Artículo publicados en el diario Síntesis por:

Mov. Est. ESPARTACO

Camilo Estrada Luviano

Miguel Santiago Reyes Hernández

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Publicado en Síntesis el 28 de Agosto del 2001

OTLAIMANTIC

 

 

 

ALGO SOBRE EL PAN

Camilo Estrada Luviano

 

Ningún pueblo, en ninguna parte del mundo, inicia una guerra por gusto; cuando un pueblo tiene que guerrear es siempre obligado por muy diferentes razones y lo hace cuando ya no queda otra posibilidad de solución o porque lo han obligado a ello. Por eso es que se ha hecho eso que llaman política que no son sino los pasos que se tienen que dar precisamente para no llegar a la confrontación, así que ésta trata siempre de conciliar las contradicciones surgidas a raíz de los diferentes intereses. Claro que esta “conciliación” no siempre en beneficio de todos; pensar que así sería es, lo menos ofensivo, una puerilidad, porque toda sociedad está formada por diferentes clases sociales y entre ellas hay contradicciones; unas puede ser que se puedan resolver sin dejar de existir, porque esta conciliación puede que cambie, en cierta medida, las condiciones o las ventajas que se tenían, pero la existencia misma de dichas clases se garantiza; a estas contradicciones las llamaremos simplemente no antagónicas para diferenciarlas de las antagónicas que implican la destrucción de una de las clases en conflicto para la resolución de ellas. Hay que subrayar que el hecho de que no se destruya una u otra clase no significa que no existan contradicciones antagónicas en el seno de la sociedad, sino más bien, significa que la fuerza de la que dispone una de las clases en conflicto es suficientemente grande como para mantener a la clase antagónica a raya. Esto lo vemos a diario en todo el mundo en la actualidad. Los capitalistas tienen contradicciones antagónicas con los obreros ya que son aquellos los que explotan a éstos, en otras palabras, la ganancia está en proporción inversa al salario real y esta contradicción no tiene ninguna otra solución que no sea la destrucción de las relaciones capitalistas de producción, porque sólo de esa manera existiría tal contradicción ya que al no existir la propiedad privada sobre los medios de producción, los salarios podrían subir sin el contrapeso de la baja de ganancias; sin embargo esto no sucede a diario, es más, de hecho ha sucedido muy pocas veces en el mundo contemporáneo y no por ello deja de existir tal contradicción, pero la fuerza y el control de la vida social que detentan los capitalistas es tal que hasta los obreros aceptan, validan, legalizan, legitiman tal dominio y la explotación a que son sometidos pasa, para ellos mismos, a segundo término.

En la gran rebelión de 1910, que conocemos como Revolución Mexicana, las contradicciones que se dirimieron fueron aquellas que resultaban entre las capas de una misma clase social que exigían otro marco legal para poder seguir desarrollándose. Obviamente en tal rebelión surgieron también las exigencias de otras clases sociales e incluso de, los entonces llamados, grupos étnicos que tenían que ver con la supervivencia de ellos y que podrían ser antagónicas en cuanto que eran un estorbo en la lucha que libraban entre sí diferentes sectores que estaban por el desarrollo capitalista, sus exigencias estaban fuera la lucha que se desarrollaba, pero como corría una guerra civil, ésta era el caldo propicio para su manifestación. La gran rebelión terminó con el triunfo de los constitucionalistas, con Venustiano Carranza a la cabeza a quien le sucedió Álvaro Obregón, después del interinato de Adolfo de la Huerta; siguió Plutarco Elías Calles, después siguieron tres presidentes peleles del Jefe Máximo y luego Lázaro Cárdenas a quien correspondió tratar de ampliar el mercado interno para lograr un desarrollo nacional del capital para lo que tuvo que salvar las dificultades que le había heredado Obregón con los Tratados de Bucareli, pero salvando estas dificultades a la vez de lograba dar respuesta a aquellas exigencias que eran un estorbo para el ansiado desarrollo capitalista.

Acercándonos un poquitito a la historia de esa burra vieja que se llama PAN, resulta que Manuel Gómez Morín que se había especializado en la asesoría de grandes compañías nacionales y extranjeras también asesoraba a las instituciones bancarias como a las educativas y sirvió a los gobiernos revolucionarios de Obregón, Adolfo de la Huerta y Calles, y en 1939, cuando es fundado el Partido de Acción Nacional es, junto con el mocho de Efraín González Luna y otros egregios derechistas de nuestra patria, uno de los fundadores de tal partido que se inicia como tal apoyando, lógicamente, la candidatura de Juan Andrew Almazán.

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