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Historia de la educación occidental

1. Influencias indirectas

1.1 Persia

Hacia el 1500 aC., el área geográfica de lo que hoy es Irán fue ocupada por tribus arias, de las cuales las más importantes eran los medos y los parsas. Posteriormente estos pueblos se consolidarían en uno sólo, cuando Ciro el Grande (600?-529 aC.), de la dinastía de Aqueménida (iniciada en el siglo VII aC. por Aquemenes o Hakhamanish), ascendió al trono, derrocando a los medos y conquistando Lidia (Meonia, según Homero) en 546 aC. y Babilonia (también llamada Mesopotamia o Caldea, hoy Irak y Siria) en 539 aC., para luego establecer el Imperio persa.

El pueblo persa heredó de los babilonios y asirios muchas tradiciones, entre ellas la organización militar, el concepto de Estado (altamente centralizado, por cierto) y el arte, que se vio enriquecido con el uso de esmaltes.

Su estructura social estaba bien estratificada, donde el gobernante, su corte y su ejército. Más abajo estaban los comerciantes, artesanos, campesinos y, por último, los esclavos. Pese al clasismo de la sociedad persa, las diferencias de clase no representaban un obstaculo infranqueable para quien tuviese aspiraciones.

Hacia el siglo VII aC. nace Zoroastro o Zaratustra (630?-550 aC.), profeta persa fundador del zoroastrismo y considerado un gran reformador religioso. Los principios de su religión se encuentran en el Zen-Avesta, libro sagrado que habla de Ormuz o Ahura Mazda (en persa, "señor de la sabiduría"), dios creador del universo, representante de Asha (la verdad) y vencedor del Druj (mentira), que impregnan el universo. El mazdeísmo fue adoptado como religión estatal probablemente por Darío I el Grande (558-486 aC.). Aunque en Persia se hablaba arameo (una lengua asirio-babilónica ligada al hebreo), el Zend-Avesta fue escrito originalmente en zéndico, lengua culta de los persas.

Darío el Grande fue el organizador del Imperio. Separó paulatinamente el poder político de la religión, lo que redundó en un cambio radical. La educación pasó a ser patrimonio del Estado, sin que ello significase un rompimiento con la religión. Los persas cultivaron las matemáticas, la astronomía, la medicina y registraban su farmacopea. Además, se preparaba al subdito para servir fielmente al Estado tanto en períodos de guerra como de paz. Se exaltaban virtudes como la justicia, el honor y el sentido de pertenencia a la nación. En Persia, el Estado y la religión compartían el derecho de educar a los jóvenes, proporcionándole un caracter tradicionalista y nacionalista, que más tarde influirá en la cultura de griega y romana.

Los niños eran educados principalmente por la madre en el hogar, donde aprendían a venerar a Ahura Mazda y se les inculcaba valores en torno a su concepto de justicia, virtud, la verdad y la obediencia a los padres. La educación pública comenzaba a los siete años, ingresando como internos a la escuela, con lo que lo niños pasaban a convertirse en propiedad del Estado. Una vez internos, los niños recibían educación física e intelectual, y se les reforzaba la formación religiosa.

Entre los quince y veinte se les entrenaba militarmente. En la escuela militar debian jurar fidelidad a la ley de Zoroastro y lealtad al Estado. Se los entrenaba en el manejo de armas y en equitación, hasta convertirse en hábiles jinetes. Estas prácticas se alternaban con ejercicios intelectuales, pues se le otorgaba importancia a la formación cívica y religiosa. A los veinticinco años gran parte de la población había ingresado al ejército. No obstante, a aquellos que no seguian la carrera militar se les entregaba una educación elemental.

La educación superior se llevaba a cabo en los palacios. Era impartida por magos (sacerdotes) que enseñaban la lectura del Zend-Avesta y de ciencias auxiliares. El futuro rey era educado por los cuatro ciudadanos más distinguidos del país que destacaran por su sabiduría.

1.2 Egipto

En el antiguo Egipto, la enseñanza más antigua se remonta al período anterior al reino menfita. Contiene preceptos morales y de conducta rigurosamente integrados con las estructuras y las conveniencias sociales. Las enseñanzas se expresaron en forma de consejos dirigidos del padre al hijo. Entre los autores de estas primeras enseñanzas se encontraban Kares, Hergeded (Gedefor), Khety, Neferty, Ptahemgiehuti, Khakheper-ra-seneb, Ptahhotep e Imhotep. La enseñanza de Hergeded, hijo de Keops II, de la Dinastía IV (2600-2480 AC), lleva por título sumario “Principio de la enseñanza hecha por el príncipe Hegeded, hijo del Rey para su propio hijo que él educa, de nombre Auribra”, entrega ciertos consejos ético-conductivos, entre los que se hallan la educación al hablar, la obediencia y el valor de la educación con relación a la naturaleza, y está dirigida a la formación de la personalidad.

2. Influencias directas

Homero sería el autor de las obras clásicas "Ilíada" y "Odisea", las cuales datan, se estima, del el siglo IX aC.
 
Solón, legislador considerado el fundador de la democracia ateniense. Abolió varias leyes injustas, como la esclavitud por deudas impagas.
 
Aristóteles Platón

2.1 Grecia

En Grecia se dio la separación de los procesos educativos según las clases sociales y con una evidente tendencia hacia las formas democráticas antiguas: Los grupos gobernantes participaban en una escuela con un proceso de instrucción en las tareas del poder, el pensar o el decir y el hacer inherentes a la política y la guerra. Para los gobernados no existió una escuela, sino un tirocinio para el trabajo, consistente en el aprendizaje por la observación de la labor y técnicas de los maestros en el trabajo, viviendo junto con ellos, una modalidad que ha quedado inmutable durante milenios. Los grupos excluidos no recibían instrucción alguna, pero tomaban parte en la aculturación que cruza transversalmente la sociedad. Este modelo educativo se proyecta en una relación con el sistema político y económico productivo.

Un lugar destacado en la educación griega antigua lo ocupa Homero, quien es considerado el padre de toda la literatura griega, "el educador de toda Grecia". El teatro, la historiografía e incluso la filosofía llevan la marca de las técnicas homéricas y de los temas cómicos y trágicos planteados en sus obras Ilíada y Odisea (s.IX? aC.). En Homero el decir y el hacer no disocian, no indican funciones opuestas de gobernar y producir, sino dos momentos de la acción de quien gobierna. Otro destacado es Hesídio, autor de la obra Consejos de Quirón, refleja un tipo de enseñanza que constituye un patrimonio de sabiduría y de moralidad campesina que exhorta a escuchar a la contraparte y a honrar al padre. Su poema "Los trabajos y los días" es un testimonio de la moral del trabajo, contra los poderosos y prepotentes.

