Artículo publicados en el diario Síntesis por: Miguel Santiago Reyes Hernández Para
comentarios e informacion, puedes mandar un e-mail a |
Publicado en Síntesis el 3 de Mayo del 2001 Xi Itziltia, Otlaimantic PORFIADA REALIDAD Camilo Estrada Luviano Nadie de los que estamos
llevando, con muchas dificultades y privaciones, una vida pacífica queremos la
guerra, pero una cosa es que no la desiemos y otra que no veamos, con
sentimientos encontramos, que hacia ella nos llevan los acontecimientos
políticos cotidianos, porque la política es el hacer de los humanos, hombres y
mujeres concretos, en defensa de sus intereses materiales, muy reales, los
cuales responden, en última instancia, al papel que juegan en la producción lo
que, a su vez, está determinado por el régimen de propiedad sobre todo aquello
que la hace posible. Aquí surge el gran problema que uno de los así llamados factores de la producción es el ser
humano y éste no puede tener dueño por lo que, como tiene que vivir, se ve
obligado a vender su capacidad de trabajar y así, nos resulta que es el
empleador, el patrón, el capitalista, el que parece que le posibilita la
existencia a los trabajadores, porque, también aparentemente, es él quien le da
trabajo a ellos y por este trabajo se percibe una paga con lo cual se puede
comprar lo que se necesita para su subsistencia. Nada más que el patrón da
trabajo porque sin los obreros no podría producir nada y si no produce nada no
obtendrá sus tan preciadas ganancias que son en dinero constante y sonante.
Como el patrón no trabaja y lo que vende es algo transformado por el trabajo,
en el precio se recupera aquello que fue transformado más lo que se le pagó al
obrero y, además, se obtiene una ganancia que, obviamente no cayó del cielo,
sino que es el trabajo no pagado al laborante por el dizque seráfico empleador.
Esto es lo que sucede en nuestro país y esto es lo que hacen los capitalistas y
aun así estas sanguijuelas se presentan en la sociedad como si los pobres
vivieran gracias a ellos cuando realmente lo que sucede es lo inverso y es este
fenómeno, del que no habla ningún patrón y mucho menos Fox & Co., lo que
genera la miseria constantemente creciente. Junto con esto, nos encontramos
conque somos, como sociedad, resultado de toda nuestra historia con sus luchas,
triunfos y derrotas y por eso encontramos que los dueños de los medios de
producción no sólo explotan a sus trabajadores, sino que la sociedad en
conjunto oprime a muchos otros más, los cuales, incluso, pueda ser que ni se
encuentren inmersos en ese infernal círculo de explotación, pero que,
precisamente por eso, están peor que aquéllos, porque aquéllos por lo menos
están dentro del sistema y estos otros, son totalmente prescindibles, mas sin
embargo, son humanos, poseen fuerza de trabajo y por lo tanto son susceptibles
de ser encajonados en el sistema para su explotación que puede ser mayor
porque, al fin y al cabo, es mano de obra
no calificada. Esta ley en el capitalismo en que vivimos es inexorable y
quien tenga recursos para explotar a otro lo hará aun dentro de su propio
círculo social. Ahora pensemos en una comunidad, sea indígena o no, y veremos
que en ella sucederá exactamente lo descrito, así que legislar para que no
suceda no es más que un acto de demagogia parecida a la fe, porque no cambiará
este porvenir. La lucha de los indígenas de
nuestro país es realmente gloriosa porque es la lucha de pueblos que se
resisten a desaparecer por la voracidad omnipresente del capitalismo y,
precisamente por eso, no se puede no
estar con ellos. Estar en su contra u obstaculizarla y más cuando falaz e
hipócritamente se declara lo contrario, como es el caso de los panistas,
priístas, salvo cinco diputados oaxaqueños, y hasta los senadores perredistas, es francamente criminal; es similar a
aplicar la eutanasia tanto activa como pasiva, pero, la dignidad está muy por
encima de los entomológicos espíritus de esos seres y los pueblos indígenas así
como otros grupos sociales que viven en la miseria y la desesperanza, seguirán
luchando por su supervivencia. Esto también es inexorable y estos dizque
representantes populares, si pasan a la memoria de nuestro pueblo, pasarán como
los que pretendieron dar otro golpe de muerte más y, en cambio, aquéllos, los
heroicos luchadores que no tienen más armas que su dignidad, aunque sean
engullidos por la voracidad capitalistas, serán el referente enorgullecedor de
las generaciones futuras. De esto que no quepa ni la menor duda. |