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Eticopolítica

EPILOGO

 

Ha llegado el momento en que debo justificar la ambiciosa declaración que sirve de subtítulo a este trabajo, a saber, que este sistema nocional constituye la base de una técnica para acelerar la construcción social de la libertad.

Hasta aquí, he tratado de mostrar el citado sistema nocional, muy complejo -al menos para mí- y que cubre amplísimos dominios, de la manera más organizada, sistemática, coherente y completa que me ha sido posible. Y aunque parezca poco logrado, también he intentado que sea breve, lo más corto posible sin que se llegue a dificultar su comprensión. Como se trata de una construcción paradigmática compleja, compuesta de muchas otras, he tratado de fundarla en cimientos firmes, razón por la cual he retrocedido hasta las construcciones paradigmáticas del operar psicológico básico de las personas.

Si bien mi objetivo original era la proposición de este sistema como criterio para la evaluación y análisis de materias sociales, así como para la elaboración, construcción o diseño de modelos de sociedad deseables -de ideologías políticas- acompañada de un ejemplo sumario del uso de estos conceptos en el análisis de los dos grandes grupos de ideologías actuales, al considerarlo completado, he sentido que se me quedaban en el tintero demasiadas otras alternativas de aplicación, tan importantes como la expresamente declarada y como aquellas que están sólo insinuadas.

Espero que el corto ejemplo dado cumpla mi objetivo, y que efectivamente permita deducir el modo de diseñar nuevas ideologías, tales que los modelos de sociedad así construídos permitan que las personas -todas las personas- puedan realizarse en ellas del modo más integral que permitan sus potencialidades.

Para lograr el objetivo supernumerario -justificar el subtítulo- mi plan es el siguiente:

1.-Primero que nada, creo que se requiere, nuevamente, definir términos. Qué quiero decir con «libertad», porqué afirmo que esta libertad «se construye socialmente», y el sentido que le doy a la «aceleración del proceso» de construcción social de la libertad.

2.-Mostrar que las aplicaciones del sistema de conceptos propuesto que ya he indicado -con algún detalle o simplemente sugeridas y/o brevemente delineadas- conducen al logro planteado en el subtítulo.

3.-Sugerir, aunque sea muy someramente, otras aplicaciones posibles del sistema propuesto y sus probables influencias sobre la aceleración del proceso de construcción social de la libertad.

Siguiendo el plan, daré un resumen de mi actual definición de «libertad», construida sobre el sinnúmero de otras definiciones leidas o escuchadas, y sin más pretensión -ni compromiso- que la de acotar el tema, y sólo para este trabajo.

1.- ¿En qué consiste la libertad?.

Ya desde el primer análisis resalta la gran cantidad de acepciones diversas -diferentes usos- de la palabra libertad en los juegos de lenguaje habituales. La gran mayoría de ellas no tiene relación alguna con el contexto de este trabajo y bien vale la pena descartarlas de inmediato.

No corresponden al contexto de este trabajo todas las acepciones de libertad restringidas, como la de "obtener la libertad" cuando se sale de prisión, de "quedar en libertad de acción" por el término de un compromiso, o en "tomarse la libertad de" cuando alguien asume que puede hacer determinada cosa sin avisar.

Hay otras acepciones de libertad más generales, pero que todavía no salen de dominios específicos, por lo que generalmente van seguidas de un "apellido" que las caracteriza. Sólo en calidad de ejemplos, puedo mencionar a las siguientes:

-la libertad de conciencia, que se refiere al derecho de las personas a "pensar" como quieran, ya sea en religión, en política o en otros dominios semejantes, sin sufrir daños como consecuencia de "pensar" así.

-la libertad de opinión, que es el derecho de las personas -todas las personas- a expresar públicamente la libertad anterior, a opinar como uno quiera, sin censura.

-la libertad de prensa, tan importante como las anteriores y derivada de ellas como su materialización en acciones comunicativas, que indica el derecho de los medios de comunicación -impresos o no- para publicar sus opiniones, sin censura previa de ningún tipo, con independencia del gobierno de turno o de otros poderes ajenos al medio. También alude a la autonomía que tienen -o que debieran tener- los periodistas y los que escriben u opinan dentro de los mismos medios con respecto a los dueños o sus mandantes.

-la libertad de comercio, referida al derecho de hacer negocios con cualquier persona o institución, de cualquier país, sin más restricciones que cumplir los tratos.

-la libertad de trabajo, con tres acepciones principales.

Una, desde el punto de vista de los trabajadores, que implica el derecho que toda persona tiene a trabajar en lo que desee y a cambiarse de trabajo cuando lo estime conveniente.

La segunda, otra versión de la anterior pero desde el punto de vista de los empresarios, que la entienden como el derecho de cada trabajador a negociar "libremente" sus remuneraciones, lo que quiere decir que negocian separadamente, uno por uno, sin la protección de un sindicato o asociación con los otros. Curiosa forma de libertad, que favorece a quienes compiten con los que están siendo "libres".

Por último, la libertad de trabajo que implica el derecho de las empresas y empresarios a desarrollar sus actividades en cualquier campo que les interese, con el mínimo de restricciones que sea posible. Parece que lo más importante es que el Estado no entre en la competencia.

Quedan numerosas otras libertades con apellido por mencionar, pero creo que son todavía más específicas de un solo dominio que las ya vistas.

Es conveniente destacar que estas libertades con apellido se subentienden limitadas por un amplio marco de restricciones generales que protegen otras libertades "públicas", las leyes y disposiciones constituyentes tales como no atentar contra las buenas costumbres o contra los derechos inalienables de las personas. Esto significa que, sin perjudicar las libertades antedichas, toda persona que las usa se hace responsable de los delitos que pudiera cometer en el ejercicio desmedido de ellas.

Revisaré más adelante algunas de estas libertades con apellido, pero entonces a la luz de las consideraciones que vienen.

Nos quedan, a mi juicio, tres acepciones de libertad, ahora sin apellidos, y que se refieren a todas las actividades vitales. Las que hacen más o menos libres a las personas, y las que sí tienen que ver con este trabajo.

La libertad*1.-

Comenzaré con la acepción que, según todos los indicios que he recogido, es la más primitiva de las libertades.

Esta es la libertad entendida como «ausencia de restricciones» a la actividad. Y atañe tanto a las restricciones externas como a las autorestricciones. En esta acepción de libertad se es más libre mientras menos impedimentos se tengan en el cumplimiento de todos los gustos, deseos, intereses y necesidades. Es, sin duda, la más corriente y habitual de uso público.

Tengo dos buenas razones para afirmar que se trata de la más primitiva. Una de ellas es que es la primera noción de libertad que distinguen los niños, a partir de los 5 o 6 años, según mis encuestas informales y asistemáticas.

La otra es la que se deduce directamente de imaginar lo que ocurriría si se logra concretar el ideal de esta libertad*1, a saber, la ausencia completa de impedimentos a todo lo que se les ocurra a todas las personas, sin considerar lo que les pueda suceder a otras personas. La libertad individual e individualista absoluta.

¿Qué sucedería en una sociedad en la que cada uno de sus miembros actúa con libertad absoluta, sin impedimentos de ningún tipo? Parece ser una meta deseable para todos, pero se entiende fácilmente que no es posible, puesto que los gustos, deseos, intereses y necesidades de unos se toparán, a muy poco andar, con los de los otros.

Supongamos que se insiste en intentar la materialización al máximo irrestricto de la libertad*1. Todos tratarán de reducir sus restricciones y al encontrarse con dificultades con los otros que están en lo mismo, comenzará la competencia, en la que cada cual tratará de imponer SU libertad*1 por sobre la de los otros. Ganarán aquellos que tienen más poder para hacer valer Su libertad, en desmedro de las libertades de los otros: unos ganan pero necesariamente otros pierden. La mayor libertad*1 de algunos se ha conseguido perdiendo igualdad.

Si los perdedores no se resignan a su suerte, y deciden arriesgarse a usar cualquier método a su alcance, incluso los violentos, pueden cambiar los equilibrios de poder [1]. Los que usen el terror y la brutalidad pueden llegar a ser los ganadores de esta competencia. En este grupo social, en que todo vale para lograr el ideal de libertad*1, la libertad absoluta individual, puede llegar a imperar la anarquía e incluso caer en el colapso social, la anomía o ausencia de reglas de convivencia.

Evidentemente, esta libertad*1 resulta primitiva tanto por lo temprano que aparece como por lo que se obtiene de ella.

También me parece primitiva porque está basada en formas egocéntricas de analizar las realidades sociales, no toma en cuenta los aspectos sociales de ser libre, es individualista y simple. Por todo lo anterior, creo que se gana el nombre de libertad autoritaria simple, o simplemente, libertad*1.

La gran mayoría de los adultos de cultura media actuales se da claramente cuenta que este tipo de libertad ya no es posible de implementar en la vida social real, y que todo grupo social que la adopte regresionará a formas cada vez más primitivas de relación. Mientras más libertad autoritaria simple persigan sus componentes, más primitivas, violentas y antisociales serán las relaciones interpersonales. Por lo mismo, resulta curioso que, para determinados ámbitos de actividad, generales y muy amplios, se postule y se use este tipo de libertad como la mejor de todas. En casi todo el mundo y en estos momentos. Lo veremos más adelante.

Otro detalle interesante es que esta libertad*1 es el resultado de o tiene como fundamento una de las formas del llamado relativismo ético-moral, según la cual cada persona decide lo que está bien y lo que está mal, a su propio arbitrio y sin restricciones de ningún tipo. Me atrevería a llamarlo relativismo ético-moral extremo.

La libertad*2.-

Pero los niños evolucionan -no todos ni en todos los ámbitos- por lo que aparecen -en muchos niños mayores y en ámbitos que se extienden luego a otros- otras formas de entender la libertad. La preocupación por la libertad de los grupos de pertenencia cercanos aparece muy pronto: la familia, los amigos, los más conocidos. Esta preocupación suele extenderse fácilmente a grupos mucho más grandes y menos cercanos, tales como los socios, el club, el gremio, los de su ciudad, los de su país. Del enfoque egocéntrico se pasa al enfoque sociocéntrico, con lo que se ha extendido el grupo de pertenencia al que se desea proteger. Cada extensión del grupo implica una disminución de primitivismo. Cada paso indica que disminuye el conjunto que queda excluido.

Hasta que se llega al máximo posible de este tipo de libertad, y ya no se excluye a nadie. Se logra la forma de libertad que se suele definir como "mi libertad llega hasta donde comienza la de los demás".

Destaca el que se hable de mi libertad, la que se sacrifica en beneficio de la libertad de los demás, sus libertades, se habla de dos cosas que no tienen ninguna relación entre sí. "Mi libertad" es la libertad*1 mía, parte de la cual yo sacrifico para que los demás tengan su porción de libertad*1, en el convencimiento de que me conviene hacer un sacrificio regulado o normado para hacer más segura la vida, como un mal menor ante la alternativa de la competencia desatada e impredecible. Nadie me asegura que ganaré en esa competencia. Es decir, todavía por consideraciones egoistas, porque me conviene.

Esta libertad*2 suele estar asociada al respeto irrestricto a las normas institucionalizadas, de grupos sociales de diferentes tamaños. El grupo social o institución, a través de las normas que dicta, pasa a ser la autoridad superior externa para la persona, la autoridad que decide todo, a la que se debe obediencia y acatamiento. La institución que está detrás de la normativa pasa a ser más importante que las personas que la componen, por lo que dichas personas deben someterse a las reglas que impone el grupo societal.

Nótese que estas reglas pueden haber sido formuladas por mecanismos del tipo democrático, en su acepción de uso público o de sentido común actual, vale decir, mediante parlamentos u otros mecanismos basados en elecciones o aprobación por asambleas. Una vez aprobadas, estas reglas o normas son entendidas y aplicadas autoritariamente, del modo que acabo de describir. Por lo tanto, se deduce claramente que el origen democrático de las normas o reglas no garantiza, de ninguna manera, que su aplicación siga siendo democrática, ya que esto último depende del modo ético-moral de quienes las aplican. Obviamente, el origen democrático de leyes y normas ayuda a comprender el carácter cooperativo de las reglas para su apicación también cooperativa y comprensiva de ellas -sin el carácter cuasi religioso que les dan las personas que las usan autoritariamente-, típico de las personas que las usan con autonomía. Creo que la preocupación exclusiva por el origen democrático de las leyes sin la que corresponde por la manera o modo con que se usan es uno de los tantos mitos, de amplia aceptación generalizada, que quedan al descubierto con la aplicación del sistema conceptual propuesto.

