Artículo publicados en el diario Síntesis por:

Mov. Est. ESPARTACO

Camilo Estrada Luviano

Miguel Santiago Reyes Hernández

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Publicado en Síntesis el 7 de Noviembre del 2001

YOHUALA TONALTZIN

 

 

LOS CARACOLES NO DEJAN DE SER CARACOLES

Camilo Estrada Luviano

 

En enero de 1919 se reunieron en París, con el propósito de establecer las condiciones de la paz no sólo los principales aliados, sino también los así llamados estados sucesorios, es decir, los nuevos estados surgidos por la voluntad de los “principales aliados” que les dieron chance a éstos de también participar en el nuevo reparto del mundo con la intención de que se establecieran nuevas relaciones comerciales entre los poderosos que todavía, o por lo menos, dentro de poco podrían establecerla con los triunfadores, en condiciones más o menos de pares. Incluyeron, faltaba más, también a aquellos países que aunque fuera en el último momento rompieron relaciones con las potencias enemigas y así fue como a la asamblea de París se colaron Bolivia Ecuador, Perú y Uruguay, China y Siam. Claro que el control de los ajustes que se hicieron, estuvieron en manos de los “tres grandes”, como llama David Thomson al presidente de los Estados Unidos, Mr. Wilson; a Georges Clemenceau, de Francia y al Primer Ministro de la Gran Bretaña, David Lloyd George. Italia y Japón participaron en un inicio pero luego se retiraron que al fin y al cabo ya habían recibido su tajada en el reparto del pastel que ya se había llevado a cabo. La intención del presidente Wilson, el gringo, era, decía él, sentar las bases para organizar la Sociedad de Naciones, aunque su objetivo real era reconstruir lo destruido en la carnicería recién pasada, así que había que empezar lo más pronto posible y se deberían sentar las bases para, en un futuro resolver sus diferencias, originadas por la contraposición de sus intereses económicos, de manera menos costosa. Rusia ya no contaba para ellos, pues ya era el nuevo enemigo rojo al que había que destrozar lo más pronto posible. Austria – Hungría estaba desmembrada y ahora las repúblicas nacientes participaban como “estados sucesorios”; ahora el interés mayor de los “tres grandes” y en especial de Estados Unidos era, además, acabar con el poderío alemán y sentar bases jurídicas para, con el tiempo llegar ellos a ser los mandamás del mundo de posguerra, cosa nada fácil ni sencilla porque, aunque Alemania había sido derrotada y se le había prohibido la conscripción y su ejército quedó limitado a cien mil hombres, se conservó el poder de la casta de la oficialidad con lo que quedaron sentadas las bases para que resurgiera el poderío militar alemán ya que el reclutamiento de ese ejército pequeño tenía que ser voluntario y de tipo profesional, así que a pesar de que los gringos llevaron a los pobres y tristes títeres latinoamericanos para que los apoyaran en sus intenciones, esto no pasó de ser mero gesto teatral, porque nadie de los vencedores tenía la intención real de acabar a nadie, –a excepción del recién nacido peligro rojo-, porque si así hubiera sido, hubieran estado sentando las bases para un orden económico mundial totalmente diferente al que existía y al que solamente le habían hecho los reajustes necesarios. Reconstruir lo destruido era indispensable para garantizar el avance y el desarrollo del capitalismo en todo el orbe y a ello se abocaron en el período posterior a la primera gran masacre del siglo XX, ocasionada por el pujante, en ese entonces, capitalismo.

Bolivia, Ecuador, Perú y Uruguay pasaron a la historia como los primeros que siguiendo a su patrón jugaron el triste papel de gatos de un amo feroz y malvado, pero más allá de eso, nada extraordinario, porque pasarán decenios y decenios para encontrar una explicación racional donde no se incluyan las disposiciones del amo del norte. Pero queda de consuelo que no serían los últimos en asumir tan vergonzosa posición, otros más lo harían posteriormente, por ejemplo, Bolivia en la guerra de Corea y actualmente casi todos los países latinoamericanos en el ignominiosos crimen que los yanquis están perpetrando contra el pueblo afgano. La única excepción en nuestro continente es el país latinoamericano que con su gran dignidad nos salva a todos los latinoamericanos, Cuba, la indoblegable.

 De esos primeros pasos que dieron esos primeros países latinoamericanos a principios del siglo pasado nos queda la lección de que los caracoles nunca dejan de ser caracoles: babosos y arrastrados.

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