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9- Solución al problema
"El enigma del rey"
–Ojalá sólo hubiera dos bolsas –murmuró el monarca–. Entonces sería
mucho más fácil.
El rey no se equivocaba, pues en ese caso únicamente tendría que pesar una
moneda de una de las bolsas: si pesaba 9 gramos, ésa era la bolsa; si por el
contrario la pantalla reflejaba 10 gramos, sería la otra. Se le ocurrió pensar
entonces en cómo solucionaría el dilema si hubiera tres nobles y por inercia
ideó dejar una bolsa fuera de la pesada.
De las tres bolsas pondría en la balanza sólo una moneda de la primera bolsa,
otra de la segunda y ninguna de la tercera. Las posibilidades eran dos: o ambas
monedas pesaban 20 gramos, por lo que la bolsa con las monedas de 9 gramos sería
la tercera, o el resultado era 19 gramos, en cuyo caso no sabría, de las dos
monedas pesadas, cuál era la menos valiosa.
Pero... ¿y si colocaba en la balanza dos monedas de la primera bolsa y sólo
una de la segunda, dejando sin pesar la tercera? En ese caso el resultado de la
pesada podría ser 30 gramos (2*10 + 10), 29 gramos (2*10 + 9) o 28 gramos (2*9
+ 10), determinándose como la bolsa con monedas de 9 gramos la tercera, la
segunda o la primera, respectivamente.
–Por tanto si tengo diez bolsas podría pesar nueve de la primera, ocho de la
segunda, siete de la tercera, seis de la... –prosiguió razonando el rey como
si de un capítulo de Barrio Sésamo se tratara–... una de la novena y ninguna
de la décima.
Y, efectivamente, dicho de otra forma, el número de monedas a poner en la
balanza de cada bolsa X –numerando la primera bolsa como la 0– es siempre X.
La diferencia entre el peso total que tendría que dar la balanza si cada moneda
fuera correcta y el peso real que facilita, coincidirá exactamente con el número
de bolsa en la que se encuentran las monedas incorrectas.
Ni que decir hay que la vida del rácano noble que trató de engañar al rey no
fue demasiado divertida desde entonces. En realidad, tampoco fue especialmente
triste. Al menos desde que lo ahorcaron no le oyeron quejarse. El rey decidió
que sus propiedades fueran cedidas al mago, pero nadie en todo el reino logró
encontrarle y todavía hoy día aquellas tierras permanecen sin cuidar.
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