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Mov. Est. ESPARTACO

Camilo Estrada Luviano

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Publicado en Síntesis el 17 de Diciembre del 2001

YOHUALA TONALTZIN

MÁS SOBRE LA SARTA / I

Camilo Estrada Luviano

Si el presidente mismo es el primero que cotidianamente miente cómo no esperar que los medios de comunicación masiva no lo hagan. El que el presidente mienta no es nuevo ni es una gracia del folclórico Fox, lo han hecho todos los políticos desde siempre; es más, saber mentir, de hecho es considerado como una cualidad indispensable para ser político y no solamente burgués. Pero una cosa es mentir ocultando cosas que, por diferentes razones, no deben estar al alcance de cualquiera y otra es hacerlo con el fin de manipular. Por eso es que cuando hablamos únicamente en este sentido estamos, aunque no lo queramos, hablando de una manera muy "psicológica" y, por ende, peligrosamente bordeamos los límites de la subjetividad.

El hecho ineludible de la vida política es que ésta tiene necesariamente que referirse a la economía y a las relaciones que ella establece y no hacerlo, es caer en lo anteriormente mencionado. Lo importante, en la política no es tanto el ver quién miente como el analizar por qué y para qué miente y, mejor aún, si ese mentir es sistemático y el por qué lo es. Al acercarnos a estos interrogantes forzosamente tendremos que remitirnos a las relaciones sociales de producción y el lugar que cada fulano ocupe en ellas. Se está mintiendo cuando nos refiramos a hechos nefastos en la vida económica y social de cualquier país y buscamos siempre a un individuo como responsable de ello. El hombre nunca, en el sentido más amplio de la palabra, puede ser solo; si es social siempre, aunque sea indirectamente, está con alguien más, así que nadie es responsable único de algo, siempre hay alguien o álguienes más atrás o al lado de ese supuesto responsable. Aunque, por la complejidad de la vida y el actuar de los miembros de la sociedad, se tengan que acotar los alcances de las acciones punitivas, en el Derecho se busca al "autor material" y al "autor intelectual"; al "autor o ejecutor" y al "instigador", etc. y es precisamente porque nunca nadie actúa solo, claro que los acotamientos que se establecen en las leyes, en muchos casos, limitan o prohíben la búsqueda exhaustiva de los demás.

Si el ser social es característica fundamental de cada humano, es totalmente inaceptable que para ciertas cosas se trate al individuo como si no lo fuera. Es inaceptable el tratar de encontrar culpables de determinadas cosas a una sola persona. Esto es imposible, por ejemplo, nadie que no esté loco, negaría la responsabilidad de Luis Echeverría Álvarez en los hechos del 2 de octubre de 1968 y del 10 de junio de 1971; en la primera fecha, era Secretario de Gobernación y en la segunda ya ocupaba la primera magistratura. Pero aunque él haya sido el macabro, cruel, bestial, criminal y demoníaco individuo que haya dictado las órdenes de asesinar a sangre fría a tanta gente inocente no es el único responsable. Él tenía quien le diera órdenes y él tuvo que tener a quien darle las órdenes pertinentes para que se cometieran esas repugnantes y vergonzosas acciones. Echeverría no debe, bajo ningún pretexto, ser perdonado y debe responder por la responsabilidad que comparte en esos crímenes, pero no debe ser el único. En lo que a él se refiere, fueron muchos los sujetos que estuvieron sobre, o a un lado de él o bajo sus órdenes y todos, al igual que el siniestro Echeverría, son tan responsables como ese demonio que ni por su decrepitud debe ser salvo del juicio y del cumplimiento de la sentencia correspondiente; desde el pobre diablo que no le quedaba otra que abrir o cerrar puertas, por ejemplo, hasta ese mismo animal que ocupó tan altos cargos en esas fechas, deben ser juzgados, porque si éste lo hizo porque con eso "salvaba la patria", como dijo el otro pobre diablo que fue Gustavo Díaz Ordaz, aquél también participaba en ese "salvar la patria" que no es otra cosa que seguir preservando las condiciones de explotación despiadada a la que son sometidos los trabajadores en el capitalismo, generando constantemente miseria y más miseria, como lo estamos viendo. La obediencia debida no se vale cuando se ataca al propio ser humano para conservar privilegios de unas cuantas sanguijuelas, aunque éstas también pertenezcan al mismo género y los jefes son las sanguijuelas más visibles o las únicas visibles, pero no son las únicas, hay más... muchas más.

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