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YOHUALA TONALTZIN MÁS SOBRE LA
SARTA / II Camilo Estrada Luviano Es
inagotable la sarta de mentiras con que atiborran todos los días todos los
mensajes que obligadamente tiene que mandar el gobierno a la población y más
aún lo es lo que los ideólogos, teóricos, politólogos y muchos ólogos más
nos chorean todos los días para mantener a la gente ocupada en tonterías
y, en el mejor de los casos, ocupada en cosas secundarias y que ni por chiripa
se le ocurra pensar en algo que les pueda hacer llegar a conclusiones que
comprometan el brutal e injusto sistema de explotación en el que vivimos. Aun
así, debemos de intentar comprender lo que nos rodea, porque México no es
propiedad de los ricos que nos gobiernan, mucho menos de los gringos que los
gobiernan a ellos, sino que México somos todos y su historia ha sido escrita
por todo el pueblo que es el que siempre ha jugado el papel protagónico aunque
sean los dueños del capital los que, por las relaciones socioeconómicas propias
del modo de producción en que hemos vivido desde nuestro origen como nación,
sean los que siempre se presenten como los prohombres que nos han hecho pueblo
y han hecho a México ?un gran país?. Por
eso es que insistimos en que no es verdad de que en los responsables de las
matanzas del 68 ni de la del jueves de corpus del 71 ni la de la guerra sucia
de los setentas sean unos cuantos individuos, por muy criminales que sean, sino
que, si bien ellos son los, quizá, más visibles no están solos en esos crímenes
como no lo están las también cabezas visibles de muchas otras matanzas que se
han perpetrado en nuestra lacerada patria. Gustavo Díaz Ordaz en un histriónico
momento se sintió salvador de la patria y cínicamente se responsabilizó por la matanza de Tlaltelolco, como queriendo
eximir a todos sus secuaces cómplices de tan lesiva acción, que hasta la fecha
sigue abierta la herida abierta en ese entonces por esos asesinos. Pero no sólo
Díaz Ordaz, Luis Echeverría y uno que otro militar de alta graduación son los
responsables de ese crimen, las balas fueron disparadas por muchos asesinos que
esos sátrapas endemoniados mandaron que se calzaran un guante blanco en la mano
izquierda para que las hienas se reconocieran entre sí. Y si esos desalmados,
militares y policías obedecieron fue porque así lo quisieron ellos, en México
tanto la policía como el ejército son mercenarios, tanto en la acepción que
señala el diccionario de la Real Academia Española de que perciben un salario
por su trabajo o una paga por sus servicios como en la acepción, del mismo
diccionario, que señala que son quienes desempeñan por otro un empleo o un
servicio por el salario que se les da. Tampoco es el único responsable de la guerra
sucia de los 70 solamente López Portillo y los jefes de los matarifes, de
la Brigada Blanca, formada tanto por policías como por militares, sino que
éstos también cargan con el fardo de tal negra responsabilidad. Que
esos monstruos visibles son responsables y culpables, sólo un cretino podría
negarlo, que deben ser juzgados y deben cumplir la sentencia que la ley les
establezca, es indiscutible, que ni con eso pagarían nunca sus crímenes también
es verdad. La decrepitud de Echeverría y López Portillo y otras fieras asesinas
no los debe eximir de enfrentar un juicio legal, aunque aquí en México, por la
hipocresía y la mojigatería que, desde antes de que Fox fuera presidente, gozan
de privilegiados fueros en los ámbitos de la justicia, esto podría hacer que
con peregrinas razones se les diera a esas bestias asesinas tal trato que
permitiera no enfrentar el juicio legal, por lo menos, porque la historia ya
los ha colocado en el pedestal de los individuos que son vergüenza de nuestra
patria. Insistimos, esos monstruos visibles son eso que señalamos, pero no son
los únicos. Sus matarifes también son los responsables, si en las matanzas que
sus jefes han ordenado, han sido mercenarios es por su gusto y hasta por su
convicción y eso, en algunos casos los hace, en el campo, peores a sus patrones
porque éstos siempre han defendido sus intereses burgueses, aunque hablan en
nombre de la patria, y los mercenarios asesinan en lugar de ellos y cuando sus
intereses coinciden más con aquellos que ellos asesinan que con los de los que
les ordenan el crimen. Estos asesinos no son parte del pueblo, son eso,
asesinos y tan responsables como aquellos asesinos jefes. |