En buenas cuentas, en esta libertad*2, el fin es la mejor mantención del grupo, el que prima por sobre las personas que lo componen. El grupo puede ser la familia, el grupo de amigos, la empresa, el partido o la institución religiosa, la ciudad, el país, el gobierno, o cualquier otra institución o mezcla de ellas. Con clara inspiración sociocéntrica.

Sin embargo, conviene considerar que este sociocentrismo constituye un avance significativo en la evolución de las personas, nada fácil de lograr, ya que requiere de complejas abstracciones, de nuevas formas de verse a sí mismo y a los demás, de nuevos modos de entender al contexto social y la relación que uno tiene con él, todos ellos complicados procesos que transforman el egocentrismo primitivo del que proviene el nuevo sociocentrismo. Por otra parte, que este es una etapa inevitable y necesaria del desarrollo de las personas en su evolución hacia la autonomía y la libertad*3. Por supuesto, lo ideal es que sea una etapa intermedia y no que termine como el final del desarrollo personal, lo que lamentablemente ocurre en muchos ámbitos de actividad actuales, para una enorme cantidad de personas, ya adultas y maduras, con muy escasas probabilidades de seguir desarrollándose.

A esta libertad*2, que sin duda es todavía autoritaria, ya que se acepta por temor a las consecuencias de la generalización de la libertad*1, de raíz sociocéntrica y aun excluyente, la llamaré libertad autoritaria. Deja de ser simple, pero sigue autoritaria.

La libertad*3.-

Pero, afortunadamente, el desarrollo ético-moral no se detiene allí. En las sociedades actuales se dan muchas ocasiones en que aparece la cooperación en vez de la competencia. Se requieren y se desarrollan nuevas capacidades, tales como poder ponerse en el lugar de los demás y desde allí imaginar lo que uno sentiría si le estuviera pasando lo que al otro. Hay que aprender a "ver con ojos ajenos".

También se necesitan nuevas construcciones paradigmáticas, entre otras, que las personas son todas iguales en tanto personas, que las diferencias entre ellas son otra más de las características que las hacen iguales, ya que todas, por igual, son diferentes entre sí, que estas diferencias pueden ser más una ventaja que una dificultad si se utilizan en la cooperación. Una cooperación que consiste en la coordinación recíproca, comprensiva, coherente y voluntaria de las actividades, bastante más compleja que actuar cada uno por su cuenta, pero que rinde con creces los esfuerzos necesarios para lograrla. Son todas abstracciones difíciles de lograr, puesto que requieren de sentimientos también nuevos. Como una autoimagen o autoestima suficientemente fuertes como para aceptar que los demás pueden ser -y frecuentemente lo son- tan simpáticos, inteligentes y "normales" como es uno mismo. Que también, sólo por ser personas, merecen idéntico respeto que uno. Respeto por sí mismo simultáneo con respeto por los demás, respetos recíprocos que aparecen juntos -lo demostró Piaget- en el ejercicio y práctica de la cooperación entre iguales diferenciados.

Estas nuevas habilidades requieren de la reciprocidad y la reversibilidad, las que permiten llegar a otorgar a los demás iguales derechos que los que uno mismo reclama, para poder sentirse con pleno derecho a reclamarlos y exigirlos, entender que la posición propia puede ser asumida por los otros, aceptar que los otros son iguales que yo y con iguales derechos, etc., simplemente porque todo esto es justo, y no implica ni pérdida ni transacción interesada.

Me parece probable que estas nuevas maneras de entender las relaciones humanas pueden surgir inicialmente por simple conveniencia, por consideraciones también egoistas; a todos les conviene y a mi también. Pero la evolución ético-moral lleva finalmente a considerar estas condiciones como necesarias e indispensables, simplemente justas, por respeto por sí mismo tanto como por respeto a los demás.

Como culminación de este proceso evolutivo, del que no tengo pruebas empíricas fuertes, todavía sólo intuído, pero firmamente fundado en los hallazgos de Piaget, aparece esta libertad final, de plena evolución, la acepción de libertad entendida como general, amplia y completa, con todas sus implicaciones, como «debería ser», en sentido normativo, libertad que me parece la más correcta y la más evolucionada.

Pienso que es posible resumir todo lo anterior en una breve definición de la libertad*3, que indica que, más que un estado -ser libre-, se trata de un proceso constante, de reconstrucción permanente.

Creo que la libertad*3 es, básicamente, el ejercicio de la capacidad humana de determinar por sí mismo el curso de su propia vida, manteniendo un grado razonable de certeza de estar respetando a los demás del mismo modo en que uno se respeta a sí mismo, de manera tal que ellos puedan también determinar por sí mismos el curso de sus propias vidas.

En la terminología propuesta en este trabajo, la libertad*3 equivale al ejercicio de la capacidad de una persona de vivir de modo que en la elaboración y mantención de sus escalas valóricas motivacionales, que incluyen sus planes de vida, utiliza la autonomía ético-moral y que su actividad vital, orientada por ellos, la realiza con la misma autonomía [2].

La libertad*3 así definida reune, a mi juicio, las condiciones para ser llamada libertad autónoma. Como es elaborada por medio del modo ético-moral democrático, y por oposición a las otras, autoritarias, también puede ser denominada libertad democrática. En ambos casos, los calificativos implican el uso de ellos en el sentido dado en este trabajo, mucho más amplio y complejo que el de sus usos públicos habituales de la actualidad. Hasta me atrevería a afirmar que las libertades *1 y *2 son pre-libertades, etapas necesarias para llegar a la libertad*3, por las que todos hemos pasado, pero que es esta última la libertad por excelencia, la única que, por lo tanto, merece ser llamada simplemente libertad. Sin embargo, creo que vale la pena mantener los calificativos o los números, también en ésta, para que se note que no existe una sola, que es posible -y conveniente- distinguirlas unas de otras.

¿Cómo se forman y evolucionan realmente las diferentes concepciones de libertad durante la evolución de las personas?. Ya he esbozado, en las líneas precedentes, mi idea de cómo evoluciona la noción de libertad que usan las personas, desde la libertad*1 a la libertad*3, en clara concordancia con la evolución ético-moral, la psicológica, la de la idea de sí mismo y de la posición de sí mismo en la sociedad, además de las otras evoluciones, las que se posibilitan y refuerzan mutuamente. Pero creo que investigaciones empíricas -semejantes a las de Piaget- pueden dar muchas luces, nuevas e interesantes, tanto sobre el concepto de libertad como sobre las otras evoluciones mencionadas. El cuadro siguiente (pág 92-a) esquematiza mi actual imagen de cómo evolucionan, reacionados entre sí, los conceptos de libertad y los modos ético-morales. Me parece que éste es otro campo -muy grande y fértil- para las investigaciones científicas del dominio psicológico, y que se mantiene todavía virgen, que yo sepa [3].

Me parece importante destacar que, para que exista la libertad*3, la persona requiere tener la capacidad de vivir con libertad*3, entendida como la posibilidad real de actuar efectivamente para concretar sus planes de vida, entendiendo que estos planes son razonablemente factibles. Para lograr esta capacidad las personas necesitan estar en condiciones de adaptarse adecuadamente -en el sentido de Piaget- al mundo real, tanto físico como social. Para conseguir esta adaptación adecuada, la persona debe tener un buen dominio de otros aspectos de la vida humana, diferentes pero siempre relacionados con el aspecto ético- moral, tales como los conocimientos, el dominio de las comunicaciones interpersonales, el aspecto económico, y otros semejantes, que inciden en que los planes de vida sean razonablemente factibles. Los trataré muy brevemente, más adelante.

Por lo tanto, obviamente, la parte más importante de esta libertad*3 es que la persona sea capaz de construir y mantener escalas valóricas motivacionales, de gustos, deseos, intereses y necesidades, y de elaborar planes de vida coherentes con las realidades físicas y sociales que conforman su entorno, lo que estaría ya subentendido si estas escalas valóricas motivacionales y planes de vida han sido construidos con autonomía y la persona tiene las capacidades ya dichas.

Nuevamente surge la necesidad de aclarar  acotar términos. Ya he planteado lo que entiendo por "escalas valóricas motivacionales", referidas a los gustos, deseos, intereses y necesidades[4], y que una clase de escala valórica de este tipo, importante como para recibir nombre propio, está formada por los planes de vida. 

¿Qué quiero decir con «planes de vida»? 

Me parece que un «plan de vida» consiste en un conjunto de construcciones paradigmáticas acerca de todos los gustos, deseos, intereses y y necesidades propios que una persona quiere satisfacer durante lo que le queda de vida, y que orienta su acción actual en prepearación para sus acciones en un período futuro.

Es mi impresión que algunas personas, no todas, incluyen en estas construcciones paradigmáticas su intención de realizar ciertos conjuntos de acciones --como una profesión o actividad-- que suponen les ayudará a cumplir un plan de vida, mientras que la mayoría se contenta con acariciar sus aspiraciones, pero desconectadas de las acciones necesarias para lograrlas, como si la vida, por sí misma, fuera a darles lo que desean. Muy curioso, puesto que los niños casi siempre parten por "elegir" una "profesión" desde muy pequeños, -unos serán bomberos, otros astronautas- por supuesto muy alejados de las posibilidades factibles.

También me parece que casi todos los jóvenes y muchísimos adultos mantienen planes de vida parciales simultáneos, con escasa coherencia de unos con otros, habitualmente unos incompatibles con los otros, casi como si cada persona pudiera "vivir varias vidas" simultáneas. Y que son muy pocos los adultos maduros que se dan cuenta que ineludiblemente tienen que elegir, y que han elegido un plan coherente y factible entre todos los posibles que les habrían gustado.

Estas consideraciones tienen sentido en el desarrollo de un ciclo vital, observable en el curso de una vida, en la que se pasa por diferentes etapas, las que, a grandes trazos, entiendo que serían las siguientes:

-la niñez, en la que los planes de vida son de muy corto alcance, muy poco realistas y casi nunca conscientes.

-la juventud, en la que se abre un abanico creciente de posibilidades, mayor mientras se va descubriendo el mundo físico y social en su enorme variedad y se van asentando las construcciones paradigmáticas en las que uno mismo se posiciona en el universo. El realismo o factibilidad, así como la conciencia de los planes tiende a crecer en la medida que el medio social lo fomenta.

-la "adultez", período en el que se toman -o se deberían tomar- una serie de decisiones sucesivas, que van acotando el abanico y determinan una elección de un plan de vida entre todos los posibles. Las circunstancias vitales naturales -las disponibilades de tiempo, de capacidades, de energía, etc.- van acelerando y forzando decisiones, que terminan por resultar así, generalmente con poca influencia de la voluntad personal.

-por último, la madurez, período en que se tiende repensar y reformular el sentido y la actividad vital, con mayor conciencia, realismo y orientación a la autorealización.

La forma en que las personas elaboran sus planes de vida y la evolución de estas formas a lo largo de la vida constituye, a mi juicio, otro amplio dominio de investigación. Entiendo que el campo de los planes de vida ha sido ya extensamente estudiado pero me parece que no ocurre otro tanto con la forma en que evoluciona el modo en que se construyen, y que constituye, a mi juicio, un objeto de estudio diferente del anterior.

Por eso es que creo importante revisarlo a la luz del sistema conceptual propuesto y con la metodología de Piaget, es decir, siguiendo la evolución desde los niños más pequeños hasta llegar a los adolescentes o adultos, cuidando de abarcar hasta donde sea necesario para cubrir la gama completa de modos de elaborarlos que son posibles.

Las características conocidas del desarrollo ético-moral y psicológico [5] hacen razonable suponer que el grado en que las personas pueden -están en condiciones- de conseguir autonomía en la construcción de sus escalas valóricas de gustos, deseos, intereses y necesidades aparece lentamente, a partir de los 8-10 años, en algunos ámbitos de actividad -como los juegos de niños-, comenzando con la autonomía práctica, y que esta habilidad va creciendo, también lentamente, durante toda la vida. Los máximos alcanzados por cada persona en cada uno de los ámbitos de actividad en que vive dependen no sólo de las capacidades previas de actuar con autonomía de esa persona sino también, y fuertemente, de los niveles generales de autonomía de cada uno de esos ámbitos de actividad. Estos niveles de autonomía dependen también del tipo de actividad que la persona desarrolla, variando de una actividad a otra.

