios y la represión autoritaria han demostrado largamente no producir los efectos que de ellos se esperan, a causa de la manifiesta dificultad existente en la actualidad para encontrar otras soluciones, diferentes de las autoritarias, que sean eficientes para resolver los problemas de relación social.

Para encontrar esas otras soluciones -que también se dan en la práctica cotidiana actual- es indispensable que podamos diferenciar lo que es autoritario de lo que es de autonomía. Las construcciones paradigmáticas expuestas constituyen, a mi juicio, herramientas privilegiadas para estos efectos, sistemáticas, claramente organizadas, y de características científicas, tanto por sus fundamentos como por su tratamiento.

Creo que es totalmente factible, a partir de estas construcciones paradigmáticas, desarrollar tecnologías sencillas y al alcance de la mayoría de la población que posibilite su uso masivo, única alternativa para inducir cambios duraderos y permanentes en las sociedades, dadas las características de co-construcción social de las rutinas no conscientes y conscientes de relación social.

Me atrevería a afirmar que, salvo algunas objeciones de carácter mas bien formal, el libro "Raising good children" ("Criando buenos niños") de Thomas Lickona {20} constituye una muestra clara de tecnología existente para esta etapa de la vida humana, de tan grande significación para las sociedades [42].

Creo que los ejemplos expuestos, por otra parte, también demuestran las grandes ventajas de distinguir claramente los modos ético-morales y sus aspectos constitutivos, ya que así es posible elegir con razones de respaldo entre los modos existentes los más convenientes, y en caso necesario, deducir y descubrir nuevas maneras y métodos, todo para mejorar con certeza la relación social, por estar fundamentados en conocimientos científicos que permiten tomar en cuenta las características propias y permanentes de las personas, tanto las positivas como las negativas, y considerar el proceso natural que hace posible el paso desde el autoritarismo inicial inevitable a la moral de autonomía, de modo de poder fomentarlo y facilitarlo.

13.- Los estados emocionales de agresión.

Como se desprende de los ejemplos recién vistos, uno de los componentes principales -aunque no indispensables- de las vivencias autoritarias es la presencia de estados emocionales turbulentos, y en especial, los que denominé de agresión.

Considero que son de enorme influencia en el desarrollo de la función ético-moral, ya que aparecen ligados muy frecuentemente a la heteronomía o autoritarismo, etapa siempre presente en el comienzo de la vida humana, y también a la ética primitiva, modo que puede surgir desde la pubertad en adelante, el que incluso se fomenta en algunas instituciones oficiales y generalizadas de las sociedades actuales -como las fuerzas armadas y de orden- razón por la que me parece importante poder distinguirlos y caracterizarlos claramente.

He identificado los estados emocionales turbulentos como los que, por definición, inducen alteraciones graves del vivir, incluso en niveles biológicos, y que además interfieren y/o disminuyen la capacidad de razonamiento. Estos estados emocionales son, entre otros semejantes, la rabia, el odio, la furia, el enojo, etc. y, siempre que sean de intensidad alta, también el miedo, el susto, la indignación, la sensación de peligro físico o psicológico grave, etc., los que me parece están en la base de los anteriores.

Creo que los estados emocionales turbulentos alteran negativamente la capacidad de razonar de manera directa, y también indirecta, porque además dificultan el percibir, el actuar, el surgimiento de motivaciones y voliciones, así como el libre curso de los mismos estados emocionales. También inducen el uso de construcciones paradigmáticas primitivas e ineficientes, y además inducen el volver a rutinas no conscientes ya superadas, inadecuadas, dificultando el paso a rutinas conscientes. Creo que hay estados emocionales tranquilos, como la depresión y la tristeza, que también disminuyen la capacidad de razonar, pero que no tienen una relación tan directa con el autoritarismo, por lo que no los analizaré ahora.

En resumen, los estados emocionales turbulentos, salvo excepciones en la actualidad, disminuyen la capacidad humana de adaptación al medio circundante. En especial, me refiero a los estados emocionales turbulentos que se derivan de la agresión: de sentirnos agredidos y/o en peligro, o en la necesidad de agredir, como defensa o como, simplemente, actitud adecuada. Estos estados emocionales de agresión son uno de los diferentes tipos de estados emocionales turbulentos.