En el período histórico de la antigua Grecia, la educación de los ciudadanos en Creta y en Esparta se centró en la música y la gimnasia. El estado asume un rol activo en la estructuración del sistema educativo, confiando la educación a un magistrado, el pedonomo o "legislador para la infancia", que desempeña sus funciones ya no para un individuo, sino colectivamente en los escuádranos y en los coros. A través de esta iniciación se preparaba a los adolescentes en las tareas de la vida adulta del ciudadano. Sin embargo, existieron también circulos de iniciación más privados e independientes, como las escuelas filosóficas y circulos femeniles.

Solón (638-559 aC.), legislador ateniense considerado el fundador de la democracia de Atenas, impulsa la legislación sobre la escuela. Se refiere a la responsabiliad de los padres en la educación de sus hijos. Propone el deber de enseñar a los niños, entre otras cosas, a leer y nadar. Los ricos debian aprender música, equitación, practicar la gimnasia, la caza y la filosofía. Los más pobres debian aprender algún oficio. También propone disposiciones organizativas a la escuela, como el establecimiento inicio y fin de las lecciones, numero de alumnos por clase, edad de los alumnos y magistrados dedicados a la instrucción. Para el año 496 aC. ya existían escuelas frecuentadas por muchos niños donde se enseñaba, además de la cítara, la flauta y la gimnasia, las letras del alfabeto.

Platón (427-347 aC.) parte de la división social del trabajo y de su expresión histórica para producir un proyecto educativo orgánico que asume gran parte los usos corrientes de la época, modificados en vistas a una renovación ideal. Aristóteles (384-322 aC.), por otra parte, después de analizar las tareas del Estado, de la educación, de las artes y del adiestramiento del esclavo, distingue lo que se hace por utilidad y lo que se hace en aras del conocimiento, entre razón practica y teórica, y plantea la discusión de las cuatro disciplinas de la escuela: gramática, gimnasia, música y dibujo.

El historiador griego Polibio (205-125 aC.), que fue uno de los mil aqueos nobles enviados a Roma como rehenes después de la derrota de la Liga Aquea en el 168 aC. y sirvió en casa del general romano Paulo Emilio (?-216 aC.) como tutor de sus hijos, se comenta la falta de atención pública a la educación.

Las escuelas comienzan a hacierse públicas, especialmente cuando el benefactor era un soberano consciente del valor de la instrucción del pueblo. Este proceso significó indudablemente una mejoría de las condiciones y de prestigio social para los educadores y se empieza a configurar el escenario para que la instrucción se aplique no sólo a los niños libres, sino también a las niñas, a los pobres e incluso a los esclavos.

2.2 Roma

La educación romana antigua tiene una historia propia que se relacionan más bien con aspectos civiles, morales y religiosos propios de los romanos. Según los historiadores de la pedagogía, el primer educador en la Roma antigua es el padre de familia. Desde los primeros tiempos de la ciudad, la autonomía de la educación paterna era una ley del Estado: "el padre es patrón y artesano de sus hijos". La antigua Ley de las Doce Tablas, desde principios de la República hasta la mitad del siglo V aC., permitió al padre matar a sus hijos anormales, encarcelar, azotar, relegar a trabajos agrícolas forzados, vender o matar a los hijos revoltosos, incluso cuando ocupasen cargos públicos siendo ya adultos. Platón precisaba que "los padres dirigen a los hijos y les enseñan las letras, el derecho y las leyes", siendo esta última enseñanza una novedad romana respecto de Gracia, pues en Atenas la misma ciudad se las enseñaba después de que hubiesen recibido la primera educación por parte de los padres y maestros.

El papel de las mujeres en la educación familiar no era secundario. Marcus Fabius Quintilianus (35?-95? dC.), retórico romano nacido en Calagurris (hoy Calahorra, La Rioja, Estado español), atribuye a la madre la misión de enseñar a los hijos los elementos básicos del hablar y del escribir, para lo que se solía usar letras móviles de marfil o de hueso. Bajo la tutela de la madre o de la nodriza, el niño va creciendo en casa, entre juegos adquiere sus primeras enseñanzas. Después de los siete años adquiere relevancia la tutela del padre, de quien aprendía los primeros rudimentos del saber, las tradiciones familiares y romanas, y era adiestrado en los ejercicios militares.

Juliano "el apóstata", también llamado a veces Juliano II, debió luchar contra el poder de altos funcionarios cristianos para intentar reestablecer la gloria del Imperio pagano.

Más tarde, la enseñanza empezó a precarizarse. Séneca (4? aC.-65 dC.), filósofo latino, dramaturgo, político y eminente escritor de la edad de plata de la literatura latina, señala que "no se aprenden las cosas necesarias a fuerza de aprender las inútiles". La escuela de gramática y de retórica toma fuerza y se convierte en la escuela de los grupos privilegiados. Posteriormente, en septiembre de 333, Constantino I (274-337 dC.), emperador entre 306 y 337 dC., estableció que, sobre todo "los gramáticos y los otros profesores de letras, junto con sus mujeres e hijos y con todo lo que poseen en sus ciudades, estén exentos de toda función y de toda obligación ni ser llevados a juicio o estar expuestos o sufrir injuria, de manera que si alguien los molesta, será castigado al arbitrio del juez". El emperador Flavio Claudio Juliano (331-363 dC.), que gobernó entre 361 y 363 dC., intentó revertir la situación, sostieniendo que "una justa educación consiste no en la búsqueda de la euritmia en las frases y en el lenguaje, sino en una sana condición de la mente", pero sus reformas fueron anuladas tras su muerte.

Poco a poco, el poder del Imperio se diluye. En el periodo comprendido entre la muerte de Valentiniano III (419-455 dC.) y 476, el título de emperador de Occidente fue ostentado por nueve gobernantes, aunque el auténtico poder en las sombras era el general romano de origen suevo Ricimer, llamado también el proclamador de reyes. Rómulo Augústulo, último emperador de Occidente, fue depuesto por el jefe de los hérulos Odoacro (433-493 dC.), que se convirtió en el primer rey germano Italia en el año 476. Teodorico I (454-526 dC.), rey arriano de los ostrogodos, enviado a invadir Italia por el emperador bizantino Zenón (426-491dC.), conquista casi toda la península en 490 dC., cercando a Odoacro en la Ravena para derrotarlo tres años más tarde y luego asesinarlo tras invitarlo a un banquete.

En términos generales, Roma contó con la ventaja del aporte cultural de Grecia. La instrucción escolar, en un sentido técnico, especialmente en lo que se refiere a las letras, era casi totalmente de su país vecino, a pesar de lo cual puso fuerte resistencia a la aculturación griega. Como señala Cicerón (106-43 aC.), escritor, político y orador romano: "Se debe atribuir a los romanos los valores y a los griegos la cultura".

