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O TAMBIEN...
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Agarrá un lapiz, papel, calculadora... o lo que quieras, y desafiale a tu cerebro con estos 10 problemas. La dificultad va aumentando mientras vas avanzando (aunque eso ya depende de c/u). Animate y pasá un momento bien entretenido!!! |
1-
Flores en primavera
¿Cuántas flores le llevaré a mi novia por su cumpleaños si todas son claveles menos dos, todas son amapolas menos dos y todas son geranios menos dos?
2-
Enigma de cumpleaños
Pues resulta que es el cumpleaños de Jaimito, Jorgito y Juanito, que en este caso no son los sobrinos del pato Lucas, sino los de esa persona que nos atrae tanto y que vive frente por frente a nuestra puerta. De hecho, no habríamos sabido nada de tan importante evento de no ser porque, de repente, dicha persona llama a nuestro timbre, y al abrirle le vemos tres cajitas en las manos. Sobre cada caja una hay una etiqueta que dice, respectivamente, verde, amarillo y rojo.
--Tengo un acertijo para ti --nos dice, sorprendentemente--. He guardado los caramelos verdes en una caja, los amarillos en otra y los rojos en la que queda. Sacando sólo un caramelo de una caja, ¿sabrías decirme qué tipo de caramelo está en cada caja? Si lo aciertas, te invito al cumpleaños a tomar algo.
--Muy fácil --respondemos con toda lógicca--. No me hace falta sacar ningún caramelo. En las etiquetas de las cajas pone verde, amarillo y rojo, respectivamente, indicándonos la solución.
--Muy cierto --nos contesta--, pero resuulta que ninguna etiqueta está en el sitio correcto.
¿Cómo podríamos, sacando sólo un caramelo de una caja, averiguar en qué caja está cada tipo?
3- Los calcetines de colores
Obviando aquella teoría completamente cierta que afirma que los calcetines se reencarnan, suponemos que en un cajón de nuestro armario tenemos diez calcetines iguales rojos y otros diez iguales negros -esto es, cinco pares de calcetines rojos y cinco pares de negros-.
Invierno, de noche, frío para congelar a Lord Kelvin y ha habido un corte de electricidad en toda la manzana, así que el calentador ha dejado de funcionar y debemos cubrirnos nuestros helados pies.
Vamos por tanto al armario mientras tanteamos las árticas paredes. Lo abrimos y, por supuesto, deseamos ponernos dos calcetines del mismo color, no sea que vuelva la luz y hagamos el ridículo ante la familia y el perro. Sin embargo, el cuarto está absolutamente a oscuras y no hay una pequeña claridad que nos ilumine. Alcanzamos el cajón de los calcetines y metemos una mano temblorosa dentro.
¿Cuál es el menor número de calcetines que debemos sacar del cajón para asegurarnos que tenemos un par del mismo color?
4- De adolescente a mujer
¿cómo es posible que dos días antes de haberse hecho esta pregunta Elena tuviera 15 años y al año siguiente vaya a cumplir 18?
5-
PUNTOS Y LINEAS
El objetivo es pasar por todos los puntos trazando tan sólo cuatro líneas
rectas y sin separar el bolígrafo del papel -o, en su defecto, el dedo de la
pantalla, pero no olvides pasarle luego un pañito-.

6- El drenaje más rápido
Dos aspirantes a empleado de una depuradora son entrevistados por el responsable de recursos humanos de la empresa. La pregunta es muy sencilla: Hay un depósito de agua cilíndrico colgando del techo que necesita una perforación para desalojar líquido. Por las características del depósito, éste sólo permite como máximo dos centímetros en el total de diámetros de los agujeros realizados en su cara inferior. ¿Cómo abrir los agujeros de forma que el líquido salga lo más rápidamente posible?
El primero en pasar a la entrevista responde muy seguro que un solo orificio de dos centímetros de diámetro en el centro de la cara inferior del depósito es lo más eficiente. El segundo, igual de convencido, contesta que lo mejor es hacer dos aberturas de un centímetro de diámetro cada una, y esto haría que el agua fuera expulsada más rápidamente.
¿Quién tiene razón?
7- El alumno avispado
Don Claudio, si bien como profesor era bastante nefasto, debo confesar en honor a la verdad que como persona era aún peor, no de malo, sino de tonto.
Esos recuerdos de la infancia me traen otro de una leyenda que le ocurrió precisamente a Don Claudio, pero con otro alumno al que quería suspender porque no iba a sus clases. El chiquillo había sacado un notable en el examen final y, sin embargo, dado que no hacía acto de presencia, Don Claudio decidió que no estaba cualificado para superar su asignatura.
Así fue que el día de la revisión, el alumno en cuestión se presentó en el despacho de Don Claudio pidiendo que se le aprobara porque, según alegaba, "no tenía tiempo para ir a la escuela".