Las únicas ocasiones, excepcionales en la actualidad, en que estos estados emocionales de agresión mejoran la capacidad de adaptación son, a mi juicio, aquellas en que se nos gatillan frente a peligros de origen que podemos llamar «animal», amenazas a nuestra integridad de parte de animales o de seres humanos en actitud de agresión física, puesto que las reacciones orgánicas que se nos producen son adecuadas para resolver esas situaciones: defensa agresiva, huída, amenaza, desmayo, etc.. Por lo demás, casi todas las especies de animales superiores comparten con la especie humana estas mismas reacciones.

Pienso que este tipo de situaciones fue el que dió origen a este tipo de respuesta, durante la evolución primaria y hasta la reciente de la especie humana. Reciente, claro está, a escala evolutiva, ya que duró muchos miles de años. Pero que con la creciente socialización de la vida humana, explosiva en los últimos siglos, estas reacciones han dejado largamente de ser adecuadas. En los contextos sociales actuales no es eficiente «asustar» a una congestión de tránsito, no resulta positivo «salir arrancando» de un problema familiar del modo en que lo era frente a un oso furioso, ni es adecuado «agredir» al cajero automático o al teléfono con el que tenemos una dificultad, como lo fue cuando enfrentábamos animales agresivos.

Creo que la rabia, el susto, el enojo y otros estados emocionales de agresión constituyen reacciones de adaptación relictuales, socialmente adquiridas como otras reacciones actuales, que fueron adecuadas. Y que seguimos usando, pero fuera del contexto original, lo que las hace más que ineficientes, además contraproducentes.

Como especie, también hemos desarrollado otras reacciones, socialmente adquiridas por cada individuo, que sí son adecuadas para adaptarnos a este entorno tan distinto que como especie nos hemos fabricado. Como personas, no siempre logramos evitar el engancharnos en rutinas no conscientes que nos conducen a estados emocionales de agresión. Después de los hechos, y hasta durante, sabemos que no nos sirven para salir de dificultades. Igual enganchamos, no siempre, pero sí demasiadas veces. Sin duda, resulta paradojal que mantengamos, sin aparente disminución, formas de reacción que sabemos inútiles.

Pienso que la persistencia de los estados emocionales de agresión en las sociedades modernas se debe, básicamente, a dos condiciones. Por un lado, a la potencialidad de su gatillamiento, y por otro a la amplia aceptación tácita de algunas construcciones paradigmáticas.

La potencialidad de su gatillamiento, es decir, la existencia de las condiciones psico-biológicas de las personas para que se produzcan tales reacciones, se prueba, obviamente, por el hecho mismo de que se sigan produciendo. El aumento de la socialización, por ser todavía demasiado reciente -a escala evolutiva- ha modificado muy poco estas características ya establecidas de los seres humanos.

Las construcciones paradigmáticas de uso público que ayudan a la persistencia de estos estados emocionales de agresión, bastante complejas, requieren de análisis de considerable longitud, por lo que no caben en este trabajo [43]. Me limito a afirmar que de su estudio más detallado se puede concluir que esta persistencia, a mi juicio, no se justifica de ninguna manera.

14.-La imposibilidad teórico-práctica de lograr el paso del auto ritarismo a la autonomía por medios autoritarios.

Por las características propias de los procesos de interiorización e internalización, así como de los mismos modos ético-morales, se deduce la imposibilidad, tanto teórica como práctica de lograr aumentos de autonomía por medio de métodos o procedimientos que sean heterónomos.

En efecto, tal como indica y demuestra Piaget repetidamente, la presión psicológica y hasta física que implica la utilización de la heteronomía impiden la tranquilidad para razonar y construir por si mismo indispensable de la autonomía, proceso necesariamente voluntario y conscientemente intencional. Como la heteronomía implica tanto la presión de la autoridad superior externa como la disposición sumisa del sujeto -que puede ser, paradojalmente, impuesta y simultáneamente aceptada voluntariamente, o simplemente asumida por el sujeto-, ambas condiciones hacen que el uso de la heteronomía excluya la factibilidad de logros de autonomía. Simplemente no se puede lograr autonomía por medio de la heteronomía, por tratarse de procesos que, por sus respectivas esencias, se excluyen uno al otro [44].