Estoy considerando como «actividad» a un conjunto de acciones que adquieren sentido y coherencia en base a un mismo sistema de regularidades o reglas relacionadas entre sí, un sistema de construcciones paradigmáticas que conforman un dominio. Y «ámbitos de actividad» como los espacios físico-sociales en los que las personas desarrollan sus diferentes actividades.

Recordemos que el mismo tipo de actividad ejecutado en un nuevo ámbito de actividad requiere de un nuevo aprendizaje y adaptación -en el sentido de Piaget- de las experiencias anteriores de la persona. Es decir, la autonomía adquirida en una actividad ejercida antes en un ámbito de actividad requiere ser adaptada -re-aprendida- cuando esa misma actividad se realiza en otro ámbito.

Me parece razonable suponer -y muy interesante de investigar científicamente- que las personas elaborarán planes de vida tales que, en los diferentes ámbitos de actividad que estos planes consideran, aplican un grado de autonomía muy semejante al que aplican en esos mismos ámbitos de actividad en la vida cotidiana. Aceptando esta suposición, se deduce que existe una relación directa entre grado de autonomía alcanzado por una persona y grado de libertad*3 con que esa persona opera. Dicho de otro modo, la libertad*3 alcanzada por una persona en un ámbito de actividad específico es directamente proporcional a la autonomía que ha logrado, e inversamente proporcional a su autoritarismo remanente, en dicho ámbito.

Creo que lo que he subrayado y remarcado, realmente lo merece, porque es de gran importancia. Se deduce directamente de considerar cierta la hipótesis del párrafo anterior: si el grado de autonomía determina el grado de libertad*3, y la autonomía alcanzada depende del ámbito de actividad que tomemos en cuenta, entonces tendremos diferentes grados de libertad*3 en distintos ámbitos de actividad, tal como ocurre con la autonomía.

Sin perjuicio de la obvia necesidad de investigar y de verificar científicamente esta afirmación, me parece que las realidades sociales actuales muetran claros y numerosos casos de personas que exhiben libertad*1 en algunos ámbitos de actividad, libertad*2 en otros y libertad*3 en otros.

Cuando una persona se integra en un ámbito de actividad cualquiera se encuentra con un mundo ya organizado completamente y acostumbrado a operar con cierto grado de autoritarismo remanente que es producto del equilibrio dinámico de los diferentes grados de autoritarismo remanente de las personas que lo componen: el que se integra se adapta -asimila la forma de actuar del grupo y acomoda su propio actuar- al medio social ya existente, no sólo en lo que se refiere a las técnicas y métodos de trabajo, a los horarios y sistemas de remuneración, y a numerosos otros tipos de "costumbres" propios y característicos de ese grupo social, también lo hace en lo que tiene que ver con el autoritarismo remanente habitual en ese grupo. Dependiendo de las personas y de los medios sociales, en especial de su tamaño, la influencia de una sola persona que se integra suele ser cada vez menor mientras más grande y más "institucionalizado" es el grupo.

Pero el factor que a mi parecer incide más en la disminución de la influencia individual en un grupo social suele ser el grado de autoritarismo remanente de ese medio social: mientras más autoritarismo remanente tengan sus diferentes ámbitos de actividad, más rígidos e inflexibles serán estos medios a las sugerencias y/o necesidades de las personas en cuanto individuos.

El aprendizaje de la autonomía implica cambios muy fuertes de construcciones paradigmáticas acerca de sí mismo, del entorno social, del modo de relacionarse, del modo de elaborar reglas, etc. En todos estos cambios están implícitos variados riesgos y peligros: de equivocarse, de no entender bien o de no ser bien entendido, de ser mal considerado por los demás, de ser rechazado o marginado por el grupo, de dejar "terrenos conocidos" y entrar en otros desconocidos, entre muchos otros. Si no se tiene una buena autoimagen y suficiente confianza en los medios propios los temores generados se transforman en estados emocionales turbulentos, incluso de agresión, los que inducen regresión al modo ético-moral más primitivo y espontáneo, la heteronomía, principalmente por disminuir la capacidad de razonar.

Por otra parte, una persona que en cierto dominio sólo sabe actuar con heteronomía, no podrá "entender" el modo de la autonomía, por lo que sus interlocutores, si son más autónomos que ella, tendrán que descender a este modo -a veces hasta conscientemente- para poder relacionarse con ella. Esto es lo que sucede habitualmente entre los padres -o quienes los reemplacen- y sus niños pequeños.

Cabe la alternativa de que las contrapartes de esta persona, autoritaria en este ámbito de actividad, dominen bien el modo democrático, y estén en condiciones de comprenderla, asumiendo y aceptando su autoritarismo, incluso intentando ayudarla para facilitarle el progreso ético-moral en este ámbito. Pero si esas personas no están en buen dominio del modo democrático, es muy posible que se vean "arrastrados" a una relación de pura heteronomía. Lo mismo puede ocurrir si durante la relación surgen conflictos intensos que despierten estados emocionales turbulentos, sean o no de agresión.

El caso de interacciones en que todas las personas sólo se manejan en el modo autoritario es, obviamente, reforzante de la heteronomía de sus participantes, aumentando el autoritarismo remanente de todos ellos.

He planteado algunas de las características que yo imagino tiene el proceso de adquisición de autonomía en un dominio genérico, junto con las dificultades inherentes -que también imagino a partir de mis acostumbradas observaciones asistemáticas- debe experimentar una persona que se integra a un ámbito de actividad nuevo para ella.

Aparte de que destacan la importancia de investigar metódica y sistemáticamente estos fenómenos, estas exposiciones tentativas muestran que las experiencias e investigaciones de Piaget, al proporcionar las claves fundamentales para comenzar a entender el proceso del desarrollo ético-moral, han hecho factible una enorme gama de otras investigaciones, sentando las bases, complejísimas, de un nuevo modo de entender y ver las relaciones humanas.

A pesar de mostrar claramente el camino a seguir, sus aportes fundacionales sólo constituyen un tímido comienzo de una gigantesca serie de otras investigaciones que es indispensable efectuar si es que queremos tener acceso a un cuadro que sólo comprenderemos bien cuando esté medianamente completo.

Estas dificultades, siendo sólo algunos ejemplos del gran total de las que aparecen en el intento de practicar la autonomía [6], dan una idea de la fuerza de las tendencias humanas hacia operar con mayor autonomía cada vez. Si bien es cierto que el autoritarismo remanente es una característica inevitable y consustancial al género humano, que está y estará siempre presente y gravitando hacia su permanante reaparecimiento, su misma potencia deja de manifiesto la fortaleza y tenacidad de la tendencia, también permanente de la especie, hacia la disminución constante del autoritarismo remanente a lo largo de toda la historia.

No importa lo fuerte que sea el autoritarismo remanente, que se autorefuerza, o lo complicados y difíciles que son los procesos que llevan a la autonomía, igual el autoritarismo ha tendido, hasta ahora, a ser un remanente y la autonomía a ser mayor mientras más tiempo pasa.

A diferentes velocidades en distintos períodos, incluso con fuertes retrocesos, pero con una resultante clara de disminución en el largo plazo [7].

El peso del autoritarismo remanente y sus efectos de retardar y dificultar estas tendencias hacia la autonomía ha sido caracterizado por Fromm como el miedo a la libertad y tratado magistralmente en su libro del mismo nombre {17}. Creo que el miedo a la libertad (y deduzco que Fromm se refiere al miedo a la libertad*3) está principalmente dirigido a describir y destacar la preferencia de las personas por el autoritarismo en aquellos ámbitos de actividad en que no han aprendido aun a operar con autonomía, incluso resistiéndose a las sugestiones de aceptar una posición más autónoma, en todos los sentidos que aquí he dado a la autonomía.

Hay, sin duda, una variedad considerable de otros aspectos de la vida humana actual que inciden en el logro de una libertad*3 integral, ya sea por sí mismos, dificultando la acción, o porque además inciden en la construcción y mantención de las escalas valóricas de gustos, deseos, intereses y necesidades, incluyendo a los planes de vida

-Buenos conocimientos.-

Entre estos otros aspectos destaca fuertemente la adquisición de un buen conjunto de construcciones paradigmáticas y de buenos métodos de construirlas, mantenerlas y luego de aplicarlas. Por una parte, de las construcciones paradigmáticas de uso público relativas a la vida social cotidiana -sobre la forma de operar en sociedad-, indispensables para obtener un buen grado de "sintonía" con las demás personas, y por otra, las construcciones paradigmáticas y métodos que he llamado científicos, los que complementan a las anteriores, generalmente relativas a cómo "opera" el mundo físico, y que permiten que la persona pueda obtener el mayor grado posible de eficiencia en sus proyectos y en sus acciones, vale decir, que sus esfuerzos produzcan lo que ella espera que produzcan.

Cabe destacar que el primer grupo de construcciones paradigmáticas, del dominio llamado "ciencias humanas", permanece en su mayoría lejos de alcanzar las características de científicas, mientras el dominio de las "ciencias físicas", el segundo, lo ha logrado en buena medida, aun cuando su difusión no llega al grueso de la población, manteniéndose, en sus niveles más altos, sólo dentro de grupos reducidos de especialistas de cada rama.

Estas diferencias se agravan por el hecho de que los conocimientos del mundo físico pueden ser utilizados -por los especialistas que los dominan- para fabricar productos que después puede usar cualquier otra persona con un mínimo de conocimientos acerca de cómo usarlos -las instrucciones de uso- generalmente muy simples. Es decir, para usar un aparato tan complejo como un teléfono celular no se requiere ser especialista en ellos, basta con saber operarlo, como se operan las llamadas "cajas negras". En caso de fallas, que son esporádicas, basta con llamar a un especialista.

En cambio, para usar eficientemente el primer grupo de construcciones paradigmáticas, el de las ciencias humanas, cada cual requiere de un alto nivel de conocimientos en múltiples áreas. Y las necesita para uso inmediato, debe poder relacionarlos unos con otros y resolver las dificultades en el momento en que se producen. Cuando se tiene un problema de relaciones humanas con el jefe, o con los hijos, o con un socio, o con los compañeros de trabajo, o con la pareja, no queda tiempo para consultar con un especialista.

Para ser un padre o madre eficiente, al nivel de eficiencia que se podría alcanzar hoy en día, se necesitaría saber psicología y sociología, pedagogía, nutrición, biología y medicina básicos, y muchos otros más.

Los conocimientos básicos acerca de cómo funciona el mundo físico, los problemas biológicos incluídos, se entregan más o menos organizadamente, más o menos actualizados -están, al menos, contemplados en los planes de estudio- pero aquellos que se refieren a cómo operan las personas tienen que ser adquiridos por osmosis, a pulso, desde las construcciones paradigmáticas de uso público, las del sentido común, generalmente confusas y sin ningún método. Sin duda hay un defecto importante de los sistemas establecidos de formación en estos aspectos.

Estos conocimientos proveen -o deberían proveer- de herramientas muy poderosas y necesarias para la autodeterminación. Aquí incluyo los contenidos del Cuadro de Necesidades y Satisfactores de Max-Nef, que ya he mencionado [8].

-La buena comunicación.

Otro elemento muy importante en la construcción de una libertad*3 personal integral es el buen manejo de la comunicación social, tanto de las diferentes formas del lenguaje -ojalá de varios idiomas- como de aquellos tipos de comunicación menos reconocidos como tales, entre los que puedo mencionar a la comunicación gestual, postural, y a las diversas formas estéticas de comunicación. Aquí cabe destacar los aportes de Fernando Flores y sus colaboradores en el ámbito del trabajo, y que también se extienden y aplican a otros ámbitos [9].

-La independencia económica.

No se puede dejar de mencionar el aspecto económico, vital para que una persona pueda autodeterminarse y ser verdaderamente libre. En las sociedades capitalistas actuales este aspecto constituye una de las principales causas de pérdida de libertad*3. Desde el mismo nacimiento, las diferencias de educación y formación, salud, vivienda, alimentación, acceso a deportes y a la sana recreación, y tantas otras diferencias que lleva aparejada la pertenencia -sólo por haber nacido de ciertos padres- a uno u otro nivel socioeconómico hacen que las personas ingresen al mundo social y permanezcan en el con enormes diferencias de grados de libertad económica. No sólo por la institución de la herencia económica, pareciera que se hereda también todo un mundo de posibilidades fuertemente diferenciadas.

