Artículo publicados en el diario Síntesis por: Miguel Santiago Reyes Hernández Para
comentarios e informacion, puedes mandar un e-mail a |
Publicado en Síntesis el 3 de Septiembre del 2001 OTLAIMANTIC RECUERDOS INOLVIDABLES Camilo Estrada Luviano Hay una sentencia cursi que reza que recordar es vivir. Y puede ser que sea cierto, pero volver a vivir algo no siempre es agradable, porque la vida en sí no puede ser una secuencia de únicamente aquello que nos proporcione gozo, eso sólo existe en las creencias religiosas, es lo que llaman gloria, paraíso, etc.; pero aquí en la tierra, en donde estamos todos nosotros, si así fuera, tal la existencia perdería sentido, porque sólo aquellos que la religión colocan al lado de Dios podrían soportar tanta felicidad. La vida cotidiana para que sea digna de vivir debe ser un compendio de cosas agradables y cosas no agradables, hechos felices y desgraciados. La desgracia no sólo nos da dolor, sino que cuando se ha pasado, todo lo sentimos y lo vemos de manera diferente porque ya tenemos un referente para hacer comparaciones, aunque éstas sean inconscientes. Pero así como la felicidad tiene un límite, aquello que nos hace infelices también debe tenerlo. Se puede morir no sólo de sufrimiento sino también de lo contrario, el ser humano en su fortaleza tiene tanta debilidad que debe estar en un punto de equilibrio- De lo que no alegra todo mundo habla y escribe, pero de lo contrario nos lo guardamos muy bien, precisamente para no romper ese equilibrio; para esto incluso llegamos a “bloquearnos” que es como si no pudiéramos recordar algo, mucho menos hacer memoria de ello. Pero hay recuerdos que por mucho que nos laceren no nos lo podemos quitar de la mente, a lo más que llegamos es a hacernos cómplices de ellos para que no nos lastimen tanto. Los tenemos presentes pero, por decirlo de alguna manera, los frivolizamos, porque al ser tan dolorosos si los dejamos aflorar brincarían ese punto de equilibrio y quién sabe qué pasaría con nuestro yo. Así es como somos la mayoría de los mortales, pero hay excepciones, ésas constituyen aquello que la sociedad llama locura, la cual, en muchos casos, no es más que no poder lidiar con sus recuerdos o que éstos dominen al individuo. Pero también hay gente excepcional que sí puede con el pesado fardo de los recuerdos, pero que estos no trastocan en nada su vida cotidiana de ellos y estos seres son o los que nos ayudan a nunca dejar en el olvido lo que no debamos olvidar o son los que nos regodean con lo agradable de la vida. Pero todavía podemos encontrar otro grupo de personas que sin ser ni lo uno ni lo otro, tiene recuerdos que si bien les pesan, no les imposibilita seguir en la brega, pero no llegan a ni a encabezar ninguna lucha ni a hacer arte. En esta categoría estamos todos los que hemos sido torturados. Tenemos recuerdos que no nos abandonan nunca, pero, que por muchas circunstancias, aunque carguemos con ellos no podemos estar más allá de cargar con ellos. Muy pocos podemos en ocasiones contarlos para hacer catarsis y seguir conservándonos en ese maldito equilibrio, pero la gran mayoría, ni eso pueden hacer. Esa gran mayoría de este grupo está formada por toda aquella gente sencilla que sin tenerla ni deberla fueron torturados sólo porque así alguna bestia así lo dispuso, dio la orden sin ningún matiz y, la mayoría de las veces, fueron victimados porque el Estado, el Sistema así lo dispuso para aterrorizar al resto de la población. Y así, estas víctimas de la tortura además de haber sufrido el escarnio de la tortura, tienen miedo de hablar porque con ellos, al victimarlos, esparcieron el terror y este terror al estar en todos también está en ellos y más cuando después de ser torturados son amenazados de volverlos a encerrar. Estos son los familiares, vecinos, amigos e incluso hasta simple conocidos de tantos y tantos desaparecidos que no son sólo aquellos cuantos cientos que se han documentado, sino que hay familias enteras que han sido desaparecidas por los esbirros del sistema y que no ha quedado nadie para que proporcione aunque sea un mínimo testimonio de ello. Ahora, después de más de 30 años de la guerra sucia de los años 70, empiezan a escucharse algunas voces de esta gente que ha vivido esos larguísimos años con esos terribles recuerdos y en estos está el hecho de que ese miedo lo regó el sistema pero fue regado por individuos de carne y hueso, supuestamente igual a todos nosotros. Esto último es también un recuerdo inolvidable. |