Artículo publicados en el diario Síntesis por: Miguel Santiago Reyes Hernández Para
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Publicado en Síntesis el 7 de Agosto del 2001 OTLAIMANTIC ¡QUE DIOS ME
GUARDE! Camilo Estrada
Luviano ¡Que Dios me guarde! Fue lo primero que pasó por mi mente cuando empecé a escribir este artículo y uso el verbo guardar con la esperanza de que sea dios y no un simple ángel el que me cuide de lo que pueda venírseme encima, porque empezaré mencionando a Cristina Pacheco de quien he leído algo y acerca de quien no he oído más que elogios para su afamado programa televisivo “Aquí nos toco vivir”, que por cierto, no se sí todavía se transmite, porque sólo vi unos cuantos y la mera verdad nunca me gustaron, me parecieron morbosos, como que se regodean con la miseria que nos rodea, porque casi todos sus entrevistados sólo pintan monas tristes. Otra que mencionaré es Guadalupe Loaeza a quien sí me gusta leer porque me permite regodearme con la lectura acerca de la “gente bonita”, de las “princesas del Palacio de Hierro” y de los “niños bien”, “totalmente palacio”; cuando la entrevistan también nos hace análisis sobre este tipo de gente que nosotros, pobres supervivientes a base frijoles y tortillas que todavía de vez en cuando podemos darnos el lujo, en verdad lujo, de comprar uno que otro libro, ahorita que todavía no están gravados con el IVA. Por último quien sí me sorprendió por su agudeza y sus buenos consejos fue Soledad Loaeza, que ojalá no se hermana de doña Guadalupe. Con toda franqueza ni sabía que existía, cosa nada de rara, porque por qué habría de saber que exista y, además, también hay millones y millones que ni sospechan que yo existo, por qué de la existencia de ella todos deberíamos estar enterados, ni que fuera Marie Curie. Doña Soledad, de
entrada, en un artículo suyo de ella, afirma que “uno de los reproches más
amargos que podemos dirigirle al PRI es que se haya dejado chantajear por el PRD
en 1999, y que haya aceptado la pretensión de Andrés Manuel López Obrador de
registrar su candidatura a la jefatura de Gobierno del Distrito Federal, a
pesar de que no cumplía con los requisitos de residencia que estipula la ley ”
(La Jornada, 2/VIII/01), primero, eso de que no cubría los requisitos que la
ley marca, eso es lo que dice ella, el órgano legal de decir si o no, dijo sí y
¿quién es ella para colocarse sobre la ley? Ahora que si es una opinión
personal, pues ella es libre de pensar lo que le dé su muy augusta gana, pero
que lo diga así, porque si no, es, -para decir lo menos-, mañosa la manera como
lo afirma; en segundo lugar, si tiene ese amargo reproche al PRI ¿por qué no le
reprocha, por ejemplo, al salinista Gil Díaz que se niegue a proporcionar, al
IFE que lo solicitó, información sobre el financiamiento de la campaña de Fox?
Es de elemental justicia: todos coludos o todos rabones. Pero, bueno, ella
tiene también el derecho de hacer los reproches que le dé su regalada gana. Y pasa luego a elucubrar
que “Todo indica que (AMLO) cree que todo gobierno es malo y que lo mejor es
que no haya ninguno” (Ibíd.) Eso es lo que su augusta inteligencia le hace
concluir y tiene derecho a eso y a más, y reprocha a López Obrador que “Para un
hombre que denuncia de continuo la ‘reacción’ y el ‘oscurantismo’, y que se
identifica como un hombre de izquierda, semejantes actitudes son sorprendentes”
y continúa “Antes de hacer de él un socialdemócrata, lo colocan en la ortodoxia
de los libertarios que denuncian al Estado como el peor enemigo del
individuo...” (Ibíd.) Ahora el
sorprendido soy yo, no me da vergüenza confesarlo, primeramente me sorprende la
perspicacia de doña Soledad que califica de socialdemócrata a López Obrador. Lo
interesante para una colección de perlas al estilo de Nikito Nipongo es hacer
de un socialdemócrata un anarquista, esto estremece al más cínico, porque son
concepciones antagónicas y Soledad Loaeza las junta; es como si juntara el agua
con el aceite. Su capacidad de retorcer las ideas no tiene parangón, ojalá que
no pase de ahí, porque donde esta augusta pensadora llegue a tener poder, su
capacidad de retorcer ideas puede convertirse en capacidad de retorcer
pescuezos y, entonces sí, que Dios nos guarde. Se puede decir que es mi conclusión.
Pues sí, pero también yo tengo el derecho de concluir lo que me dé mi augusta y
regalada gana. |