Estas desigualdades, que parecen acrecentarse sin límites, se desatan incluso dependiendo del país al que se pertenece y a la región del globo en que está situado el país. También en este aspecto las discriminaciones y desequilibrios se ven como tendiendo a la situación de cismogénesis complementaria, usando la terminología de Bateson.

El papel del Estado en los paises, y de las Organizaciones Internacionales en las relaciones entre los paises, en la corrección, no ya de la situación sino que sólo de las tendencias, muestra más y mejores intenciones que efectos significativos.

Es mi impresión que en el aspecto económico no será posible corregir desde el fondo mismo estas anomalías, tantas veces y tan dramáticamente descritas, mientras no se apliquen a él, desde los mismos individuos que componen las sociedades, criterios de decisión de autonomía ético-moral en vez del principio del lucro personal, basado en la idea del pretendido egoísmo intrínseco de los seres humanos. Creo que el principio básico del capitalismo, en cualquiera de sus formas, es el del resguardo de la libertad*1 en los ámbitos de actividad económica, con algunos vestigios de libertad*2, en perjuicio de una libertad*3 generalizada. Reitero que, a mi juicio, se requiere del re-estudio de muchos de los principales postulados de los socialismos, los que tienden al logro de la libertad*3, para aplicarlos en conjunto con la óptica del sistema conceptual propuesto tanto a las relaciones económicas al interior de cada país como a las relaciones económicas entre los paises.

Ya he planteado mi creencia de que las realidades físicas y sociales constituyen sistemas multi-inter-relacionados: nuevamente esta idea se me refuerza al considerar los múltiples efectos recíprocos que se producen entre estos diferentes aspectos.

El buen dominio de un amplio espectro de conocimientos está relacionado, en ambos sentidos, con el buen dominio de lenguajes generales y específicos, la capacidad económica depende de, y facilita, los conocimientos. Todo en circuitos complejos en los que los efectos recíprocos inducen la sinergia, tanto positiva como negativamente.

-La libertad interior.-

Las libertades que acabamos de ver están referidas a las posibilidades de autodeterminación de una persona con respecto a condiciones o determinantes externos a ella misma, las que dependen casi totalmente del medio social, por lo que le resultan inevitables y extraordinariamente difíciles de modificar.

Hay algunos ámbitos en los que también se puede ser más o menos libre, otros aspectos de la libertad que, a mi juicio, son elaborados desde dentro de nosotros mismos, y que, por lo mismo, deberían ser modificables sin tener que contar con la colaboración de todo el resto del medio social. Estos son las motivaciones y voliciones, las que contemplan los gustos, deseos, intereses y necesidades.

A pesar de que se podría excluir de este grupo a los planes de vida, ya que dependen mucho de las condiciones externas de libertad antes vistas, la influencia de las motivaciones y voliciones en los planes de vida me parece tan grande, que saldrán necesariamente alterados por cualquier cambio que hagamos en ellas.

Sin embargo, todo lo que podríamos llamar "nuestro interior" -eso desde lo cual elaboramos las motivaciones y voliciones-, también lo hemos construido socialmente, es decir, también lo hemos construido en resonancia con nuestro medio social.

Pero esta resonancia o interacción con el medio social puede haber sido realizada de diferentes modos -heteronomía, autonomía, o mezclas de ambas, habitualmente cargadas hacia uno de los extremos-, lo que sin duda redundará en muy distintos grados de autodeterminación de cada uno de los gustos, deseos, intereses y necesidades. Por lo tanto, puede haber muy diferentes tipos y grados de libertad interior.

Por similitud con la forma en que utilizamos los modos en el dominio ético-moral, me parece probable que en este otro dominio también usemos diferentes modos en distintos grupos relacionados de motivaciones y voliciones, a semejanza de los que llamé antes ámbitos de actividad. Y entonces, tendríamos diferente grado de autoritarismo remanente en la construcción de cada grupo relacionado de motivaciones y voliciones, y además, también diferenciado para las motivaciones y voliciones correspondientes a diferentes ámbitos de actividad.

¿De qué depende el modo que una persona utiliza de preferencia para elaborar sus motivaciones y voliciones?. Yo creo que otra vez el medio social juega un papel preponderante: de este medio social hemos aprendido cómo se hacen los gustos, deseos, intereses y necesidades, con qué modo se construye cada grupo relacionado de ellos. Creo que el aprendizaje mimético es el que usamos de preferencia, en rutinas no conscientes, y que dan como resultado otras rutinas no conscientes.

¿Qué son las motivaciones y voliciones?. Yo pienso que todas son construcciones paradigmáticas, que tienen generalmente una base biológica como punto de partida, mas fuertes mientras más simples o cercanas al dominio biológico sean las motivaciones y voliciones, pero que también son muy fuertemente influidas por los modelos sociales, con más influencia social mientras más se alejen de los dominios anteriores o mientras más complejas.

¿Qué tan poderosos pueden ser los influjos sociales?. Creo que basta con considerar un asunto tan biológico como la alimentación, en el que la potencia de los efectos sociales puede llevar a extremos tales como la obesidad o la desnutrición, ambas causas de muerte si se salen de los límites naturales.

Sin duda, los gustos y preferencias más directamente relacionados con las necesidades biológicas, dependen más de las características biológicas de las personas que del influjo social. Algunas prefieren lo dulce y otras lo salado, unas gustan de lo ácido y otras no. Este es el punto en que es válido el refrán "sobre gustos no hay nada escrito". Pero incluso en este campo los modelos sociales juegan un papel importante. No es aventurado afirmar que las personas sienten predilección por las comidas y bebidas del tipo que han recibido desde pequeñas en sus familias, con variantes individuales mas bien excepcionales. La propaganda masiva y los modelos sociales también hacen su aporte, muy bien disimulados y presentados seductoramente.

¿Cómo será que construimos nuestras motivaciones y voliciones en diferentes etapas de la vida?. Mi visión hipotética y tentativa de esta evolución, a la luz del sistema propuesto, es la que sigue.

Inicialmente, en la niñez, los modelos están dados, principalmente, por el ámbito familiar: se reciben con heteronomía, con certeza, porque los niños no son capaces de autonomía. A medida que el niño crece y se independiza, relativamente, de sus sostenedores, puede comenzar a relacionarse con otros niños y con su medio ambiente físico, o bien, dedicarse a observar como otras personas -a veces otros niños- lo hacen por él, en la medida en que aprende a observar pasivamente la mágica pantalla chica. Ahora, con el advenimiento de la televisión, los padres y cuidadores pueden descansar del agotador y pesado trabajo de estar pendientes, sin cesar, de los retoños, pero, como contrapartida, en su papel de modelos de cómo vivir, han quedado en segundos, terceros y cuartos planos: los modelos los da la televisión. Y entiendo por televisión tanto a las transmisiones "en vivo y en directo" -que puede ser todo "envasado"- como a los videos, equivalentes a las anteriores pero sin comerciales.

Entonces, a la heteronomía propia y característica de la niñez, se agrega una socialización trunca, de una sola vía -desde la pantalla al observador-, sin actividad o interacción motora de parte del que mira, y cuyos efectos en las personas y en los grupos societales estamos recién comenzando a sopesar. Entiendo que la falta de actividad en los primeros años repercute muy fuertemente en los desarrollos posteriores, lo que se habría detectado o sospechado desde antes de la invasión masiva de la televisión.

Durante la pubertad comienzan a influir, además de la familia y la televisión, los grupos de pertenencia -de pares, de estudio o de pandilleros- si es que no se ha producido la adicción a la televisión. Estos grupos indican ahora cuales son los modelos a seguir, con la proporción de televisión que los mismos grupos más la familia inducen. Es en esta etapa cuando la socialización -la relación activa con otras personas- cobra su mayor importancia, puesto que permite entender en la práctica la reversibilidad y la reciprocidad, fundamentales para lograr la autonomía, las que requieren ser practicadas. No basta con ver como lo hacen los demás, es necesario estar inmerso uno mismo en la experiencia de la relación con otros, característico del aprendizaje mimético.

¿Será factible aprender a relacionarse de igual a igual sólo viendo televisión?. Me parece simplemente imposible. Para agravar el cuadro, es también esta etapa en la cual los jóvenes actuales "descubren" las maravillas de la computación, otra pantallita milagrosa, todavía más "antisocial" que la televisión, por más "amistosas" que se intente hacer sus aplicaciones o programas: siempre serán rígidas en comparación con cualquier ser vivo. Para colmo, juegan un juego en el que siempre tienen razón, siempre el que no entendió bien es el que está tratando de ajustarse a sus normas inflexibles. Sin negar su extraodinario valor como herramientas para las personas que ya se han socializado adecuadamente, creo que los computadores personales usados sin mesura pueden cumplir un rol todavía más negativo que ver la televisión en exceso, sólo superable por la combinación de ambas prácticas.

Al llegar la adultez, comienzan su influencia los grupos de pertenencia del trabajo, más los amigos, más la televisión, otra vez.

Terminar la etapa de la educación y comenzar a trabajar -lo que se considera "normal" pero que no siempre se cumple para todas las personas, ni en las mismas edades- implica entrar en ámbitos de actividad que eran desconocidos hasta entonces, generalmente amplios, en los cuales existen una multitud de hábitos y normas relativos al trabajo, pero también "necesidades", actividades, preferencias y gustos que no tienen que ver con el trabajo mismo, pero que son aceptados por el conjunto social del ámbito del trabajo como adecuados. Todo esto firmemente establecido desde antes del ingreso de cada nuevo trabajador. Si el novato desea "integrarse" y ser aceptado por los demás -casi siempre lo necesita además de desearlo- debe adaptarse a todo este nuevo universo.

Esta adaptación puede ser realizada por simple sometimiento al grupo, en el extremo en que se acepta todo lo que el grupo social plantea -sin respeto por sí mismo, por la opinión propia- o puede ser intentada como un rechazo total, en el extremo en que no se acepta nada de los planteamientos del grupo -sin respeto por los demás, por lo que piensan y sienten los otros-. Entre ambos extremos, ambos autoritarios, cabe la alternativa de aplicar el análisis crítico propio en la consideración respetuosa de los postulados ajenos, con la que se conjuga el respeto por sí mismo con el respeto simultáneo por los demás, lográndose una adaptación equilibrada y de autonomía.

Lo mismo que he planteado para el ámbito del trabajo vale, a mi juicio, para otros ámbitos de actividad, los de los amigos, los clubes deportivos o actividades recreativas y/o artísticas, políticas y de otros tipos semejantes. Por supuesto, también me parece válido para las etapas de formación durante la juventud, anterior a esta etapa, y para la que viene.

Al final, en la madurez y la vejez, tal vez pueden las personas llegar a escucharse a sí mismas. Las condiciones habituales de hoy se prestan para que las personas en estas etapas tiendan a reflexionar sobre sí mismas más que en las anteriores. A menos que la sempiterna televisión nos releve de tener que vivir la vida por nosotros mismos, y nos conformemos con mirar como la viven otros, en la fácil y barata pantalla chica.

¿Cómo eran las cosas antes de la televisión?. Para los que vivimos la época previa a la televisión ya resulta complicado acordarse de entonces y recomponer el cuadro. Con mayor razón, los que son suficientemente jóvenes como para no haberlo vivido, deben tener graves dificultades para imaginarlo. No resulta tan extraña la pregunta recurrente de muchos jóvenes que nos dicen con cierto asombro: ¿Qué hacían ustedes antes de la tele?.

Afortunadamente, hay muchas versiones escritas de otros, tanto o más viejos que yo, que nos pueden ayudar a entender ese período. Y que vienen muy bién al caso, porque hace mucho tiempo que existen personas preocupadas de cómo elaboran las personas sus ideas de "como es bueno que uno sea". Y que además escriben muy bonito. Escuchemos a Erich Fromm, en un trozo de "Ética y Psicoanálisis" [10], libro publicado en 1947.

