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Introducción Definición Según la fe Autocrítica

Autocrítica

Tras haber establecido con más claridad la definición de ateísmo ("aquello que no es teísmo"), podemos atender ciertos fenómenos que presentes en la sociedad y que afectan a los ateos. Muchos ateos se asumen y actuan a partir de conceptos errados de ateísmo o bien persisten en definir el ateísmo desde la perspectiva teísta sin percatarse necesariamente de ello. Esto permite al teísmo identificar al ateísmo con "anticlericalismo" o "antirreligiosidad". Esta posición, aunque haya quienes se sientan orgullosos de asumirla, es sostenida y alimentada por los mismos creyentes detractores del ateísmo, pues les resulta muy conveniente al entregar un punto de apoyo a sus críticas infundadas y frecuentemente malintencionadas.

La autodefinición de los ateos con nomenclatura teísta, sin embargo, no es algo que nos deba extrañar. En América Latina vivimos en sociedades fundadas por la monarquía española del siglo XVI y la Iglesia Católica, donde el colonialismo consistió en un proceso de pillaje y "de evangelización" para "llevar la palabra del Señor a los salvajes del Nuevo Mundo", es decir, extender el dominio de la Iglesia a las tierras recien descubiertas fuera de Europa. Por lo tanto, ya que crecemos saturados de ideología cristiana, incluso a pesar de crecer en hogares ateos, es lamentablemente normal que confundamos el conocimiento vulgar con objetividad y el sentido común con el buen sentido.

La impronta teísta (*)

Es totalmente comprensible que quienes se definen ateos tiendan a gastar mucha energía en combatir las posiciones religiosas por varias razones. Sin embargo, es necesario señalar ciertos aspectos que influyen sobre la forma en que entendemos el ateísmo y la manera en que nos definimos ateos, sobre lo que sabemos y sobre nuestra conducta.

Al encontrarnos inmersos en una sociedad fundada sobre paradigmas teístas, las referencias y fuentes de información ateas pueden encontrarse impregnadas de la base doctrinal religiosa imperante o, simplemente, tengan origen en la religión organizada y las usemos sin percatarnos de ello. Si no se identifica ni aisla los elementos de origen religioso en nuestras propias estructuras cognitivas (forma asimilar y ordenar "lo que sabemos"), sin darnos cuenta, podríamos estarnos condicionando a nosotros mismos a vernos de la forma como los detractores del ateísmo nos ven, vale decir, podríamos estar aceptando de forma inconsciente las reglas del juego que imponen nuestros detractores. Esta intromisión subyacente e inconsciente del teísmo puede manifestarse de varias formas.

Aquello que se cree objetivamente "bueno" o "malo" y la asignación de la carga de la "bondad" y la "maldad" intrínseca a ciertos elementos del mundo están estrechamente ligados a la interpretación que la Iglesia hace de cuanto nos rodea. Sin percatarnos, algunos ateos podríamos estar aplicando juicios de valor teístas a conductas, objetos materiales y formas de pensar y sentir que dentro de su contexto no pueden ser catalogados de "buenas" o "malas", con la consecuente represión o promoción de acciones e ideas desde una perspectiva ajena, interiorizada a través de la cultura o simple repetición.

A modo de ejemplo, el suicidio, en las sociedades judeocristianas, como la América Latina urbana, el suicidio siempre es considerado un acto negativo, ya que para los creyentes es un pecado capital y todo suicida se va directo al infierno. Luego, la mayoría de los sistemas legales declaran ilegal al suicidio, tanto por razones morales heredadas de la religión y del sistema legal español, como por la presunción de que "quien atenta contra su vida, es capaz de matar" o que el intento de suicidio es igualmente intento de homicidio. Para la psicología, el acto suicida acostumbra ser observado como un desorden mental causado por estados depresivos del individuo, mientras que la gente en general puede considerarlo desde un acto "valiente" pero irresponsable, hasta simple cobardía. Todos estos puntos de vista coinciden en un juicio negativo al suicida: o es un ser moralmente bajo (malo) per se o está enfermo. Sin embargo, el harakiri (en japonés: "abrirse el vientre") era una forma de suicidio cometido en aras del honor personal; en la India, sati o suttee (en sánscrito: "mujer virtuosa") era una costumbre en que la mujer, tras quedar viuda, se incineraba junto al cadáver del marido en la pira fúnebre. Durante la Segunda Guerra Mundial, los pilotos japoneses conocidos como kamikaze (en japonés: "viento divino") se lanzaban en picada a bordo de aeronaves cargadas de explosivos contra los barcos estadounidenses, acción considerada heroica, altruísta y trascendente; ciertos sectores del Islam, por factores históricos y políticos más que religiosos, consideran "santos" tanto a hombres como a mujeres que mueren en operaciones militares suicidas dirigidas contra sus enemigos, especialmente en acciones defensivas; en el Imperio Romano, el suicidio se consentía y era considerado un acto honroso, siendo ensalzado por Séneca (filósofo romano) como el acto último de una persona libre; en la civilización olmeca, teotihuacán, maya, tolteka, azteca, entre otras de Mesoamérica, los guerreros que morían en combate, los sacrificados a los dioses, las mujeres que morían en el parto y los suicidas eran todas muertes igualmente sublimes.

El párrafo anterior podría ser malinterpretado como una apología (defensa) de la autoeliminación, pero sólo exhibe diferentes apreciaciones del suicidio que han formado parte de diferentes culturas y civilizaciones, no simples opiniones.

En consideración, podemos sostener que el valor que damos a ciertos hechos y acciones está condicionado por la carga semántica arrastrada por la moral teísta y que cruza transversalmente a la sociedad. Así, no es raro que las personas, incluyendo a algunos ateos, inconscientemente repitan, adopten y refuercen conductas que tienen origen religioso y, de esta forma, actitudes humanas consideradas "virtudes" por los teístas, como caridad, piedad, auto-victimización y sumisión, sean tenidas por valores positivos en el imaginario cultural popular, influyendo en nuetsra visión particular de todo cuanto nos rodea.


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