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YOHUALA TONALTZIN SIN PATRIA NI MATRIA / II Camilo Estrada Luviano Las clases sociales tienen una existencia objetiva, esto es no son teoría de nadie, no son invento de nadie, sino que, nos guste o no, ellas existen y, como tienen intereses diferentes, las contradicciones entre ellas se dan en diverso grado e intensidad pero ellas son la causa de la lucha de clases. En los tiempos actuales, la historia de los pueblos, que no es otra cosa que el devenir de ellos con sus relaciones socioeconómicas, nos han colocado en una formación económicosocial en donde cuyo modo de producción determinante es el capitalismo, esto es, el capital es el que dirige todo en el país y en el mundo en general lo que significa que la producción, en lo fundamental, se genera en las empresas, sean urbanas o rurales, en donde lo que domina son las relaciones capitalistas, es decir, donde existe, por un lado, uno que es el dueño del capital y, por el otro, quien se emplea con aquél dando con esto la apariencia de que es el capitalista quien le paga al obrero, sea urbano o rural, por el trabajo que realice. De esta apariencia se puede concluir y, aparentemente es lógico, que es el capitalista quien, al generar empleo, paga al trabajador y así éste al tener empleo tiene posibilidades de vivir gracias a que el empresario fue quien lo empleó y por ende le paga el salario. Ante esto, lo primero que tiene que preguntarse es ¿por qué el capitalista le da empleo al trabajador si le paga íntegramente el trabajo que realiza?, porque si esto es lo que sucede, entonces el patrón debe tener una fuente inagotable de dinero para estarle pagando a los obreros todo lo que hacen, pero, sin embargo, como no existe ningún “bolsillo invisible”, entonces, forzosamente, debemos concluir que en realidad el trabajador le devuelve a su patrón lo que éste le pagó y es esto lo que le vuelve a pagar al día siguiente. (Por supuesto que sería infantil pensar que se lo devuelve en efectivo). Como tal devolución se realiza no en dinero, sino en mercancías, este hecho hace que la realidad engañe y pareciera que ella, -la devolución-, no existiera, sin embargo, lo que se devuelve, se devuelve en forma de mercancías que son las que el obrero estaba haciendo o produciendo, si hablamos con propiedad. Pero el obrero no sólo devuelve lo que se le pagó, sino que además le deja, en forma de mercancías, una determinada porción de trabajo que no le paga en absoluto el capitalista. Esta cantidad de trabajo cristalizada en mercancías es lo que viene a constituir la ganancia de los patrones. Con esto se pierde todo el misterio que encierra el origen de la ganancia y todas las estupideces subjetivas que se han dicho sobre el origen de ella pierden todo sustento ya que no hay ninguna fuente invisible de ella ni se obtiene de uno más pendejo que uno mismo; tampoco es aquello que los compradores dan por haber obtenido satisfacción de algo porque el problema persistiría: ¿de dónde se obtiene ganancia si ella no fuera trabajo cristalizado en mercancías? El trabajador cuando es contratado por el capitalista, por el patrón, lleva a cabo una venta de aquello que es lo único que posee, su capacidad para trabajar. No vende su trabajo, porque cuando es contratado aún no realiza ningún trabajo, él fue contratado por una paga para que realice algún trabajo, pero éste todavía no es realizado, así que el patrón no puede comprar algo que todavía no existe. Lo único que existe es la capacidad de trabajar y ésta es la que vende el trabajador porque es lo único que lleva, que sí existe y es lo que le compra el capitalista. Ahora, el capitalista al realizar esta compra, tiene el derecho de poner a trabajar al obrero que contrató y este, además de transferir el valor de los medios de producción que son propiedad del patrón, crea su propio salario y, además, crea la ganancia del capital. Esto está así establecido por la realidad con su respectiva legislación, por eso es que decimos que el capital es una relación social que se concretiza en esa “mágica” compraventa de la fuerza de trabaja que es como se llama la capacidad de trabajar. Y parece mágica porque sólo y exclusivamente en esa transacción el vendedor, -el obrero-, es el único vendedor que no sólo hace aquello para lo que fue contratado, sino que al hacer esto hace también su propio salario el cual es reintegrado al patrón que se lo vuelve a pagar al día siguiente y así eternamente, sino que además le deja en forma de mercancías lo que él, al venderlas, obtendrá como ganancia. Con esto ¿qué capitalista no estaría en contra de cualquier cambio en las relaciones de producción y, consecuentemente del tejido social? Pero, al hecho de estar a favor de estos cambios, los “revolucionaros democráticos” llaman anacronismos, sectarismo, ideas caducas, premodernas y hasta terrorismo ideológico, esperando así compartir el poder con los que lo detentan, ¡inocentes! ¿Son inocentes o se hacen? |