3. La educación en La Edad Media

3.1 La alta edad media

La cultura clásica llega a su decadencia y el Papa Gelasio I (?-496, nombrado papa en 492) definió en una de sus epístolas la relación entre el sacerdotium (poder religioso) y el imperium (poder imperial), decretando el origen divino de ambas autoridades y estableciendo que poseían derechos equivalentes, aunque en último término otorgaba superioridad al poder de la Iglesia. Gelasio I declara además que "No se admita al sacerdocio al que sea ignorante de las letras o tenga algún defecto físico". Desaparecen los intelectuales y con el poder político repartido entre el Estado y la Iglesia, es precisamente ésta la que toma el control de la cultura y monopoliza la escuela.

A finales del siglo VI dC., el Papa Gregorio I (540-604) se convirtió en el más tenaz enemigo de la cultura clásica. Procuraba reafirmar la "coherencia de la conciencia cristiana", exigiendo que la formación del clero y la educación del vulgo cristiano no esté "contaminada por seducciones paganas". Con la intención de reafirmar el Concilio de Toledo de 527, que condena y combate doctrinas cristianas consideradas heréticas, se promulgan nuevos concilios que se promueven insistentemente el ingreso al sacerdocio a muchachos provenientes de familias adictas a la iglesia. Esto configura la escuela en la parroquia, a la que se accede a través del reclutamiento dentro de la misma organización eclesiástica para garantizar a la Iglesia un flujo creciente y constante de sacerdotes.

Carlomagno fue el rey más influyente en Europa durante la edad media.

3.1.1 Carlomagno

Carlomagno (742-814), o "Carlos el Grande", rey de los francos desde 768 y emperador de los romanos de 800 hasta su muerte en 814, hizo cofluir en su corte a grandes intelectuales, como el italiano Pedro de Pisa y el inglés Alcuino de York (735-804), discípulo del monje benedictino Beda, quienes se convierten en los impulsadores de la política escolástica del nuevo imperio. En consecuencia, el poder político es el que pasa a controlar la preparación profesional de los sacerdotes, por tratarse de una profesión de gobierno, mezclándose la formación religiosa y las exigencias de la preparación formal. Esto abre paso al conflicto de intereses entre el Estado y la Iglesia, que se evidencia en las discrepancias sobre las decisiones en materia de instrucción de los niños laicos.

El régimen carolingio tenía contemplado la enseñanza de los salmos, música, canto, cálculo y gramática, y la la Iglesia las artes liberales del trivium y del quadrivium y de los dogmas religiosos. Por otro lado, del testimonio de Alcuino de York se podría suponer la intención de establecer especializaciones, tanto dentro de la preparación formal como de la instrucción religiosa, pues proponía mantener separados a los que leen los libros, los que son adictos al canto, los dedicados al estudio de la escritura, así como procurar maestros propios para cada uno de estos grupos. En cuanto a la metodología, la enseñanza de la lectura, por ejemplo, se basaba en reconocer las letras del alfabeto como signos, instrumentos de la memorización y comunicación del lenguaje, pero sin referencia a ningún mensaje ni análisis lingüístico real; no se enseña a deletrear ni silabear, sino de copiar. Tenemos pues un tipo de enseñanza catequésico y mnemotécnico controlado por el maestro.

En las campañas contra los sajones, Carlomagno impuso el bautismo por la fuerza y asesinó a los rebeldes, fortaleciendo el cristianismo, promoviendo la vida monástica, la enseñanza del latín y el imperio de la ley, sirviendo como un nuevo piso para la cultura europea y un referente para la mayoría de los reyes posteriores. Queda así establecido un nuevo derecho escolástico, se dictaron los principios para la instrucción profesional del clero en las sedes episcopales y cenobiales, y para el adoctrinamiento religioso de los laicos en las parroquias bajo la vigilancia de un guía del Estado.

Eginardo (o Einhard, 770?-840), historiador franco y biógrafo de Carlomagno, en su obra "Vita" señala que Alcuino de York, por orden de Carlomagno, convierte las cortes visigodas y merovingias en escuelas en la que los jóvenes nobles son educados en empresas militares, adiestrándolos en la caza y en la equitación, que constituían la parte más característica en la formación para la guerrera; y disciplinas áulicas, que involucraban el conocimiento de las reglas de la corte y de las leyes del Estado, desarrollada colegiadamente en la trustis o "cuerpo de hombres de confianza del rey". La educación de los nobles giran en tornoa la administración de la paz y de la guerra, más que la cultura propiamente tal.

La decadencia de la cultura clásica afectó, sin duda, las capacidades productivas de la sociedad romana, pero evidentemente no se llegó a perder las habilidades propias de los oficios principales, de lo que se infiere la supervivencia del sistema de aprendizaje de los mismos. Surgen especializaciónes acordes a la reestructuración de la organización productiva y política medievales. Las sociedades de artesanos, la división del trabajo feudal, donde aparecen los subditos campesinos y pastores, además de los servicios ministeriales (que luego irán desapareciendo) vinculados a la corte señorial.

3.2 La Baja Edad Media

Las escuelas parroquiales y episcopales, así como las cenobiales, sobreviven de forma mediocre. La misma palabra schola significa para entonces lugar de reclutamiento. La Regula cluniacensis dedica demasiada relevancia a la ceremonia con la que eran acogidos los novicios en el monasterio, estableciendo rigurosamente la fórmula para la petición y la liturgia correspondiente. Pedro el Venerable (1092-1156), que en 1122 hasta su muerte se convirtió en el octavo abad de Cluny, se refiere a las actividades dentro del monasterio: “Ha sido dispuesto restablecer al menos en parte el antiguo y santo trabajo de las manos (...). El motivo de esta disposición fue que el ocio ocupaba a tantos que, excepto los pocos que leían y los raros que escribían, los otros o dormían apoyados en las paredes del claustro, o se pasaban todo el día en charlas vanas y ociosas, y la mayoría de las veces maliciosas”. La crisis del Imperio carolingio había facilitado que la Iglesia ejerciera el control político de las escuelas, generando el monopolio eclesiástico de la instrucción. Esto transforma el modelo creado por el Imperio carolingio, provocando nuevos desencuentros entre el Estado y la Iglesia.