Es la misma exclusión lógica que hace imposible que A, siendo mayor que B, sea simultáneamente menor que B: es mayor o es menor que B, no puede ser ambas cosas al mismo tiempo. Por lo tanto, el mito de los tiranos buenos, que preparan a sus súbditos para la democracia obligándolos a ser democráticos, es decir, por medios autoritarios, es tan absurdo como la paradoja clásica «te ordeno que seas espontáneo». El único modo de lograr la autonomía es el ejercicio libre, voluntario y espontáneo de la misma autonomía, y lo más que se puede hacer para facilitar este ejercicio es otorgar las condiciones de libertad indispensable y enseñar con el ejemplo de respetar -con el respeto de la autonomía ya definido- a los demás.

Si he hablado de muestras claras de mezclas de autonomía y heteronomía, estas mezclas son usos mezclados en el curso del tiempo y no simultáneos, de ambos modos. Es decir, se mantiene una interacción que es de heteronomía, luego otra(s) de autonomía, seguida(s) de otra(s) de heteronomía, y así sucesivamente. En ningún caso pueden ser interacciones que contengan simultáneamente autonomía y heteronomía.

15.- Grado de coherencia entre ética y moral en los diferentes modos.

Piaget verificó empíricamente que la coherencia entre el juicio ético y la práctica moral es mayor cuando se emplea el modo ético-moral democrático que cuando se usa el modo autoritario. En este último modo, las personas, a pesar de recordar y conocer perfectamente las reglas o normas -en la teoría o en lo ético-, en la práctica -en lo moral- las cumplen sólo eventualmente, sin poder explicar claramente porqué actúan así [45]. Creo que esto sigue siendo observable en la vida cotidiana actual.

A falta de evidencia empírica referida a la ética primitiva, mi observación de la vida cotidiana me dice, intuitivamente, que la coherencia entre práctica y teoría es menor en la ética primitiva que en el modo autoritario.

Si mi intuición no me engaña, la escala de coherencia entre teoría y práctica de los distintos modos, en grados crecientes, sería:

1.- La anomía.

2.- La ética primitiva.

3.- La heteronomía o modo ético-moral autoritario.

4.- La autonomía ético-moral o modo ético-moral democrático.

Cabe destacar que esta escala es la misma que la del nivel de eficiencia adaptativa (del punto 17 que sigue).

16.-La actividad ético-moral como forma de adaptación.

La actividad ético-moral, en todos sus modos posibles, al igual que las demás funciones psicológicas, constituye un proceso y un esfuerzo permanentes de adaptación del sujeto a la vida social, y conlleva sus aspectos simultáneos y complementarios de asimilación y acomodación, en el sentido de Piaget.

17.-Niveles de eficiencia adaptativa relativos entre los modos ético-morales.

El modo ético-moral de la autonomía es el modo más complejo, más elaborado y más eficiente de adaptación a la vida social (por sus características de reversibilidad). Desde este modo ético-moral es posible "entender" los otros modos -no ocurre otro tanto a la inversa-, lo que refuerza la idea de que el modo de la autonomía ético-moral es de un nivel superior al de los otros modos -la heteronomía y la ética primitiva-.

La heteronomía aparece como de mayor nivel que la ética primitiva, por cuanto, si bien acepta y emplea permanentemente la violencia psicológica, acepta y emplea sólo ocasionalmente la violencia física -el daño o agresión físicos- como elementos válidos de relación social, utilizados habitualmente por el último modo ético-moral.

La anomía, o carencia de reglas o normas, resulta ser, obviamente, la de menor nivel.

Por lo dicho, los niveles relativos de eficiencia adaptativa entre los modos ético-morales, en orden creciente es:

1.- La anomía.

2.- La ética primitiva.

3.- La heteronomía o modo ético-moral autoritario.

4.- La autonomía ético-moral o modo ético-moral democrático.

Cabe destacar que este orden coincide, por razones obvias, con la escala de coherencia entre ética -la teoría- y moral -la práctica-, del punto 15 anterior, y también coincide con el orden de aparición de cada modo en la evolución ético-moral personal -para cada ámbito de actividad-, con la excepción de la ética primitiva.

Pienso que esta excepción puede deberse a que la faceta de sumisión extrema al grupo de pertenencia, una de las características distintivas de la ética primitiva, sólo se hace posible en la medida en que mejoran las capacidades psico-sociales tales como las de diferenciarse a sí mismo de los demás, reconocer que los demás tienen vivencias semejantes a las propias, ponerse en el lugar del otro, deseos intensos de ser aceptado por el, o de pertenecer al, grupo, las cuales van apareciendo cada vez más tardíamente, acercándose ya al período de la pubertad, que es cuando surge con más fuerza la ética primitiva completa.

18.-Calidad social de los modos ético-morales.

