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/ presentación |
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En esta presentación deberían encontrarse razones
para leer lo que viene atroden de la güeb, pero la verdad
es que el textito que usted tiene entre ojos fue realizado
únicamente con el propósito de joder, o de jorobar,
o en todo caso jojobar, embebido en la jojoba, la chicha y la
alhoja,
como aloja el jorobado de Notre Dame la jauría gesticulante
que no te da respiro, ni te respeta, repetidamente traicionados
por el repertorio de traviesos traseros empolvados, polvorientos,
políticamente policiales que se negaron neciamente, ocultando
la trama,
tramoya trabajada, tramposa trampera chinchulinesca,
a pesar del paso pisante de la pedorrera de los perros,
parafraseando parrilladas con las mandíbulas,
mandolinas de mística musiquería de maricas marcados merecidamente,
mentirosos sin memoria, rejunte de escoria que da vueltas en la
noria,
como burros embrutecidos, embebidos en brebajes de brócolis nauseabundos,
vómitos de vagabundos hemipléjicos, perplejos enfrascados en la
frondosa fregadera de frentes aplanadas con fratachos apoplejados,
bien dejados los turros, disfrutando del turrón y el pan dulce
con frutas abrillantadas.
Aunque a mi nunca me gustó la fruta abrillantada
No se van a comparar con los alfajores.
Nada se compara con el Guaimayén
Y si no, preguntá en el Plumerillo
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Acerca del autor
Mariano Carril nació en La
Plata en 1975. Petiso, chicato, narigón, chueco, gordito
y ojeroso, de chiquito era un nene rubio y lindo que pintaba para
publicidad de pañales primero, y para integrar los elencos
de "Pelito", "Cantaniño", o "Telejuegos",
pero con el tiempo se arruinó. Talentoso fracasado y mediocre
notable, fue arquero por patadura, bajista por saber tocar apenas
cuatro notas de la guitarra, infaltable radiador de asaltos y
milongas. Inevitablemente escolta de la bandera, udilizó
ordodonzia durande zres añoz y se incendió para
toda la cosecha como periodista deportivo de fútbol de
Primera C.
Como jamás sumaba un poroto ni remojado en asuntos amorosos,
el tipo usufructuó el berretín de la poesía
para enganchar alguna minusa, pero no pegaba una con los versos
-incluso lograba que le pegaran a él- hasta que se abandonó
a la tarea de los cuentos y obras menores. Como era de esperar,
se dedica al periodismo sin ningún entusiasmo, pero entre
eso y laburar, el pibe ni lo duda.
Con la literatura le fue bien y hasta metió un cartón
lleno, de manera que tuvo que caretearla un rato que ya lleva
algunos años, tres libretes -"Cuentos de por ahí",
"Piedra Libre (para todos los compañeros)" y
"La bolsa de las sobras" , algunos premios y participaciones
en antologías (editoriales Baobab, P.A.Zeta Embajada de
las letras, Universidad de Luján), y ésta, que se
sospecha será su obra cumbre, y que como mucho, en algunos
años se repetirá (corregida y aumentada) en un aburguesado
libro pegado o cosido en lugar de esta ordinariez. Con leerlo
de ojito basta para darse cuenta de que no cuenta con ideas muy
interesantes que digamos y se sospecha que cuando el iluso descubra
su falta de talento, aceptará finalmente su destino de
oficinista de clase media, engordará todavía más,
se le caerá definitivamente el pelo, y todo eso.
Después, se morirá, como todos. Eso seguro.
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