Gregorio VII (1020-1085) impuso durante su papado (1073-1085) el poder de la Iglesia por sobre los poderes seculares y formó la facción papal en la primera fase del conflicto con el Sacro Imperio Romano Germánico. En el 1079 reforzó la obligación de los obispos de hacer enseñar las artes literarias en sus iglesias, procurando no confundir las enseñanzas religiosas con las de las ciencias naturales y mundanas. El concilio de Tours 1163 imponía que a nadie, una vez hechos los votos o hecha la profesión religiosa en algún monasterio, le sea permitido salir a enseñar ciencias naturales o de leyes mundanas. En 1179, Alejandro III (1105-1181, Papa entre 1159 y 1181) reafirma una vez más esta obligación, imponiendo a las iglesias y a los monasterios extender su enseñanza a los laicos pobres. Impulsó el renacimiento del escolasticismo, denunciando la simonía escolástica y los obstáculos a los que, con la debida licencia, quisieran enseñar libremente. Ordenó, además, que la magischola no podía impedir a ningún clérigo enseñar a otros.

Con el desarrollo del comercio y la organización de los municipios, surgen los maestros libres, clérigos o laicos que enseñaban ante todo las artes liberales y, más tarde, aparecien escuelas libres que contemplan otras diciplinas siendo las principales las artes liberales, medicina, jurisprudencia y, mucho después, teología, convirtiendose estas en las cuatro facultades típicas de las universidades medievales.

A principios del siglo XIII, cuando las universidades se consolidaron y se difundieron, surgieron las órdenes religiosas de los domínicos y los franciscanos (aprobadas por el papa Inocencio III), que tuvieron gran influencia en el desarrollo de los posteriores sistemas educacionales de la Iglesia, a la vez que desarrollaron la acción misionera externa que tendrá su más triste ejemplo durante el descubrimiento e invasion europea de América durante el siglo XVI.

Los escolares o clérigos vagos no fueron siempre huéspedes honorables en la ciudades. Un número considerable de ellos se dedicó sobre todo al ocio licencioso más que al estudio. Los cantos goliárdicos que se han conservado se habla de mujeres, de vino, de búsqueda desesperada de dinero, de conflictos con los maestros y con los ciudadanos. Estos clérigos constituyen asociaciones que se convirtieron después en universidades. Respecto de sus maestros los estudiantes tenían mucho poder. Vagantes honestos o goliardos, en sus conflictos con los municipios anfitriones, encontraron apoyo en Federico I Barbarroja (1123-1190), emperador del Sacro Imperio Romano Germánico entre 1152 y 1190, quien les concedió privilegios especiales. Debido a esta intervención, al papado no le quedó más remedio que reconocer los derechos adquiridos por los escolares para conservar el control de las universidades, mediante la supervisión de las concesiones.

Federico I Barbarroja (1123-1190) fue emperador del Sacro Imperio Romano desde 1152, rey de Italia desde 1155 hasta su muerte y, con el nombre de Federico III, duque de Suabia de 1147 a 1152 y de 1167 a 1168.

Después de Federico I, otras iniciativas del poder político establecieron nuevos privilegios académicos. En Francia las cartas de 1200 y de 1210 de Felipe II Augusto (1165-1223) y en Castilla y León las leyes de Alfonso X el Sabio (1221-1284) contribuyeron a la formación de un cuerpo de leyes para la vida universitaria más amplio. En dichas circunstancias, la definición de estudio general es de una naturaleza un tanto diferente respecto de la que tenemos hoy, arte y derecho son las únicas facultades, otras disposiciones se refieren a la didáctica y los exámenes, aparece la figura del rector (que gobierna a la universidad) y del derecho de asociación, y se establece la figura académica de los maestros, como jueces entre los estudiantes. Los métodos siguen siendo idénticos a los existentes en Atenas del siglo V aC., gran parte de la enseñanza se desarrollaba en forma catequésica, como diálogo entre maestro y discípulo. Tanto en las universidades como en las escuelas cenobiales, que eran de tiempo completo, no faltaban los momentos de recreación y de juego. Para las faltas, así como para las deficiencias en el estudio, el maestro golpeaba con la fusta la palma de sus discípulos.

En esta época, la educación guerrera se convierte en educación caballeresca, asumiendo como propios aspectos intelectuales, distintos de los religiosos. Después de las atenciones de la madre y de la nodriza, se desarrolla la actuación institucionalizada según la forma de vida de los castillos y de las cortes, la preparación en la técnica de la guerra y de la política. Como norma, a los quince años el niño se convertía en paje o escudero de algún experto caballero al que seguía como a su maestro. A los veinte años, terminada su educación, era proclamado caballero en una ceremonia solemne. El honor, la conducta correcta, antes que la fuerza, era la gloria del caballero.

A consecuencia del crecimiento del comercio y los centros urbanos, se siguen desarrollando los modos de producción, se estrecha la relación entre ciencia y trabajo manual, y progresa la especialización. Hacen su aparición los gremios de comerciantes y de artesanos, los cuales desarrollan "fraternidades" (en latin, "caritas" o "fraternitas"). Toda esta nueva estructuración socio-productiva sugiere la necesidad de desarrollar sistemas de aprendizaje donde la ciencia y el trabajo se reencuentren (tema que se volverá a manifestar con mucha fuerza en la Edad Moderna), aunque siguen ausentes estatutos o metodologías para la pedagogía del trabajo.

En este período, el aprendiz, que comenzaba su proceso a edades no determinadas, a pesar de existir un cierto derecho del aprendiz, pasó a ser propiedad temporal del maestro, el cual podía venderlo o alquilarlo a otros maestros, por lo que no era extraño que un aprendiz huyera, ya fuera por poca voluntad de trabajo o por maltrato. Las mujeres estaban presentes en algunos estatutos, concediendoles el permiso de trabajar, aunque sin poder recibir aprendices, tras convertirse en viudas de maestro, permiso que caducaba al casarse nuevamente con un hombre de otro oficio. Aparecen las pruebas de examen, pero más bien desde un punto de vista costumbrista. Sin embargo, las artes sórdidas no han expresado, sistematizado o echo pública su ciencia. Por lo demás, los trabajadores asimilaron (via aculturación) el menosprecio de las clases dominantes, no alcanzando a percibir ni una chispa de instrucción formal.

Hacia el siglo XIV, en plena transcición hacia la modernidad, la actividad de los maestros libres se ha de ver más estrechamente relacionada con los sistemas económicos y de político-sociales impulsadas por los gremios y sus expreciones culturales más características y visiblemente nuevas en la literatura en lenguaje vulgar. De hecho, la aparición de esta literatura es el signo del inminente nacimiento del mundo moderno. Los protagonistas de estas nuevas literaturas, de la nueva cultura, de los nuevos modos de instrucción, son los nuevos intelectuales, el clérigo con sus textos religiosos y el laico que ama los libros y se educa para ejercer las profesiones liberales. Este sería el escenario en el que se desarrolla el Tercer estado, de cuyas escuelas los maestros libres son los protagonistas. Esta nueva cultura y este nuevo profesionalismo de los estados burgueses se funda en el aprendizaje de la gramática y el ábaco. La preparación eclesiástica se hace en vista a la profesión: la gramática y las letras. La formación eclesiástica profesional es aprender lo más preciso y necesario de manera que el niño a los diez años ya era capaz de estar en las cajas para después pasar a llevar los libros contables.