Si consideramos que la función psicológica ético-moral es la función psicológica socializadora por excelencia -se define como la función psicológica que permite resolver los conflictos de intereses en la relación del sujeto con los demás, consigo mismo y con el medio ambiente- y que tanto la eficiencia adaptativa como la coherencia entre ética y moral de un modo son factores que facilitan la convivencia, podemos concluir que la escala de la calidad socializadora o simplemente calidad social de los modos ético-morales, en grados crecientes, es idéntica a las dos anteriores:

1.- La anomía.

2.- La ética primitiva.

3.- La heteronomía o modo ético-moral autoritario.

4.- La autonomía ético-moral o modo ético-moral democrático.

19.- El autoritarismo remanente.

Me parece claramente deducible de las investigaciones de Piaget, que todos las niñas y niños, necesariamente, parten por la aceptación de normas de modo heterónomo, en razón de sus limitaciones en todas sus capacidades y de la enorme diferencia entre ellos y sus padres (o sus figuras parentales), lo que constituye un significativo y difícil logro con respecto a la anomía previa.

Y que sólo después de haber logrado desarrollarse, psicológica, biológica y socialmente, e independizarse, relativamente, de ellos, podrán conseguir utilizar la internalización o forma autónoma de aprendizaje y aplicación de las normas. Es decir, todos hemos sido primero heterónomos y hemos ido desprendiéndonos de la heteronomía, en la medida en que el medio social nos lo hizo posible. Las otras condiciones para este desarrollo moral son la evolución en otras áreas vitales tales como el desarrollo emocional, del yo, de la capacidad cognitiva, etc., también dependientes en gran medida del apoyo del medio social. Esto constituye la evolución o desarrollo ético-moral destacado en el punto 6.- y siguientes.

Por otra parte, como la evolución ético-moral se realiza separadamente para cada uno de los diferentes ámbitos de actividad en que participa la persona, y como es posible encontrar en las sociedades actuales muchos y variados aspectos de la vida social que muestran altos niveles de autoritarismo y de ética primitiva, estos últimos inducen grados de autoritarismo y de ética primitiva personales semejantes a los de los diferentes ámbitos de actividad en que la persona vive, residuales en las sociedades y también en el individuo (ver punto 7.-).

De aquí deriva el que denomino autoritarismo remanente, aquel del que no hemos podido desprendernos, en nuestros intentos de avanzar hacia la autonomía ético-moral.

20.- Resultados de la aplicación en la práctica de cada modo ético-moral, en grupos sociales.

La aplicación práctica en un grupo social, en un ámbito de actividad dado, de la ética democrática -la moral democrática- conduce a una convivencia de tipo democrático, en que la relación predominante es la de cooperación entre iguales diferenciados [46]. La forma de regulación social predominante es la de autocontrol consciente y voluntario, por convencimiento propio.

Similar aplicación a la práctica de los otros modos ético-morales conduce a una convivencia de características autoritarias, dictatoriales o de anarquía y/o de colapso social, en la que predomina la relación de dominación-sumisión y de dominio al arbitrio del más fuerte. La forma de regulación social predominante es la de control externo, obligado y forzado, de tipo policíaco.

En la convivencia democrática aparece la sinergia, potenciándose los aportes individuales. Es decir, el esfuerzo conjunto del sujeto con los demás proporciona mayores frutos que lo que podrían obtener los sujetos por separado.

La convivencia autoritaria o de ética primitiva se asemeja a los juegos de suma igual a cero: la suma de lo que obtienen los que ganan tiene que ser perdido por otros. Suele ocurrir que la eficiencia es todavía menor, ya que la suma de lo ganado tiende a ser menor que la suma de lo perdido.

21.-El respeto autónomo como criterio universal de evaluación é tico-moral.

Creo que la definición dada del respeto base de la ética democrática -el respeto autónomo, punto 4.2.- puede ser utilizado también como criterio universal y permanente de evaluación ético-moral, el que permitiría la flexibilidad suficiente para absorber las diferencias entre las distintas culturas y de sus diferentes costumbres para expresar el respeto por sí mismo simultáneo con respeto por los demás -cada serie de costumbres constituirían una especie de idioma ético-moral especial- en diferentes culturas. Por supuesto, reformulado adecuadamente para estos efectos.

