Tres poemas no incluidos en Canciones
de un bar en la Frontera
Domingo 23 de Abril
(Mediodía de Algo)
Tan lejos de mi corazón
están estas montañas.
A través de las calles
o cruzando la frontera
veo pasar los días
en pedazos de fuego.
Es el silencio un barco
encallado en el desierto.
Leo a Lorca y tú lees
conmigo las líneas
de los aviones,
las señales de los puentes,
la fuga de las lagartijas,
el pinche viento que entierra
mis dedos
en el tronco seco de nuestro adiós
que ya no da sombra.
Mi respiración pasea
por tu mejilla rosada.
El sol se dora en tu lengua
mientras los camiones
devoran los segundos,
mientras un coyote clava
una rosa en su ventana
para que lo arranque el viento negro,
el pinche viento negro de El Paso.
Toda la noche pasaban los trenes,
las aves se estrellaban en la fábrica roja
del free Way,
las mariposas copulaban en los vagones.
Toda la noche cantaba John
en mi Lenoxx Sound de 25 dólares.
La luna olvidó su palidez en mi cuarto
de 200 dólares.
Una cucaracha trepó a mi corazón,
escribió tu nombre
y durmió entre mis costillas.
Eso fue anoche.
John cantaba en las rocas,
sobre esas miserables urbes de Juárez.
Te decía que quería hablar contigo,
que no sólo vivas en sus sueños
sino aquí entre las cosas
que le pasan al mundo,
entre la luz que nunca se apaga
y la penumbra
que no puede salir.
El horizonte es una frontera
imposible de cruzarla
con sólo la razón.
El amor era apenas niña.
El mar de ese barco está en ti ahora,
aquí en el desierto,
no te dejes hundir.
Yo te esperaba en un paradero
en Mesa, donde nadie
te había esperado,
una mujer cargó su bolsa y subió
al camión rumbo a Juárez,
me quedé solo, esperando
que aparecieras
con tus dos alas para que
te quedaras de una vez en mi corazón.
Ese era mi pasaporte
para entrar en ti,
el único.
Pero ya no tenía corazón,
yo, un perro negro sudamericano,
me quedé viendo los pájaros
que cantaban carbonizados
en el alambre de la frontera.
Era una postal que me costó 3 dólares.
Te digo que pensaba en ti,
en los dos,
en lo que se iba.
El desierto era la virgen que no llora.
El desierto era un antiguo tejido
de cosas inmensas que nadie podía ver.
El desierto cantaba
con la voz de Lennon
aquella noche del 8 de diciembre
de dos mil.

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