3.2.1 HUMANISMO

Autorretrato de Leonardo da Vinci, uno de los máximos representantes del humanismo renacentista. Fue un famoso pintor, escultor, arquitecto, ingeniero y científico. Su profundo amor por el conocimiento y la investigación fue la clave de su espíritu artístico y científico.

En el mismo período historico de esta escuela y de esta cultura nueva comienza a desarrollarse el humanismo, otro movimiento innovador, aunque de signo aristotélico. El humanismo se caracteriza por el redescubrimiento de los estudios griegos y romanos, subrayando el valor que tiene lo clásico por sí mismo. Es originalmente un movimiento aristocrático y, sin embargo, aunque quizás ningún otro movimiento cultural haya dedicado tanta atención a los problemas del hombre y por ende a su educación, el renovado contacto con los clásicos da a los nuevos intelectuales un profundo sentido de fastidio respecto de la cultura y la escuela medievales. Este desprecio hacia la tradición medieval y sus formas de transmitirla, por los maestros y sus modos no implica, sin embargo, el desprecio por la enseñanza, ya que surge en la declarada polémica contra la cultura de los cenobios y de las universidades, contra su tradicional clasificación de las ciencias, contra la ignorancia de los clásicos y el uso generalizado de manuales y compendios, contra la metodología obsesivamente repetitivas y contra la disciplina severa hasta el sadismo.

La pedagogía humanística, sobretodo la italiana, tuvo sus tratados y sus escuelas. Podría decirse quizás ninguna otra época y ninguna otra cultura europeas fue tan sensible a los problemas de la formación del hombre. Todo el siglo XV europeo es una continua sucesión de textos que marcan un cambio de rumbo en la concepción de la formación del hombre, que serán el modelo para los letrados de Europa. Un motivo recurrente de esta pedagogía humanística es la necesidad de tener en cuenta la naturaleza y la condición del niño en su educación. Se determina que los niños deben ser instruidos primero que nada en la gramática, porque sería el principio y fundamento de todas las disciplinas.

El nuevo vínculo, ya mencionado, entre cultura y profesión en las escuelas de maestros libres y de profesiones que organizan el tirocinio de su oficio, sugiere que en estos modos de formación existía también el germen de la búsqueda de una tercera vía.

En el siglo XVI el humanismo italiano se hace europeo. Los humanistas se someten a la autocrítica de sus aspectos pedantes y fosilizados, vinculados al culto formal de las letras, al nuevo conformismo gramatical y estilista. Sin ir más lejos, para Leonardo da Vinci (1452-1519), artista florentino y uno de los grandes maestros del renacimiento, la cultura no está en las letras o las disciplinas alejadas de las matemáticas y de la experiencia, que le parecían todas ellas mentirosas. Él reivindica el carácter mecánico de todo saber y pone énfasis enérgico en el hacer. La definición de hombre dado por Leonardo resume el espíritu de los tratados humanísticos: "El hombre, máximo instrumento de la naturaleza". Erasmo de Rotterdam (1466-1536), escritor, erudito y humanista holandés, cuyas obras fueron incluidas en el Indice de Obras Prohibidas por el Concilio de Trento, es considerado precursor del movimiento religioso reformista (el cual dio paso al protestantismo), aunque su guerra contra la ignorancia y la superstición procede más de sus convicciones de humanista que como teólogo. Gelli, propugna el ideal del trabajador culto, con una cultura dirigida a la práctica, que no sea instrumento de discriminación y Giuliano del Carmine y Francesco Verino merecen ser destacados por su auténtica vocación pedagógica. Son ejemplos de maestros democráticos, a diferencia de la mayoría de maestros de época. Es notable esta insistencia contra las lenguas y a favor de las ciencias, la advertencia sobre el valor general del estudio para todos y la condena polémica del trabajo-penitencia.

La educación caballeresca sigue siendo la preparación para el ejercicio del poder o, mejor dicho, de aquel aspecto del poder que es el hacer de las clases dominantes, la guerra. Con el desarrollo de la ciencia y de la tecnología de guerra se añaden artes nuevas, como esgrima, tiro, saltar, pero a estas artes bélicas se añade, las artes de la corte, las políticas, el conocimiento de los usos de la etiqueta y de las leyes, las de recreación cultural como la danza, tocar un instrumento, además de jugar ajedrez y hacer versos. A pesar de la gran aventura histórica de la literatura caballeresca, la preparación intelectual no fue parte importante de la formación de un caballero. Las buenas maneras y la cultura son prerrogativas indispensables de los nuevos nobles y de todas las personas que gravitan alrededor de las cortes. Las armas siguen siendo el primer honor del hombre, hasta el punto de que quien las ejerce lo hace por nacimiento y no por haberlo aprendido. El aprendizaje del arte de guerra tendrá sus manifestaciones en los torneos caballerescos, hasta que en 1559 Enrique II de Valois muere en un torneo, hecho que marca el fin de la educación tradicional del caballero.