Esta proposición no está orientada a lograr una ética regida por cánoneso o códigos fijos y eternos, por muy científicamente que se determinen, que es lo que se podría deducir de las proposiciones de Bunge (Anexo "Una ética científica", en {9}). La virtud del respeto en que se funda la autonomía ético-moral como criterio permanente es que permite ser aplicado en cualquier contexto cultural sin perder el contenido de cooperación entre iguales, que me parece la esencia del progreso hasta ahora alcanzado, lo más característico de lo humano (creo que es la base del desarrollo de los lenguajes, de la industria, de la ciencia, de la familia, y de las sociedades en lo que tienen de cooperación entre iguales diferenciados).

22.- El sistema conceptual del autoritarismo remanente aplicado al análisis psico-social.

Creo que la aplicación de las categorías y distinciones que constituyen este sistema conceptual al análisis de los fenómenos psicológicos y/o sociales, adicionalmente a las actuales categorías de análisis de los sistemas conceptuales propios de cada dominio, es válida y enteramente factible y que, además, enriquece significativamente el análisis de todos los fenómenos sociales y psicológicos, históricos y actuales, permitiendo obtener explicaciones adicionales que, por lo que he visto hasta ahora, me parecen satisfactorias y sistemáticamente coherentes, y que, sin su ayuda, no las veo posibles. Espero que este trabajo me permita mostrar algunos ejemplos convincentes.

Por último, creo que, una vez adquirida la capacidad de hacer las correspondientes distinciones entre lo que fue heteronomía y lo que fue autonomía de nuestro operar reciente, tendremos la opción de elegir, para nuestro operar de hoy y de mañana, entre una y otra alternativa. Y de analizar después si nuestra elección fue todo lo autónoma que deseábamos que fuera.

23.-El grado de civilización como proporcional o equivalente al grado de disminución del autoritarismo remanente.

Creo importante partir aclarando qué es lo que entiendo por «civilización», y por «grado de civilización», aunque sea brevemente. El diccionario me da dos acepciones principales de «civilización»:

-conjunto de costumbres, tradiciones, ideas, principios, ciencias y artes que constituyen y caracterizan el estado social de un pueblo o conjunto de pueblos. Es la acepción sustantivo y que engloba a la cultura, el grado de desarrollo de las relaciones sociales y el dominio de las ciencias y tecnologías.

-acción y efecto de civilizar o civilizarse; civilizar es sacar a los pueblos o a las personas del estado salvaje, instruir, educar. La raíz latina es «civis», y quiere decir «ciudadano». Es la acepción verbo, de "adquirir civilización (sustantivo)" y también engloba los tres aspectos anteriores, el cultural, el de relación social y el científico tecnológico.

Como los tres aspectos están constituidos por conjuntos de construcciones paradigmáticas, en cuya adquisición las personas utilizan necesariamente los mismos procesos de aprendizaje mencionados, y como la elaboración de construcciones paradigmáticas por medio de la autonomía implica mejor capacidad de adaptación, mejor calidad social de las relaciones, mayor coherencia entre las construcciones paradigmáticas y su aplicación en la práctica, cabe concluir que el grado de civilización de una persona o grupo de personas está en directa relación con el -o es directamente proporcional al- grado en que dicha(s) persona(s) ha(n) disminuido su autoritarismo remanente.

En vista de lo anterior, asumo que «grado de civilización», de una persona o de un grupo social, indica un estado intermedio entre el salvajismo o barbarie totales, o estado de anomía, como extremo inferior y el de plena civilización, o estado de autonomía total y absoluta como extremo máximo superior, ambos extremos sólo teóricos e ideales, ambos inexistentes en la realidad actual, ya sea en personas -salvo tal vez los recién nacidos, que están en la anomía- como en grupos sociales.

Debido al autoritarismo con que inicia su vida toda persona, el extremo superior es un límite ideal al que tienden las sociedades humanas, hasta ahora de autonomía creciente al considerar períodos suficientemente largos, y que probablemente no alcanzaremos nunca en la práctica, puesto que siempre tendremos una meta que estará más allá de lo que consigamos lograr. En un proceso enteramente semejante al que ha experimentado el «estado de los conocimientos científicos» y de su relación con la ignorancia inicial de las personas que se integran a la sociedad. Es lo que se conoce como «acercamiento asintótico al límite».

Entre el extremo inferior de anomía y el superior de plena autonomía se encuentra el de heteronomía, estado intermedio que podemos considerar como de «socialización forzada», psicológica y/o físicamente, que se expresa en los modos ético-morales que he llamado autoritarismo y ética primitiva.