"Verá, Don Claudio", explicaba el muchacho con insolente convicción. "Los médicos dicen que toda persona debe dormir ocho horas diarias, que sumadas dan 122 días por año. Además, no hay clase ni sábados ni domingos, que en total son 104 días por año, y eso sin contar las fiestas de guardar. Tampoco hay que olvidar que en el colegio tenemos 60 días de vacaciones en verano. Si a eso se le añaden tres horas al día para comer, que son 45 días más, y un par de horas de ocio diarias, que hacen otros 30... Vea, vea". Y para acompañar sus palabras fue escribiendo en la pizarra del despacho los días a sumar.
122 días en dormir
104 días en fines de semana
60 días en vacaciones
45 días en comidas
30 días en ocio
__________________
361 días
"Y contando con que estuve cuatro días con gripe, Don Claudio, ¿cómo quería que fuera a clase?".
Por más que Don Claudio comprobó el resultado de la suma, no descubrió ningún error en ella, por lo que finalmente tuvo que aprobarle, pero... ¿acaso hay algo que el profesor no detectó?
8- De cervezas y amigos
Tres amigos entran en un bar y piden tres cervezas, cuyo precio es de 10 céntimos cada una.
Casualmente, ese día se encontraba otro amigo atendiendo la barra, y como amigo que era les hizo una rebaja en el precio, dejándole las tres cervezas por 25
céntimos.
Cada uno de los tres amigos puso sobre la barra 10 monedas de un céntimo cada una. Para evitar conflictos, el camarero planteó lo siguiente: de los 30 céntimos, cobraría los 25 de las cervezas, devolvería a cada uno un céntimo y él se quedaría con los otros dos. A todos les pareció una buena idea.
No obstante, tras refrescarse el gaznate y a punto de salir del bar, uno de los tres amigos aprovechó que el de la barra no estaba presente para plantearle lo siguiente a los otros dos: “No me cuadra el cambio respecto a lo que hemos dado y recibido; 30 que hemos pagado,
el cantinero devolvió 1 centimo a c/u, por lo que c/u pago en realidad 9
centimos, lo cual por los 3, hacen 27, y si el camarero se quedo con 2, que
hacen 29... donde quedó el céntimo que falta??
9-
El enigma del rey
Antiguamente los reyes se aburrían, ¿sabéis? Se aburrían mucho. Y, claro, para distraerse se inventaban cosas.
Un día, el rey llamó a sus diez nobles más acaudalados con objeto de recaudar fondos para financiar
una guerra que se avecina.
Junto al rey, vivía un mago que lo ayudaba de vez en cuando...
Sin embargo, aquel día una fuerza desconocida le armó de valor para atreverse a decir a su rey que uno de los nobles le engañaba, pues bien conocía por su bola de cristal las roñosas costumbres del aristócrata. Y así, cuando los diez terratenientes aparecieron junto al trono con un saco con cien monedas de oro cada uno, fue entonces cuando el mago negó con la cabeza y acercó sus labios barbudos a la oreja del monarca.
Por entonces las monedas de oro oficiales del reino pesaban 10 gramos cada una. Pero la bolsa de uno de los nobles, aseguraba el mago, las contenía de 9 gramos. Cuando el rey le espetó a gritos que descubriera quién era el traidor, el mago se sintió insultado y, harto de recibir chillidos y sin el plus de su Convenio de Traumaturgia y Cabalística, hizo un corte de manga, se lastimó el brazo y desapareció con un gemido entre más humo del que había previsto.
En su lugar surgió una pequeña báscula, como regalo de despedida, junto a un folleto con instrucciones en siete idiomas donde explicaba el funcionamiento de dicho artefacto. Éste, además del plato en el centro, poseía un botón que, al ser pulsado, mostraba en una pequeña pantalla el peso exacto de los objetos que sobre la superficie se dispusieran; tal pantalla estaba en blanco hasta que no se pulsara el botón. Era un artículo mágico, y ningún otro había en el reino capaz de medir de forma tan rigurosa un gramo más o menos. Tal perfección se diluía en un inconveniente, y es que la báscula sólo permitía hacer una pesada, desapareciendo a continuación para siempre.
Y he aquí el dilema del rey, que debía descubrir en una sola pesada, de entre diez bolsas con monedas de oro en teoría de 10 gramos cada una, cuál era la bolsa cuyas monedas pesaban sólo 9 gramos.
10-
Las doce bolas
He de confesar que este reto es uno de los más difíciles con el que me he encontrado en mucho tiempo, y también de los más interesantes. Animo a todos a que intentéis resolverlo, con lápiz y papel si es necesario.
La cuestión es la siguiente: Tenemos doce bolas, todas del mismo color y tamaño; una de ellas tiene un peso levemente diferente al de las otras, pero no sabemos si pesa más o menos. Poseemos también una balanza sin ninguna marca escrita, de forma que, como todas las balanzas, se inclina hacia el lado donde más peso se ponga o permanece centrada si ambos lados pesan lo mismo. Únicamente con las doce bolas y la balanza, ¿cuál es el mínimo número de pesadas que hemos de realizar para descubrir la bola que pesa diferente y, además, saber si su peso es mayor o menor que el de las demás?
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