4. Camino a la modernidad

Los movimientos populares heréticos habían promovido la difusión de la instrucción y la interpretación personal de la Biblia sin la medición del clero se convirtió en una actividad común entre los instruídos. La ciudad de Münnerstadt, Baviera, establece en sus Artículos y reivindicaciones que “todos los hijos de los ciudadanos deben ser instruidos y adoctrinados con diligencia y gratuitamente en las escrituras cristianas evangélicas, y sin ningún pago a los maestros o a la escuela, a fin de que todos los niños, según sus capacidades, pueden ser lo más hábiles posibles en sus oficios o en su actividad, y a fin de que se puedan también tener, de aquellos que aprenden a escribir, los predicadores y los anunciadores de la palabra de Dios. Y si tales predicadores y maestros, con el tiempo, quieren pasar del estado matrimonial, sus mujeres que deben ser de conducta honorable y cristiana, sean dirigidas a instruir con habilidad a sus hijas y enseñarles las Escrituras, a fin de que unos y otros, tanto de sexo masculino como femenino, creados al mismo tiempo por Dios, puedan convertirse en anunciadores de la Ley y de la fe”. En Suiza, Ulrich Zwingli (1484-1531) publicaba en 1523 un libreto para la instrucción y la educación cristiana de los niños. Philip Melanchthon (1497-1560), reformador religioso y erudito alemán, dijo en 1526 que “en una ciudad bien ordenada hay necesidad de escuelas, donde los niños, que son el semillero de la ciudad, sean instruidos; nos equivocamos si se cree que sin instrucciones pueda lograr una sólida virtud." Martín Lutero (1483-1546), teólogo alemán iniciador de la reforma protestante, decía que “la prosperidad, la salud y la fuerza mejor de una ciudad consiste en tener muchos ciudadanos instruidos, razonables, honestos y bien educados, que puedan acumular tesoros y riquezas, conservarlas y usarlas bien (...). El mundo, para conservar su condición terrena, tendría necesidad de hombres que pudieran gobernar ciudades y gentes, y mujeres capaces de mantener la casa, los niños y la servidumbre. Hombres y mujeres de esta especie los deberán hacer crecer desde niños." Para llevar a cabo el proyecto de una escuela nueva, que en tres años desarrollase un programa educativo equivalente al que requería la vida eterna, Lutero se dirige a los políticos y a los padres. Subyace en su proyecto un intento de conciliar el respeto al trabajo manual productivo con el prestigio del trabajo intelectual. Luego asegura que “Dios ha llamado al hombre a trabajar porque él mismo trabaja y se ocupa de oficios comunes. Los trabajadores manuales se inclinan a despreciar a los trabajadores de la mente. La enseñanza es un trabajo tan fatigado que nadie debería estar obligado a ejercerlo por más de diez años”.

León X (1475-1521) impuso una censura extrema a los libros, que debian ser revisados por la Iglesia antes de ser impresos. Además, acordó con el rey Francisco I la abolición de los privilegios de la Iglesia francesa. Francisco I (1494-1547), rey de Francia y enemigo del rey de España Carlos I (emperador del Sacro Imperio con el nombre de Carlos V) por su apoyo a las artes y las letras y por sus reformas gubernamentales.

Estando la reforma protestante en pleno desarrollo, la Iglesia Católica, en el marco de la contrarreforma, la respuesta al protestantismo, establece los lineamientos educativos del catolicismo en el Concilio de Trento (1545-1564), en cuyas deliberaciones se insistió mucho en los contenidos y en la escuela, y se reorganizó las escuelas católicas, las escuelas de las iglesias metropolitanas y las de los monasterios y conventos.

En 1515, en el Concilio de Leterán el papa León X (1475-1521) impuso disposiciones de censura extremistas, indicando que “Nadie intente imprimir o hacer imprimir ningún libro si no ha sido antes diligentemente examinado y aprobado por nuestro vicario u obispo que tenga competencia en la ciencia del libro en cuestión. Quien intentara algo en contrario, además de perder los libros y verlos quemar públicamente, quedará implicado en la sentencia de excomunión.” El Obispo Beccatelli decía: “No hay ninguna necesidad de libros. Desgraciadamente hay demasiados en el mundo, es mejor que se prohíban mil libros sin razón a que se permita uno que merece castigo." Se condenó en diez reglas varias clases de libros: Los libros heréticos; los que tratan ex profeso argumentos lascivos u obscenos; los de geomancia, hidromancia, aeromancia, piromancia, onomancia, quiromancia, nigromancia; los que contienen sortilegios, maleficios, augurios, auspicios, encantamientos de magia, además de los libros escritos por autores ya condenados.

En la segunda mitad del siglo XVI se reglamentó el sistema escolástico jesuítico conocido como "Ratio studiorum" que instruía la organización en clases, los horarios, los programas y las disciplinas. Establecía seis años de studia inferiora divididos en cinco cursos consistentes en tres de gramática, uno de humanidades o poesía y uno de retórica; un trienio de studia superiora que comprendía lógica, física, ética, metafísica, matemática superior, entre otras disciplinas; y un periodo de actividad práctica de enseñanza.

La teoría y la practica educativa se abren camino entre conflictos y contradicciones. Se manejaba una sana educación humanística, dirigida a atender igualmente la mente y el cuerpo, rica de conocimientos teóricos y prácticos sobre los oficios y las industrias, las ciencias “reales” y las lenguas clásicas, el derecho y la moral, sin exclusión del trabajo manual. Tommaso Garzoni (1549-1589), canónigo y erudito italiano, advierte que “no hay nada peor que la utilidad de los jóvenes que odiar a los maestros, abandonando la escuela cuando los encuentran terribles y severos (...) estos son los defectos y vicios de los alumnos: hacer ruido en las escuelas, romper el silesio en ausencia del maestro, golpear al que sigue la norma, hacer barquitas de papel, pintar los dibujos de los libros, pedir a cada momento para ir al baño o a otro lugar, salir de la escuela como diablos desencadenados, romperse la cabeza entre ellos por mil tonterías; estas son algunas de las cosas que hacen desesperar a los padres, que hacen gritar a los maestros."

En 1516, en la ciudad flamenca de Lovaina (hoy Bélgica) es publicada la obra "De optimo reipublicae statu de que nova insula Utopia", del político y escritor inglés Tomás Moro (1478-1535). También conocida simplemente como "Utopía" (del griego u y topo, "sin lugar" o "lugar que no existe"), es uno de los textos más significativos del humanismo inglés, concebido como una prosa satírica de carácter social y político. Con ella, Moro inauguró un género literario y filosófico basado en la planificación ideal de una forma de gobierno perfecta, a la cual se identifica posteriormente con el adjetivo "utópico", como sinónimo de "irrealizable". La obra, que trata de una república ideal, gobernada por medio de la razón y bajo la más profunda tolerancia religiosa, obtuvo una importante e inmediata resonancia en los ámbitos del humanismo renacentista de toda Europa.

Empiezan a tomar forma las ideas en torno a la imagen de una sociedad nueva y revolucionaria que parece inminente en un mundo ensanchado por las exploraciones y el colonialismo, la perfección y desarrollo de la imprenta, la brújula y la pólvora, los cuales condiciona la difusión de la cultura y la exploración y conquista de tierras fuera de Europa. Son los albores de la futura sociedad industrial, donde ciencia y técnica predominan y cambian el mundo, con sus academias como centros de investigación científica, que se oponen a las universidades.

Tommaso Campanella (1568-1639), filósofo italiano; Francis Bacon (1561-1626), filósofo y estadista inglés; y Giordano Bruno (1548-1600), filósofo y poeta renacentista italiano, serán los mayores puntos de referencia para los pedagogos innovadores del siglo XVII, un siglo en el que afloran las utopías también en el campo pedagógico.