Estos dos modos ético-morales se viven actualmente en mezclas -en el sentido ya indicado- con el modo de la autonomía, dando lugar a una especie de "promedio" de un «grado de civilización», asignable a las personas o grupos de personas que los experimentan y mantienen, en una co-construcción social continua y permanente.

Por último, creo que el estado actual de las tecnologías de investigación social, en conjunto con el uso de este sistema conceptual y de otros sistemas conceptuales tambien existentes, hacen enteramente factible la elaboración de dos importantes herramientas para la investigación y desarrollo psico-social:

-una escala de Grado de Civilización, con extremos y grados relativos a fijar arbitraria pero consensualmente,

-los instrumentos para medir el Grado de Civilización relativa, en base a la escala anterior, que ha alcanzado una persona o un grupo de personas.

Sólo faltan los medios para realizar este trabajo. Si consideramos que toda tecnología requiere de unidades de medida y de medios de medir para obtener con algún grado de certeza resultados deseados y deseables, estas herramientas pueden ser la base de tecnologías que permitan lograr un proceso de civilización de mayor velocidad que el ritmo natural que es posible observar en la evolución no perturbada de las sociedades [47].

La difusión masiva de estos instrumentos de desarrollo social pueden asegurar, por medio del control mutuo y del autocontrol, que no sean utilizados para obtener resultados no deseados o no deseables para el conjunto de las personas [48].

 


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Notas, continuación Capítulo V

[34] Véase Chacón, P. "¿Podremos civilizarnos...?" {12} págs. 76 a 90. Volver al texto

[35] En la caracterización de estas sanciones por reciprocidad, así como en encontrar ejemplos, me ha sido de gran utilidad el libro de Lickona, "Raising good children", {20}. Volver al texto

[36] Obviamente, los sistemas judiciales corresponden, en líneas gruesas, al contexto general de todo el sistema societal, por lo que se requiere cambios en todo el sistema societal si se desea modificar el sistema judicial, razón por la que la tarea propuesta es de enormes proporciones. Otro factor que complica todavía más esta propuesta es el proceso de transición desde los actuales sistemas judiciales a cualquier otro sistema nuevo. Véase en Chacón, P. "¿Podremos civilizarnos...?" {12} págs. 208 a 219, un análisis un poco más extenso sobre los sistemas judiciales actuales. Volver al texto

[37] De acuerdo con estas consideraciones, que me parecen difíciles de cuestionar, resulta altamente inadecuado e inexacto catalogar a una persona de ser autoritaria -o de no serlo- [salvo cuando se trata de niños muy pequeños): esto implicaría que esa persona actúa siempre de modo autoritario, lo que ya no es posible en las sociedades actuales. A dichas consideraciones debemos agregar, necesariamente, el desarrollo diferenciado por ámbito de actividad. Lo que me parece más correcto es evaluar si una persona está actuando autoritariamente en una inter-relación específica, y, por último, si esa persona actúa autoritariamente de manera preferencial en un determinado ámbito de actividad. Lo mismo para el caso de personas que actúan preferentemente con autonomía. Creo que toda comparación o evaluación se refiere a cómo las personas están siendo o están actuando, pero en ningún caso a que sean, de modo permanente y absoluto, de un tipo o de otro.

Esta "variabilidad" de las personas, que pasan de actuar de modo autoritario en un ámbito de actividad al actuar de modo democrático en otro ámbito es, a mi juicio, una de las características de los modos ético-morales que más han dificultado la investigación de la evolución ético-moral, puesto que las construcciones paradigmáticas de uso público suponen que las personas son buenas o son malas, y que también son o no son autoritarias, todo como un bloque. Nos cuesta aceptar que un torturador -o un tirano-, muy autoritario y hasta de ética primitiva cuando actúa como tal, puede ser un padre o un abuelo cariñoso y delicado al cambiarse a estos nuevos ámbitos de actividad. Me parece que hemos tenido en Chile ejemplos como los citados, en abundancia, que incluso han sido mostrados por largos años en la televisión. Volver

[38] Puede verse una versión del autoritarismo hipócrita de los tiranos "buenos" o "de guante blanco", en el ámbito de las empresas, en Chacón, P. "¿Podremos civilizarnos...?" {12} págs. 233 a 235. Volver

[39] En Chacón, P. "¿Podremos civilizarnos...?" {12} págs. 227 a 241, se puede ver un extenso y detallado análisis de las manifestaciones de los modos ético-morales en organizaciones y empresas, y de sus consecuencias habituales. Volver

