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En
Stalingrado las líneas están a muy poca distancia una
de otra, tal y como prescribió Chuikov.
Después de haber conseguido resistir el primer mes de asedio
en medio de los escombros, los soviéticos descubrieron que su
fuerza estaba precisamente en el combate a corta distancia, en donde
la "tierra de nadie" no permite más que el lanzamiento
de bombas de mano, e inutiliza los ataques de artillería o aéreos,
en los que los alemanes tienen ventaja.
En la otra orilla del Volga estaba
Zhukov, que limitaba al mínimo
el envío de refuerzos: desde el comienzo del mes de septiembre
hasta primeros de noviembre, sólo cinco divisiones atravesaron
el Volga, "apenas suficientes para compensar las pérdidas".
Esto, que desesperaba a Chuikov
que veía como sus tropas eran aniquiladas, era en realidad un
cálculo de estratega; pero los alemanes lo interpretaron como
la prueba de que el enemigo estaba acabado. En realidad, Zhukov,
en el máximo secreto (Chuikov
desconocía el plan), estaba preparando la contraofensiva: en
las estepas de la orilla izquierda del Volga estaba organizando 27 nuevas
divisiones de infantería y 17 brigadas acorazadas.
Entre
los meses de octubre y noviembre, los generales alemanes que se encontraban
bajo las órdenes de Paulus
comenzaron a poner de manifiesto sus dudas sobre la ofensiva en la ciudad.
Destacaba el general von Schwedler, que había advertido del peligro
de concentrar todas las fuerzas acorazadas en un punto; pués
los flancos del frente alemán formaban un angulo recto de 90
grados defendido por tropas menores, al fondo del cual se encontraba
Stalingrado. Sin embargo, ya que el 20 de julio Hitler había
dicho que "los rusos están acabados", von Schwedler
fue destituido.
Poco después del amanecer
del jueves 9 de noviembre, los soldados rusos que esperaban la orden
para entrar en Stalingrado fueron destinados de repente a establecer
un rombo entre el sur y el norte. Con un
tiempo bien elegido, es decir, entre los primeros hielos, que endurecen
el suelo y permiten una gran rapidez de movimiento, y las primeras grandes
nevadas que, sin embargo, impiden prácticamente cualquier posibilidad
de maniobra, los grupos del Ejército de Rokossovsky,
Vatutin y Eremenko
se pusieron en marcha para cerrar la tenaza sobre el Volga. En conjunto,
las fuerzas lanzadas por los rusos llegaron a 1.500.000 soldados, 900
carros armados, 13.000 cañones y 1.100 aviones. Aunque no había
mucha diferencia en relación con el adversario (el mismo número
de hombres, 700 panzer, 10.000 cañones y 1.200 aviones), en este
momento los soviéticos habían mejorado notablemente la
calidad de sus medios acorazados, así como sus cazabombarderos
"Stormovik", los adversarios
más peligrosos para los blindados y las concentraciones de tropas.
El
plan era simple aunque muy ambicioso y cumplía todos los temores
de von Schwedler. El primer golper sería dado al oeste de Stalingrado,
un tramo de 65 km al sur del Don donde el 3.er ejército rumano
no había podído recuperar una cabeza de puente (Serafimovich)
ganada en una de las contraofensivas de los meses anteriores. Este punto
estaba lo suficientemente lejos de Stalingrado, como para impedir a
las tropas motorizadas de Paulus
acudir al rescate. Otro ataque vendría desde otra cabeza de puente
al sur del Don (Kletskaia). Y desde el sur de Stalingrado, un grupo
acorazado atacaría buscando Kalach, donde debería coincidir
con las tropas que vinieran del norte.
Los convidados de piedra de esta
ofensiva, eran los ejercitos rumanos que debían proteger los
flancos de Paulus. Ellos pagarían con sus vidas las pretensiones
expansivas del dictador Antonescu.

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