Jan Komensky (1592-1670)

Jan Komensky (1592-1670), conocido por su nombre latinizado Juan Amos Comenio, reformador pedagógico y religioso checo, motivado por la interpretación del mensaje cristiano “vayan e instruyan a todas las gentes”, propone una escuela para toda la vida (desde el útero materno de la madre), la cual, dividida en ocho grados, enseñe absolutamente todo a todos. En el nivel de la práctica didáctica, el mérito de Comenio es la búsqueda y valoración de todas las metodologías. Cabe mencionar la elaboración de un manual concebido como un atlas científico ilustrado, a fin de que fueran accesibles a los alumnos, si no las cosas, al menos las imágenes ellas asociadas a lo que se sabía de ellas. En el libro intitulado Corrección o Reforma Universal explica por qué está convencido de la urgencia de la reforma escolástica, cuando señala que “Toda esperanza de un mundo mejor se funda únicamente en la educación de la juventud y, por lo tanto, en escuelas correctamente instituidas, (...) con Dios, veremos la luz intelectual de la sabiduría proyectar potentemente sus rayos desde las escuelas a la Iglesia y a los estados y, por tanto, al orbe, y hará todo más grande, más bueno, más bello, más ameno.” Sin embargo, la utopía de Comenio se proyectaba hacia "el fin del mundo" esperado por la religión, no hacia el pregreso y desarrollo de la humanidad.

Samuel Hartlib (1600?-1662), erudito de origen polaco, impulsor de la educación para los pobres, lleva a cabo la reforma y modernización de las escuelas proyectando un Gymnasium mechanicum y escuelas profesionales donde todos pudieran aprender un oficio y al mismo tiempo recibieran una formación cultural similar a la de los grupos privilegiados. Uno de sus proyectos favoritos fue la "Oficina de direcciones". La idea consistía en establecer en cada pueblo oficinas donde la gente pudiera ir a encontar informaciones, como, por ejemplo, vacantes o potenciales fuentes de trabajo y, al mismo tiempo convertirse en una especie de enciclopedia viviente donde los académicos y personas en general pudieran juntaran y agregar constantemente conocimientos y nueva información. Sin embargo, junto con estas ideas, también fue partidario de extravagancias como la "medicina empática", que involucraba el uso de objetos en la naturaleza a los que se les pudiera hallar semejanza con el achaque en cuestión. Por ejemplo, una "cura empática" para los cálculos renales podría ser tomar un poroto (tienen forma de riñón) y sembrarlo en el ocaso durante la luna llena. De hecho, Hartlib padecía de calculos renales, para lo cual bebía ácido sulfúrico diluido, procedimiento que posiblemente le causó la muerte.

John Locke (1632-1704), pensador inglés, máximo representante de la doctrina filosófica del empirismo, considera importante que los niños que viven de los subsidios de las parroquias asistan a las escuelas del trabajo, que les preparen para actividades vinculadas con la industria, adoctrinándoles en religión oficial al mismo tiempo. En sus "Pensamientos sobre la educación" (1693) Locke admite que leer, escribir y saber son necesidades, pero no las más importantes: "No esta en sus cabales quien no considera a un hombre virtuoso y sabio infinitamente mejor que un gran erudito (...) Se debe tener cultura, pero ésta debe estar en segundo lugar y subordinada a otras dotes mayores. Buscad alguno que sepa enseñar las buenas costumbres; confiad vuestros hijos a quien pueda garantizar lo más posible su pureza, a quien sepa alimentar y desarrollar sus buenas disposiciones, corregir gentilmente y erradicar la malas, infundirle buenos hábitos. Éste es el punto principal: y cuando la hayáis conseguido, podréis pensar en la cultura como un algo más, que podrá ser alcanzado con menor fatiga." El juego, la práctica, la persuasión razonable, los métodos no autoritarios y el autogobierno son los instrumentos de esta pedagogía, que persigue una cierta la libertad de pensamiento por sobre la variedad y amplitud de los conocimientos.

En Francia, el latín y toda la carrera educativa ya no son un instrumento para adquirir un saber dado de una vez por todas, sino un “instrumento para perfeccionar la razón” y para la "formación del juicio".

De La Salle propuso un sistema para las escuelas jesuitas e institucionalizó el castigo corporal.

Juan Bautista de la Salle (1651-1719) en la "Conduite des écoles Chrétiennes" (1702, impreso en 1720) se refiere a “Los ejercicios que se hacen en las escuelas cristianas, y a la manera en que se deben llevar a cabo” y “los medios para establecer y mantener el orden”. Un aspecto novedoso es la separación didáctica y cultural en la enseñanza de la lectura, que consiste esencialmente en el adoctrinamiento religiosa en base a la Biblia, y la escritura, considerada una técnica material que requiere procedimientos especiales conducente a un oficio. En lo que respcta a los medios para establecer y mantener el orden en las escuelas, el criterio empleado es la pureza (en términos religiosos, obviamente) de las costumbres. Sostiene nueve puntos que garantizarían el orden: la vigilancia incesante, los signos, los catálogos o registros, las recompensas, las correcciones o castigos, la puntualidad, los permisos, los oficiales (alumnos con responsabilidad) y la estructura misma de la escuela y anexos. Las “correcciones” se administran como medio pedagógico irrenunciable, pero se aconseja observar su efecto psicológico: “La corrección de los escolares es un de las cosas que traen mayores consecuencias en las escuelas, y requiere mucha atención para hacerla adecuadamente y con fruto, tanto para aquellos que la sufren, como para aquellos que la ven hacer (...) Es necesario comportarse de manera dulce y firme a la vez”. Se distinguen cinco maneras de "corregir": por la palabra, por la penitencia, por férula (pala de madera para castigar a golpes), por azotes, por expulsión (reservada para los "libertinos"). Esta docrtina disciplinaria era una de las principales causas de la ausencia y del abandono de la escuela.

La instrucción popular, auspiciada por la reforma, se va concretando en Alemania con una primera institución de escuelas rurales en el estado de Gotha en 1642 con Andreas Reyher (1601-1673), luego con las Armenschule (en alemán, "escuela para pobres") de August Hermann Francke (1663-1727) en Halle en 1695 y con el nacimiento de las escuelas científico-técnicas de Berlín en 1747. Educar humanamente a todos los hombres se convierte en el objetivo de la educación moderna.

Por otra parte, como en "Los viajes de Gulliver" de Jonathan Swift (1667-1745), se fundan academias de inventores, todas ellas dedicadas a las más extravagantes investigaciones, como por ejemplo la "máquina de aprender", un gran cuadrado, con un reticulado de cuadrados móviles, que tienen escritas todas las palabras en todas sus flexiones. En la novela de Swift, Gulliver es invitado del rey de Laputa, una isla flotante en el cielo, donde sus habitantes están muy interesados en las ciencias, pero no les saben dar aplicaciones prácticas. Le recomiendan que visite Lagado, donde su amigo Munodi, el gobernante de Lagado, le muestra a Gulliver una academia donde se enseña cosas inservibles. Muy probablemente sea una alusión al utopísmo o a la Royal Society y al ánimo de los pseudocientíficos de esa época.