"En nuestro tiempo, la orientación mercantil se ha desarrollado rápida y juntamente con el desarrollo de un nuevo mercado, el 'mercado de la personalidad', que es un fenómeno de las últimas décadas." "Empleados y vendedores, hombres de negocios y médicos, abogados y artistas, todos aparecen en este mercado."..."todos... dependen, para lograr su éxito material, de una aceptación personal por parte de aquellos que necesitan de sus servicios o les dan empleo."... "Es cierto que nuestro sistema económico no podría funcionar si los individuos no fueran hábiles para cumplir sus tareas específicas y poseyeran tan solo una personalidad agradable."... "Ni aun la personalidad más atractiva impedirá que una secretaria pierda su empleo, a menos que sepa teclear con una rapidez razonable. Sin embargo, si investigamos cual es la importancia respectiva de la habilidad y de la personalidad como condiciones para el éxito, encontraremos que sólo en casos excepcionales el éxito es predominantemente el resultado de la habilidad y de ciertas otras cualidades humanas, como la honestidad, la decencia y la integridad."... "el 'factor personalidad' tiene siempre un papel decisivo."... Esto "modela la actitud hacia sí mismo. Si para lograr un medio de vida fuera suficiente contar tan solo con lo que uno sabe y es capaz de hacer, la autoestimación estaría en proporción con la propia capacidad, es decir, con el propio valor de utilidad."... "uno se experimenta a sí mismo como una mercancía, o mas bién, simultáneamente, como el vendedor y la mercancía en venta. La persona no se preocupa tanto por su vida y felicidad como por ser 'vendible'. Esta sensación puede compararse con la que experimentarían"... "unos bolsos de mujer, colocados en un escaparate."... "Como el bolso, se debe estar 'de moda' en el mercado de la personalidad, y para eso debe saberse qué clase de personalidad es la de mayor demanda. Este conocimiento se transmite de manera general a través de todo el proceso de la educación, desde el jardín de niños hasta las escuelas superiores, y es complementado en la vida familiar. Sin embargo, el conocimiento adquirido en esta época temprana es insuficiente; se enfatizan únicamente ciertas cualidades generales, como la adaptabilidad, la ambición y la sensibilidad para reconocer las esperanzas cambiantes de otras personas. La imagen más específica de los modelo del éxito se obtiene en otra parte. Las revistas ilustradas, los periódicos y los noticieros cinematográficos ofrecen retratos y biografías de los individuos que triunfan y logran éxito en las más variadas esferas. El anuncio ilustrado [la propaganda actual] cumple una función similar. El hombre de negocios destacado o el funcionario prominente, cuyo retrato aparece en el anuncio de una sastrería, representa la imagen de cómo debe uno ser y lucir, si es que aspira a 'llegar a rico' en el mercado contemporáneo de la personalidad." ... "El medio más importante para la transmisión del modelo de personalidad más deseable al hombre común y corriente, es la película cinematográfica. La joven trata de emular la expresión facial, el tocado y los gestos de la estrella más cotizada, como el camino más seguro del éxito. El joven trata de lucir y de ser como el modelo que ha visto en la pantalla. Si bien el ciudadano promedio tiene poco contacto con la vida de las personas triunfadoras, su relación con los astros cinematográficos es distinta. Es cierto que tampoco está en contacto real con ellos, pero puede verlos una y otra vez en la pantalla, escribirles y recibir sus retratos autografiados."... "nuestros astros cinematográficos no tienen grandes obras o ideas que transmitir, pero su función es servir de vínculo entre el hombre de la calle y el mundo de los 'grandes'. A pesar de que no se abrigue la esperanza de llegar a triunfar como ellos, uno puede tratar de emularlos, pues ellos son los 'santos' y debido a su éxito personifican las normas de vida."

Esta cita, tal vez un poco larga, pero indudablemente atingente, me libera del análisis detallado de cómo se forman los gustos, deseos, intereses y necesidades, ahora, en 1993. Bastaría, tal vez, con hacer algunas acotaciones. Porque el mecanismo no parece haber cambiado demasiado, al menos en cuanto a sus fundamentos.

Resaltan las similitudes. En 46 años las cosas parecen haber cambiado muy poco. Se ve como si el cine hubiera sido reemplazado por la televisión, videos incluidos, y punto. Pero creo que el asunto no es tan sencillo.

Antes se iba al cine una vez a la semana, máximo dos veces, cuando se disponía de los medios y el tiempo. Otras personas, en especial las mujeres, las que, en muchos casos, sólo iban si las acompañaba un hermano o pariente mayor, iban con mucho menor frecuencia. La tele es hoy la "entretención" que ocupa la mayor parte del tiempo libre, y hasta del no libre. Los "anuncios" no eran ni la sombra de agresivos, mucho menos lo masivos, de lo que suelen ser hoy. Las películas de hace 20, 30 o más años, no mostraban la violencia ni el gusto o placer por la violencia que es casi una constante de las actuales.

Es cierto que no todos los cambios son negativos. Ha habido fuertes modificaciones en las costumbres que promueven la mejor socialización de las mujeres, tales como el aumento de la libertad para salir de la casa solas, para estudiar profesiones que antes estaban reservadas sólo a los hombres, lo que condujo, obviamente, a que después trabajaran en ellas, y, en especial, la aceptación generalizada del trabajo femenino fuera de sus casas, en abierta competencia con los hombres. Cada vez en mayor pie de igualdad, aun cuando todavía se mantienen muchas de las antiguas desigualdades, puesto que las mujeres suelen ganar menos que los hombres que desempeñan los mismos trabajos, y porque siguen existiendo campos enteros y niveles jerárquicos que les son negados, sólo por el hecho de ser mujeres.

Los efectos de esa forma de autoritarismo de género que se conoce como «machismo», la discriminación por el sexo que se ha mantenido en el tiempo, desde el comienzo de la historia escrita, por las construcciones paradigmáticas de todo el cuerpo social, incluidas las mujeres, en claro desmedro de ellas y también en perjuicio de los hombres, tiene un enorme efecto en la limitación de la libertad interior y en el logro de una vida más plena, para ambos sexos. Afortunadamente, la reproducción de estas construcciones paradigmáticas en el cuerpo social está en claro retroceso en la actualidad en la mayoría de los paises del mundo, por múltiples razones.

Este retroceso, demostrativo de la disminución sostenida del autoritarismo remanente del conjunto del cuerpo social, tiene sus raíces más importantes, a mi juicio, en consideraciones económicas -la necesidad creciente de mano de obra- y en la difusión masiva de las construcciones paradigmáticas científicas básicas en la educación formal universal -para ambos sexos-, apoyadas por las demandas de los movimientos igualitarios feministas, entre las que tuvieron especial importancia los movimientos sufragistas. ¿Son estos movimientos los que generan los cambios de costumbres?. ¿O son los cambios de costumbres los que generan estos movimientos? Creo que es un falso dilema, puesto que en los sistemas societales todos los fenómenos sociales están interrelacionados y se refuerzan entre sí, por lo que creo que ambas afirmaciones son ciertas y no excluyentes.

Entre los movimientos feministas actuales cabe destacar la existencia de algunas cuasi-ideologías extremistas que alegando la injusticia real de las discriminaciones por género plantean formas de relación entre los sexos que promueven la discriminación negativa de los hombres, a mi entender tan regresivas como los males que pretenden aliviar, tan autoritarias como aquellos, ya que sólo conseguirían invertir la situación anterior. Por suerte, parecen ser tan minoritarias como otras formas de extremismos, con las que comparten el autoritarismo extremo que Piaget llamó ética primitiva.

Hay aquí cambios significativos, cuantitativos y cualitativos, que se potencian entre sí. La diferencia de tiempos dedicados a las pantallas, de las grandes a las chicas, resulta muy grande: desde dos a cuatro horas por semana, antes, a una cifra parecida pero por día, ahora, un aumento del orden de siete veces. Tiempo al que debe agregarse el que todavía dedicamos a la pantalla grande. Esta diferencia es tiempo que ya no se emplea en la relación con otras personas, de persona a persona, que ahora no implica aumento de la socialización más efectiva.

La fuente principal de modelos de cómo se debe ser, de qué vale la pena obtener de la vida, de qué vale la pena sentir y cómo se debe expresar, de qué se debe comprar y cómo se debe uno vestir, y también de los temas de conversación que se pueden y deben compartir con otros, sin duda que es, actualmente, la televisión. A través de los noticiarios y de los comentarios nos dice además, cómo piensa la gente "importante", como es el mundo. Con una potencia de convencimiento y penetración que lleva al espectador al estado de cuasi hipnósis, según se sospecha con bastantes fundamentos.

Para empeorar las cosas, son muy raros los programas y anuncios en que la televisión o el cine muestran ejemplos de aplicación de autonomía, los que podrían servir como modelos positivos, aun cuando siempre adolecerían del ingrediente principal de la autonomía, que es la interacción propia, el "estar metido" uno mismo en la interacción. También en este sentido los modelos de estos medios de difusión, sustitutos habituales de la relación social persona a persona, muestran graves falencias sistemáticas y cuasi permanentes: están plagados de heteronomía y de ética primitiva, presentadas como si fueran las formas más adecuadas y gratificantes de relación social.

Esta es la fuente de la que "sacamos" los modelos para elaborar los gustos, deseos, intereses y necesidades. Que es especialmente fuerte para los más jóvenes, para los que tienen menos práctica en aplicar su análisis crítico propio, también a lo que se ve en la pantalla, esa con la que no se saca nada con discutir, porque no es muda, pero sí sorda.

Las otras fuentes de modelos importantes, como los ámbitos de la educación formal y los laborales, en los que ocupamos una gran cantidad de horas por día, también están habitualmente penetrados por la televisión y sus modelos. También en estos espacios de convivencia se constituyen como la principal y más recurrente fuente de generación de temas de conversación.

Si los gustos, deseos, intereses y necesidades son los motores que llevan a la acción, seremos libres con libertad *1, *2 o *3 en la medida que podamos elaborar las construcciones paradigmáticas de cada "rubro" con autoritarismo egocéntrico -la niñez, y también despues-, con autoritarismo sociocéntrico -desde la pubertad en adelante-, con ética primitiva, mezcla de egocentrismo y sociocentrismo o egosociocentrismo -desde la pubertad en adelante-, o con autonomía -sólo desde la adolescencia en adelante-.

Los límites indicados son, según me parece, las etapas vitales mínimas en las que comienza a aparecer cada modo, pero nada garantiza que, una vez que surgen, al pasar a la etapa vital siguiente, se superen los modos anteriores. La mejor opción es la de estar en condiciones de saber reconocer las diferencias entre los modos, y luego en elegir el modo que uno desee, si es que el medio social, en que la televisión es uno de los principales vehículos de difusión y de acción, no produce un arrastre imposible de evitar.

Este ámbito de la libertad, la libertad interior, es el que presentaría las mejores posibilidades de diseño autodeterminado, si es que se logra aprender a realizarlo con independencia flexible hacia las presiones sociales externas, sin ignorarlas pero sin aceptarlas sumisa y acríticamente. Es también el que tiene mayor influencia en los demás ámbitos de libertad -especialmente en la construcción de los planes de vida-, y, al mismo tiempo, el que presenta las mayores dificultades, tanto para construirlo con autonomía como para modificarlo cuando la dependencia autoritaria ya forma parte de él.

Creo que queda al menos toda una serie de temas relacionados con la libertad interior por ver. Se trata de la influencia de éste ámbito de la libertad en los otros, recíproca de la influencia de los otros para con éste: tan interesante como largo de analizar y de investigar. Aunque su mención es importante, por la naturaleza de introducción de este trabajo y por lo largo que sería un análisis semejante, se comprenderá que, por ahora, es necesario que quede pendiente.

-El aspecto afectivo.

Creo que se justifica mencionar un último aspecto de la vida humana, en el que también cabe la posibilidad de ser más o menos libre: me refiero al amplio y un tanto difuso campo de la vida afectiva.

Ya que este aspecto puede ser considerado como parte principal de la vida interior, el grado de libertad que se pueda lograr aquí incidirá muy fuertemente en la libertad interior

Ya he planteado mi convicción de que los estados emocionales se nos gatillan siempre y permanentemente durante todas las vivencias y que coexisten o "se nos dan" siempre junto -e inter-relacionadas- con las percepciones, las motivaciones y voliciones, las acciones, los razonamientos y con el ejercicio de la función psicológica ético-moral. Que las vivimos en rutinas conscientes o no conscientes, y que tienen sentido en el contexto de un sinnúmero de construcciones paradigmáticas, co-construidas por la persona junto con su entorno social [11].

Las he "definido" como las reacciones emocionales -sentimientos y emociones- que se nos gatillan o producen frente a lo que estamos viviendo, tal como lo estamos interpretando a través de las construcciones paradigmáticas atingentes a las vivencias en curso [12].

Las construcciones paradigmáticas de uso público o habitual acerca de los estados emocionales, según mis encuestas asistemáticas acostumbradas, dicen que las reacciones emocionales son fijas e inmutables, tan características de la especie humana como el que las personas tienen 5 dedos en cada mano o, mejor aun, como las necesidades biológicas de hambre, sueño y otras semejantes y sus sensaciones asociadas. Estas ideas incluyen el "hecho" de que los seres humanos han sentido siempre los mismos estados emocionales frente a las mismas situaciones, desde el comienzo de la especie como tal, y que seguirán igual, porque estas cosas no cambian.