[40] Insisto en que la práctica cotidiana actual no presenta casos tan "puros" como los de estos ejemplos: siempre se dan mezclas de un extremo y del otro, sin perjuicio de que aparezcan esporádicamente situaciones reales que van mucho más allá de lo que he mostrado, las que, afortunadamente, son excepciones bastante escasas. Creo que ésta es la razón por la que los ejemplos pueden parecer muy "poco reales", casi caricaturezcos. A lo cual se suma, sin duda, mi reducida capacidad para "escribir teatro" con naturalidad. Volver

[41] Pienso que estos ejemplos también constituyen otra prueba de que los estadios y todo el esquema del desarrollo del Dr. Kohlberg no corresponden al núcleo o meollo del desarrollo ético-moral, tal como ocurre en la realidad social. 

Si aceptamos la definición de «moral» ya dada, es decir, que moral es la práctica de la capacidad humana de conocer y posibilitar la recta conducta, y la que permite resolver los conflictos de intereses en las interrelaciones con otras personas, con el medio ambiente y con nosotros mismos, entonces podemos aceptar que «desarrollo moral» será el proceso de evolución de la moral de las personas de modo tal que las conductas sean cada vez más rectas y los conflictos de intereses sean resueltos de modos cada vez más satisfactorios para las partes involucradas. Es decir, la evolución ético-moral implica, para que sea evolución, un mejoramiento de la calidad social de los modos de relacionarse. Otros cambios, que eventualmente pueden ayudar a, y hasta ser necesarios para, esa evolución -tales como mejoras del lenguaje, de la maduración y crecimiento biológicos y de la capacidad cognitiva- pueden ser evoluciones en sus respectivos dominios, pero no constituyen evolución ético-moral si no conducen, necesariamente, al mejoramiento aludido -el que significa avance desde una forma de relación de calidad socializadora ya conseguida a otra mejor-.

Creo que el modelo de Kohlberg no es un modelo de la evolución ético-moral dado que:

-los estadios de Kohlberg están basados en la evolución de las concepciones del sujeto que evoluciona acerca de las realidades sociales y de su posición en estos contextos.

-de esa evolución deriva otra que resulta en cambios en el modo de entender los principios ético-morales asociados.

-de esa misma evolución deriva otra que produce cambios entre diferentes tipos de razones que lo motivan a acatar y aceptar las reglas o normas ético-morales y sus construcciones paradigmáticas de lo que es éticamente malo o bueno, es decir, sus principios ético-morales.

-en todas las etapas del esquema de Kohlberg se puede razonar, aprender, aceptar y aplicar los valores ético-morales indistintamente por interiorización o por internalización, es decir, con heteronomía o con plena autonomía -salvo las dos primeras, que sólo posibilitan la heteronomía, debida al egocentrismo asociado a las edades correspondientes-, tal como lo demuestra la evidencia empírica aportada por Piaget.

-y porque, finalmente, la calidad socializadora de la función ético-moral está determinada por el modo ético-moral derivado del esquema de Piaget y no por los principios ético-morales o los tipos de razones que los respalden (en sus características de tipo cognitivo), tal como lo demuestran los ejemplos recién expuestos.

En efecto, si consideramos que los ejemplos demuestran que todo valor ético-moral puede ser aplicado con autonomía o con heteronomía, entonces cada estadio de Kohlberg, a partir del tercero, puede dar lugar al uso de los tres modos ético-morales propios de personas que han dejado de ser niños -mayores de 13 años-.

Es decir, es perfectamente posible -y la realidad actual lo demuestra- que personas que estén en el último y más evolucionado estadio de Kohlberg -estadio 6, Orientación de Principios Universales-, utilicen los principios ético-morales con autoritarismo o ética primitiva, y sus acciones ético-morales resulten así de muy baja calidad social. Creo que es el caso de los «genios perversos», que desgraciadamente abundan en nuestro mundo actual, y que, defendiendo altísimos valores ético-morales -como los ecológicos o la defensa de los más pobres- emprenden o participan en actividades que pueden llegar a ser hasta francamente terroristas: en ellas operan, por supuesto, con ética primitiva. Es casi un lugar común que prácticamente todas las organizaciones ecologistas, de indudables buenas intenciones, propongan soluciones basadas en las más drásticas sanciones, típicas de un autoritarismo muy fuerte, y que en algunas ocasiones, por suerte muy contadas, emprendan campañas de violencia tal que pueden ser calificadas derechamente de terroristas.

