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Mov. Est. ESPARTACO

Camilo Estrada Luviano

Miguel Santiago Reyes Hernández

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Publicado en Síntesis el 6 de Noviembre del 2001

YOHUALA TONALTZIN

 

 

DESPUÉS DE LA MATAZÓN

 

Camilo Estrada Luviano

La matanza que fue la primera guerra mundial, cuyo objetivo fue un ajuste de cuentas entre las potencias capitalistas de principios del siglo pasado, según David Thomson, “en Europa significó la destrucción sistemática de 10 millones de hombres, y principalmente de hombres que no habían cumplido los cuarenta años” [...] “Los franceses calcularon que, entre agosto de 1914 y febrero de 1917, se mataba a un francés por minuto” (Thomson, D., 1997). Los rusos sólo en 1915 perdieron un millón de hombres, entre muertos, heridos y prisioneros, y en 1916 perdieron otro millón en esta feroz guerra, donde ellos peleaban, de hecho, cuerpo a cuerpo ya que carecían de ametralladoras y artillería. Estos poquísimos y parcos, pero espeluznantes datos son más que suficientes para ver y comprender que el desarrollo y, por ende, la expansión del capitalismo, le ha significado a la humanidad no sólo adelantos técnicos, sino también sangre a raudales y muertos por millones, muertos que son gente sencilla, gente común a la que los siempre insaciables magnates mandan al matadero en nombre de la defensa de la patria y cuanta monserga más se les ocurra. Pero que ellos hagan eso es natural, la ganancia es un magnifico incentivo; pero que aquellos que decían que comulgaban con la defensa de los intereses de los obreros se hayan prestado a legalizar tal carnicería simple y sencillamente fueron unos perros traidores. Y esto lo decimos pidiéndole perdón a los perros que no merecen tal ofensa.

La clase obrera y los campesinos y los soldados rusos, dirigidos por Lenin, no estaban dispuestos a seguir participando en esta masacre que respondía única y exclusivamente a los intereses de los grandes capitales de aquel entones y por eso el 3 marzo de 1918 fue firmada la paz con los alemanes en Brest-Litovsk. Los alemanes se apropiaron de Finlandia, la parte rusa de Polonia, Ucrania, Letonia, Lituania y Estonia que eran parte del imperio ruso, cosa a la que Lenin cedió, primero, porque los alemanes así lo exigieron como ultimátum y porque no iba a “defender la patria” que habían hecho la aristocracia zarista oprimiendo otros pueblos. Que los alemanes iban a continuar con es opresión era innegable, pero, lo más importante en esos momentos, para Lenin, era salvar la recién triunfante revolución bolchevique.

También en 1918 los Estados Unidos iniciaron el desembarco de tropas a razón de 250 mil hombres por mes. Así, el káiser Guillermo II abdicó el 9 de noviembre de ese año luego de lo cual se proclamó la República de Weismar con lo cual “la casta militar, que supo hacer de Prusia el alma del Reich, sobrevivió al desastre para intentar más adelante otra guerra” (Ibíd.) y los yanquis y todos los demás vencedores lo permitieron, porque su objetivo no era acabar con futuras amenazas de guerras, éstas son connaturales al capitalismo. Las guerras son consubstanciales al capitalismo por eso no tiene absolutamente nada extraño de que “la guerra terminó con los ejércitos alemanes ocupando el territorio de Francia y sin que Alemania hubiera sido invadida (Ibíd.) y que después de 10 millones de cadáveres, por así convenir a los vencedores, Austria y Hungría se convierten repúblicas, acabando con eso con el imperio austrohúngaro; ponen a los checos a encabezar la nueva Checoslovaquia formada, además, por eslavos, rutenos y alemanes sudetinos, así como a los servios a la cabeza de la nueva república llamada Yugoslavia en la que juntaron también a Eslovenia y Croacia; reviven a Polonia porque con eso se continúa mutilando a la vencida Alemania y, además, con el mismo fin, se reconoce la independencia de Bélgica y se le devuelven a Francia las provincias de Alsacia y Lorena; también le quitan todas sus colonias. “Rumania aumentó su territorio con regiones que habían pertenecido a Rusia y a Hungría” (Ibíd.), se reconoce la independencia de Finlandia, Letonia, Lituania y Estonia en el Báltico.

En Asia, surge la república de Turquía, después de que bajo la dirección de Mustafá Kemal, una parte mínima de lo que fue el imperio otomano echó fuera de su territorio a griegos invasores pero, los vencedores la limitaron a Constantinopla (hoy Estambul) y Asia Menor. “Siria y el Líbano quedaron confinados a Francia, y Palestina, Transjordania e Irak a Inglaterra en calidad de mandatos [...] Antiguas posesiones coloniales alemanas quedaron distribuidas sobre bases semejantes: el África sudoccidental alemana le tocó a la Unión Sudafricana, y las demás colonias africanas fueron divididas entre la Gran Bretaña, Francia y Bélgica. Al Japón se le dieron en mandato las islas del Pacífico septentrional; la Nueva Guinea alemana a Austria, y a Nueva Zelandia la Samoa alemana” (Ibíd.).

Este es sólo un episodio de cómo se las gasta el capitalismo y cómo todos los mortales pagan sus estropicios y ruindades.

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