Yo pienso que, en general, estas concepciones corresponden bien a las realidades humanas, pero con una salvedad muy importante.

Estoy de acuerdo en que el miedo que sentía un troglodita hace un millón de años es, probablemente y en cuanto sensación, idéntico al miedo que siente un gerente de banco actual, tal como lo son sus correspondientes sensaciones de hambre, de sueño y de dolor físico.

Pero no es un asunto separado, ni trivial en lo que se refiere a la sensación misma, que las condiciones materiales y sociales sean tan distintas para uno que para otro que las causas y condicionamientos que disparan y regulan cada sensación, así como las alternativas de acción posibles para el sujeto a causa de lo sentido, resulten sustancialmente diferentes.

La evolución social y material no afecta, probablemente, la naturaleza de la sensación. Pero lo que importa, desde el punto de vista del sujeto, es qué situaciones producirán la sensación y qué alternativas de acción verá como factibles y/o adecuadas.

Por eso creo que estas concepciones no consideran el efecto que la evolución social y también material tiene sobre la interpretación que cada sujeto hace de sus percepciones, de sus razonamientos, de sus acciones, de sus motivaciones y voliciones, de sus consideraciones ético- morales, y también de sus mismos estados emocionales. Vale decir, estas ideas no toman en cuenta el efecto, a mi juicio fundamental, de las construcciones paradigmáticas, tanto las permanentes -las ideas acerca de cómo son las cosas- como las efímeras -la idea que nos hacemos de cada situación particular-, las que, obviamente, cambian sin cesar en la misma medida en que las situaciones van evolucionando.

Como las construcciones paradigmáticas actuales son sustancialmente diferentes a las de los trogloditas, las sensaciones-respuesta ante un rayo y el trueno que le sigue también resultan completamente distintas. Estas diferencias en el plano del emocionar son las mismas, guardando las proporciones, que aquellas que T. Kuhn menciona para el movimiento de los planetas o para la caida de las piedras, pero interpretadas en el paradigma newtoniano y en el paradigma einsteniano. Los planetas se mueven y las piedras caen igual, pero la idea que se puede tener de esos movimientos y de esas caidas es diferente si se cambia de paradigma, vale decir, de construcciones paradigmáticas.

Si bien es cierto que no podemos cambiar las emociones mismas, tal como no podemos "cambiar" lo que se siente cuando se experimenta hambre o sed, no ocurre lo mismo con el modo en que construimos las realidades sociales que originan los estados emocionales, vale decir, es posible elaborar de manera diferente las construcciones paradigmáticas en las que se nos gatillan los estados emocionales. Y si sabemos cual es -estamos convencidos de que conocemos- el modo de elaborarlas, entonces podemos aprender a construirlas de modo que nuestras reacciones emocionales sean más adaptivas que si las dejamos estar, o seguir estando, tal como hemos aprendido de nuestra sociedad, como es habitual y familiar, de las rutinas no conscientes de reacción afectiva de uso público.

En este sentido, podemos ganar un grado de libertad importante, en un dominio de la vida que incide en uno de los más importantes deseos y necesidades, absolutamente lícitos: experimentar estados emocionales agradables en la mayor medida posible, y disminuir al mínimo posible la vivencia de estados emocionales desagradables, también conocidos como «sufrimientos».

Puede parecer que estoy proponiendo "racionalizar" los estados emocionales, o "controlarlos" de modo que nos sean útiles en vez de perjudiciales. No es esto lo que quiero decir, y además creo que estos intentos no resultan siempre, y que, cuando resultan, los beneficios suelen ser mucho menores que los esfuerzos empleados [13].

Mi propuesta es que, partiendo de la base de que nuestros estados emocionales surgen en rutinas no conscientes de la consideración de nuestras construcciones paradigmáticas acerca de la situación en cuestión, intentemos pasar a rutinas conscientes la re-elaboración de las construcciones paradigmáticas en juego cuando los estados emocionales no sean agradables. Esta práctica puede resultar en que esta recontextualización nos muestre que no existían motivos suficientes para el estado emocional desagradable.

Mi idea es que una parte muy importante de las formas habituales y de uso público de contextualizar las situaciones cotidianas y de sus correspondientes respuestas emocionales "adecuadas" no son las que yo haría conscientemente: la mayoría son estereotipos altamente inadecuados, con altos contenidos de heteronomía, que tal vez fueron adecuados para la adaptación social en el pasado pero que ahora son contraproducentes y hasta absurdos, por lo que me hacen sufrir inútilmente y sin sentido. Y de paso también a los que me rodean.

Como he aprendido a fabricar contextos y a emocionarme por mimésis, copiando no conscientemente de mi medio social, mis reacciones emocionales espontáneas son muy semejantes a las de todo el mundo -todo el mundo ha aprendido igual que yo- y sólo las elijo según mi propio criterio cuando sigo el procedimiento de contextualización de modo intencionalmente consciente. En esto estriba esta nueva e importante forma de libertad*3 que propongo. La recomiendo porque cuando logro acordarme de aplicarla, los resultados suelen ser excelentes: en el peor de los casos confirmo que la contextualización de uso público, la del sentido común, en un caso dado, era la "correcta", es decir, coincide con la que yo elaboré conscientemente. Este resultado también vale la pena.

Las posibilidades de recontextualización son, generalmente, muy grandes. Para darse una idea, vale la pena considerar algunas de la construcciones paradigmáticas generales que tomamos en cuenta cuando sentimos un estado emocional específico.

-cómo son las otras personas, cómo deberían ser,

-cuáles son sus intenciones, en el caso actual, y cómo deberían ser (¿son correctas o no?),

-cuáles son las condiciones materiales en que están sucediendo los sucesos,

-cuál es la idea que los otros tienen de como soy yo, de lo que yo espero de ellos,

-cuáles son los efectos posibles, para mí, de lo que está pasando,

-cuáles son los efectos que a mí me gustarían (mis espectativas con respecto a los otros y a las condiciones materiales),

-qué es lo que puedo hacer en mi beneficio, qué es lo que debería hacer,

-cuáles son las consecuencias probables para los demás de cada una de mis alternativas de acción,

-etc., etc.

La mayoría de las situaciones reales específicas implica que existen varias construcciones paradigmáticas también específicas que utilizamos sin tener consciencia de estarlo haciendo, es decir, en rutinas no conscientes. Estas construcciones paradigmáticas se suman a las generales anteriores.

Cada una de las palabras en negrita corresponde a una o más construcciones paradigmáticas, que puede ser reconstruida con análisis crítico propio en vez de continuar adoptando la que aprendimos del medio social, y que ponemos en práctica en rutinas no conscientes, aceptando sin darnos cuenta que son correctas ahora.

A medida que hemos ido creciendo y evolucionando, desde que éramos niños, fuimos aprendiendo, por mimésis, estos y muchos otros "la vida y las cosas son así", y este aprendizaje se fue reforzando por su aplicación a la práctica, en rutinas no conscientes. Estas rutinas no conscientes son vitales, a mi juicio, para vivir la vida sin tener que "inventar" soluciones para cada caso, y facilitan la inserción en la vida social. Pero esta facilidad se torna en desventaja cuando alguna de toda la inmensa cantidad de variables cambia: puede ser que la rutina no sea adecuada, incluso que sea contraproducente. Entonces nos conviene revisar.

Si alguna vez revisamos estas construcciones paradigmáticas en rutinas conscientes -lo que es poco habitual (lo que yo creo)- entonces pudimos corregirlas y adaptarlas a nuevas condiciones. Cada cambio de condiciones haría conveniente una revisión, pero pienso que nuestro modo habitual de operar es que no revisemos.

Entiendo que uno de los métodos usados más frecuentemente por los terapeutas psicológicos es la recontextualización, es decir, ayudar al consultante a re-interpretar los sucesos, las consecuencias probables de estos sucesos y lo que el consultante puede hacer al respecto, mediante diferentes técnicas. Si una persona aprende a usar este método, por sí mismo, ganará un nuevo espacio de libertad*3.

Vale la pena destacar que el texto de F. Flores y M. Graves ya citado, "Emotions..." {15}, postula también que es posible rediseñar la vida emocional de modo de hacerla más gratificante. Aunque sólo conozco una parte del texto, supongo, por lo ya visto, que va en la misma dirección que he intentado mostrar.

Dando por concluida la revisión de las acepciones de libertad atingentes a este ensayo, y en beneficio de la brevedad, diré que estos son sólo algunos de los múltiples aspectos de la vida social que influyen en los conceptos de libertad, desde la *1 a la *3, que abarcan todos los aspectos que sean posibles de distinguir en la vida cotidiana. Espero que los mostrados sean los más importantes.

Creo que, para terminar, bien vale la pena acotar que, la libertad*3, tal como la he definido aquí, integral, a mi juicio trae aparejadas o se desarrolla simultáneamente con la solidaridad -casi sinónimo de fraternidad- y la igualdad, entendida como el respeto por todos a las diferencias inherentes a la calidad humana. Los mismos postulados de la revolución francesa, que casi se funden en uno solo. Creo que se puede decir que son tres resultados del mismo proceso, la disminución del autoritarismo remanente.

La libertad, un constructo social.-

De las características asignadas a estos conceptos de libertad, desde la *1 hasta la *3, muy resumidamente descritas, me parece casi obvio que resulta imposible conseguirlas sin el concurso activo de todo el medio social en que una persona evoluciona: no cabe más alternativa que la construcción social de la libertad.

Pienso que si esto es válido ya para las acepciones de libertad más primitivas, la *1 y la *2, que son sin duda constructos sociales, que cada persona construye en rutinas no conscientes a partir de aquellas de uso público, con mayor razón lo es la libertad*3, mucho más compleja y mucho más "social".

Puede plantearse que la libertad*1 es el resultado de una forma de comportamiento social en el que no se hacen consideraciones sociales, en el sentido de que no hay preocupación por los efectos sociales del logro de dicha libertad, ya sea porque el sujeto no es todavía capaz de imaginarlos -por falta o fallas de evolución cognitiva y psicológica- o porque, imaginándolos, los desprecia -por falta o fallas de la socialización-. En este sentido, puede calificarse a la libertad*1 de "poco social" o de ser "menos social" que las otras, tal como ya he postulado. Pero en ningún caso será «asocial» o «no social», puesto que requiere de tal cantidad de construcciones paradigmáticas para poder expresarse -todas las cuales son constructos sociales- que dichas calificaciones dejan de ser válidas.

Todos los aspectos constitutivos de las libertades *2 y *3, más complejas y más "sociales" que la anterior, requieren de o son construcciones sociales: los lenguajes, los conocimientos, la estructura económica y las formas de intercambio correspondientes, las normas de comportamientos aceptados, las respuestas y la sintonía emocional, las estructuras e instituciones sociales, y hasta el estado del entorno físico sólo tienen sentido y estado en un contexto social. Así como estos elementos son construcciones sociales, la libertad*3, como una más de sus "consecuencias", no puede ser otra cosa que un constructo social. Lo mismo se puede decir de cada ser humano, o del mismo concepto de libertad*3 -el que aquí he mostrado o cualquier otro-, todo resulta ser en el fondo constructos sociales, los primeros biológico-sociales "elaborados socialmente" a partir de "materia prima" biológica y los segundos construcciones paradigmáticas socialmente construidas.

Del mismo modo, también cabe afirmar que el grado en que ya ha disminuido el autoritarismo remanente en un determinado ámbito de actividad de un grupo social dado, que está en la base de la libertad*3 y en parte también en la de la libertad*2, es necesariamente un constructo social, logrado por ese conjunto específico del cuerpo social.

Hemos estado construyendo esta complicada mezcla de libertades, cada vez más rica en libertad*3, entre todos, poco a poco, desde las más lejanas generaciones del pasado. Sin que sepamos bien, hasta ahora, hacia dónde vamos. El conocer y sufrir los efectos negativos de la libertad*1 no implica saber como superarla, del mismo modo que apreciar y gozar de la difícil libertad*3 no significa que sepamos como lograrla. Un hecho significativo es que, hasta ahora, tampoco hayamos conseguido distinguirlas unas de otras, y que no hubiéramos podido establecer las diferencias entre ellas ni caracterizarlas claramente.

