Tres poemas no incluidos en Canciones
de un bar en la Frontera
LARGUEMONOS
Hola, Jack, viejo amigo, te dedico esta noche
triste del 2001, no sé qué fecha es hoy,
sé que es lunes del mes de Setiembre,
mi canción de estos días de inicios de invierno es:
Apuesta por el rock and roll,
cantada por Bunbury,
hace días que el fondo del mar es el pico del cielo,
un lugar para oler las flores
que van naciendo con la muerte
de las cenizas del desierto.
Bajo el volumen de la música
oigo de milagro la sirena de un patrullero,
sonido familiar, música de Lima
de esta hora de la noche.
“No hay amanecer en esta ciudad”,
dice esta canción podrida de licor
en Amor transformada.
Te vi, Jack, por Stanton,
ebrio, arrastrando constelaciones,
ladrando sobre la luna,
te vi, bailando esto de Bunbury:
“perdí mi apuesta por el rock and roll”.
El paraíso nunca es para el corazón.
El paraíso nunca dura más que el abandono.
No, Jack, no pudo ir peor,
pero llegaste a la playa inexistente,
una muchacha en la noche desnudando la noche,
dejando frías las estrellas y más pálida la
luna.
Hace tiempo que no reías, te dice la muchacha,
y te invita a sentarte en la arena tibia.
Hay luces a lo lejos y todo su cuerpo
es la suma de todos los caminos recorridos.
Porque el cuerpo de ella es el camino
no recorrido: plusvalía (diría Pound) .
Porque el cuerpo de ella
es el mar del fondo de tu borrachera.
Sí, hace tiempo no escribes nada nuevo.
Todas esas cosas de amar
las guardas en el frish como una primavera.
Por Adán, por César, por Arthur, por Neil,
y por la ruta sin retorno de tu último tren.
No sé si una vida encaja en un cuerpo,
en una sola vida.
No sé si dos corazones es un alma,
o mil almas es un corazón.
No sé si dos ojos ven igual que quinientas bocas.
No sé si la estrella envidia a su reflejo,
o si la luna odia al sol.
El viento ahora es fuerte por Schuster.
Aquella noche en que viste el infierno
fue también la noche en que amaste.
Todo acabará con las mismas palabras
que empezaste a decir.
Después de la muerte habrán
otras palabras que la poesía ignora.
Ningún licor te emborracha.
Ningún sueño podrá despertar a la vigilia.
El mundo real ya no existe.
El fin de tu historia es el inicio de una historia fantástica,
donde los mares son espejos helados de estrellas muertas.
Hacer el amor será pisar la luna con los versos de Dante,
o cruzar el Stigia con la última línea de Homero,
o trepar un tren con las vocales de Rimbaud,
u orinar en la Plaza Mayor
con el poema XXXI de Trilce.
Dónde estás en este momento, Jack, en qué cantina
de México
Dionisio y Apolo están en esta tinta que fluye
como alcohol y sangre.
Ser libre es escapar de los puntos de vista.
Escucha: Kansas conecta con Main,
y tu corazón conecta a una noche
en que la cocina de tu hogar ardía.
Madre, aquí estoy, no he muerto.
Madre, yes son, estoy aquí escribiendo, nada más.
Aquí estoy soñando entre los sueños de tanta
gente
que no quiere despertar de su pesadilla.
Desde aquí veo algo del soñado
Paraíso Perdido de Milton.
Te veo en un bar, Jack, fuera del mundo,
fuera de tus libros, solo con tu alma.
Tú paseabas por Hollywood, con barba de tres días,
y con una botella de cerveza.
Una mujer aparece, es la misma mujer de la playa inexistente,
pero esta vez te dice para hacer el amor.
Cada instante es el cementerio de alguna palabra.
En qué cantina estás, Jack,
a cuántos kilómetros de este papel.
Perdiste la Apuesta por el rock and roll.
Y yo gané el silencio.
ª
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