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La mayor batalla de la historia y el punto de inflexión de la II Guerra Mundial.
 

 

Segundo Acto:
Operación Urano(1)

 

La clave del triunfo de una operación como la Operación Urano, fue la paciencia que Zhukov consiguió imponer a Stalin y la sed de venganza de este último. El impetuoso ataque en todos los frentes del invierno anterior, había fracasado y había sido la causa del rápido avance de los alemanes durante la primavera y el verano de 1942.

El plan de Urano se gesto a mediados de septiembre, la clave era aguantar en Stalingrado el tiempo suficiente para que se pudieran formar varios ejercitos a los flancos de los alemanes. La ciudad serviría como enorme cebo.

 

 

 

Mapa de la situación general
a finales de septiembre de 1942

 

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Los generales Gurov, Krylov y ChuikovEn Stalingrado las líneas están a muy poca distancia una de otra, tal y como prescribió Chuikov. Después de haber conseguido resistir el primer mes de asedio en medio de los escombros, los soviéticos descubrieron que su fuerza estaba precisamente en el combate a corta distancia, en donde la "tierra de nadie" no permite más que el lanzamiento de bombas de mano, e inutiliza los ataques de artillería o aéreos, en los que los alemanes tienen ventaja.

En la otra orilla del Volga estaba Zhukov, que limitaba al mínimo el envío de refuerzos: desde el comienzo del mes de septiembre hasta primeros de noviembre, sólo cinco divisiones atravesaron el Volga, "apenas suficientes para compensar las pérdidas". Esto, que desesperaba a Chuikov que veía como sus tropas eran aniquiladas, era en realidad un cálculo de estratega; pero los alemanes lo interpretaron como la prueba de que el enemigo estaba acabado. En realidad, Zhukov, en el máximo secreto (Chuikov desconocía el plan), estaba preparando la contraofensiva: en las estepas de la orilla izquierda del Volga estaba organizando 27 nuevas divisiones de infantería y 17 brigadas acorazadas.

Entre los meses de octubre y noviembre, los generales alemanes que se encontraban bajo las órdenes de Paulus comenzaron a poner de manifiesto sus dudas sobre la ofensiva en la ciudad. Destacaba el general von Schwedler, que había advertido del peligro de concentrar todas las fuerzas acorazadas en un punto; pués los flancos del frente alemán formaban un angulo recto de 90 grados defendido por tropas menores, al fondo del cual se encontraba Stalingrado. Sin embargo, ya que el 20 de julio Hitler había dicho que "los rusos están acabados", von Schwedler fue destituido.

Poco después del amanecer del jueves 9 de noviembre, los soldados rusos que esperaban la orden para entrar en Stalingrado fueron destinados de repente a establecer un rombo entre el sur y el norte. Con un tiempo bien elegido, es decir, entre los primeros hielos, que endurecen el suelo y permiten una gran rapidez de movimiento, y las primeras grandes nevadas que, sin embargo, impiden prácticamente cualquier posibilidad de maniobra, los grupos del Ejército de Rokossovsky, Vatutin y Eremenko se pusieron en marcha para cerrar la tenaza sobre el Volga. En conjunto, las fuerzas lanzadas por los rusos llegaron a 1.500.000 soldados, 900 carros armados, 13.000 cañones y 1.100 aviones. Aunque no había mucha diferencia en relación con el adversario (el mismo número de hombres, 700 panzer, 10.000 cañones y 1.200 aviones), en este momento los soviéticos habían mejorado notablemente la calidad de sus medios acorazados, así como sus cazabombarderos "Stormovik", los adversarios más peligrosos para los blindados y las concentraciones de tropas.

Tanquistas soviéticos escuchando a KruschevEl plan era simple aunque muy ambicioso y cumplía todos los temores de von Schwedler. El primer golper sería dado al oeste de Stalingrado, un tramo de 65 km al sur del Don donde el 3.er ejército rumano no había podído recuperar una cabeza de puente (Serafimovich) ganada en una de las contraofensivas de los meses anteriores. Este punto estaba lo suficientemente lejos de Stalingrado, como para impedir a las tropas motorizadas de Paulus acudir al rescate. Otro ataque vendría desde otra cabeza de puente al sur del Don (Kletskaia). Y desde el sur de Stalingrado, un grupo acorazado atacaría buscando Kalach, donde debería coincidir con las tropas que vinieran del norte.

Los convidados de piedra de esta ofensiva, eran los ejercitos rumanos que debían proteger los flancos de Paulus. Ellos pagarían con sus vidas las pretensiones expansivas del dictador Antonescu.


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