Y es de esperar que las distinciones que he presentado en este trabajo sean, como imagino, útiles. Por ahora, y mientras no se efectúen las debidas contrastaciones científicas de estos postulados con la experiencia, ahora interpretada en el nuevo contexto propuesto, estas distinciones no pasan de ser presunciones fundadas, pero que tienen la virtud, a mi juicio nada despreciable, de proporcionar un esquema explícito y diferente que probar. Antes contábamos sólo con esquemas que daban por supuestas y aclaradas demasiadas construcciones paradigmáticas implícitas, y que, para complicar más el asunto, pecaban de ser muy poco sistemáticas.

-La construcción social de la libertad como proceso.

De todo lo ya dicho acerca de la libertad en sus tres versiones se deduce casi como obvio que cada persona construye, necesariamente, su propia libertad, su propia mezcla de libertades *1 a *3. Y como este proceso lo realiza, cada cual, junto con -o en con-junto con- el medio social, ya desde esta sóla perspectiva se justifica plenamente afirmar que se trata de un proceso social. Me parece que esta afirmación es válida desde el momento en que una persona logra sus primeros niveles de cada una de las tres libertades.

Así como la disminución del autoritarismo remanente en el curso de la historia de la humanidad me parece claro y evidente, a pesar de los retrocesos ocasionales observables en períodos cortos -tan cortos como una vida humana-, también la evolución de los grados y calidad de las libertades disponibles para nosotros me resulta evidente: tenemos ahora más libertad que la que tenían nuestros antepasados. Mientras más lejos retrocedamos en la historia, más grandes veo las diferencias.

También desde esta otra perspectiva cabe entonces considerar que los niveles y calidades de libertad que las sociedades hacen posible a sus componentes, en cada momento de la historia y para cada sociedad, constituyen construcciones sociales, procesos de lenta y difícil construcción social de la presente mezcla de libertades.

Aun cuando hasta el momento no exista un medio de determinar el nivel de libertad alcanzado por una persona ni un grupo social, no cabe duda, creo yo, que diferentes personas y distintos grupos sociales gozan de grados de libertad que son posibles de diferenciar entre sí. Creo que, en este momento, sabemos distinguir los grados o el nivel de libertad de personas y/o conjuntos sociales, pero sólo cualitativamente.

Sin embargo, aceptando que todavía no contamos con los elementos ni teóricos ni prácticos como para evaluar cuantitativamente los niveles de libertad, individuales o colectivos, es obligatorio deducir que estos procesos implican una velocidad, un ritmo al cual ha ido cambiando el nivel de libertad con respecto al tiempo. Porque ha habido cambios y ha pasado el tiempo.

Hasta ahora, hemos ido progresando sin tener más que una vaga y mínima conciencia de estarlo haciendo, en gran medida a ciegas, porque sólo sabíamos que había algo que buscar -formas de relación agradables y convenientes- y algo que evitar -formas de relación desagradables e inconvenientes-. Pero que no sabíamos cómo se podían conseguir. Incluso que difícilmente podíamos identificar o caracterizar. Sin duda los procesos de construcción social de la libertad se han estado produciendo a un ritmo que podemos denominar «natural», a una velocidad que ha obedecido a causas externas a las personas como individuos o como conjuntos sociales. Es decir, no ha existido, hasta ahora, nada que se parezca a un método de aplicación consciente ni a modelos de sociedad o de comportamiento identificables y distinguibles como los dignos de copiar o imitar.

Siendo tan optimistas como he sido hasta ahora, y suponiendo que los postulados de este trabajo corresponden bien a la naturaleza humana, es posible que podamos comenzar una etapa sustancialmente diferente: podemos pasar del papel de observadores -sujetos no activos, pacientes- del proceso que se desarrolla a un ritmo natural al de sujetos activos acelaradores de dicho proceso, con objetivos y métodos eficientes, que conducen al objetivo.

Para empezar, creo que, con su utilización, es factible iniciar investigaciones, muy semejantes a las que realizaba Piaget, que conduzcan a la cuantificación de los niveles de libertad, de cada uno de los tipos descritos, comenzando con las personas. A partir de los resultados que de aquí se obtengan, mediante las técnicas estadísticas ya conocidas, la medición de niveles de libertad de grupos completos sería sólo cuestión de tiempo y medios para ser realizados.

De las primeras investigaciones pueden desarrollarse instrumentos de investigación y determinarse algunos niveles como patrones que, aunque arbitrarios, servirían para comparar los niveles de libertad que muestran las personas que sean evaluadas -un mínimo, algunas cotas intermedias y un máximo-. Los niveles patrones iniciales pueden ser corregidos posteriormente, en la medida que nuevos estudios lo aconsejen, para mejorar las escalas y los instrumentos correspondientes.

¿Cuál es la mejor dirección o sentido en que conviene estudiar e investigar?. ¿Qué es lo que hace la diferencia significativa?. Pienso que este trabajo, aunque pudiera llevar a resultados todavía poco claros, está mostrando algunas respuestas en un ámbito donde sólo existía un confuso y desconcertante conjunto de postulados incomprobables y al mismo tiempo irrebatibles. Se podía ser partidario de cualquiera de las distintas posturas pero sin poder dar buenas y contundentes razones para eso.

Creo que hasta ahora, todos los intentos realizados para aumentar las libertades individuales, y con ellas las públicas, basados en las desarticuladas y confusas teorías actuales -casi se podría decir que no existían teorías explícitas-, han dado resultados que no permiten afirmar ni negar que los esfuerzos empleados hayan sido verdaderamente productivos.

La receta más socorrida hasta ahora ha sido, a mi juicio, «revertir la pérdida de los valores ético-morales», pérdida o debilitamiento que nadie ha podido decir claramente cómo revertir. La versión más corriente, en la que esta receta se interpreta como la aplicación rigurosa de sanciones más duras, de controles más estrictos, los resultados han sido habitualmente contraproducentes, puesto que se termina teniendo que controlar a los controladores -muy difícil tarea- y los transgresores de las reglas no parecen escarmentar: los indicadores de todo tipo siguen igual de malos o peores. A pesar de que los efectos de la aplicación de estos "métodos" han sido persistentemente los mismos, siempre negativos, se recurre y se insiste en ellos, una y otra vez, como si la experiencia negativa no enseñara nada.

Me parece que, al menos, este sistema conceptual despeja algunas de las muchas incógnitas del problema, y que permite iniciar discusiones e investigaciones articuladas, al ser explicito y sistemático. Hasta el que se oponga podrá decir claramente a qué se opone, con qué no está de acuerdo, y qué alternativas propone. Sin duda Bacon tenía razón cuando afirmaba que "la verdad surge más fácilmente del error que de la confusión" [14].

Por ejemplo, creo que, usando el sistema conceptual propuesto, queda suficientemente claro que lo decisivo para mejorar las relaciones sociales -única manera de aumentar las libertades- no son ni la "firmeza" de los valores, ni la calidad o cantidad de los controles externos, ni la dureza de las sanciones. Que se demuestra satisfactoriamente que éstas son direcciones erróneas, ineficientes y hasta contraproducentes. Todas son alternativas autoritarias, cuyo efecto más probable es el reforzamiento del autoritarismo, tanto de los "delincuentes" como de quienes los reprimen o controlan.

Pienso que el proceso de evolución ético-moral descrito, basado en la disminución del autoritarismo remanente, si bien no es el único que determina el progreso social ni el aumento de las libertades -constituyente sin duda de dicho progreso-, destaca como uno de los más importantes. Y que su descripción es suficientemente ordenada, coherente y sistemática como para someterla a la confrontación científica con la experiencia. Incluso, creo que se puede esperar que de esta confrontación salga fortalecida, con muchos cambios en el detalle -sin duda importantes- pero, en líneas gruesas bastante semejante a lo planteado.

Mi esperanza se basa en dos pilares que considero suficientemente fuertes.

El más importante, sin duda, es su fundamentación en las experiencias de Piaget y en una interpretación de sus conclusiones que adquiere las características básicas de sistema conceptual científico. Lo que mejora las posibilidades de su confrontación con muchos otros dominios o ámbitos de actividad, además de aquellos que confirmó el mismo Piaget. Incluso utilizando su mismo método.

El otro, también significativo, a mi juicio, es que el sistema propuesto, usado en conjunto con otros sistemas conceptuales vigentes, permite explicar una gran cantidad de fenómenos de relación social. Esta capacidad explicativa actual, por su coherencia de conjunto, permite abrigar esperanzas de que puede ser incluso mejorada en la medida que se aplique este sistema a otros ámbitos de actividad, y se discuta y articule en ellos, de manera masiva.

Se puede aducir que, a pesar de todo lo dicho, aun no están planteadas las "recetas" o remedios específicos para aumentar las libertades y mejorar las relaciones sociales. Yo creo que, si bien es cierto que aun no conocemos cuáles son las acciones específicas que nos conducirán a esos resultados deseados, las proposiciones de este trabajo orientarán hacia ellas si las usamos eficazmente.

Un primer resultado, que me parece muy importante, es el poder desechar las soluciones que no son útiles, tales como las basadas en la mitológica firmeza de los principios, el aumento de los controles y el endurecimiento de las sanciones. Por otra parte, este es un logro que considero ya conseguido, y que sólo falta difundir, sin olvidar las razones que lo justifican.

Un segundo resultado, tan importante como el anterior, es la posibilidad que se abre de evaluar las proposiciones ya existentes. Me refiero, específicamente, a las proposiciones contenidas en el libro de Lickona, ya citado, "Raising good children" {20}, la gran mayoría de las cuales son, a mi juicio, claramente efectivas para la disminución del autoritarismo remanente, y por lo mismo, también efectivas para acelerar la obtención de las libertades *1, *2 y *3, aumentando las "cantidades" de libertad obtenidas, tanto para los niños que se están criando como para aquellos que los críen utilizando las numerosísimas recomendaciones y "recetas" de este libro.

Entiendo por aceleramiento de la obtención a la obtención de cada una de las libertades a edades más tempranas. El aumento de las cantidades de libertad lo entiendo como la obtención de más y mejores niveles de libertad, de todos los tipos. Y estoy seguro que las personas que aprendan a usar las recomendaciones de Lickona van a progresar ellos mismos simultáneamente con sus discípulos, si es que no todavía más que ellos. No es extraño este proceso de aprender más uno mismo cuando trata de enseñar a otros.

Pero no todas las indicaciones de Lickona son adecuadas, a mi entender, por lo que se requiere tomarlas, una por una, y analizarlas, con el debido análisis crítico propio. Por eso propongo que se usen los criterios del sistema conceptual presente, a fin de evaluar dichas indicaciones y, además, de evaluar críticamente los criterios propuestos en este sistema conceptual.

Sugiero que el mismo procedimiento se aplique a otras proposiciones, parecidas o diferentes a las de Lickona, en la certeza de que obtendremos muchos modos sistemáticos adecuados de promover la disminución del autoritarismo remanente. Y que habremos detectado aquellos que no sirven.

Otros resultados, de terceros en adelante, pueden ser deducidos o inventados por el uso sistemático de las distinciones propuestas. Los métodos se irán desarrollando y depurando en la medida en que los vayamos usando.

Por todo lo dicho, mi conclusión es que, como ahora sabemos lo que estamos buscando y sabemos cómo se produce la evolución, entonces podemos mejorar la velocidad del proceso. Más aun, siento que debemos hacerlo.

Con esto considero cumplido el segundo objetivo supernumerario, en el sentido de mostrar como la aplicación del sistema de conceptos propuesto conduce al acelaramiento de la construcción social de la libertad.

-Otras posibles aplicaciones del sistema propuesto.

Para terminar, sólo me resta sugerir otras aplicaciones de dicho sistema y sus probables influencias en el proceso de acelaramiento de la construcción social de la libertad

Ya me he referido, breve pero inequívocamente, a dos importantes ámbitos de actividad.

-El dominio legal.

Uno de ellos es el dominio legal, completo, que abarca desde el sistema de elaboración y dictación de las leyes y los códigos correspondientes, pasando por los sistemas policiales y de prevención delictual, los sistemas dedicados a juzgar las infracciones, y llegando hasta los sistemas penitenciarios [15].