No obstante, la educación estaba de moda. Se ocupaban de ella los soberanos, los filósofos, los científicos, los utopistas, los novelistas. Incluso las mujeres eran admitidas a asistir a los doctorados, aunque en recintos aparte.

5. La ilustración

"La Enciclopedia o Diccionario razonado de las ciencias, las artes y los oficios" (1751-1765) de Denis Diderot (1713-1784) y Jean d’Alembert (1717-1783) y varias iniciativas análogas de la época, nacen por el empuje que significó la empresa de buscar, recopilar, clasificar y modernizar el saber del que ya estaban invadidos en el siglo XVII y comienzos del XVIII. La obra estaba dedicada al pueblo y, por lo tanto, los suscriptores eran intelectuales, eclesiásticos, nobles y parlamentarios. Diderot recurrió a autores conocidos de la talla de Montesquieu, Voltaire, Rousseau, Buffon, Du Marsais o Daubenton y a otros menos conocidos. D’Alembert se ocupaba de las Matemáticas, Diderot de la Historia de la Filosofía, el abate Morellet de la Teología, Buffon de las Ciencias de la Naturaleza, Paul-Joseph Barthez (1734-1806) de la Medicina, Quesnay y Turgot de la Economía. El caballero de Jaucourt colaboró en tareas de redacción y de edición. Uno de los objetivos era presentar una contraparte añ Diccionario de Trévoux de los jesuitas y favorecer la difusión de la filosofía de la Ilustración. La Enciclopedia está marcada sobre todo por el interés de Diderot por la tecnología, aunque algunas laminas estén inspiradas en otras enciclopedias, o algunas definiciones parezcan anticuadas.

Mientras Diderot tenía que luchar contra los ataques de la Iglesia y las prohibiciones del Estado para llevar a términos su enciclopedia; Rousseau se avocaba al trabajo sobre "Emilio" o "De la educacuón" (1762), donde expuso una nueva teoría de la educación, subrayando la preeminencia de la expresión sobre la represión, para que un niño sea equilibrado y librepensador; mientras muchas otras voces se levantaban para pedir la intervención innovadora del Estado en el campo de la educación, hata entonces confinada en manos de la Iglesia.

En 1763 se publica "Essai d'education nationale" (en frances, "Ensayo de educación nacional"; 1763) de Louis René (1701-1785), protagonista de la expulsión de los jesuitas de Francia. En su obra protesta contra la tradicional exclusión de los laicos de la enseñanza, reivindica una educación que dependa sólo del Estado y criticó a la educación jesuita sobre la base de su ineficacia para preparar a los escolares en asuntos habituales de la vida como ciudadanos. En 1774 Johann Bernhard Basedow (1724-1790), reformador educativo alemán, influido por John Locke y Jean-Jacques Rousseau, defendió el laicismo y el estatismo de la enseñanza, puntos de vista que fueron generalmente aceptados, pudiendo crear en Dessau un centro educativo que denominó Filantropino (del que fue director) y otras instituciones semejantes, que fueron sucesivamente establecidas en otras ciudades, potenciando el incremento de la calidad de enseñanza, relacionando el trabajo escolar con el mundo exterior a las clases. Denis Diderot, a pedido de Catalina II de Rusia, escribió el "Plan de una Universidad Rusa", donde afirmaba que la educación es imprescindible al pueblo y que a nadie debe faltar las luces de la instrucción elemental, para lo que eran necesarias escuelas públicas y gratuitas, donde se privilegie la enseñanza técnica.

La emperatriz María Teresa de Austria (1638-1683), reina de Francia de 1660 hasta su muerte, señalaba que "la instrucción es y seguirá siendo en cualquier época un hecho político". Asta entonces la escuela había sido, casi en su totalidad, un ente privado o eclesiástico. María Teresa confió a Ignaz von Felbiger (1724-1788) la elaboración de un proyecto general de reforma de la educación, que fue aprobado en diciembre de 1774. La estructura del modelo estatal de instrucción resultante comprendía: a) la Escuela popular o alemana, que podría ser frecuentada desde los 6 a los 10 ó 12 años, debía establecerse en los pueblos, junto a las parroquias; b) Escuelas principales, destinadas a la formación profesional, de las cuales formaban parte las "escuelas normales" para la formación de los enseñantes, de una duración de cuatro años; c) Escuelas intermedias de latín, que preparaban para las universidades; y d) Las universidades. A esto se ha de añadir que en el mismo periodo se habían constituido escuelas especiales de diversos tipos: la Academia de equitación (1746), la Academia oriental (1754), la Escuela de diseño manufacturero para la industria textil (1758) y la Escuela de comercio (1770). Más tarde, José II (1741-1790), emperador del Sacro Imperio Germánico a contar de 1765, hijo de María Teresa y Francisco I del Sacro Imperio (1708-1765), dijo: "El principal deber de todo ciudadano es hacerse apto para servir al Estado. Conocimientos, saber y buenas costumbres son los medios mejores y más seguros para alcanzar el bienestar externo e interno." El bienestar de la la nación depende del grado de instrucción de quienes la componen.

 

5. Revolucion francesa e independencia estadounidense

 

6. la Primera Revolución Industrial

Cada época posee su modelo de escuela y cada cambio social relevante reclama cambios también relevantes en la escuela. La Revolución Francesa y sus componentes de democratización de la sociedad ("el poder reside en el pueblo") enmarcado en la división de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, exige una escuela básica obligatoria y gratuita para todos. Y ello en el contexto de la Primera Revolución Industrial (finales del siglo XVIII), que se suele visualizar en la puesta en marcha de la máquina de vapor. El modelo curricular subyacente es el de la Escuela Clásica (tradicional) que se basa fundamentalmente en métodos-actividades (formas de hacer) para aprender contenidos (formas de saber). Se trata de aprender datos y recopilar una información limitada y manejable para ser aprendida e interiorizada por el aprendiz. Es una escuela centrada fundamentalmente en el qué aprender (contenidos). Las capacidades y los valores se relegan al currículum oculto. La escuela derivada de la Edad Media y su relectura en el marco de la Ratio Studiorum jesuítica (1599), orientada a la formación de minorías (nobleza, burguesía, clérigos y príncipes) se traslada, sin más, a las clases populares en el marco de una educación obligatoria y básica con la finalidad de formar personas ilustradas (leer, escribir y contar) con derecho a voto progresivo.

 


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