Al mismo tiempo, es también posible que personas que se encuentran en el tercer estadio de Kohlberg -Orientación de Relaciones Interpersonales de Mutualidad- actuen con un alto grado de autonomía ético-moral al aplicar sus concepciones y principios ético-morales. Este es el caso de una parte importante de los niños entrevistados por Piaget cuando se relacionan en sus juegos, y el de numerosas personas de las llamadas "simples", con escasa formación académica formal y con poco dominio de los lenguajes complejos y rebuscados, pero que demuestran alto grado de sensatez y sabiduría en sus relaciones interpersonales o con el medio ambiente.

No me parece razonable que el esquema de Kohlberg y sus estadios, que dan lugar a tamañas indefiniciones, paradojas y ambivalencias, todas típicamente ético-morales, sea considerado y aceptado como de evolución ético-moral. Si bien dicho esquema refleja una evolución, ésta no es ético-moral. Volver

[42] Ver, en la nota 27 de este Capítulo, mis comentarios sobre esta obra. En Chacón, P. "¿Podremos civilizarnos...?" {12} págs. 138 a 162, hay un extenso comentario de dicha obra y un resumen de los estadios de Kohlberg pero en su versión Lickona -significativamente distinta a la original- y un resumen de los importantes aportes de Lickona, tanto conceptuales como prácticos. Volver

[43] Un análisis más completo se puede encontrar en P. Chacón, en el Anexo A, "Paradigma Psicológico" de la Tesis de Grado para optar a la Maestría en Ciencias Sociales, Arcis, Santiago, 1993. [Manuscrito no publicado aun][Nota 2001: se publicó, efectivamente, en 1998. {36}]. Volver

[44] Esta conclusión está basada en numerosas consideraciones que Piaget hace en su libro "El criterio moral..." {26}, pero en especial en sus diversas "conclusiones", en las págs. 70 a 90, 146 a 165, 262 a 272. Estas están recogidas en Chacón, P. "¿Podremos civilizarnos..." {12}, págs. 113 y 252 a 253. Volver

[45] Piaget estudia la relación entre práctica y conciencia de las reglas sólo en sus investigaciones sobre los juegos, de las bolitas o canicas y el de las escondidas. Sus otras investigaciones sólo tratan del juicio moral. Sin embargo, sus conclusiones resultan clarísimas: la coherencia entre práctica -moral- y conciencia de las reglas -ética- aumenta sólo en la medida en que, alejándose del egocentrismo inicial, aumenta la autonomía. Véase Piaget, J. "El criterio moral..." {26} págs. 18 a 90. Los hallazgos y las conclusiones de Piaget sobre este asunto están recogidas y analizadas en Chacón, P. "¿Podremos civilizarnos..." {12}, págs. 44 a 49, 110 y 111, y 249 a 250. Volver

[46] Esta denominación, modo «de la cooperación entre iguales diferenciados», es una leve variación de aquella que Piaget asignaba al adulto civilizado: "...el adulto civilizado contemporáneo presenta este carácter esencial de una cooperación entre personalidades diferenciadas que se consideran iguales entre sí." [Piaget, J. "El criterio moral..." {26} pág. 72. El subrayado es mío]. Volver

[47] Este punto es un microresumen de la proposición central de mi ensayo ya citado "¿Podremos civilizarnos..." {12}. La conclusión a la que llego en él es que la respuesta a su título es positiva, al menos teóricamente, es decir, contamos con las herramientas teóricas necesarias. Podemos civilizarnos más rápido, es cuestión sólo de contar con los medios. Volver

[48] Un lector del ensayo "¿Podremos civilizarnos..." {12}, destacado profesional del área psicológica, calificó sus proposiciones como "un intento de controlar psicológica y éticamente a la población", por lo que sus aplicaciones a la práctica tendrían efectos de "sojuzgamiento semejantes a los del nacismo". Desgraciadamente, este lector no ha tenido tiempo de explicarme cómo interpretó qué parte de lo leido como para llegar a semejante conclusión, a pesar de haberle insistido durante varios meses en la conveniencia de conversar el punto. Este párrafo intenta asegurar que dichos efectos serían imposibles, dada la naturaleza de estas proposiciones, casi idénticas a las del ensayo, a menos que exista un terrible malentendido. Volver

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