Ya desde las mismas bases filosóficas del derecho, la llamada filosofía del derecho, pueden -y a mi juicio también deben- ser revisadas a la luz de este sistema conceptual, puesto que de allí en adelante es posible detectar muy fácilmente una enorme cantidad de proposiciones y supuestos -muchos implícitos- que contienen heteronomía en el estado más puro que se puede ver en la actualidad. Sólo por esta causa -hay varias otras-, la aplicación práctica de dichos sistemas inducen la mantención y hasta el aumento del autoritarismo remanente. Aquí imperan los mitos de la fortaleza de los principios, del control externo riguroso y de la dureza de las sanciones, para mencionar sólo los ya denunciados, porque he visto muchos otros.

La utilización de los conceptos propuestos en este dominio pueden ayudar al logro de formas de relación legal más ajustadas al espíritu de las normas que a su letra, a conseguir mayor grado de reparación de los daños cuando esto sea posible, y, principalmente, a una re-capacitación ético-moral de los transgresores o personas que han cometido delitos, recuperándolos para la vida social civilizada en vez de hacerlos pagar -con sufrimientos- por sus culpas, lo que significa, en la actualidad, marginarlos definitivamente de la vida social normal y hacerlos sufrir dolores físicos y psicológicos degradantes y absolutamente inútiles. Es decir, el dominio puede y debe ser replanteado de modo que sus diferentes aplicaciones tiendan a conseguir una vida de mayor realización integral de cada persona, también en los casos de personas que han cometido delitos, por la vía de su rehabilitación, principalmente ético-moral.

La relación de este dominio con la libertad, cualquiera de ellas, es no sólo directa, también literal. El grado de libertad alcanzado por las personas de una sociedad está en directa relación con la disminución del autoritarismo remanente de los dominios legales de dicha sociedad.

-La educación.-

Otro dominio mencionado directamente es el de la educación, amplísimo y muy complejo, también completo, considerando todos sus aspectos, desde la determinación de los planes de estudio y los métodos de enseñanza hasta la investigación pura de la epistemología del conocimiento, y desde la formación familiar de los recién nacidos hasta los postgrados más exquisitos de la educación superior o la educación y capacitación para el trabajo -de cualquier trabajo- [16].

Ya la etimología de «educar» nos resulta instructiva. Recurro a Fromm, quien dice al respecto:

"La educación es identificable con la ayuda que se preste al niño para realizar sus potencialidades." "La raíz de la palabra educación es e-ducere, literalmente, conducir hacia adelante o extraer algo que está potencialmente presente. Educación, en este sentido, es igual a existencia, que significa literalmente poner afuera, haber emergido del estado de potencialidad para ser realidad manifiesta." [17]

La educación y la formación pueden y deben constituirse en los procesos por los cuales cada persona -y todas las personas- adquieran las herramientas básicas -construcciones paradigmáticas, tanto ideas como métodos- para realizarse plena e integralmente, en su vida futura y también mientras se están educando y formando.

Estos son los procesos que le permiten a una persona elaborar sus construcciones paradigmáticas, tanto las que usará en su vida cotidiana como las que le conducirán al dominio de las construcciones paradigmáticas científicas. ¿Cómo podrá ser libre, en cualquier sentido, quien no posea estas herramientas fundamentales en calidad y cantidad suficiente?.

-El dominio del trabajo.

También he sugerido que el uso de los conceptos y construcciones paradigmáticas de este sistema puede proporcionar nuevos y mejores modos de resolver los problemas de relación y convivencia del dominio denominado «del trabajo» y que comprende tanto el ámbito organizacional como sindical y la simple pero complicada convivencia, es decir, el que abarca la vida en el trabajo de las personas en las empresas, en fábricas, negocios, y todo tipo de instituciones en las que la gente trabaja para ganar el dinero requerido para su subsistencia y la de su grupo familiar [18].

Los problemas de este ámbito, enfrentados con los métodos actuales o simplemente ignorados -el tan frecuente equivalente de considerarlos como parte de una vida difícil pero inevitablemente así-, quedan tan mal resueltos que la gran mayoría de los trabajadores actuales sufren o soportan resignadamente sus largas horas de trabajo. Son excepcionales los que, junto con ganar el dinero que necesitan, se ganan la vida, en el sentido de aprovechar sus trabajos también como ocasiones privilegiadas de realizarse integralmente.

Pienso que la forma de relación que las personas usen en este dominio determinará de manera fundamental los niveles de libertad, en cantidad y calidad, que puedan gozar.

En especial porque este ámbito de actividad está íntimamente relacionado con los ámbitos de actividad económica, tanto por la forma que puede tener la propiedad de las organizaciones en las que se trabaja -los medios de producción- como en la forma en que se distribuyen los bienes y servicios producidos en ellas.

Considero que un análisis de los tipos de libertad empleados en las sociedades actuales -capitalistas y socialistas- en ambos aspectos de la economía -propiedad de los medios de producción y acceso a los bienes y servicios producidos- puede resultar muy novedoso si se utilizan los conceptos de libertad expuestos, así como los otros conceptos de este ensayo.

Para predicar con el ejemplo -fomentar la autonomía de las demás personas-, propongo a los lectores que hagan el intento por sí mismos, para que ejerciten su capacidad de usar estos conceptos de manera autónoma, sin las interferencias o perturbaciones que mi modo particular de ver este asunto podrían introducir. Una vez escrito el ejercicio propuesto, aunque sea un breve esquema, podrán compararlo con el que yo he hecho, también muy breve y esquemático, que aparece en la Nota [19], intencionalmente puesta en página aparte (en el texto en papel).

Los lectores que no deseen aceptar mi invitación y que prefieren ejercitarse posteriormente en otros temas, podrán usar mi esquema de la Nota [19] como un blanco perfecto para sus críticas, y ojalá también para obtener las respuestas a las preguntas allí planteadas.

Siento, creo y pienso que esta realización integral que he repetido en cada caso es la cuestión fundamental: lograr el desarrollo óptimo de toda la persona -de todas las potencialidades de cada persona- simultáneo con igual desarrollo de todas las personas.

Es este objetivo el que me parece más factible de alcanzar mediante el sistema conceptual propuesto, complementando a los otros disponibles ahora, que solamente con esos otros. Y la razón que me hace pensar así es que el sistema conceptual propuesto considera el desarrollo ético-moral que efectivamente ocurre en las personas, mucho más complejo que los otros que conozco, pero con suficiente evidencia empírica. Al menos como para inspirar la confianza necesaria que aconseja invertir tiempo y recursos en someterlo a nuevas y cada vez más estrictas contrastaciones con la experiencia.

Otros tipos de actividad, importantes.-

Cada uno de los aspectos de la vida cotidiana contemporánea constituye, por sí mismo, ámbitos de actividad en los que el uso del sistema propuesto puede servir para una mejor comprensión del fenómeno humano, de su permanente relacionarse entre sí, en el que la función psicológica ético-moral juega un papel siempre principal.

Tal vez sea ocioso enumerarlos, puesto que todos los que puedan ser mencionados caen en la clase de los atingentes. Para demostrar la amplitud y universalidad de aplicación, creo que bastará, para terminar este trabajo, con mencionar no un ámbito, como los anteriores, sinó que un papel o rol habitual, que cubre numerosos ámbitos.

Me refiero a la enorme cantidad de personas que, por la naturaleza de su actividad y posición en la vida, influyen decisivamente sobre la vida de otras personas, tales como padres, profesores, jefes, terapeutas del área psicológica, legisladores, profesionales médicos, policías, jueces, gendarmes, asistentes sociales, etc., etc. Todos ellos se ven repetida y recursivamente en la coyuntura de tener que opinar sobre la vida de otros, lo que deberían hacer, lo que es conveniente que hagan con sus vidas, -los guías u orientadores- por lo que, con urgencia y necesidad, requieren estar en posesión de un criterio que les permita discriminar con seguridad y tranquilidad de conciencia hasta dónde y en qué pueden ejercer su influencia.

Como además ejercen sus papeles desde posiciones de privilegio y prestigio "naturales", es muy probable que, en las sociedades contemporáneas, los orientadores tiendan a extremos que, creo yo, son muy peligrosos.

Uno de ellos, el extremo autoritario, es aquel en que los orientadores asumen la posición de árbitros supremos, dictaminando sin posibilidad de apelación o análisis lo que debe hacerse, erigiéndose en una autoridad superior indiscutible del sujeto. Esta actitud puede ser aceptada por el sujeto, como suele serlo, fomentada por el autoritarismo remanente, el natural cuando se trata de personas muy jóvenes y el social cuando son personas que han vivido en sometimiemto autoritario. El orientador y el orientado recurren entonces al método de enseñanza-aprendizaje que he llamado interiorización. Huelga decir que los efectos son los propios del reforzamiento del autoritarismo, ya discutidos.

El otro extremo es el del llamado «relativismo moral», el que preconiza que "todo es relativo", en el sentido que cada persona decide lo que está bien y lo que está mal (cada cual elabora sus propios "valores"), por su cuenta y sin pensar en los demás: los demás tendrán que preocuparse por sí mismos y competir por ganar sus propios "espacios de libertad". Es claramente evidente que esta forma de entender la función ético-moral está basada en una mezcla de la libertad*1 con la libertad*2, pero carente de la libertad*3. Sus efectos son también reforzadores del autoritarismo, ego y/o sociocéntricos, por más que las personas que la postulan posen de "modernas", oponiéndose al autoritarismo bruto del primer extremo, al que tildan de "antiguo".

Creo que operan con relativismo ético-moral los terapeutas que postulan que su única función es reducir el sufrimiento del consultante, sacarlo de la situación que le produce sufrimiento pero sin interferir ni inmiscuírse en su vida ético-moral, cualquiera que sean sus tendencias, gustos y preferencias. Al torturador o sádico que goza haciendo sufrir a otros ¿deberá "tratársele" para que deje de sufrir por ello, aunque siga torturando?.

Pienso que el postulado de que "es moralmente bueno lo que hago cuando me deja con los sentimientos en paz con lo que pienso", por su ambigüedad y por no considerar necesariamente a los demás, también pasa a constituir relativismo ético-moral.

Si el autoritarismo antiguo ahoga y aprisiona con su estrechez y su rigidez, impidiendo el desarrollo por falta de ejercicio de la capacidad propia de participar en la elaboración y modificación de las reglas, el autoritarismo moderno del relativismo ético-moral, con su falta de marcos de referencia claros y estables, con su falta de criterios para decidir -cualquier criterio es descalificado por principio-, por anomía, termina en una confusión generalizada, sin respeto por los demás, que se traduce a muy corto andar en falta de respeto por sí mismo.

Pienso que este relativismo ético-moral surge como reacción, excesiva, al autoritarismo dominante del tipo victoriano, con las recomendaciones del "psicologismo" de dejar en plena libertad a los niños, confiando en la vieja idea del "buen salvaje" que sabe por naturaleza lo que le conviene, lo que es bueno y lo que es malo, y aparece desde las décadas de los 40-50 para llegar a su clímax en la de los 60. Sus efectos, que se dejan sentir más tarde, sirven a los partidarios del viejo autoritarismo para propulsar una vuelta a los "buenos viejos tiempos", con sus valores "firmes", las viejas sanciones "ejemplarizadoras" y los más estrictos controles. Ambos extremos acusan a sus contrapartes de inútiles e improductivas, ambos aducen representar la única alternativa posible, ambos sin darse cuenta de que existe la autonomía de Piaget, que no es ninguna de las dos anteriores.

Los victorianos asumen la responsabilidad total, dejando sin participar a sus orientados, mientras los partidarios del relativismo ético-moral eluden toda responsabilidad, dejándosela toda a sus orientados, que de este modo se transforman en desorientados.

Mi propuesta, y entiendo que también es la de Piaget y la de Lickona, es la aplicación del método de enseñanza-aprendizaje que he llamado internalización, basado en el principio general del respeto de autonomía, consistente en el respeto por sí mismo simultáneo con idéntico respeto por los demás, por lo tanto, aplicado siempre con análisis crítico propio. Pienso y siento que obtendremos así una base ético-moral de cooperación entre iguales diferenciados o democrática, en todos los niveles de la convivencia humana.

Estoy convencido -y lo estaré mientras no conozca otra alternativa mejor- que éste es el camino de lograr, con la cooperación de todos, una convivencia que permita acelerar el proceso de desarrollo óptimo de todas las potencialidades de toda la persona de todas las personas, evitando los enormes sufrimientos, inútiles e innecesarios, que ha demandado hasta ahora el proceso de civilización de la humanidad.


¿Sugerencias, críticas, comentarios, preguntas?. Envíalas al autor, pinchando aquí.

Las agregaré para enriquecer este ensayo, previa evaluación de su seriedad


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